REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
27 | 05 | 2019
   

Confabulario

El ocaso de los Quelonios


Roberto Bañuelas

Incompatible
El retorno a la vida es el viaje que recorremos después de creer que vencemos el temor a la muerte. En cada aniversario que celebramos con vino y amigos, la crónica del amor y el dolor renovados, soñamos despiertos por un triunfo mayor que el de estar brindando por la breve y difícil felicidad.

Insomnio recurrente
En la hipertrofia del insomnio, los recuerdos galopan para alcanzar una meta oculta por la bruma de los espectros al óleo que nunca acaban de definir una forma reconocible o parecida a la nostalgia crónica de las iluminaciones y deliquios que puedan asistir al día siguiente a la feria de las rimas gozosas para dar jaque mate al dolor de la existencia.

La salvación
La rosa de los vientos encontró los caminos cerrados frente a un esférico espejo de tinieblas. Todo era una pesadilla que resultó de la agria controversia por salvar al mundo y a una sociedad que nos ignoraba hasta el último confín de nuestras argumentaciones en las que, más allá de las razones fundamentadas de todos los filósofos invocados, predominaron los postulados viscerales de Iras y Bilis.

Paisaje y armonía
El paisaje con cuerpo de mujer no tiene la lejanía de los caminos ni la inclemencia de las estaciones del año. Estimulados por un erotismo en andante appassionato, trazamos la hipotenusa del amor para celebrar un concierto con música de cámara.

Nacemos y lloramos
El infierno de este mundo tiene la ventaja de estar al alcance de todos los que ambicionan o aman lo imposible. Si aceptamos la cuota de sufrimiento que nos hace conscientes de nosotros mismos, aun en la noche de los duendes extraviados, el equilibrio múltiple entre el amor y la espiral de los sueños será más fácil que descubrir otra estrella.

Amor al prójimo
Mi prójimo es el más próximo o más cercano a mi pensamiento y mi sensibilidad. Entre artistas, los colegas representan más al enemigo que al prójimo. El solista, a través del arte que expresa, encuentra su prójimo en el público que a veces recibe el mensaje artístico y, otras, lo tolera como a sí mismo.

Viaje al delirio
En la otra habitación, visitada por pesadillas en que el habitante de la nada hace equilibrios sobre la cima puntiaguda de un arrecife calcáreo, el proyecto de un niño prodigio llora su miedo y salta sobre el lomo de una yegua en brama que hiende la noche con su galope extraviado.

Reivindicación
Pido la palabra, para contestar y detestar, pues ya es tiempo de reclamar las deudas pendientes generadas desde las primeras parejas de antropoides, corruptos y triunfantes, y aunque los siglos no quieran romper el silencio del oro sustraído, el duende insomne de la venganza sigue esperando el instante perfecto de la redención para la cicatriz de la frontera mancillada.

Compromiso funerario
La muerte es la contumaz visitante que cumple, sin prometer, mejor vida que la ya vivida con el lastre de sueños incumplidos. Un público rutinario de luto y de lamentos se escuda, ceremonioso y tartamudo, en la solidaridad momentánea de la pena; vencido el plazo de las frases hechas, sale a la calle para enfrentar el acoso nuestro de cada día.

Deseada confusión
Entre la noche de pétrea oscuridad, el buque fantasma es el más sólido de todos los espectros y, entre el temor y el desamparo, deseamos que la nave y su tripulación nos confundan con los espíritus errantes de remotos pescadores.

Apetecida terapia
El número final de la fiesta lo realiza el amor que dijo ser sincero. Las hormigas y las cigarras se disputan el prestigio de los fabuladores sin empleo. La mejor curación no vendrá del desencanto de un vals, sino del nocturno amor prolongado hasta la lumbre del nuevo amanecer.

Irreverente
Yo también, como sabio entusiasta de la renovación sideral, me inscribí en un curso intensivo para militantes desinhibidos; lamentablemente, las coordenadas gonadales vencieron a las neuronas y, entre rechiflas y anatemas, fui expulsado en el tercer día de clases.

El posible gobierno
El sincero homenaje de la envidia se vio concurrido por las criaturas mediocres que sueñan con llegar a ser gobierno para enclaustrar, juzgar y aniquilar a los que con sus obras y descubrimientos desafían la Creación y la Ira de Dios.

El camino hacia Caín
Mientras Adán descansa, el carnaval de la impaciencia propone el posible retorno del amor. En el camino de retorno, los poderosos demonios transmutan al solitario amoroso en un mercenario del odio programado.

Planta de todos los climas
El arco y la ira se asocian con saetas biliosas para combatir, denunciar y advertir la floreciente ingratitud de autores de reverencias y genuflexiones que hoy tienen por supremo manjar el pasatiempo de morder la mano que los bendijo y levantó de su obsedida incomprensión.

Contaminación sonora
Las palabras son ya parte de la contaminación nuestra de cada día: respiramos mentiras programadas, dogmas fosilizados, publicidad agresiva y la fórmula prodigiosa de no pensar en los afortunados ausentes de la dicha falaz o en la ruptura que condujo desde hace un siglo a no ignorar la locura de las torres sonoras asimiladas a la voz consciente de todos los campanarios.

Venganza genética
La pasión de las grandes flotas a la deriva de la mediocridad de los pobres de espíritu que se multiplican como si hubiese la consigna feroz de poblar y degradar a un nuevo planeta.

Solidaridad
Con los cantos laudatorios y el soborno de los himnos desafinados de la tercera edad, nos hacemos cómplices de otro fraude celestial que promete una mejor vida de venganza y bienestar, pero cumple, finalmente, sólo con una muerte solidaria que con todos se acuesta.

Nacimiento del odio
Todas las marchas fúnebres tienen un final esperado y los dolientes retornan en el arca de la angustia para heredar la ira de un testamento que siega las veredas de la felicidad programada en el mapa de una esperanza que se torna turbia. Mimetizados en exhaustos redentores, todos retornan a cobrar la factura vencida del amor simulado y del insomnio hueco

Homo sapiens eroticus
El Homo sapiens eroticus alterna las disertaciones públicas con las declinaciones íntimas y privadas. En la hora divergente de los besos y del adiós, el náufrago triunfante se oculta en la confusión de un baile de máscaras. Después de un brindis solitario, el actor impaciente recita para sí mismo, se aplaude con frenesí y le prende fuego a la falta de contratos para “ser o no ser”.

Marcha triunfal
La marcha triunfal de las vacas flacas consistió en huir al desierto para morir en una ceremonia de paz, lejos del ojo insomne del calidoscopio y de la ronda de vampiros que burilan el cristal de la noche.

Erosión erótica
A primera hora, cuando las gatas ya fornicaron para repoblar las azoteas de los edificios de interés social, el espectroscopio acude a la cancelación del oprobio histórico. En la migración de la noche, la fidelidad y la veneración se coronan con telúrico amor.

Ceremonia inconclusa
Los jinetes al claro de luna llegan puntuales a la galería de duendes jubilados, saludan a los parientes sin sol y dan un aplauso de bienvenida al Don Juan de las cavernas que, por respeto a las escolapias presentes, no hará esta noche ninguna demostración.

Contra la resignación
Mientras la virtud abstracta se ostenta en vitrinas selladas, el excelente servicio a domicilio domeña el mal carácter de la vieja solterona, recluida en rogativas y exorcismos, para no resignarse a considerar a la paloma como el pájaro simbólico de la paz.

Epitafio concluyente
Siempre que se quejaba de los cien y un malestares que le irritaban el colon y le pudrían el carácter, los que se decían sus amigos y los conocidos de inevitable convivencia, en coincidencia de dictamen científico, le aseguraban que él no estaba enfermo, sino que era un obstinado hipocondriaco.
Con suficiente antelación, antes de su muerte, estableció en su testamento que se grabara en su lápida el determinante epitafio: “¿No que no, cretinos?”

Si Dios…
Si Dios existiera no habría diferencia de razas, de clases sociales, poderosos y débiles, verdugos y víctimas, fanáticos y sabios, banquetes y hambruna, prodigios y mediocres, aficionados y virtuosos, seres bellos y especímenes feos, verdugos y víctimas, arrabales peligrosos y zonas residenciales de lujo, creyentes y librepensadores, sequías y tormentas, parientes y enemigos, epidemias y campañas de salud, críticos detractores y santos redentores, tiranos y oprimidos, homosexuales con derecho al matrimonio y a la desdicha, lesbianas con habilidad para usurpar el empleo de los varones y de robarle las novias, tormento del pasado y tortura por el futuro, fraudes políticos e injusticia social, corrupción impune para los privilegiados y resignación para los herederos de la pobreza, así como la ausencia de una montaña de acontecimientos hostiles al hombre que sigue rogando por una brizna de felicidad.

Egolatría reciclada
Sexagenario y ventrudo, el invitado por primera y última vez, se posesionó del sillón principal de la sala y, entre copas de brandy que degustaba con fruición, comenzó a derramar el chorro de su hueca egolatría. Su segunda mujer, a pesar de estar consumida por un fanatismo sincero y la sumisión a que él tuviera la razón en todo, le hacía señas discretas para que dejara opinar a los demás invitados sobre temas diferentes a la corriente turbulenta y hueca de su yo insatisfecho.

Nefasto destino
Los tenores padecen de despecho por no tener el do de pecho, pero se gratifican y se consuelan porque sus conciertos en el desierto no sufren la agresión de la ciudad maldita poblada por estatuas de sal.

La gran indignidad
De nada sirvió que asistiera el gran elegido a la magna asamblea de suplicantes perpetuos, si cuando el reparto de la pequeña Babel el testamento ya había sido alterado. Adúlteras y corruptos firmaron con la baba de la envidia.

Tren agonizante
Un tren agonizante deposita en la última estación la carga de remisos y enfermos que confundieron la libertad de expresión de la libertad con el obsequio de un sacrificio.

Técnica del engaño
Desde lo alto de una torre, la solidaridad anuncia que no hay vacantes, y que el aviso oportuno mintió para salvar a los marginados que vomitó la libre empresa en su programa de dejar morir sin mirar a quien.

Viva la guerra
¡Viva la guerra! Es el grito de los piadosos y abnegados fabricantes de armas, emitido desde sus aposentos blindados de acero y de quincallería religiosa para el oficio dominical de hacer su cómplice vitalicio al Dios todopoderoso.

La reina de este mundo
La reina de este mundo, si se respeta la tarifa, hará visitas a domicilio con su arsenal de refinamientos que te llevarán al borde del orgasmo cardiaco. ¡Oh torrente de vida financiada con cargo al erario!

Equilibrio emocional
Antes de jubilarse del empleo en la caótica oficina y en busca de la restauración de la salud, optó por aceptar las contradicciones de la existencia. Cuando estuvo cierto de que su mujer -veinte años menor que él- había celebrado sesiones eróticas con hombres jóvenes, quedó convencido de que la repetición de la infidelidad anulaba el estigma del engaño.

Oirás tu nombre
El dolor puntual y recurrente, hacía para el nuevo jubilado, respirando el mismo aire de la clientela doliente, que ignorara o ser casi indiferente a los doblemente pacientes que esperaban su turno para otra muestra de sangre, destinada a un análisis terrible y revelador. Mujeres ventrudas y vencidas frente a hombres avejentados, con la cabeza hundida entre los hombros, formaban un grupo silencioso en espera de oír su nombre que, en sonoridad casi continua, una empleada oculta, con voz violentamente aumentada por el micrófono, anunciaba en forma imperiosa como santo y seña del doliente.
Frente al dolor que portaban y el que podría agregarse con la curación, la muerte indeseable podría ser, a pesar de la ciencia y la esperanza, la solución definitiva.


Campeones insólitos
No quiero creer en los perpetuos ayunadores como si hubiesen muchos candidatos a encarnar o desencarnar la receta del Doktor Kafka con el designio de llegar a ser artistas del hambre. Hay mil millones de seres marginados que arrastran la maldición cumplida de la hambruna y en abominable contraste, de lustro en lustro, algunos países poderosos juegan a la caridad publicitada mientras en lugares públicos se celebran concursos de devoradores que degluten, tragan y engullen hasta casi reventar.
Los senadores y procónsules del antiguo y decadente Imperio Romano, fanáticos de los placeres del gusto y el tacto, comían durante horas hasta que el malestar les conducía a los retiros idóneos para vomitar la variedad de guisos y manjares que estaban ya a punto de fermentarse. Luego, en homenaje a la limpieza, se limpiaban los excedentes y las babas para retornar a la mesa a seguir comiendo, deglutiendo, tragando, devorando, bebiendo y tejer chistes entre las intrigas políticas.

Longevidad
Todos los vecinos y sus descendientes daban como inevitable, que en la casa número 23 de la calle Soledad, todos los miembros de esa familia eran imprudentes y pertinaces longevos. Sin prestar oídos a los chismes, pero con la sabiduría que otorga la vejez a los noventa años de edad, el bisabuelo había comprado su féretro para evitar molestias de última hora a sus nietos y bisnietos.
El día que se quedó definitivamente dormido, diez años después de haber realizado la compra del estuche mortuorio, la parentela se ocupó de vaciar el ataúd de libros no leídos, de revistas con incipiente pornografía y abundante correspondencia carente de vigencia y estilo.