REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 08 | 2019
   

Confabulario

Nuevos brevicuentos - El ocaso de los Quelonios


Roberto Bañuelas

Superávit de profetas
Los profetas sin tierra, expulsados de todos los desiertos o de algún remoto paraíso, se asimilan y adquieren residencia en cada país donde los corruptos, los falsarios, los galeotes del horario y del empleo, las prostitutas, los predicadores y los marginados de todos los oficios gozan de la aceptación que va del lujo insolente a la más resignada sobrevivencia.

La suave voz
Después del infarto y de lo que los médicos daban como definitiva recuperación con la intervención quirúrgica, el hombre trataba de conversar; pero se iba a una región del pasado de su niñez que corría y gritaba de gusto cuando se sentía vencedor en los juegos que compartía con los hijos de los vecinos. Ahora, al regresar a su silla mecedora, encontraba sobre la pequeña mesa los libros que había pedido, todos detenidos antes de la décima página. Cuando fijaba la vista en un vacío sin significado, oía la voz de su mujer que él imaginaba como una sombra que giraba o una tenue luz ambulante de las que salían su nombre y alguna palabra sin significado. En los momentos de mayor conciencia, oía con penetrante claridad la voz envolvente de la muerte.
Una tarde, cuando decidió “dar unos pasitos” para acompañar a sus parientes ruidosos que estaban en la sala porque habían venido a preguntar por su salud y a quedarse a comer, dejó de oír el canto de los pájaros y de sentir la presencia de la luz.

Obra rescatada
El joven poeta, que había transitado por laberintos líricos de todas las edades de la palabra, solicitó una entrevista con el crítico consagrado para que le diera su opinión, aunque ésta fuese concluyente y aniquiladora. Una secretaria con pseudónimo y afectada entonación, le comunicó que el maestro lo recibiría quince minutos el próximo martes a las seis de la tarde.
Puntual, con su maquinuscrito metido en una carpeta de cartulina, pasó el soñador ante la solemne figura con más cronistas laudatorios que lectores convencidos.
-Tome asiento -dijo, lacónico-. Comenzó a leer en silencio, pero emitiendo repetidos carraspeos y alternando miradas al poeta temeroso, al mismo tiempo que la tez de su rostro se encendía con un rubor entre el disimulado entusiasmo y la ira. -¿Por qué escribe poesía, joven amigo? ¿Para qué o para quién escribe? La poesía es un rito sagrado para los elegidos que desafían la insensibilidad heredada del cultivo de la barbarie. Trate de hacer una profesión de la que pueda vivir. ¡Que le vaya bien…!
Tres meses después de la amarga entrevista, el joven poeta asistió a la presentación de un nuevo libro que el consagrado presentó, entre excusas y aclaraciones, porque se trataba de una obra escrita cuando él había cumplido los diecisiete años y que ahora, a los sesenta, tenía la osadía de publicar esos poemas del loco amor de su juventud.

Rebeldía y cruz
Desde niño, Cristo fue un rebelde: con el pretexto de meditar y de salir victorioso en todas las discusiones, nunca quiso ayudar a don José en los trabajos de carpintería porque, aunque nunca se lo dijo a nadie, estaba seguro de que el esposo de su madre no era su padre. Triste y paradójicamente, murió en una cruz construida por otro carpintero.

Nuevo visionario
Antes de internarse entre la multitud que participaba de una pobreza bien distribuida, el hombre pensó que era muy fácil inventar otra religión, y que lo difícil no era conseguir adeptos que se postrasen ante la grandeza de Dios, sino que también tuvieran la buena voluntad de apoyar la existencia digna del nuevo profeta.

Admiración poliédrica
En manifestación paralela a la explosión demográfica -orgasmos fecundos que ni la ciencia ni la pobreza podían impedir- surgen, para veneración de un pasado sin historia ni héroes, la multiplicidad de los monumentos que constituyen un grandioso homenaje a la geometría y a la presencia de lo abstracto para ocupar el espacio que estaba reservado a los caudillos, mártires y próceres que no han llegado.

Pausa evolutiva
Los monos sostienen breves conversaciones entre ellos, pero nunca cerca de sus captores y cazadores. Prefieren seguir siendo vegetarianos que llegar a ser esclavos en trabajos forzados y verse obligados a entender su sometimiento en idiomas extraños a su idiosincrasia y que les distorsione aún más la concepción de su propio mundo.

Enfermedad del siglo
Todos aquellos que amenazan con suicidarse -lo hagan o no-, quieren obtener venganza matando de dolor a los enemigos que aumentan cada día.
Hablan poco, caminan solos por las tardes hasta que el crepúsculo se hunde en la noche poblada de enigmas. Luego retornan a casa a cenar, solos o en compañía de parientes que rumian sus propios conflictos. Mientras mastican, los aspirantes a suicidas hacen el recuento de enemigos felices que pretenden vivir un siglo.

Hada protectora
Ya cuarentona y con suficientes desilusiones por la inconstancia de hombres casados que no sabían ser fieles a la permanencia del amor, Evelia irrumpió con los restos de su juventud en la vida del sexagenario maestro -rico por la acumulación de trabajo y austeridad- para removerle con promesas de amor los años que había invertido en teorías, libros y reconocimientos a su obra lúcida y sabia contra la pereza mental de una sociedad polarizada entre las carencias, los signos astrológicos, las manifestaciones de airada protesta y los que combatían el tedio con un ocio organizado en las satisfacciones.
Invitado a comer o a cenar con frecuencia, el maestro impresionaba a sus amigos y admiradores al disertar de preferencia sobre la poesía amorosa, pero evitando los temas que transitaban entre la ciencia, la historia y el helenismo. El maestro, iluminado y rejuvenecido, estaba enamorado y dispuesto, más que a tener en todo la razón, a entusiasmar a la mujer que aligeraba la suma de sus años y de su patrimonio.

Encomienda y súplica
Antes de tener que morir, Sócrates recordó que había comido gallina y pan con miel muchas veces en casa de Esculapio, y que en la satisfacción que seguía a cada cena, el filósofo había prometido recompensar a su anfitrión con un gallo, compromiso pendiente que comunicó a quien quisiera cumplirlo porque él ya sólo disponía de tiempo para tener que morirse.

¡Feliz Navidad!
Las fiestas navideñas, que también son otra enfermedad entre la tradición y el fanatismo me impulsaron, después de agotar la cuenta corriente de cheques, a socavar la cuenta de ahorros. Provisto del formulario de retiro, debidamente rellenado con mis datos de cuenta personal, tomé mi lugar en la fila de la ventanilla que me correspondía. Cuando estuve frente a la ventanilla y entregué mi documento, el empleado me dijo que había una irregularidad y “permítame un momento”. Después de un retardo de diez minutos, regresó acompañado de otro empleado y de un documento con el garabato de una firma innecesaria según mi contrato de inversor.
-El retiro tenía usted que haberlo efectuado ayer, señor.
-Pero si hoy es día laboral -argumenté.
-Sí -me contestó irritado y arqueando la ceja derecha-. Pero sólo para otra clase de documentos. Hoy hacemos una excepción para favorecer a nuestros cuenta-habientes mayores.
-¿Y yo que soy?
-Usted -me contestó con arrogancia-, es sólo un ahorrador en pequeño sin llegar a inversor.
-Pues bien, quiero retirar la cantidad que inscribí en el documento.
-Permítame un momento: voy a consultarlo con mi superior…
pensé que cualquiera podría ser superior a ese empleado con orden de no entender el derecho de cada cliente.
Después de otros diez minutos de espera, apareció un hombre parecido a un zorro esquilado, portando un traje pardo y leontina fuera de uso.
-¿Es usted el señor Cansinos?
-¡Sí, yo soy! Y vengo precisamente…
-Permítame -me interrumpió-. Es el caso que esta cantidad que usted solicita sólo se la podemos hacer efectiva si nos compra este pequeño vaso de murano y esta cadena de oro de 14 kilates.
-Yo he venido aquí por mi dinero y no a comprar chácharas rescatadas del empeño -protesté, indignado.
-Pues si no los acepta, tendrá que esperar a que llegue el gerente general, que será dentro de una hora -replicó el zorro, ya sudoroso y al borde de chapotear en la ira.
Me retiré con mi documento de cobro a los jardines de la sucursal bancaria de una matriz globalizada. Entre los corredores bordeados de setos estaban las empleadas, ataviadas con las prendas mínimas de bailarinas acróbatas de Table-dance, que hacían su ensayo para la fiesta de esa tarde, espectáculo que se realizaría en cuanto los empleados masculinos terminaran con el fastidio de despachar al último cliente.
Volví a insistir con el cobro de mi dinero y, otra vez, me entregaron el vaso y la cadena, los cuales arrojé contra el cristal protector de la ventanilla; inmediatamente, de la nada surgieron dos policías que me condujeron a la salida de la pesadilla, de la que desperté después de haber festejado hasta la madrugada otra, otra, otra Navidad.

Ejemplar del término medio
Primero se cayó del caballo; al pasar los años, cuando era ya un cumplido profesionista, se le cayó el cabello. Se casó a los cincuenta y cinco años de edad con una discípula de su cátedra de derecho mercantil, y fue muy feliz con tres nietos hechos por él mismo.

Tiempo circular
El pasado no es ni remoto ni perfecto; algunos acontecimientos adquieren la esclerosis del recuerdo, y, antagónicos al futuro, cristalizan y se incrustan en el presente con el fantasma del gozo o la persistencia del dolor. El recuerdo de las tentaciones que padecían los santos delirantes terminaba en la flagelación de la propia tristeza porque ellos carecían de la presencia del deseo y, situados en la pequeñez de su entorno, consumían las horas en obstinados soliloquios, dirigidos a un juez sordo y oculto en el universo cuya creación se le atribuye y que dispone de un reloj de soles y planetas para llevar la cuenta del tiempo redundante de los siglos por los siglos.

Otra visión del mundo
Ir al oftalmólogo es aceptar que deseamos salvar la vista que nos queda. A medida que disminuya la capacidad visual, miraremos más y más hacia el interior de nosotros mismos.

La ley de la ley
La reunión de protesta fue el principio de la persecución que padecimos tan lejos del domicilio particular. Algunos partisanos fueron aprehendidos y acusados de violar la ley que protege la violencia del gobierno marcial.

Siempre la piedad
El acto más piadoso que realizó Alonso Quijano, pero ya en su agonía, fue el de impedir que siguiera cabalgando el iluso Don Quijote.

¡Muchas felicidades…!
En la fiesta que se organiza para celebrar al octogenario de la familia, los alegres nietos saludan y se retiran a brindar por la propia juventud.

Árboles sonoros
Los árboles, en febrero, se ayudan para cantar con el ímpetu sonoro de los ventarrones. Árboles siempre sonoros, se asocian al canto ritual de los pájaros y se consuelan contra el dolor de no llegar a ser violines. Los pájaros, solidarios y simétricos en su vuelo, ignoran en vida cómo arde el infierno de la soledad entre los hombres.

Misterio múltiple
La ansiedad y el misterio invaden la tarea de los relojes que suman y restan la aritmética elemental de la vida. En la ruta del hombre, emigrante de las sombras y del dolor; frente al destino incierto que le acosa, captura luz y aromas en el tránsito del fuego renovado que se oculta en el enjambre de los sueños hacia los milagros de la creación, corregida y aumentada por cada generación de soñantes. Cada día, para nutrir al presente de la breve existencia, el peregrino exprime las ubres del futuro.

Conclusión
Soy lo que queda de aquél que fui en una identidad repetida y fragmentada, proyectada al futuro, que está formada de minutos presentes con realizaciones soñadas y variaciones de incertidumbre.