REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 08 | 2019
   

Arca de Noé

Alternativas y Anticulturas


Roberto López Moreno

De pronto, se materializa la decisión colectiva, toma entonces los exteriores y las calles caminan hacia la severidad de su protesta, en el centro de las simetrías del día. El río multicolor se desplaza, lento, silencioso, y empieza a definir su voz cargada de verdades ciudadanas.

Es el domingo en el que han sido convocados el señor López, el señor Sánchez, el señor Gutiérrez, el señor Pérez, el señor Rodríguez, el señor Méndez, el señor Medina, el señor Torres, el señor García, el señor Hernández, el señor Ruiz, el señor González, el señor Barrera, el señor Cisneros, y todos juntos atiborran la fecha, espacio luminoso en el que materialmente no cabe ni un lema más, ni una pancarta más. Ellos están en marcha, y definen la voz redonda y ardiente de un punto de vista, de un sentido de justicia que ha dejado de ser anónimo porque de pronto se ha convertido en el sonoro volumen del otro mandato, el de los anhelos legítimos.

Se camina contra el desafuero, figura (hecho ya, violento hecho antipopular) figura manipulada por los políticos, violadora del voto popular, de la dignidad ciudadana, y se camina; se camina contra el abuso de poder de los coludidos de siempre, y se camina; se camina contra la entrecomillada legalidad del sistema, y se camina; se camina contra el absolutismo de su cultura, y se camina; y ya no hay nada que detenga el río.

“Más de un millón de seres”, van a decir las crónicas del día siguiente. Un periódico dio como cabeza principal la frase. “La resistencia en marcha”, y en esa cabeza estaba dicho todo lo que ahora traigo aquí como mi ocupación central. El sistema se impone a través de sus órganos de poder pero a todo caso de imposición, seudolegalizada o no, hay una resistencia, a veces es pasiva (en lo personal creo que ninguna resistencia es pasiva) pero a veces, como decía ese periódico, la resistencia decide ponerse en marcha y romper la matriz de las avenidas citadinas. Esto es a lo que llamo la otra cultura, la respuesta alternativa de una sociedad que es sometida a un Estado de Derecho que le designaron otros desde sus intereses económicos y de concentración de poder. Contra toda cultura de opresión hay en respuesta una cultura alternativa, la contra parte que no tiene mayores armas que su veracidad. Contra la macana, la cachiporra, el filo rompedor, la pólvora diezmadora, contra el ninguneo, la marginación, la ergástula, se erige la raíz, la fuerza de la esencia, la sustancia, el yo, que viene del barro más profundo y reclama su lugar en el espacio. No hay celda que pueda finalmente con esa energía que es semilla en movimiento. Aquí está el salto cualitativo, el milagro que no lo es, porque los milagros no existen, que sólo es sobrenaturaleza andando, la expresión del ábrara de su ábrara. La sociedad se pone en marcha contra el sistema que le oprime a veces con guante de seda, pero le oprime, y en ese momento la sociedad hace realidad la resistencia, la cultura alternativa, la contracultura dirían los radicales de la terminología, no por radicales menos certeros. Pero esa cultura alternativa, hasta ahora vista como movimiento político, tiene también sus expresiones artísticas, tiene su arte, sus modos de comunicarlo, de decirlo, de gritarlo desde los campos de la creación estética; verdad de verdades de las sociedades andando, porque nace desde el fondo de las venas más profundas de la colectividad.

El asunto es que el arte alternativo, el arte de resistencia nace así por que deviene del vientre de una cultura alternativa. Y aquí asoma el elemento que a veces lleva a la polémica. ¿Qué es en sí el arte alternativo? Algunos razonan: como estamos en contra de la cultura de la cultura, la nuestra es la anticultura, una bomba colocada en el corazón del corazón de los explotadores, un artefacto engendrado para que reviente en el centro de su mundo de color de rosa, que lo haga añicos como consumación de nuestra venganza, denominada nuestra propuesta. Volvámonos feos para burlarnos de su concepto de belleza, somos los contras, los anarquistas de la estética, los malvados que vamos a cambiar su música por nuestro ruido, somos los de la dinamita vengadora. Somos la contracultura hijos de la chingada.

Es importante que la contracultura exista, según veo mi mundo, representa nuestra legítima autodefensa, porque todos hemos sido víctimas de las imposiciones de los sistemas políticos, de sus desfalcos, de sus guerras, de sus asesinatos masivos, de sus burlas a la ecología, de sus depredaciones, de sus hoyos de ozono, de las contaminaciones atómicas, de los nuevos virus asesinos e incontrolables, de la infinita miseria en la que viven millones de seres humanos. Es necesaria la contracultura y sus expresiones artísticas.

El arte no sirve para nada, pero es obvio que sí sirve, ayuda a formar la conciencia colectiva y por eso es veneno para la “cultura”, la que sustentan los sistemas de poder y que protegen con becas y amamantamientos de todo tipo. Eso nos obliga a hacer el cuerpo de la contracultura en la que estamos muchos. Cada quien adopte la forma de arte que más le plazca, no hay por qué luchar contra nosotros mismos, adoptemos las formas que más nos parezcan, ¿establecidas por quién?, por la pupila y el latido universal.

En este momento evoco una figura capital dentro de la contracultura mexicana, la resistencia pura, la figura de José Revueltas. Más mexicano, más barro, más leal, más perseguido, más marginado, más ultrajado por el poder no encuentro a otro, y sin embargo, entre más ultrajado, más grande que sus enemigos. Gigantesco frente a ellos. Para él nunca fueron los Premios Cervantes, los Príncipes de Asturias, los reconocimientos europeos ni nacionales que gozan algunos señoritingos mimados por la cultura; para él hubo marginación y cárcel, era la anticultura, le tenían miedo, le tenían rencor. Nadie podría negar a estas alturas que estoy hablando del escritor más comprometido con su barro, con nuestra historia y con la contracultura a la que me estoy refiriendo.

Estamos viviendo en un momento abierto de la lucha del poder o de los sistemas de poder en contra de la cultura en general, porque hasta ahora he insistido en llamar la cultura a lo que ellos defienden con sus becas y reconocimientos, para tenerme bien claro lo que es mi anticultura. Por parte de ellos, de lo que se trata es de manipular la cultura en general, en ciertos casos; en otros, de minarla, aunque al final éste es el verdadero empeño; y aquí estoy entendiendo, con el término general, que me refiero al gran cuerpo de artistas independientes que luchan denodadamente, unos para existir, poder vivir de su arte y comunicarlo, otros, para poder encontrar los foros, los espacios, las vías necesarias para que se establezca tal comunicación. El artista independiente es producto de su entorno, no ha sido domeñado por los dadores de privilegios y de ahí que sean incómodos mientras no se dejen corromper.

El sistema le tiene miedo al arte verdadero, es decir, el no mediatizado aún con dádivas; el independiente, y si no le tiene miedo, por lo menos le es incómodo. Historias hay que bien nos hablan de esto, desde el referido Chuchumbé en la época de la colonia, baile de negros que fue perseguido por el clero y el poder de su tiempo por ser asunto demoníaco. El Chuchumbé no pudo ser desaforado y si en cambio cohesionó a un grupo étnico, el negro, que provocó el primer movimiento independentista en territorio mexicano. El arte independiente trabaja sin proponérselo, para las independencias, eso es molesto para los guías tradicionales. Ante esa molestia, lo acepta como mal menor siempre y cuando imponga mediante la dádiva u otros de sus muchos recursos de que puede echar mano, sus propios conceptos estéticos.

Crea sus modelos, y el no estar dentro de ellos es estar fuera de su Olimpo mediatizado, fuera del rebumbio mediático, de los intercambios internacionales. El estar en contra de esos modelos es a lo que llamo estar en la cultura alternativa. No es necesario -creo- caer en extravagancias y feísmos para decirles que no estamos con su cultura. Es otra la dinámica de la lucha. Revueltas fue un gran escritor y lo han mantenido fuera de su cultura; a su hermano Silvestre, hasta ahora el más distinguido compositor sinfónico mexicano lo mantuvieron hasta muy recientemente fuera de su cultura. Él, por su parte, sigue estando en la anticultura, porque la visión de su pueblo expresada mediante su obra sinfónica, no pudo ni puede ser mediatizada por nadie. Nos corresponde ser conscientes y hacer nuestro arte dentro de nuestra cultura, la nuestra. Pero debemos ser plenamente conscientes de nuestro papel. A nosotros, los colocados en la anticultura no nos es permitido el error, o bueno, menos drástico, debemos caer en los menos errores posibles.

Durante el Movimiento del 68 se luchó en contra de un sistema férreo, autoritario, inconmovible, criminal, un sistema que tenía su cultura, diseñada por un equipo de cooptados cuya cabeza visible era el escritor Agustín Yáñez y quienes le rodeaban desde la Secretaría de Educación Pública. Pero el arte volvió a tomar partido al lado de su pueblo. Me tocó sufrir el sofoco por la huida en medio del terror, ver la herida de la mujer que pasaba por la calle, descalabrada, al niño muerto sobre el pavimento, al joven encarcelado, lleno de susto a su edad temprana, y vi a la prensa y a los cultos comprados por el sistema, llenar de infamias a la víctima. Después vino la matanza. Fue tan espantoso el hecho que hasta los poetas del sistema escribieron sobre ello.

Sólo que cuando se construyó un obelisco para recordar a los masacrados, se escogió un poema no precisamente de alguien que hubiera luchado dentro de la contracultura, sino al contrario. En ese obelisco, para recordar el brutal hecho debieron estar palabras de los poetas que lucharon brazo con brazo con los demás combatientes, que sufrieron sustos y heridas, golpes y prisiones. En ese obelisco están las palabras de la cultura doliéndose de lo sucedido, pero no de la contracultura. Están las palabras del sistema, a través de ¿quién?, no importa, pudo haber sido Octavio Paz, pudieron haber sido tantos otros. Pero los líderes del 68 no se acordaron entonces que habían los poetas de la contracultura, del contrasistema, no se acordaron para el obelisco de que junto a ellos, luchando milímetro a milímetro por la libertad de la calle, estuvieron los José Revueltas, las Aurora Reyes, los Enrique González Rojo, los Horacio Espinosa Altamirano, los Efraín Huerta, Las Thelma Nava, las Carmen de la Fuente, las Margarita Paz Paredes, los Juan Bautista Villaseca. No se acordaron ellos los encontradelsistema, no se acordaron de quiénes habían luchado con su arte en contra de ese sistema, con su arte y con su generosa contribución física frente a la amenaza irracional de los cuerpos represivos de los detentadores del poder y la cultura… Nadie de los luchadores no poetas se acordó de aquellos, menos se va a acordar la cultura oficial de por sí descalificadora.

Por eso es que nuestro trabajo es también educador. Es por todos. Por eso no debemos buscar el pretexto, “hago basura porque basura merecen los que nos intentan rebajar cada día”; nuestra cultura merece ser dotada del mayor de los poderes para que sea poderosa y poderosamente golpee el poder ciego y sordo que cierra caminos y destruye inteligencias. De ahí mi tesis final: El pueblo aprende a cantar y no hay por qué deformar el canto para demostrar el enojo. Desde nuestra justificada anticultura, entre más bello sea nuestro canto, mayor será el pavor de los poderosos.

Roberto López Moreno http://www.robertolopezmoreno.com/