REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 08 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Alejandra Atala: palabras sobre palabras sobre palabras…


María Helena Noval

Hace unos días, a Marcela del Río, amiga nuestra, amiga de los letrosos (los que estamos tocados por esa enfermedad llamada “Sed de Palabras”), se le ocurrió hacerle un homenaje a su amiga del alma, la China Mendoza en la fundación que ella dirige, en Cuernavaca. Para tal ocasión decidió invitar a los escritores Alejandra Atala, René Avilés Fabila y Enrique Mendoza. Necesario resulta decir que el evento no sólo estuvo a la altura de la pluma de los participantes, sino que superó con creces lo esperado, porque la amistad entre ellos creó el tono del día: no es lo mismo asistir a una actividad cultural en la que todos se echan flores obligadas o logran un trabajo de sabor académico, que a una mesa de declaraciones de amor en donde se ha roto el hielo y los platillos se sirven con la buena disposición de que el público entre por la puerta grande a la intimidad de los participantes.

Tal modelo operativo debiera funcionar como ejemplo para las presentaciones de libros, mismas que a veces caen en el rubro de la “eventitis”, común comportamiento de algunas instituciones que se lanzan a organizar homenajes y presentaciones de libros al vapor. Olvidan que los escritores tienen amigos y se nutren entre ellos.

Así las cosas, sucede que Alejandra Atala, escritora, tallerista y productora de un programa de TV y radio dedicado a la literatura, también se ha formado entre escritores amigos, no sólo entre libros. Comenzando porque fue discípula de Ricardo Garibay, con quien aprendió que en aquella torre infranqueable desde la que despachaba el trueno-novelista, también entraba la dulzura de la voz amiga. Allí conoció a la China Mendoza, de oídas, antes de ser su lectora.

Pero lo que quiero decir aquí de Alejandra Atala no sólo es que su escrito me pareció formidable, que su capacidad de enamorar con las palabras nos dejó a todos boquiabiertos. Lo que quiero decir es que su texto es un texto expansivo, que rebota todavía en mi memoria. ¿Por qué expansivo? Porque creo que hay textos literarios que lo son: nos obligan a escribirles a ellos, nos someten, nos fascinan.

Palimpsesto obligado
“Un aliento que parece no cesar de darse, de entregarse todo en ese beso que es el lenguaje y su articulación, en esa lengua que es patria suya”, escribe Atala sobre el trabajo de la China Mendoza. Y sobre este aliento escribo yo que también ella, Atala, nos alienta a escribir cuando nos regala frases de tanta altura. Añade que el Guanajuato de la China “se mueve en oleajes sutiles y tempestuosos como esa aromada topografía del bajío” y sobre esta frase me monto para decirle que me provoca nostalgias. Apenas va empezando, y ya se me ocurre decirle que me está recordando a mi Lagos de Moreno amado, el de los mismos olores de antaño de los que hablan entre ellas.

Ni modo, decido tomar notas sobre las notas de Alejandra, e intentar este palimpsesto indebido, indebido porque su texto debiera reproducirse íntegro aquí en El Búho, pero no puedo evitarlo y me apresto a escribir palabras sobre sus palabras. Pretextaré el homenaje al que asisto, porque estoy volando sobre voces, vocablos, dicciones.

Me pasa lo que a ella, el hechizo que provoca la lengua nos atrapa. Nos queda claro a los presentes, que no sólo vino a hablar de La China su amiga, sino del poder de lo que se dice: “(el lenguaje) domina irremediablemente, como el mejor amante; hay que besarlo y entregársele entera, sin remordimientos, con toda la carne, los huesos y las entendederas, recibiendo en ese pacto homenaje medieval, lo que su caballero de la triste figura y garboso andar, le entrega de sí, que no es poco, sino mucho, porque ella, cervantina, pero no española, mochila, pero no gazmoña, entiende que el verbo es acción y el logos es bendito, y así lo trata y lo cuida amante de ella él y él de ella el lenguaje, en ese beso afortunado de los amantes que se aman.”

En este juego de palabras sobre palabras, Alejandra cita a Quevedo porque le parece necesario recordar lo que él dice: “Lo más humano entronca con lo divino y lo más humano, parece confirmarnos que el erotismo es tacto y es beso, es gusto en los labios, es alma que se entrega en la caricia de los versos que van rielantes tejiendo su prosa, amparada por ese Ángel que se multiplica ángeles, que en el suspenso de su vuelo dejan que el asombro haga lo suyo, en ese mano a mano, caricia a caricia que es la escritura, contención en sí ve más: voz que escapa de sí misma para convertirse en contacto suave y cadencioso, contenido y potenciado, de frases hilanderas que emergen espirales de la espiralidad en la que navega feliz el alma que se cumple alma, en esas muchas voces que tiene el mar, según T.S. Eliot, según la vida, “muchas voces, muchos dioses”, sabiendo de su cuento el nado, tan parecido a volar”.

¡Qué bárbara Alejandra!, ¡cómo se le ocurre traer a colación los ejercicios del cuerpo para hablar de palabras! --pienso--, y sigo escuchándola decir tremendas cosas sobre la escritura toda, incluyendo la mendocina: “no hay pereza, sí voluntad amorosa para entregar sus gavillas en los nombres de sus libros formidables De amor y lujo, Con él conmigo, con nosotros tres, De ausencia, El perro de la escribana, Fuimos es mucha gente, que son casitas con alas que vuelan a trasmano de la mirada de quien los lee, otorgando al osado una espejería de imágenes que se acoplan al universo cósmico que es la condición humana, “¿Quién si yo gritara,/ me escucharía de las órdenes angélicas?...” Oye La China del checo Rilke, el clamor y es ella, años después quien responde, colorida sustancia de palabras, la elegía de la inevitable muerte y la constante y trascendente vida que ejerce en cada ósculo que de su literatura emerge.”

Ya ni la amuelas, Alejandra –escribo en mi ipad—, ya no sé qué hacer con tan basta emoción que me provoca tu texto, un texto que como dices del de la China: “no es el arrebato febril, calenturiento, desorbitado, nada más, no sólo, es y sobre todo, el dolor de quien ve y sabe que son espinas las heridas que cruzan el alma que clama por su célica y a buen resguardo existencia”. Es un texto que: “sin piedad se enfrenta al espejo de sus propias imágenes para ir resolviendo en el azogue marítimo de sus letras, la respuesta a esa mordedura que duele, arde y punza cada vez que las palabras de su lengua… la inquieren para decir lo que es preciso decir.”

En fin Alejandra, China, René, Marcela, Rosario, perdón, no me pude aguantar las ganas y aquí les dejo este humilde homenaje que quiero sea: “caricia de palabras… compromiso, fidelidad vasallática” de una simple asistente, a un homenaje morelense poco usual. Quien las oyó, lo sabe. Ω

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