REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 08 | 2019
   

Apantallados

Moviola en su laberinto - Giovanni Falcone y Paolo Borsellino: la sangrienta renovación de una sociedad amordazada


Alonso Ruiz Belmont

Podría afirmarse que el año de 1992 representa un parteaguas sociológico en la vida contemporánea de Italia. La violencia sanguinaria que golpeó aquel año a la isla de Sicilia se convirtió en un símbolo de la titánica lucha que libraban miembros destacados del poder judicial para recuperar el control de la vida institucional y económica de ese país ante la histórica omnipresencia del crimen organizado. Aquel turbulento proceso saltó de la periferia hacia el centro de Italia, sin embargo, hoy día su final parece aún muy lejano.

En aquel momento, los brutales asesinatos de los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino a manos de la Mafia supusieron un intento desesperado e infructuoso de dicha organización para detener el desmantelamiento de las estratégicas redes de complicidad que existían y siguen existiendo entre los representantes de la delincuencia local y el Estado italiano. Aquella regeneración parcial de la vida institucional (que también provocó una significativa inversión de valores sociales), llevó eventualmente al derrumbe de todo un sistema político, cuyos cimientos se hallaban en la retórica anticomunista de la Guerra Fría. Falcone y Borsellino habían tenido un papel clave en el desarrollo del primer maxiproceso judicial contra los más prominentes líderes y miembros de la Mafia siciliana. Este juicio duró casi dos años y culminó el 16 de diciembre de 1987 con la condena de 360 criminales.

El maxiproceso consiguió demostrar jurídicamente, de una vez por todas, que la Mafia era una organización criminal unificada y no un invento del folklore nacional: sus líderes se distribuían en un gran consejo en el cual se tomaban las decisiones más importantes, por tanto, todas las facciones actuaban en realidad de manera coordinada y no como clanes aislados entre sí. Por otra parte, logró probarse también que sus principales fuentes de ingresos (tráfico de drogas, extorsión y prostitución) se ocultaban mediante complejas redes internacionales de lavado de dinero, muchas de éstas pudieron ser desmanteladas gracias al enorme cúmulo de evidencia que Falcone recolectó y analizó durante más de diez años.

Las huellas que dejó la violencia de la Mafia en la sociedad siciliana y en la vida política italiana durante la década de los años ochenta y principios de los noventa, son magistralmente retratadas y explicadas en el documental Excellent Cadavers (2005), de Marco Turco. La cinta esta basada en el libro del mismo nombre, escrito por el historiador Alexander Stille y publicado en 1996. Stille aparece a cuadro como narrador y viaja al sitio de los crímenes más sanguinarios ocurridos en Sicilia durante aquella época, explicando su contexto y el efecto que tuvieron en la historia moderna de Italia. A su lado aparece también la fotoperiodista y activista antimafia Letizia Battaglia, testigo privilegiada de aquellos años oscuros. Ante todo, Excellent Cadavers es un solemne homenaje y una reivindicación moral para todos aquellos italianos (incluyendo por supuesto a Falcone y Borsellino) que sacrificaron todo, enfrentándose a una poderosa organización que era considerada invencible.

El documental de Turco muestra cómo al comienzo de la Primera República y durante el transcurso de la guerra fría, la Mafia se convirtió en el agente represivo más eficiente con el que contaron los gobiernos de la Democracia Cristiana para contener, por medio de la violencia paramilitar, el vertiginoso avance electoral que estaba logrando el Partido Comunista Italiano. Durante los años sesenta, la organización criminal se expandió del campo hacia las ciudades y se benefició con la recuperación económica de la posguerra. Sus principales fuentes de ingresos a nivel mundial provenían entonces de la extorsión, el tráfico de drogas y la prostitución. Sin embargo, durante los años setenta, la violencia criminal se salió de control y alcanzó al resto de la sociedad italiana. Los asesinatos de jueces, policías, periodistas, sindicalistas y políticos que se opusieron al avance de la delincuencia organizada en el país crecieron exponencialmente. Los centros de influencia criminales se expandieron a los corredores industriales del norte (Milán, Génova y Turín) y a la región de Campania. Dependiendo de su lugar de origen, la Mafia italiana albergaba (y sigue albergando) cuatro grupos: la Cosa Nostra (Sicilia), la Camorra (Nápoles), la ‘Ndrangheta (Calabria) y la Sacra Corona Unita (Apulia). En aquel entonces su composición ya era mayoritariamente urbana y de clase media.

Regresemos a Sicilia. A finales de aquella década, algunos valientes magistrados en la ciudad de Palermo comenzaron a desafiar el clima de miedo e indiferencia ciudadana que los mafiosi habían impuesto a sangre y fuego. Poco antes de ser asesinado en 1980, el juez Gaetano Costa había trabajado con la idea de formar una fiscalía especial para concentrar todos los esfuerzos de los magistrados que investigaban a dicha organización. Su colega Rocco Chinnici decidió poner manos a la obra y forma el primer grupo de fiscales antimafia. Al igual que Costa, Chinnici pagaría con su vida dicho atrevimiento: fue masacrado el 29 de julio de 1983. El magistrado Antonio Caponnetto formaliza entonces las actividades de la fiscalía: un grupo selecto de magistrados investigadores seguirían trabajando en equipo, en adelante, compartirán evidencia y toda la información que haga falta para poder encerrar a algunos de los más peligrosos delincuentes del mundo. El método de trabajo permitía que cada letrado trabajase con mayor seguridad y no se volviese un blanco solitario para la Mafia, como había ocurrido con Costa y Chinnici. A partir de entonces, el grupo antimafia estuvo conformado por Caponnetto, Giovanni Falcone, Paolo Borsellino, Giuseppe Di Lello y Leonardo Guarnotta.

Una de las investigaciones que eventualmente llevaría a la concreción del maxiproceso había iniciado en 1979. Aquel año, Falcone comenzó a investigar a Rosario Spatola, un exitoso empresario de la construcción. Con el paso de los años es descubierta una poderosa red de tráfico de heroína hacia los Estados Unidos. Sin una sola computadora a su disposición, Falcone había obtenido evidencia detallada de todas sus transacciones financieras.

En 1983, fue capturado Tommaso Buscetta, uno de los más importantes líderes de la Mafia siciliana. Buscetta había caído en desgracia luego de que Salvatore Totò Riina tomase el control de la Cosa Nostra a principios de aquella década. Buscetta decide convertirse en testigo protegido de la justicia italiana: es el primer gran arrepentido de la Mafia, el primer líder de la organización en romper la omertá (su código de honor). En 1984, Falcone comienza a recabar testimonios de Buscetta en una cárcel de Roma. Las notas que hace el magistrado con su pluma estilográfica llenarán 329 folios de confesiones. Buscetta le da a Falcone la información que éste necesita para probar ante un juez que todos los líderes y miembros de la Mafia cometen el delito de asociación delictuosa.

Luego de varios años de investigaciones y gracias a las revelaciones de Buscetta, los magistrados del grupo antimafia reúnen elementos suficientes para comenzar a enjuiciar simultáneamente a 474 delincuentes el 10 de febrero de 1986. El maxiproceso finaliza un 16 de diciembre de 1987, casi dos años después. Se logran cadenas perpetuas para capos como Michelle Greco y Giuseppe Marchese; también hay condenas in absentia para hombres como Salvatore Totò Riina, Giuseppe Luccese y Bernardo Provenzano.

Los delincuentes realizan apelaciones y poco después el juez Corrado Carnevale, a quien se le achacaban vínculos estrechos con la Mafia, deja las sentencias sin efecto y ordena la liberación de todos los acusados. Falcone, quien ya se había mudado a Roma y trabajaba con el Ministro de Justicia, Claudio Martelli, prepara un decreto que invalida la sentencia de Carnevale. Las autoridades ordenan la inmediata reaprehensión de todos los criminales liberados. En enero de 1992, la Suprema Corte confirma las condenas del maxiproceso.

La respuesta de la Mafia es implacable: ésta ordena el asesinato del político democristiano Salvatore Lima el 12 de marzo. Lima, aliado estrecho del primer ministro democristiano Giulio Andreotti, se había comprometido con la Cosa Nostra para ayudar a Carnevale a invalidar las sentencias. Riina también ordena las muertes de Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. Falcone es asesinado junto a su esposa y tres de sus guardaespaldas con una carga de 500 kilos de dinamita que explota al paso de su auto el 23 de mayo en Capaci, a medio camino entre el aeropuerto y la ciudad de Palermo. Borsellino muere junto a otros cinco hombres cuando es alcanzado por un auto bomba colocado en la vía Mariano D’Amelio de la misma ciudad el 19 de julio.

En 1993, la Mafia orquestó una campaña de atentados terroristas en las ciudades de Florencia, Milán y Roma, con la que siguió intimidando al Estado italiano por las consecuencias del maxiproceso. Aquellos ataques dejaron un saldo de 10 muertos y 93 heridos. Riina fue capturado ese mismo año, juzgado y condenado a cadena perpetua por ordenar los asesinatos de los dos jueces. Ésta fue considerada la versión oficial.

Tras la caída de la Primera República, el empresario Silvio Berlusconi terminó convirtiéndose en nuevo primer ministro de Italia. Sin embargo, el 21 de mayo de 1992, Borsellino había sido entrevistado por la RAI en su departamento de Palermo. En la conversación que sostuvo con los periodistas Fabrizio Calvi y Jean Pierre Moscardo, el magistrado había expresado que contaba con elementos para pensar que existían vínculos estrechos entre la Cosa Nostra y la clase empresarial de Milán, citando los nombres de Berlusconi y de su mano derecha, Marcello Dell’Utri. La entrevista fue transmitida por televisión, pero pasó prácticamente desapercibida en aquel momento, la cinta original tardó años en ser localizada nuevamente.

En 2008, las fiscalías de Caltanissetta y Palermo reabrieron las investigaciones sobre el crimen de Paolo Borsellino, debido al hallazgo de nuevos documentos y testimonios. Estos indicaban que la Mafia podría haber asesinado a ambos magistrados en alianza con los servicios de inteligencia (SISDE). En verano de aquel año, Gaspare Spatuzza, un sicario convertido en testigo protegido, reveló que había sido él y no Salvatore Candura, quien había robado el Fiat 126 que fue usado como auto bomba en la vía D’Amelio. Candura confirmó las declaraciones de Spatuzza y explicó que fue obligado a declararse culpable mediante torturas y amenazas. En 2009, Totò Riina y Giovanni Brusca afirmaron que el asesinato de Borsellino había sido un crimen de Estado.

Luego de cuatro años de investigaciones, la reconstrucción hecha por los fiscales sugiere que, temiendo ser asesinado, el ex ministro democristiano y actual senador, Calogero Mannino, inició negociaciones con la Mafia en 1992 con la complicidad de el entonces ministro del interior Nicola Mancino. Ambos habrían ofrecido a dicha organización concesiones de todo tipo con tal de poner fin a las campañas terroristas que estaban teniendo lugar en Roma, Milán y Florencia. Falcone y Borsellino se habían opuesto rotundamente a cualquier tipo de negociación; por dicha razón, funcionarios del ministerio del interior y de los servicios de inteligencia habrían permitido el asesinato de los jueces. Mannino había mantenido un diálogo secreto con la organización criminal a través los ex oficiales de carabineros Mario Mori, Giuseppe Del Dono y Antonio Subirani. Este diálogo habría sido continuado a partir de 1993 por Dell’Utri, quien posteriormente habría extorsionado a Berlusconi para no revelar sus vínculos con la mafia.

El 24 de julio pasado, los fiscales palermitanos Antonio Ingroia, Nino Di Matteo, Lia Sava y Francesco Del Bene firmaron la solicitud para llevar a juicio a los capos de la Cosa Nostra, Totò Riina, Bernardo Provenzano, Leoluca Bagarella, Giovanni Brusca y Nino Ciná; así como a Mancino, Dell’Utri, Mannino, Mori, Del Dono y Subirani. Con la excepción de Mancino, todos los acusados fueron imputados de violencia contra un cuerpo político del Estado y asociación mafiosa.

En el caso italiano deja una lección importante para países como México: una clase política mayoritariamente irresponsable y corrupta sólo terminará actuando en favor del interés ciudadano si es obligada a rendir cuentas de sus actos y cuando pueda ser castigada por sus errores o excesos. La democracia sólo echará raíces en donde exista un poder judicial plenamente autónomo y la división de poderes funcione en provecho de un proyecto común de nación.

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1 Excellent Cadavers, Italia/ Francia/ Reino Unido/ Finlandia/ Suecia, 2005. Dirección: Marco Turco. Producción: Raire Radiotelevisione Italiana, SBS Television, BBC. Guión: Alexander Stille, Marco Turco.

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