REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 07 | 2019
   

Artes Visuales

La Mona Lisa de Isleworth


María Helena Noval

La versión que corrió hace unos días sobre la existencia de un retrato de Lisa Gherardini, pintado por el mismo Leonardo da Vinci unos 15 años antes que el famoso retrato del Louvre no es nueva para el mundo académico y lejos de causar júbilo ha originado una serie de suspicacias que comprueban que los negocios influyen cada vez más en el mundo del arte.

La Mona Lisa más joven, conocida como la Mona Lisa de Isleworth, en referencia al lugar donde residía Hugh Blaker, el coleccionista inglés que “la descubrió” antes de la Primera Guerra Mundial, fue presentada hace unos días en Ginebra por la Fundación Mona Lisa, creada ex profeso para estudiarla y legitimarla, y por ello surgen dos preguntas: ¿por qué si han corrido versiones sobre la existencia de otras monas lisas desde la desaparición, en 1911 de la más acreditada, ahora ésta se presenta como auténtica? ¿El hecho de presentarla más joven -a la retratada y a la obra- forma parte de una estrategia encaminada a confundir a los expertos?

Las otras monas lisas

En 1911 el italiano Vicente Peruggia la extrajo del Museo del Louvre, en un arranque nacionalista la pintura; quería devolverla a su país natal, porque sentía que no le pertenecía a los franceses, sino a los italianos. La misma fue devuelta al museo por la policía en 1913, lo que ocasionó que corrieran rumores sobre la existencia de por lo menos un par de ellas en colecciones particulares, pues se dijo que había sido copiada.
Por otro lado, la obra relacionada formalmente con el andrógino y enigmático San Juan Bautista, pintado asimismo por il mancino -da Vinci es el zurdo más célebre de la historia-, cuenta con cientos de hermanas, entre ellas las copias de profesionales y aficionados, además de las paráfrasis de las que ha sido objeto por parte de artistas más modernos, quienes ven en ella una serie de valores aptos para diversas resignificaciones como las nociones de prestigio, autoría, identidad, etc.

Recursos como la perspectiva matemática -aquel truco que por medio de la disminución del tamaño de los objetos, y el empleo del punto de fuga los hace aparecer más lejanos-, la perspectiva atmosférica -lo que nos hace ver las montañas del fondo tendientes a lo azul en función de su alejamiento- y el sfumato, técnica propia del taller del Verrochio, que Leonardo haría suya de manera magistral, han logrado que la pintura sea una de las más admiradas del mundo; no obstante, la identidad de la modelo nunca ha sido comprobada del todo y eso es una de las cuestiones que más llaman la atención de este supuesto retrato.

¿Quién fue Lisa Gherardini?

Giuseppe Pallanti publicó en Italia hace poco tiempo un libro titulado Mona Lisa mulier ingenua (Polistampa, Florencia, 2004), una publicación construida a partir de la documentación existente en archivos florentinos sobre las familias Gherardini y del Giocondo en la que aclara quién era esta mujer.

En el prólogo, el autor afirma que no se ha podido probar que Mona Lisa Gherardini, segunda esposa de Francesco di Bartolomeo Zanobi del Giocondo sea el personaje del célebre retrato que pintara Leonardo da Vinci entre 1503 y 1506, a pesar de que así lo afirmara Giorgio Vasari, el más célebre biógrafo y cronista de la época. Lo que sí prueba el autor es el lugar de nacimiento de Lisa Gherardini (Archivos del pago de impuestos de 1480): ella nació el 15 de junio de 1479 y murió el 15 de julio de 1542, a los 63 años, en el convento de Santa Úrsula de Florencia.

Pallanti nos cuenta que habiendo pertenecido a una familia de abolengo venida a menos, Lisa se casó con del Giocondo, próspero comerciante de telas recientemente viudo y 14 años mayor que ella.

Asimismo nos enteramos de que ambos procrearon 5 hijos -Piero, Camilla, Andrea, Giocondo y sor Ludovica-, que heredaron lo dispuesto por del Giocondo en un testamento que puede consultarse hasta la fecha; venimos a enterarnos de que dos de sus hijas fueron monjas (igual que sus hermanas) y que como ama de casa, ella fue testigo de la donación por parte de su esposo, de algunos de los bienes familiares a sus hijos Bartolomeo (nacido de su anterior mujer, Camilla Rucellai), Piero y Andrea, así como de la estipulación de una dote para su hija Camilla en 1503, año en el cual también compró una casa en vía de la Stufa, vecina a la suya, un hecho que apoya la versión del encargo del retrato a Leonardo da Vinci a manera de conmemoración de estreno de la nueva vivienda.

Finalmente se nos informa que Lisa ingresó en el convento de Santa Úrsula cuatro años después de quedar viuda, donde ya era monja una de sus hijas.

A pesar de que el libro de Pallanti está traducido a 5 idiomas, poca gente lo cita o acude a fuentes como Wikipedia, en donde también aparece la historia de esta mujer. Esto demuestra que seguimos prefiriendo el enigma que envuelve al personaje, un enigma que viene a ser reforzado hoy por la aparición de una mujer más bella y joven, portadora de una sonrisa más franca.
¿Por qué? Porque como dicen los expertos en falsificaciones: es más fácil engañar con una pieza nueva de la ouvre (catálogo del autor) que con una casi idéntica. No sería ésta la primera vez que se dice que el autor trabajó ideas similares o composiciones emparentadas con anterioridad. Ya sucedió en el caso de Jan van Meegeren, quien confesó haber falsificado de este modo a Vermeer de Delft. ¿Por qué no una vez más?

Creo que la pregunta que hice atrás, sobre los posibles fines de lucro de este descubrimiento no es descabellada. Al margen de disquisiciones históricas y análisis científicos sobre la tela (no en tabla como en la pintura del Louvre), estoy segura de que no tardan en publicarse las especulaciones sobre el precio de tan afamada pintura. En estos momentos el consorcio que la adquirió después de haber sido del coleccionista Henry Pulitzer dice que no la vende. ¿Usted qué cree?

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