REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
08 | 12 | 2019
   

De nuestra portada

Tenga para que se entretenga: Una interpretación del cuento de José Emilio Pacheco


Marisa Trejo Sirvent

Bajo la perspectiva del crítico, semiólogo y novelista italiano Umberto Eco, nos acercaremos al cuento del escritor mexicano José Emilio Pacheco: “Tenga para que se entretenga” en lo que pudiera ser una conjetura más sobre esta interesante narración, pero a fin de cuentas, una interpretación nuestra, personal de uno de los cuentos más interesantes de este autor. Para Umberto Eco, una lectura crítica se debe siempre plantear conjeturas, es decir, es conjetural o abductiva. La abducción es, dice:

“un proceso inferencia (llamado también hipótesis) que se opone a la deducción en cuanto la deducción parte de una regla, considera un caso de esa regla e infiere automáticamente un resultado necesario… Obviamente mi hipótesis deberá ser sometida a prueba para poder transformarse en una ley pero hay (en la semiosis) muchos casos en los que no se buscan leyes universales, sino una explicación capaz de desentrañar la ambigüedad de un acontecimiento comunicativo concreto… Resumiendo: la abducción es un proceso típico mediante el cual, en la semiosis, somos capaces de tomar decisiones difíciles, cuando se están siguiendo instrucciones ambiguas”. (ECO, 1991: 249).
En principio, “Tenga para que se entretenga” es una narración con múltiples posibilidades de interpretación y su lectura no debe hacerse desde un punto de vista convencional. No pretendemos hacer un análisis semiótico formal, sino un acercamiento de una interpretación, entendiendo como interpretación crítica o semiótica lo que Eco define como:

“aquélla por la que se intenta explicar por qué razones estructurales el texto puede producir esas (u otras alternativas) interpretaciones semánticas”. (ECO, 1991: 36).

Las incógnitas que podría dejarnos una primera lectura de este excelente cuento nos motivan al análisis. Umberto Eco afirma que el signo por sí mismo no existe. Es el interpretante lo que permite dar rienda suelta al análisis. En su libro La estructura ausente se pregunta: ¿Qué es el significado de un término? Desde el punto de vista semiótico no puede ser otra cosa que una unidad cultural. En toda cultura es, simplemente, algo que está definido culturalmente y distinguido como entidad.

El cuento inicia con una carta de un detective privado, dirigida a un cliente (supuestamente, el hermano del presidente Ávila Camacho). El detective es a su vez narrador y personaje. Inicia con el género epistolar, un informe redactado por un detective sobre la historia de un niño desaparecido jugaba mientras su madre lo esperaba en una banca del parque, en el bosque de Chapultepec.

“Tenga para que se entretenga” es como un juego, pleno de acertijos, símbolos y recursos literarios. Es verdaderamente sorprendente la capacidad del autor para situarnos también en dos espacios, uno real, la Ciudad de México, es decir, un medio social e histórico real, y otro ficticio, el surreal, el de la imaginación y destreza literaria. Como muchas novelas policíacas empieza por el final y termina en el principio. En él se mezclan la realidad objetiva y la realidad subjetiva, la identidad objetiva e identidad subjetiva, todo esto expresado en un cúmulo de significados que nos da el lenguaje con el que construye la ficción, pero siempre dentro de la verosimilitud, lo que no impide encontrar múltiples sentidos al texto.
El detective es el sujeto o protagonista cuya función es buscar y encontrar al objeto que en este caso es el niño que desaparece:


Sujeto                       Función                    Objeto
a) el detective          busca                        al niño


El oponente, antagonista u opositor es el hombre que se lleva al niño. Juegan también un papel de oponentes varios factores, como son: el despiste y la excesiva confianza de la madre del niño, la prensa que va distorsionando la historia para vender más periódicos, la policía que acusa a los inocentes torerillos.

El destinatario, receptor o beneficiario es la madre (aunque al principio del cuento es sujeto o protagonista). El dador es Maximino Ávila Camacho, pero también, como dice Mieke Bala “pueden haber varios poderes a un tiempo”, lo que implica que haya un dador positivo y un dador negativo. Un dador positivo sería Maximino Ávila Camacho que otorga poderes y facultades al detective para investigar el caso del niño extraviado a la vez que está apoyando al sujeto como ayudante (madre) en la realización de su intención (son ayudantes también para esclarecer el misterio, el viejo periódico de la época del imperio, la rosa negra y el prendedor); pero también existe un dador negativo, que sería algo abstracto, como lo sobrenatural, que puede hacer que el niño desaparezca o aparezca.
Algunos personajes de este cuento son enigmáticos, son y se parecen, aunque a veces se convierten en otros (por ejemplo, el hombre que se lleva al niño puede ser un guardián del bosque, un transeúnte, un muerto o puede ser Maximiliano). Personajes visibles e invisibles, porque desaparecen. Los espacios también desaparecen: el hoyo o túnel por el que se meten el niño y el hombre, desaparece; cuando la policía busca los rastros, también las pisadas del muerto desaparecen. Espacios implícitos y explícitos. En este cuento el antagonista no es vencido ya que la incógnita de ese misterio nunca se despeja del todo; aunque se sospecha que el niño fue conducido al reino de los muertos.

Hay personajes actuantes y ausentes, siendo los primeros los que participan directamente en los acontecimientos y los ausentes aquellos de los que solamente se hace una alusión. En este texto, hay personajes de los dos tipos. Actuantes serían: la madre, el niño, el detective (que también es el narrador en la medida en que no sólo es protagonista sino sujeto de la enunciación). Bajo el nombre del investigador se ocultan dos imágenes: la del personaje-sujeto que busca y desea encontrar al objeto, que en este caso es el niño desaparecido), los torerillos, el viejecillo, los periodistas, etcétera, y, como personajes de tipo ausente, estarían el aludido Maximiliano, o la hermana de la madre.

El tipo de narrador, personaje y sujeto, es evidente que:
“está en la situación más ambigua pues es uno de los personajes y participa en el hecho relatado, pero a la vez es ese otro personaje de estatuto distinto, que cuenta la historia, que aporta un criterio; un punto de vista que proviene del sujeto de la anunciación”. (Beristaín, 1984:115).


Las acciones o acontecimientos:

Los elementos o material del cuento son básicamente cuatro: los acontecimientos, los actores, el tiempo y el espacio. Los acontecimientos más importantes de la vida del personaje podrían resumirse así:

M= Madre
N= Niño
D= Detective
H= Hombre
C= Cliente
T= Torerillos
P= Prensa
G= General Maximino
D escribe una carta y un informe a C
M sale a pasear con N
M y N van al bosque de Chapultepec
N juega mientras M lee
H invita a N a entrar en el hoyo
M se desespera y pide auxilio a T
P involucra a T y a la madre del N
G interviene para que se aclare el caso
D investiga en el lugar de los hechos
D entrevista y busca a N
N no aparece
P publica que N fue encontrado muerto
D va a entrevistar a M
D hace deducciones sobre el caso

Como puede observarse, está alterado el orden de sucesión de los acontecimientos. Hay una inversión total de las acciones. De hecho empieza por la última acción o acontecimiento, pues los hechos ya están consumados y el investigador no hace más que narrarlos.

El narrador:

El narrador del cuento “Tenga para que se entretenga” de José Emilio Pacheco tiene como referente a un actor definido completamente: es detective. Es así personaje de ficción y desempeña dos papeles: construye el relato (el discurso narrativo) y actúa al lado de los demás protagonistas a diferencia de otras novelas donde el narrador no actúa. No está implícito, ni en otro plano distinto, es un narrador-personaje. También da opiniones:

“En México siempre que hay una desaparición y se busca un cadáver se encuentran muchos otros en el curso de la pesquisa”. (Pacheco, 1992).

El narrador (protagonista) hace una retrospección. Es a la vez personaje que actúa dentro de la historia y también narrador que cuenta los acontecimientos, es decir, las acciones que comprenden la historia. Narra y participa en la historia, es decir, es otro personaje más, su papel tiene dos valores distintos: es testigo y actor. Es objetivo, porque ve los hechos desde fuera y subjetivo porque también se involucra como actor. Narra a otro una historia en la que él mismo cumple un papel, es así, un narrador diegético (participa en la diégesis). El narrador no sólo es el que narra, es decir, la voz, es a la vez, el que ve (el foco) y da su punto de vista, actúa como agente. En este caso, es testigo, ve, observa y narra en primera persona.

El narrador da a entender que en México suceden cosas fuera de la ley, que hay muchos asesinatos, con lo cual podemos plantear muchas conjeturas que se perciben implícitamente o también de tipo semántico sobre algunas frases.

Por otra parte, es cierto que no es la cronología lo que hace el relato, sin embargo, en este caso, por tratarse de un informe, la cronología o secuencia de los acontecimientos o acciones, es de suma importancia. Sin embargo, el texto huye de las salidas fáciles y por eso recurre a la estrategia de empezar por una carta y que los hechos sean contados a manera de informe de un investigador privado, es decir, que los hechos estén consumados, lo que lo vuelve más interesante. Sólo un buen autor puede jugar con la temporalidad y manejar así a sus personajes. Según Helena Beristain:

“en el narrador se revelan necesariamente los conocimientos del autor de la enunciación, es decir, de quien realiza la actividad comunicativa; su saber acerca del mundo, de la historia del asunto que se trate, de las convenciones sociales, de las convenciones literarias (combinaciones métricas o géneros por ejemplo) ya sea que las respecte o las transgreda, de sus motivaciones y su propio papel como narrador y de sus propias intenciones y conjeturas respecto al lector. En otras palabras manifiesta la influencia de una suerte de factores que determinan aspectos de la producción y la enunciación del texto y también de su interpretación a cargo de sus lectores”. (Beristaín, 1984:114).

El autor, es decir, José Emilio Pacheco, permanece en este cuento como en la mayor parte de los relatos, sin manifestarse, pero claro, está implícito como constructor del relato, al haber escrito el cuento, al concebir, por ejemplo, que cierta información se posponga, como es el caso de que jamás nadie, ni la misma madre del niño, ni él se hayan interesado por saber que decía el periódico que el hombre entregó a la madre sino hasta mucho tiempo después de cerrado el caso. El posponer esta información le da mayor interés al cuento y le añade misterio. De otra forma, uno podría sospechar que si se trata de un periódico del siglo pasado el hombre mencionado podría ser un personaje de esa época.

Tiempo y espacio:
En cuanto a la duración, en ciertos párrafos hay resumen. Como se trata de un informe en su mayor parte, las acciones corresponden al pasado, con excepción de la carta que está en presente, a partir del informe existe una retrospección, que no es más que la historia anterior. Es notorio el resumen de hechos que pueden haber abarcado horas, por ejemplo:

“Bastó una llamada telefónica del general para movilizar a más o menos la mitad de todos los efectivos policíacos, cerrar el bosque, expulsar a los curiosos, detener e interrogar a los torerillos”
(Pacheco, 1992: 24).

Se puede observar que hay una elipsis (espacio-temporal) cuando salen de escena, el viejecito y el niño, pues aunque no vuelven a actuar y nunca son encontrados, se suponen que están dentro del hoyo, o que el viejecito haya robado al niño para venderlo. El autor elimina en forma definitiva a esos dos personajes.

“Aprovechando la hora temprana y la cercanía decidió llevar a su hijo a Chapultepec. Rafael estuvo jugando muy contento en las resbaladillas y columpios del sector de Chapultepec conocido en aquel entonces como rancho de la Hormiga, atrás de la residencia presidencial de Los Pinos” (Pacheco, 1992: 24).

Sabemos que la colonia Roma está cerca de Chapultepec pero no sabemos si fueron hasta allá a pie, lo cual podría representar, por lo menos, media hora de caminata, la cual está omitida.

Sabemos que la historia es verosímil y aunque ignoramos qué tanto puede haber de verdadero, hay sin embargo, muchos referentes de la realidad: la ciudad de México, el bosque de Chapultepec, la peculiar prensa del país, los políticos mexicanos, etcétera.

En lo que respecta a la extensión del tiempo, hay una retrospección (analepsis o anacronía) cuando el detective narra así el hecho siguiente:

“Rafael le suplicó que lo dejará un rato más. La señora aceptó de mala gana, inquieta porque en el camino se había cruzado con varios aspirantes a toreros quienes, ya desde entonces, hacían sus prácticas cerca de la colina en unos estanques perpetuamente secos, muy próximos también al sitio que se asegura fue el baño de Moctezuma” (Pacheco, 1992: 24).

El lapso de este hecho fue sólo un momento cuando la madre y el hijo se topan con los toreros y la distancia sería unos momentos antes de llegar a esa parte del bosque donde ocurre la desaparición del niño. Veamos por ejemplo una anacronía, es el momento en que el hijo insiste en entrar al túnel:

“Según testimonio de parientes y amigos. Olga fue siempre muy distraída. Así juzgó normal la curiosidad del niño” (Pacheco, 1992: 25).

Hay una pausa en la narración de los acontecimientos para acotar que Olga era una mujer bellísima. Combinación con retrospección por mencionar “antes”:

“La discreción, el profesionalismo, el respeto a su dolor y a sus actuales canas, me impidieron decirle antes a usted que en 1943 Olga era una mujer bellísima” (Pacheco, 1992: 24).
A nivel de la expresión del tiempo (presente o pasado) menciono este ejemplo:

“El ingeniero me hizo jurar que guardaría el secreto. Ahora, pasados tantos años, confío en usted y me atrevo a revelar -a nadie más he dicho una palabra de todo esto” (Pacheco, 1992: 24).

Por el contrario, la anticipación, que es una referencia al futuro puede notarse en el siguiente párrafo, cuando el detective aclara que el periódico que el hombre que se llevó al niño era precisamente uno de la época del imperio de Maximiliano:

“La Gaceta del Imperio, con fecha del 2 de octubre de 1866. Más tarde nos enteramos de que sólo existe otro ejemplar en la Hemeroteca.”
(Pacheco, 1992: 24).

Hay una pausa en el párrafo donde el detective se detiene para hablar sobre los árboles de esa parte del bosque y aclara que tienen formas extrañas y sobrenaturales, y hay prolepsis o anticipación, cuando dice que él investigó posteriormente que no eran tan antiguos.

Sobre el tiempo en que se desarrollaron todos los acontecimientos podemos decir que si bien, la parte que narra la desaparición del niño sucede el día 9 de agosto de 1942, su búsqueda puede haber durado algunas semanas, lo que se corrobora en el párrafo siguiente:

“el público encontró un escape de las tensiones de la guerra, la escasez, la carestía, los apagones preventivos, el descontento político y se apasionó por el caso durante algunas semanas mientras continuaban las investigaciones en Chapultepec” (Pacheco, 1992: 24).

El hecho de que se redacte una carta (sin fecha) y que el autor nos aclare que sólo después de muchos años se atrevió a revelar el secreto respecto a la desaparición del niño, se corrobora en el párrafo siguiente:

“El ingeniero Andrade, que en paz descanse, me hizo jurar que guardaría el secreto. El general Maximino Ávila Camacho me recompensó sin medida y me exigió olvidarme del asunto.

Ahora, pasados tantos años, confío en usted y me atrevo a revelar -a nadie más he dicho una palabra de todo esto” (Pacheco, 1992: 25).

Por lo tanto, el tiempo que abarcan los acontecimientos puede comprender varios años.

José Emilio Pacheco, autor del cuento, revela un extraordinario manejo de la narración pues nos hace participar y ser, por momentos, el lector–personaje (no lector ausente) que no es más que el cliente que ha encargado ese caso al detective.

Como la carta no está dirigida a alguien con un nombre específico, (sólo deducimos que el cliente es el General Maximino Ávila Camacho), es por eso que podemos participar no sólo como lectores sino también como personajes: somos testigos. El narrador desea involucrarnos y quizá aspira a que seamos el lector modelo que todo texto espera. Hacemos esta afirmación, porque estamos de acuerdo, con Umberto Eco, respecto a que no es posible que:

“sobre un texto se pueda formular una y sólo una conjetura interpretativa. En principio se pueden formular infinitas. Pero, al final, las conjeturas deberán ser probadas sobre la coherencia del texto, y la coherencia textual no podrá sino desaprobar algunas conjeturas aventuradas”. (Eco, 1991: 41).

Dice también Eco, que:

“un texto es un artificio cuya finalidad es la construcción de su propio lector modelo…. El texto es un objeto que la interpretación construye en el intento circular de convalidarse a través de lo que la constituye”. (Eco, 1991: 42).


Consideraciones Finales

La trama del cuento se mantiene en suspenso gracias a esta ordenación de los acontecimientos que no es cronológica porque están alterados el tiempo y el espacio. Es una historia trágica, pero nos rescata el humor desde su título: “Tenga para que se entretenga”. Un texto semiótico, un universo literario pleno de símbolos y enigmas donde no está excluida también la crítica social. Su elaboración puede haber sido de lo más compleja de lo que imaginamos, y más bien se trata de un espécimen raro entre ciencia ficción y literatura fantástica, aunque tiene también ciertas características que lo hermanan con el realismo mágico.

Otro aspecto es la verosimilitud, donde la ficción se convierte en creíble, ya que sin este ingrediente, cualquier narración desinteresa al receptor, es decir al lector. En “Tenga para que se entretenga”, los rasgos de verosimilitud son, por ejemplo: que el detective escriba el cuento, así como el espacio real, la ciudad de México, en la que se mueven los personajes; el tiempo histórico que nos remonta a una época; la crítica implícita que se hace a la prensa y su deformado manejo de información. Por otra parte, no es un cuento lineal narrado sólo en primera persona, empieza así, pero después hay otro narrador que ve las cosas desde afuera, como el narrador en tercera persona, es un narrador implícito pero se evidencia en las descripción y el paso del estilo directo al indirecto.

La ambigüedad lo hace más interesante y precisamente es lo que va a permitir varios tipos de lectura y de interpretación. Al lector poco avezado, podría parecerle un cuento simple, pero si profundiza en su lectura, podrá observar que la versión final debe haber sido de compleja elaboración. No es un cuento más en la narrativa actual de México, es como dice la dedicatoria del libro donde se ubica: El principio del placer, un “mínimo homenaje a Juan Rulfo”, o más bien, diríamos, un extraordinario homenaje a Juan Rulfo y uno de los mejores cuentos mexicanos del siglo XX. Un cuento que ha tenido transformaciones, todas acertadas, a nuestro parecer, aunque reconocemos la maravillosa versión final. Por eso su autor ha dicho: 'Nunca me cansaré de corregirme”. Por eso, José Emilio Pacheco es hoy por hoy, el escritor más completo del México actual, porque su obra abarca varios géneros, entre ellos, el ensayo, la narrativa y la poesía, y en todos, sobresale su perfeccionado estilo y la calidad literaria.