REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 05 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Teófilo Huerta: La segunda muerte y otros cuentos


René Avilés Fabila

Supe de Teófilo Huerta porque me escribió y con ese correo me ingresó en un mundo fantástico, el del plagio. Al leer sus palabras recordé que yo he criticado desde hace muchos años a diversas personalidades sobre los que siempre pendió la acusación de escamoteo literario. En esencia me decía que era un escritor que arrancaba y que con alguna ingenuidad fue a Alfaguara y allí se topó con un señor conocido como Sealtiel Alatriste quien aparte de tratarlo sin nobleza, le hizo llegar su original de cuentos ni más ni menos que a José Saramago, quien lo utilizó para hacer una novela. Vaya lío que me planteaba mi nuevo amigo, del que nada había leído hasta ese momento. Le dije que podía ayudarlo publicándole su justa protesta, él sólo defendería su propia creación registrada debidamente, en mi revista El Búho. Aceptó allí, entiendo, apareció la primera denuncia de haber sido víctima de un engaño editorial y de un plagio fantástico. De inmediato me dijo que, utilizando un método creado por la investigadora Luz García, quien se defendía en los tribunales del plagio que de su trabajo hizo Elisa Vidal, tenía ya las pruebas irrefutables del robo intelectual. El resto apareció en diversos medios y Huerta insistió con sincera terquedad sobre el agravio. En algún momento el Premio Nobel portugués tuvo que declarar, ante el escándalo, que él jamás acostumbraba plagiar. Es decir, negó la acusación de manera tajante.

Teófilo Huerta dio una brillante y desigual pelea y argumentó con seriedad y contundencia. Eso me llamó más la atención: era un hombre decente, decidido a que respetaran sus derechos y especialmente sus creaciones. Todo ese tiempo, en esa batalla desigual, cuando todavía Sealtiel Alatriste era poderoso y arrogante, fui intercambiando correos con Teófilo y por así decirlo estableciendo una discreta amistad. Me asombraba su elegante tenacidad, aprovechaba cualquier oportunidad para defenderse. Lo apoyé y cuando escribí sobre el dramático caso de Sealtiel, atrapado con las manos en el hurto intelectual, se derrumbó parte del mito y la exigencia de Huerta fue vista con mayor comprensión. Por último, nos encontramos y dejamos de lado el mundo virtual en el que estábamos inmersos para pasar al mundo real, donde se come y se platica mirándose a los ojos. No me llamó la atención que fuera publicado por Plaza y Valdés y menos que me invitara a participar en la presentación. Por diversas razones, comenzamos la batalla juntos y la hemos seguido hasta hace unos días que un jurado de famosos intelectuales latinoamericanos, trabajando para la FIL de Guadalajara y Conaculta, decidieron premiar con la suma de 150 mil dólares al peruano Alfredo Bryce Echenique, al que le han probado, según la investigadora chilena María Soledad de la Cerda, no 26 plagios, como apareció en diarios mexicanos, sino 32.

El prólogo a esta reunión es absolutamente necesario, porque más parece una maniobra perversa para rechazar a un buen autor desconocido en ese momento, que una prueba de buen gusto literario de Alfaguara. El libro que nos reúne se titula La segunda muerte y otros cuentos y en un país que tiene excelentes cuentistas (Arreola, Rulfo, Arredondo, Valadés, Revueltas, Torri, Rojas González…) destaca por su muy buena prosa y por la imaginación que destila cada relato. Bien visto el volumen de Teófilo Huerta es una suerte de amena autobiografía, comienza con un cuento de ciencia-ficción, “¡Últimas noticias!”, el que padeció el plagio Alatriste-Saramago, y concluye con su propia muerte cuando unos rufianes intentan robarle el original del libro que hoy está a la mano y del cual estamos hablando. El necio autor, resiste un asalto con tal de que el manuscrito no le sea robado por unos rufianes o escritores disfrazados de criminales. Bien visto el libro de Huerta es una alegoría de los sucesos que rompieron su tranquila vida de narrador, de literato y lo obligaron a pelear contra un Premio Nobel y una empresa editorial de enorme fortaleza, donde la influencia de Alatriste era decisiva.

La obra de Teófilo Huerta está integrada por 19 relatos, no muy extensos. Sabe que es mejor la precisión y la tolerancia con el lector que siempre busca eficacia narrativa y ahora no muy grandes extensiones. Según declaró recientemente a un diario nacional, trabaja con lentitud y cuidado, de eso se trata. Rulfo y Arreola sólo necesitaron unas cuantas páginas para hacerse imprescindibles. La recomendación de Reyes, que ha sido la de muchos grandes maestros, es borrar, corregir, castigar la prosa hasta llegar a lo más cercano posible a la perfección. Me referiré a unos cuantos dejando en claro que todo libro de relatos exige o demanda una selección: pueden gustarnos unos más que otros, los que a otro lector o crítico literario les produjo otra impresión. A mí, en lo personal, me gusta el libro en su totalidad, hay una unidad bien arropada por temas y estructuras, pero sí, lo confieso, tengo mis preferidos.

“¡Últimas noticias!” es justo el cuento con el que abre Teófilo Huerta su libro. Independientemente de los problemas que le trajo en una discusión sinfín, es un relato brillante, una ficción de lo que sería el mundo si de pronto la inmortalidad nos invade. Allí hay un buen alarde de ingenio e imaginación. Lo que en el inicio es una bendición de Dios, no morir, no enfermarse, no sufrir, pronto se convierte en algo infernal. La sobrepoblación, la gran amenaza que pende sobre la humanidad, se hace realidad porque ya nada evita el contrapeso de los muchos nacimientos. Por fortuna, la cordura y la serenidad retornan cuando así como llegó la extraña plaga, desaparece. Mientras leía el cuento, imaginé la versión cinematográfica. Es realmente una historia memorable y con posibilidades de seguir su camino con otro lenguaje, el cinematográfico.

La desbordada imaginación del autor nos lleva en “Agenda” a una situación curiosa: una persona adquiere una simple agenda y descubre que faltan días y que eso se traduce en hechos reales. Aquella inocua herramienta para llevar en orden las citas y los compromisos, es ahora un enemigo que desquicia por completo su vida. Es un texto con un final sorprendente y sin duda aterrador. Y algo semejante, en cuanto al texto que conduce velozmente hacia un final desconcertante, aparece en el relato “La mujer rojinegra”. Lo cotidiano, un suceso que nos ha pasado a todos, el encuentro con una mujer o un hombre que nos llama la atención, pronto deja de ser un hecho natural para ser una monstruosidad.

De todas las posibilidades que la literatura fantástica ofrece, es la ciencia-ficción la que menos se ha desarrollado entre nosotros. No tiene por qué ser una serie de sucesos que transcurren en lo más recóndito del Universo, mundos extraños donde aparecen monstruos, aberraciones que atacan al ser humano para dominarlo y apoderarse de nuestro planeta. En tal sentido, la literatura de Teófilo Huerta nos acerca peligrosamente a lo inmediato, a la aparente normalidad. De ello hay pruebas en los cuentos mencionados, pero asimismo en “Huracán”, donde el espacio y el tiempo son elementos de desequilibrio juegan con nosotros alterando la realidad del futuro.

“Más allá de tu cuerpo”, es un canto al amor perdurable, ése que la muerte no puede ni debe interrumpir, se mantendrá, si es poderoso, no importa que hayamos fallecido. Así lo ve Teófilo Huerta y así lo han visto multitud de escritores que confían en que el amor es más poderoso que la muerte. Esto convierte a la historia en un monólogo amoroso, una dolida promesa para quien ha desaparecido. Historia afín es “Sin claudicar”, de nuevo el amor y la muerte, historia en la que otra vez Huerta opta por garantizar la inmortalidad del primero. Aquí radica la salvación del hombre o de la mujer, su redención. Pero en el libro de Huerta todo es posible, incluso los sucesos que ocurren en “A la conquista del territorio perdido”, una fina ironía al capitalismo norteamericano y a la idea que muchos hemos tenido de recuperar lo perdido en una tormentosa frontera cambiante gracias al poder yanqui. Nada es imposible para la imaginación de Huerta, por ello hay un “Dios cibernético”, que enciende su computadora, entra a Internet, hace click, aparece el hombre y luego de verlo y quizás de anticipar el futuro, para eso es Dios, oprime decidido la tecla para suprimir.

En “El gol de la revancha”, nuestro autor juega con un balón de futbol, juega asimismo con nosotros, sus lectores. Es, me parece, un cuento que estará en las antologías que cada tanto los escritores que gustan de los deportes, realizan pensando en el futbol soccer. Está escrito con delicadeza, no con la violencia de un cronista deportivo, sino con la idea de que los lectores sepan que es posible jugar para glorificar algo de trascendencia. Igualmente en ¡Vaya tránsito!, hay una historia sutil, donde los padecimientos que la humanidad tales como la corrupción, el engaño y la maldad, pueden llevar a un personaje, en este caso a un veterinario, a la muerte y luego de las habituales vicisitudes concluir, en una nube desde donde se aprecia un mundo absurdo y demencial. Una canica insignificante donde vivir en ella, encuentra más dificultades que bondades.

Los relatos que integran el libro de Teófilo Huerta tienen en sí mismos una estructura cuidada e inteligente, pero también para el libro fue capaz de hacer una selección que concede una unidad perfecta, es un libro donde nada se dispara y uno se entera que cada cuento está en su lugar. Se trata, en esencia, de un libro redondo, de gran rigor, que avanza, como antes señalé, hacia el asesinato absurdo del autor de La segunda muerte y otros cuentos. Para mi gusto de lector, que no crítico literario, es justo el relato que lleva este título, el más logrado, el que mayor interés despierta en el lector. “La segunda muerte” es la historia de mayor aliento, entendiendo la tabla axiológica que antes mencioné y que es donde el reino de lo subjetivo aparece, especialmente entre lectores, no así en el caso de un riguroso crítico literario, de sólida formación académica: que cada uno tiene sus propias reglas para calificar un cuento, un poema o una novela. Es de todos los relatos de Huerta, el que yo hubiera plagiado en caso de ser amante de los materiales ajenos. Lo digo porque hubiera sido una joya dentro de mi libro El Evangelio según René Avilés Fabila, un esfuerzo literario, que no religioso, por escribir mi propia Biblia.

“La segunda muerte” es un texto maravilloso, algo que Dante hubiese leído con gusto o Milton. Es un relato que comienza de manera contundente, eficaz: “Junto a Mario permaneció Pablo, su hijo menor, sumamente conmovido. Sus ojos retuvieron el llanto a punto de brotar.” A partir de este momento se juega con la muerte y la vida más allá, ante las autoridades celestiales. El relato mantiene la intensidad y la prosa es perfecta, hay allí un cuidadoso lenguaje acorde a los personajes y al asunto que traen: el futuro de Mario, hacia dónde irá luego de muerto, ¿al Bosque de la Eternidad o al Bosque del Arrepentimiento? La discusión suave y gentil conlleva una solución grave. Mario tiene la posibilidad de abogar por sí mismo y lo hace en espera del perdón de Dios. Pero en el Cielo cuentan hasta los pecados más nimios, la tabla jurídico-religiosa es severa, implacable, pues concluye en el dictamen final, inapelable y definitivo. La segunda muerte tiene implicaciones por demás atroces en matices. Es un texto singular en nuestras letras, algo que tendría que convertirse en un clásico de la literatura breve. Pienso, por ejemplo, en “La sunamita” de Inés Arredondo, inspirado en una escena bíblica y cuyos méritos lo hacen acreedor al respeto de todos los lectores.

“La segunda muerte” es un cuento inquietante. Cuando releí una y otra vez la Biblia buscando los materiales necesarios para mi propia versión, no se me ocurrió ver lo que ocurre tras la primera muerte, vi la resurrección de manera simplista y el verdadero y definitivo final sin la discusión que Huerta les da a sus altos personajes. Insisto en la belleza e inteligencia del cuento, por añadidura en el lenguaje utilizado.

Queda la abierta invitación a leer un libro que fue cuidadosamente construido a lo largo de muchos años: historia por historia, párrafo tras párrafo, palabra tras palabra hasta alcanzar una cordial y atractiva perfección.