REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 11 | 2019
   

Clave de sol

Opera en Viena


María Teresa Castrillón

Nuevamente tuve el honor de ser invitada por la Opera de Viena para asistir a un par de funciones: uno en la Staatsoper (Don Carlo) y en la Volksoper Die Fledermaus (El murciélago). De entrada agradezco a ambas casas de ópera la acogida que dan a los críticos de música. Junto con el boleto me entregaron en la taquilla el programa (que normalmente se vende y bastante caro). El de Don Carlo de Verdi es todo un libro con interesantes artículos históricos sobre la ópera y fotos también históricas de los intérpretes principales desde los años 50 y en la portada a color está nada menos que Ramón Vargas a quien tienen en altísima estima en Viena.

Don Carlo de Verdi (en la versión de Milán) con libreto basado en un absurdo texto de Schiller que distorsiona toda la historia, pues convierte al personaje del retrasado mental que era Don Carlos en el héroe del drama, es sin embargo una de las óperas más bellas de Verdi.

El director fue Franz Welser–Möst, actual director de la Opera de Viena y por supuesto con la estupenda Orquesta de la Staatsoper ni qué decir que fue extraordinaria. La dirección escénica de Daniel Abbado fue buena al mover los personajes de manera congruente.

Visualmente no lo fue tanto. La escenografía de Graziano Gregori era impersonal. Nada hacía pensar en la España del siglo XVI. En cuanto al vestuario de Carla Teti carecía de imaginación; era monótono. Todos llevaban unas togas grises indefinidas. El único que era diferente y se podía distinguir era Felipe II porque llevaba un traje de Napoleón (sic) y corona. Desgraciadamente la Ópera de Viena no se escapa de caer en la moda de trasladar la escena de la época original y tratar siempre de “épater les bourgeois” . El papel estuvo interpretado por el bajo René Pape con mucho éxito en todas las funciones de este 2012. Don Carlo fue el tenor albano Giuseppe Gipali con muy buena voz y dignificó el papel del pobre Don Carlos.

El Marqués de Poza (Rodrigo) fue el barítono inglés Simon Keenlyside con una amplia agenda para esta temporada y la próxima. Elisabetta estuvo a cargo de la soprano búlgara Krassimira Stoyanova. La condesa de Eboli fue la mezzo Luciana D’Intino. El gran Inquisidor el bajo Ain Anger y Carlos V en su corto papel, el bajo Dan Paul Dimitrescu.
Por coincidencia ese día asistió la Canciller Angela Merker (En Alemania y Austria los políticos sí van a la ópera) quien entró y salió con toda discreción.

La otra función fue en la Volksoper: El Murciélago, que es un clásico vienés. No me puede fallar cada año esta opereta (ya considerada ópera) de Johann Strauss sobre el texto de “Le Reveillon” de Meilhak y Halévy Es lo más representativo de la Viena de fin del siglo XIX.

Sucede en un fin de año con toda la alegría y la frivolidad del mundo vienés de la época y en ninguna parte del mundo se pone y se canta y toca como en Viena. Ya desde la Obertura hace vibrar con su ritmo único de vals vienés. Aquí por fortuna se ha respetado la tradición incluso de los mismos chistes, escenografía, vestuario, etc. Sólo así es vienés.

Estuvo dirigida por Rudolf Bibl y la escenografía como siempre por Pantelis Dessylas.

Los personajes de Eisenstein, Rosalinda, Adela, Príncipe Orlofsky estuvieron a cargo de cantantes que no son tan conocidos para nosotros, pero que son estupendos para estos papeles. Los llevan tatuados en su persona y es un gozo verlos y escucharlos. El que merece siempre capítulo aparte es Frosch el carcelero quien no canta pero es el personaje principal en el tercer acto con una gracia y un lenguaje en dialecto que causa las carcajadas del público (vienés sobre todo)

Doy las más sinceras gracias a la Staatsoper y a la Volksoper por este regalo.