REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 05 | 2019
   

Arca de Noé

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos


Sharon L. Gutiérrez Meza

El día empezó con el afán diario de Florence por despertarme, fingí un contratiempo, lo que en realidad pasó fue que me enredé de nuevo en las sábanas y los “cinco minutos más” se convirtieron en diez minutos de retraso. Sí, salí tarde de casa, otra vez.

Llegué a la parada del camión y durante la espera noté que no era un sábado cualquiera… mi camisa azul resaltaba entre la multitud que vestía al menos una prenda verde, blanca o roja. Eso pasa cuando no revisas Facebook, pensé, y observé a otros que como yo, pasaron de largo la invitación. Pero no, esa extraña convención no fue idea de una red social al menos no de una virtual.

El camión avanzó al ritmo de música ranchera, Don Hilario (el chofer) convertido en Don Chente mostró sus dotes artísticos y cantó cada canción con naturalidad tal que parecía lo hacía con frecuencia, pero no, él es más de ochenteras y vaya que lo sé.

Revisé mi reloj como si el monitoreo constante detuviera el tiempo o hiciera que marcara diez minutos antes de lo que marcaba hace apenas un minuto, y es que eso de llegar tarde a la universidad me puso nerviosa. Con los gritos del vendedor que subió a promocionar bolsitas de chispitas por diez pesos, banderitas, banderotas y banderones entendí que no era cualquier sábado, era quince de septiembre.

De regreso en casa, la fecha fue el pretexto de mi abuela para meterme a la cocina, (lo que no pasa muy a menudo), donde fui testigo del ritual de preparar chalupas, aún así no logré sentirme más mexicana, qué decepción.

Seré acaso un grinch de las “fiestas patrias”, me pregunté. Y saltó la idea, ese sábado era como navidad, en diciembre son las esferitas y los gorros de Santa Claus en septiembre banderitas, pirotecnia y mucho alcohol, tequila para sentirte harto mexicano.

La esencia de la fecha, se centró en qué ropa usar, qué comer, qué escuchar, qué frases utilizar para amenizar porque si no gritas “Viva México” al menos una vez seguro te expatrían o algo peor.

“Soy cien por ciento mexicano” cuenta una playera tricolor, una que lo mismo aplaude a Hidalgo, a los niños héroes, a la virgencita, que te grita ¡NACA! cualquier otro día que se te ocurra usar huaraches en fecha que no sea “patriótica”.

No entendí porqué esa exaltación de patriotismo (mal entendido y peor adoptado, por cierto). No me sentí menos mexicana por no traer una banderita pintada en la mejilla, hace doscientos cincuenta y siete días no se juzgaría mi nivel de “mexicanidad” por el color de mi ropa o la falta de accesorios como un sombrerote, una corneta o un prendedor con el escudo nacional.

Aquel sábado no me sentí más mexicana que en abril, julio o cualquiera de los meses anteriores a este “mes patrio”. Para mí ser mexicano está muy lejos de disfrazarme de Adelita, traer un bigotote o celebrar “libertad” al sabor del orégano.

No encontré sentido en celebrar el pasado, no grité “Viva México”, no canté “México lindo y querido”, no contemplé al presidente tocar la campana y no seguí con la utópica idea de vivir en un país “libre”; después qué: ¿celebro los cuarenta mil muertos de la guerra de independencia del gobierno contra el narcotráfico?, ¿celebro que el cincuenta y cuatro por ciento de la población vive en pobreza extrema?, ¿celebro que el país está tan aletargado que ese sábado cantó el himno nacional casi con la misma pasión que gritó gol en el partido del domingo?.

Por que durante el año somos mexicanos en potencia, pero el quince de septiembre la mezcla de ingredientes secretos (tequila, rancheras, comida mexicana y accesorios en lábaro patrio print) nos hacen mexicanos, corrección MÁS mexicanos.

Y es que falta memoria, pero no pseudo memoria de un día.