REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 08 | 2019
   

De nuestra portada

¿Y las Olimpiadas del Sabor?


Martha Chapa

En toda nación, en todo pueblo, siempre encontramos en mayor o menor grado platillos característicos que le otorgan su propio sabor a cada cultura y nos invitan a saborearlos.
Desde luego, Gran Bretaña, que ahora organiza los legendarios Juegos Olímpicos, no es la excepción.

Bien sabemos que en Londres podemos degustar lo mismo un delicioso roast beaf que un apple pie, sin dejar de tener presentes sus célebres pubs, donde se degusta su excelente cerveza. Más concretamente: el shepherd’s pie o tarta del pastor, preparado a base de carne de cordero picada recubierta de puré de papa y, a veces, con una capa de queso. Y qué decir del tradicional fish and chips, pescado y papas, frito en aceite bien caliente. Y si hablamos de postres, ahí está el crumble, delicioso pastel de frutas. Por aquellos lares también producen algunas bebidas alcohólicas características, como son la sidra o la perada. La sidra auténtica se prepara con el zumo fermentado de la manzana. Se distribuye en botellas individuales y se consume como si fuera cerveza: directamente de la botella. La perada es un producto similar a la sidra, aunque a base de peras.

Por cierto, no hay mejor acompañamiento para el té (que se consume en Inglaterra mucho menos de lo que podríamos pensar) que los scones, además de que son sencillos de preparar, por lo que les comparto la receta, por si se animan a ensayar:

Ingredientes: 250 gramos de harina, un sobre de levadura química, 150 mililitros de leche, 40 gramos de mantequilla, una pizca de sal. Para prepararlos primero debemos calentar el horno a 220 grados centígrados; mientras tanto, ponemos en un bol la harina tamizada con la levadura y la sal. Mezclamos bien, añadimos la mantequilla ligeramente en pomada y troceada, y finalmente mezclamos todo con las manos. Incorporamos la leche y seguimos mezclando hasta conseguir una masa uniforme. Se forman los panecillos y se meten al horno.

Claro que en Londres y otras ciudades inglesas no sólo se consumen comidas típicas. Ahí, como en todas las grandes urbes del mundo, se conforma un crisol de cocinas del mundo entero. Por ejemplo, me enteré hace poco de que existe un afamado restaurante de comida mexicana llamado Mestizo.

Pese a esto, no hemos sabido que se hayan organizado grandes acontecimientos culinarios en el marco de los Juegos Olímpicos de Londres con la presencia de las grandes cocinas de la humanidad: la china, la francesa y la mexicana, junto a otras de enorme reputación, como la italiana, la española, la japonesa o la libanesa, entre otras muchas.

Por tanto, me parece que habría sido un momento culminante de reencuentro e intercambio fraternal entre los pueblos, lo que llamaría la Olimpiada del Sabor, complementaria de las justas deportivas, pero sin necesidad de restringir las medallas a sólo tres ganadores, pues en un torneo de este tipo lo mejor sería premiar por sus méritos a todas las cocinas participantes.

Así también, creo que en estas emocionantes competencias hemos podido sentir e imaginar diferentes sabores: el del triunfo debe de ser dulce, frente al de la derrota, que de seguro es amargo y deja la boca seca.

Pienso que todavía podría convocarse durante el presente año a tan magna muestra, una vez que se concluyan estos juegos, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores o de Cultura del país sede, conjuntamente con sus embajadas.
Imagínense entonces la realización de toda una olimpiada donde los grandes competidores y protagonistas sean el sabor, el aroma y el color.

Sería, sin duda, una fiesta deliciosa e inolvidable.

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