REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
05 | 12 | 2019
   

Confabulario

Poemas


Benjamín Torres Uballe

Ojos Verdes
En el libro: Plural Vagabundo versión 19.52. Abril 2011

Se inquieta el corazón en la zozobra,
esta noche, en que paciente el mar te vence.
Refrena cauto el horizonte mientras tus marmóreos muslos
beben la luz etérea de mi alma sedienta. /
Olvídanse reclamos áridos e infaustos,
mi aliento permea impúdico el talle de tu cuello, hermoso;
y te entregas en las voluptuosas horas
del continuo escalar la cumbre de tu cuerpo. /
Recorro tu vientre en los puntos cardinales donde me quedo quieto,
en esos labios de Venus, de tu cálido sexo.
Tersa es la piel de los brazos en que me subyugas,
y me atas a ti, como lasciva red de bocas ansiosas. /
Esta noche no más mujeriego impenitente,
el amante ocasional de tan espléndida belleza.
Hoy refrendas en mi ser tentación, concupiscencia. /
Me deleito, al florecer de la mañana, de tu rubia exquisitez,
de mirar tus ojos verdes, de saber, de admitir que estás en mí,
una y otra vez, así, cuando te siento. /

CALEIDOSCOPIO
La vida.

Inobjetable saeta,
carrusel en que nos vamos.
Hembra puberta y dispuesta,
hurgando tiempo a las manos.

Gorrión de cantos y estrofas,
danzas que inventan las notas;
cuerpos callando silencio,
alma y poemas perversos.

Quietos sonidos brillando
a contraritmo exquisito;
pausado miedo a lo fijo,
vehemente pozo infinito.

Caleidoscopio frecuente,
recuerdos llanos distantes;
docena de amores fugados,
reflejo acorde a lo errado.

Himno llorado a tristeza, ¡ay!,
devenir de los hombres;
inverosímil bonanza,
jardines limpios de herrumbre.

Brindis de elixir colmado
por el plantar de los verbos;
fiel transpirar a lo amado,
fastuo réquiem por el vuelo.


AMANECER


Despertar en ti, otra vez...

Inmerso en tu alma,

en el amanecer... de tus ojos,

de mí mismo,

en las formas perfectas

de tu erudita belleza...


HUMANIDAD


El amor y la vida.
El silencio y el alma.
Los afanes del tiempo.
Ceremonias que pasan.

¡Ah!, humanidad perdida,
en la insolente brecha de tus días gloriados;
obscuridad obscena, bestia depredadora.
Sinrazón escabrosa de piel madura,
miseria es vuestra ruindad, hiena ruin;
repudio a tu ignominia
como los sueños que atrapa la Luna,
que acuciosa infiel se yergue agazapada
tras la presa fácil que no mira más distante.

¿Cómo desharás viejo camino, las historias repetidas,
sudor de los engreídos?
¿Dónde abrevarán la paz esos hombres y sus llantos?
¿Cuántas manos más conllevarán tus penas?
¿Cuántas de ellas errarán hambrientas las miradas
de tus hijos?
¡Ay!, humanidad entera, ¿a dónde vas?
Ninguna sombra fugaz de amor te espera.

Inimaginadas horas de dolor surcarán tus horas
y te poseerán hambrientas,
como la noche devora para siempre la luz en las pupilas.
Así, ávidas flores marchitas, se entregarán ansiosas a ti.

Lamentos reverberan allá, en el eco de las almas duras,
tal la roca del desierto en el medio morir abrupto,
avasallado sin distingos;
en tanto hordas festivas mascaradas bailan
sin dilación sobre manecillas totales,
atemporales, dueñas de sus bailes.

Anteayer, apenas niña jugando a distraer la vida,
acuciosa, circundante;
tomada idílica de la mano en caricias inocentes;
hoy, ya ni siquiera amantes locos, de esos que guardan veneno
y se esconden temerosos unos con otros, a la espera del amanecer,
que no regresará porque se fue, se fue pa' siempre...

Humanidad, perdida, finita; cuánta tristeza por ti, en la memoria.