REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 09 | 2020
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

TRANCO I
La envidia corroe a tod@s los integrantes de este siete veces H. Consejo Editorial, sí, el maestro Bracho, al leer su crónica española, nos ha dejado con el paladar esperando las gotas supremas de un tinto de la Rioja, y nuestras bocas agua se hicieron pues ese banquete que nuestro escritor disfrutó con un gusto enorme ya lo quisiéramos para un día de fiesta, y luego codearse con coreógrafos, con productores, con chefs, con pianistas, con coleccionistas y con amigos que dan la camisa por uno, eso mismo es lo que nos hace arder de envidia. Bueno, quizá el próximo año nos atrevamos a pegarnos con el maestro Bracho y que él nos presente como lo que somos en este nuestro Búho, también amigos enteros, y que retamos a duelo de espadas en el Parque del Retiro a quien se atreva a ofenderlos. De veras. Bueno, pero aquí va lo enviado a esta redacción por el ínclito maestro Carlos Bracho. Leamos:

Leoncio tenía una pequeña lágrima en sus ojos. Había recordado el accidente en el que tiempo atrás un caro amigo suyo había sufrido graves heridas que lo dejaron en condiciones lamentables. Pero luego -la vida sigue, dijo airoso- tomó un trago de un tinto y se repuso y Leoncio -amigo del Barón de Gerstenmaier- y amigo de todos nosotros los que charlábamos y componíamos este mundo desgraciado, se repuso, digo y entró de lleno a la amena discusión: Alberto Portillo, coreógrafo de fama, Fernando García de la Vega que produjo, por muchos años, famosos programas de tv, su esposa Michelle que tiene como hobby el crear, hacer, construir casas en miniatura, casas que son un portento manual y cuyas obras merecen un lugar en un Museo, y el chef toledano Manuel Huerta, cuya esposa la pianista y amiga nuestra doña Victoria, que al final de aquella memorable comida -comelitón tremendo- tocó para todos la música de siempre, la de bailar, la de charlar, la de escuchar, la de pensar en la inmortalidad del cangrejo; y claro, presente con su voz y su altura el Barón de Gerstenmaier, cuya colección de pintura Flamenca se exhibe en Europa con éxito sin igual, y una parte de este acervo del Barón estará presentándose en la ciudad de Lima, Perú desde el mes de octubre, y claro, mi esposa María Luisa, que charló y charló con todos y cada uno de los comensales sobre todos los temas que brotaban de esa reunión. Y honor a quien honor merece, la comida fue preparada por Victoria, y yo, especialmente, desde aquí le agradezco la atención de preparar platillos que no contengan gluten -soy celiaco- y que el postre fue realizado por Michelle y para qué decir de las bondades de ese postre a la francesa. Pero bueno, ustedes, lectoras insumisas, pedirán a gritos, ya, que les diga cuales fueron estos manjares españoles que hicieron de aquella tarde una tarde plena, rotunda y digna de guardarse en el interminable bolso del recuerdo. Va: Se empezó con un chorizo artesano del centro de Castilla. Y había cigalas y gambas y unas sardinas en escabeche que echaban lumbre de ricas y sabrosas; había también en aquella sesión pantagruélica, un plato con pulpo estilo feria, sí, un platillo típico de la tierra gallega. En otros platos había pimientos del piquillo y chipirones rellenos a la tinta de calamar, y la cosa no terminaba allí, no, seguía el banquete alucinante: Cabrito asado al estilo de Manolo, pues su origen es Toledano. Este cabrito hizo que nuestros dedos fueran chupados como si fueran paletas de infante hambriento. Victoria y Manolo -y claro, el que Michelle había preparado- pusieron de postre un platón con fruta tropical, piña en rodajas, uvas de los viñedos de Leoncio y del Barón, uvas que parecían fruto salido del Jardín del Edén, uvas que no quiso probar, ni con todas las amenazas que encierra el Infierno de Dante, doña Ana María, cuya hermana fue una gran escritora: Carmen Martín Gaute; claro, en la mesa no faltó el vino tinto de la Rioja, y los blancos como el Ribeiro que llenaban las copas que se vaciaban con inusitada rapidez. Bueno y también nos guiñaban y nos hacían señales y nos hacían unos ojitos pispiretos las bolas de helado de limón y de chocolate, y para acompañar estas delicias culinarias Victoria fue a la cava y trajo una botella reluciente de Pedro Ximénez. Así pues, ya se podrán imaginar, lectoras no pripanistas que aquella tarde y parte de la noche, transcurrió como un tiempo sacado al firmamento y al crepúsculo y que las charlas no decayeron ni un instante, y menos, mucho menos cuando se tocó el tema obligado de la política. Quiero decirles a ustedes lectoras villistas, que todos los políticos, los de España y los de México, salieron reprobados, se les pusieron los adjetivos más rudos que Cervantes pudo haber inventado y yo, por un mero pudor republicano y por vergüenza, no puedo reproducir en estas líneas. Sí, no dejamos títere con cabeza, diputados y presidentes, senadores y concejales, ediles y ministros fueron pasados por el cuchillo de la crítica. Todos deben estar adoloridos de las nalgas pues nuestros dardos fueron enviados a esa zona. No se salvó uno solo. Todos merecieron el paredón de la ignominia y el desprecio ciudadano. Sí, creo que se lo merecen. Y bueno, ya desde este día, empiezo a llenar el cochinito con monedas para juntar los morlacos suficientes y poder cruzar el charco y llegar otra vez con estos amigos verdaderos, con estas amigas de las que hay pocas en el mundo. De verdad. Vale. Abur.