REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

Confabulario

Nuevos brevicuentos


Roberto Bañuelas

Los comensales
El ensueño vegetal no carecía de la fauna microscópica que no había sido eliminada en la ensalada. Pero los comensales, desesperados por la multitud de individuos con hambre cultivada, se impacientaban frente al protocolo de no comenzar hasta que fuera atendido el último de los invitados, como si fuese una falta mayor comer tibio o frío porque los últimos serán los primeros en disfrutar al ser servidos. La temperatura de la sopa era contraria al hervor del temperamento de los que hubieron de esperar. Cuando se llegó al momento de servir el lechón, ya casi todos estaban borrachos y comieron o devoraron en el momento de ser provistos. Finalmente llegaron los postres, y todos celebraron con alegría el arribo de la siguiente crisis económica que sabría superar con abnegación ejemplar la población que los había elegido.

Paraíso exclusivo
Residencial Triunfalia es el lugar exclusivo para quienes han sido capaces de vencer sobre las necesidades del animal social que sobrevive porque sí ha sabido respetar la ley que los habitantes del nuevo y exclusivo paraíso despreciaron desde que sintieron la importancia del poder e hicieron caso omiso del canto sin metrónomo del gallo pitagórico.

Pájaro memorioso
Recordaba los vuelos, los nidos y los cantos de otros pájaros con los que siempre respetó la distancia y el lugar que a cada uno correspondía, según sus melodías y trinos que establecían un reducto exclusivo de música familiar.

Confusión de fórmulas aleatorias
El cónclave submarino propone geometría acuática en que los peces y los hipocampos realizan cambios derivados de la evolución de la luz. Las algas y los líquenes forman ondulante fondo de la escenografía en que alguna viajera solitaria hace proyectos para una ciudad abandonada que impulse el éxodo solidario hacia otra fortaleza marina, construida con los fragmentos de ídolos que sólo son reminiscencia de adoradores de un pasado de sombras en una germinalia rotatoria y de saurios petrificados que son confundidos con templos donde se adoraba a los resplandores lejanos del sol y la luna. Las familias reales se quedaron con el recuerdo de asesinatos que predijeron y ratificaron brujas que habían perdido, al mismo tiempo que su belleza y juventud, su empleo de sacerdotisas que erraban en sus pronósticos para el bien y la riqueza de todos los que querían, como si resultara tan fácil ser almanauta si no se ha hecho el bien para gente que busca la destrucción y luego quisiera huir hacia un nuevo paraíso, pero montada en caballos galácticos que no pierden el rumbo aunque se atraviese en el camino el éxodo de saurios histéricos que ya son historia. En el ala Norte de la biblioteca de Babel es posible encontrar fórmulas para la felicidad transitoria y hablar de ella como si formara parte del sistema circulatorio de cualquier comediante de carnaval. Se oye una orquesta lejana que interpreta otro vals de las flores porque ya se anticipa, después de tantas ceremonias secretas, el retorno del brujo benigno que cura la sarna y la locura con señales aleatorias, esporas y esferas que sólo él produce con magia cristalina y no con fórmulas desacreditadas de las escuelas de artes y oficios.

Demagogia cristalizada
La decadencia de una nación se refleja con exactitud en la corrupción que sus gobernantes hacen extensiva al lenguaje que emplean para manipular y someter a los habitantes, víctimas de un miedo real y de la esperanza de un reino prometido, a una esclavitud más real que disfrazada en la prevaricación de palabras sacralizadas que se transforman en ruido hipnotizante.

Celebración al alto vacío
El fin de año se celebró con el sacrificio de algún pavo, vino, canciones de ayer y el recuerdo de la que no te quiso acompañar en el sueño de conquistar un mundo mejor porque ella prefirió la dolorosa maternidad y las carencias que tú también hubieras podido darle, pero compartiendo cada día otro fervor en la lucha por una vida más rica que los valores entendidos que nadie sabe dónde se cambian.

Contaminación
Desde antes de entrar al hospital los médicos de todas las especialidades, en su vestimenta de blanco desde los zapatos hasta el tocado para la cabeza, llegaban acompañados de una población que levitaba en la densidad de habitantes invisibles que se adherían a todo organismo viviente que les sirviera para continuar hacia el futuro su supervivencia destructiva. Los pacientes, menos asépticos y con mugre de hospital para pobres, caminaban como escépticos indiferentes contra la contaminación a esperar que la voz que salía de una bocina anunciara su número o pronunciara con aproximación la clave de su apellido.

El jardín de cristal
Ningún jardinero, aunque el pago se pareciese a un generoso soborno, se atrevía a limpiar de hierbas parásitas a las plantas que en sus hojas y pétalos crecían con su rara naturaleza siempre afilada y cortante. Era, como conclusión fatal, un jardín idóneo para suicidas que quisieran unir su propia muerte a la indiferencia del jardín donde florecían las espadas, los puñales, las dagas, los alfanjes, las cimitarras y las catanas.

Pirámides sumergidas
Las pirámides que habían sido elegidas como altares para agradecer al Sol su fecunda irradiación, no aceptaron el miedo y la sumisión de un pueblo que primero había sido gobernado por una casta guerrera y después por una horda tecnificada de invasores que, en nombre de otro dios, avasallaba y esclavizaba a los que ya se sentían vencidos porque habían sido abandonados por sus dioses. Los pobladores del gran valle, que habían sido los dueños, adoptaron las glorias y el poder de otro dios, omnipotente y perfecto, del cual siguen sin recibir su protección, y las pirámides, en una conmoción de vergüenza y dolor, se han hundido o cubierto de hierba silvestre y de arbustos espinosos que las hacen aparecer como montes que fueron producto de convulsiones telúricas.

Egoísmo
El fin del exilio no tiene fronteras y llegas al territorio de otro donde la sueñomaquia del amor y la fraternidad son combatidos con el egoísmo que todos ejercen porque piensan en ellos y no en ti.

Exilio interior
Comienzas el día al soñar en un lejano éxito internacional y no logras con palabras selectas huir de tu cárcel interior. Ante el fracaso de todas las violencias transformadoras, sueñas en la revolución literaria que no llega aunque se intente en una docena de idiomas; sueñas con la inminencia de la lucha armada, pero tu decepción se incrementa cuando ves que el Estado se la declara a los inconformes que recitan ideas exóticas y que odian el bienestar de la clase creyente en el pasado, y, con la sonrisa de triunfo, te desclasan, te combaten y te declaran muerto con muchos años de antelación a tu mísero funeral.
Si emigras, en el destierro trabajarás al lado de los que no leen ni escriben ni sueñan despiertos. Sueñas y deliras con llegar a ser un editor con pseudónimo para publicar tus trabajos de prodigio con tu propio nombre, y, también, si hubiere un amigo influyente, podrías obtener un beca del oprobioso régimen para convertir tu horario de esclavo asalariado en el rescate de tu musa obstinada y no obligarte a trabajar horas suplementarias para alimentar a la que pasó de sílfide sutil a gorda progresiva y renuente a todo reglamento dietético y al horario disciplinado de la gimnasia.
La rutina de sobrevivencia consume el horario insomne de tu vida interior que se refugia en la resignación saturada de impotencia. Poeta frustrado de proclamas ante la indiferencia de la grey de los necios, acumulas más años que sonetos: no te escuchan, no te leen y te juzgan loco o escapista de la realidad.

Respeto y tradición
La señora, dueña de nueva y lujosa casa, indicó a la sirvienta que pusiera limpieza y orden en el interior de la cómoda artística del salón. Después de sacar y limpiar fenecidas piezas de ornato, a la acción de reacomodo le sobró un frasco con un feto que dormía sin soñar. La empleada, respetuosa de la clase superior, a gritos preguntó a su exigente ama: “Señora: indíqueme usté ¿dónde he de colocar al señorito?


Advertencia familiar
Adustos y solemnes, reunidos en un cónclave admonitorio, escucharon la advertencia del orador elegido: “Queremos que sepas que estamos de acuerdo en que te tiñas el cabello de tres o cuatro colores, que te vistas con ropa de piel negra y lustrosa, que bebas, que te drogues, que tengas amantes que te estafan y conduzcas la motocicleta a más de cien kilómetros por hora, pero, entiéndelo bien: desde hoy, dejas de ser nuestra abuela.

Naturalezas muertas
La galería móvil de naturalezas muertas propiciaba una circunvalación de seres asombrados e inquietos por la presencia del color y el testimonio de la forma que alcanzaban la manifestación de la no vida.

Sueño perdido
Por el ojo casi ciego de la cerradura de una puerta estrecha creí ver un paraíso sin guardianes feroces que impidieran el acceso a la dicha prometida; entre la galería móvil de seres traslúcidos y amorfos, estaba la belleza de una mujer perfecta en la armonía de su cuerpo y la suave melodía de su silencio. En los esfuerzos que hice para violar la puerta, me desperté junto a mi compañera, que ha subido de peso y de exigencias eróticas antes de dormir.

Mañana de lluvia y fuego
Ante la adversidad organizada, una madrugada fría y lluviosa se alzaron de su descanso los heraldos nocturnos que llevaban medio siglo anunciando el cambio para las naturaleza muertas de abulia y sometidas a una pesadilla diurna y nocturna bajo la moral de los amos.
Los débiles, con su carga de multitud, dirigidos por un filósofo que había regresado de su tercer exilio, en contraste a los oídos sordos de los que se ostentaban como prohombres y salvadores de la patria, optaron por el estruendo de las puertas derribadas de los almacenes a los que penetraron y saquearon a título tardío de expropiación.

El asalto
Mientras la noche teje su manto oscuro de viuda resignada, los fantasmas y los asaltantes hacen su heteróclito recorrido para encontrarse con las víctimas propiciadas en los horóscopos y en las reglas del juego de la vida en que por simetría del azar coinciden en un lugar y minuto de la hora fugaz.

Atardecer del solitario
En el naufragio repetido de la tarde con la luz mutable, la amorosa semblanza con la ruptura de un edén repetido y la soledad que marca los límites de una isla imaginada, los corredores de la alameda proponen caminos para perderse en otro encuentro donde la vida se parezca a la felicidad de ayer cuando ella llegaba vibrante de amor…

Doliente recuerdo
En el rumor interno de los recuerdos felices, tú elegiste el punto de fuga de las más intensas emociones para decirme “yo soy tu musa”; pero en la otra orilla de la tarde, donde el día se hace noche con amenaza de insomnio, el recuerdo de la isla se asocia al reloj de arena con el que marcábamos las horas de amor y la absurda promesa de nunca envejecer porque habíamos detenido el tiempo…
Ahora, con el paso inexorable de los días vacíos y después de los muchos años posteriores al loco juramento, veo que la vejez no acepta el olvido como curación contra este panorama yermo de la no vida.

El difícil olvido
La remota música de la poesía que había inspirado la celebración del pleno amor en aquella hora única, cuando caminamos unidos por las manos hacia el templo iluminado de la felicidad para celebrar el sueño y el acto de la creación culminó, después de dos años de pasión incomparable, en el vacío de todos los juramentos y el dolor punzante de la ausencia y la distancia sin domicilio.


*Del libro inédito llamado El ocaso de los quelonios.