REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
25 | 05 | 2019
   

Artes Visuales

Este es aquél: el fantástico arte del retrato en Octavio Ocampo


María Helena Noval

¿En qué consiste un buen retrato? Nos preguntamos tratando de entender esta traducción de lenguajes que va de lo real a lo creado, con el fin de justipreciar la paradoja que implica la abrumadora realidad ilusoria en el trabajo de Octavio Ocampo.

De tiempo atrás se sabe que cualquier configuración que podamos interpretar como un rostro nos lleva a la idea de individualidad. Brunswik1, por su parte, probó con sus esquemas de rostros, que entendemos enojo, tristeza, asombro, etc., a partir de líneas y puntos sobre ellos, como sucede con los emoticonos… Y sin embargo, esto no basta para comprender cómo diferenciamos un rostro de otro.
Para entender el arte del retrato, podemos imaginarnos un ring en el que de un lado están los defensores de la mimesis o copia extrema de la realidad. Ellos, dicen que el éxito se basa en captar la estructura de las cabezas y poner atención al dibujo. Ponen de ejemplo a Filipino Lippi, quien era capaz de 'pintar un retrato más parecido al modelo que el propio modelo'. Pero esta postura aristotélica no resuelve todo, porque por experiencia sabemos que a veces esto culmina en la creación de máscaras y en alguna época el colmo de esta postura fueron los frenólogos…

Por otro lado, tenemos a los defensores de la idea neoplatónica que hace del pintor un genio capaz de ver “más allá” de los detalles. Estamos hablando aquí de esencias, de emociones y personalidad. Se buscan el gesto y la postura típicos del personaje. En esta ecuación la sonrisa, que desde la Grecia antigua da vida y humaniza resulta básica. No obstante, este trabajo intuitivo tampoco acaba de resolvernos porqué un retrato es bueno.

La tercera posturas es la “artística” y la ejemplifica Miguel Ángel, quien aseveró que no importaba que los retratos de los Medicis, en la Sagrestia Nuova no se parecieran a las personas reales, pues lo interesante para él era que con el tiempo sus obras serían memorables objetos artísticos, mientras que de las efigies de los mortales nadie se acordaría. Esta postura defiende la invención en la obra de arte.

Como vemos, el arte del retrato no es fácil, porque no sólo se trata de pericia técnica o de captar esencias, se trata de algo más, de una operación del orden del inconsciente que exige, en gran medida la participación del espectador-intérprete. Existe una prueba significativa al respecto: Franz Liszt es más Liszt en una pintura que le hizo Franz von Lenbach2, que en la fotografía que le tomó Nadar3. En la foto se le reconoce, pero en la pintura se revela asimismo su carácter.

En la obra de Octavio Ocampo el gran tema ha sido el retrato. Los ha pintado desde niño con la característica, inalcanzable para muchos buenos dibujantes y pintores, de que sus personajes se identifican como tales, a pesar de que son de sabor fantástico, ilusorio. Aparente contradicción ésta, que de alguna manera niega la conservación de los rasgos centrales del objeto copiado.

En la factura de un retrato como los que logra Octavio Ocampo entran en juego las funciones de fusión y reconocimiento de las que hemos venido hablando, resultado de la impresión global, la captación del espíritu y la invención. Eso sin contar, que además se ha visto obligado a recoger los rasgos que cada persona busca destacar de sí misma, al vestir sus cuerpos con ciertos peinados, ropa, accesorios, posturas específicas. En su libro autobiográfico4 nos cuenta por ejemplo, cómo fue el propio ex presidente mexicano José López Portillo quien le dijo qué lo definía, cuáles eran los atributos que lo identificarían, lo mismo que la cantante Cher.
Pero ¿Y lo demás? ¿El estilo metamórfico?

La Vista como generador de sentido

El otro gran tema de la obra de Ocampo compete precisamente a la mirada entendida como una facultad con la que se puede jugar.

¿Son rostros lo que vemos o se trata de un jardín poblado de mariposas y margaritas? ¿Se trata de un perfil femenino o son simples palomas volando? ¿Son automóviles o son ojos? El asombro es causal, no casual, frente a la obra que él ha denominado METAMÓRFICA. Y es causal porque es el resultado de un oficio comprometido con una rara especialidad: el ejercicio de la mirada consciente. Un ejercicio que en su caso comenzó desde niño, viendo nubes de formas raras, incitado por su madre, según cuenta.

La psicología experimental se ha encargado de explicar cómo y por qué vemos lo que vemos cuando 'vemos mentiras'. Las publicaciones al respecto no abundan, pero los trabajos de Gombrich5, Arnheim6 o Gibson7 son sustanciosos al respecto. En todo caso, son mejores que los libros sobre ilusiones ópticas, porque estos están más pensados como compendios para entretener, son colecciones de imágenes sorprendentes que no abundan en las llamadas teorías formalistas o de la mirada.

¿Ver o mirar?

Vemos globalmente, dijo Helmholtz8, y el ojo no es inocente, le contestó J.J. Gibson9. El ojo viaja por la pintura y se va deteniendo en los detalles y todos somos capaces de identificar figuras, pero este proceso se da en el tiempo, hay que aprender a “leer” las imágenes. En el ver no hay sorpresa, en el mirar atentamente sí la hay. Cuando hacemos “cerramientos”10, por ejemplo, estamos haciendo eso que los teóricos llaman “aporte del espectador”.

Pero sólo un manipulador experimentado predice y desencadena este tipo de experiencias visuales no verídicas.
En el retrato de Armando Villagrán, de 1978, Ocampo logra hacernos ver un rostro en donde no lo hay, mediante una estrategia que parece muy simple. Sombrea ciertas zonas del alzado de una ciudad, de un montón de edificios. Este proceder diferente de otros que emplea, recuerda al famoso pintor estadunidense Chuck Close y precede, con mucho, a ciertos efectos que hoy son comunes en la TV contemporánea.

Al preguntamos cómo es eso posible, nos damos cuenta de que la información que nos da la imagen es más compleja de lo que parece a simple vista. No sabemos, dice el historiador del arte Ernest Gombrich, en qué casos se trata de asuntos psicológicos y en qué otros se trata de estrategias cognitivas erróneas11, pero esto no importa, lo que interesa es que en el campo de la vista, nada compite con este desafío previsto por él en bocetos-rompecabezas, simples o complejos, hasta que logra encajar imágenes en imágenes.

Para ser más específica, diré que Octavio Ocampo hace con nosotros lo que quiere; que frente a su obra somos llamados a darle sentido a las imágenes hasta que nos VEMOS VIENDO. Y esto fascina. Se trata de una escopofilia u oculophilia que nos hace amarnos de manera ESPECIAL. Hay algo de narcisismo en todo esto.

Ya con estas anotaciones, podemos considerar la pintura de este maestro como una verdadera aportación al arte de nuestros días.

“Yo sólo quiero ser un artista metamórfico”, ha declarado varias veces, reiterando con ello que es la transformación de las figuras (la metamorfosis) la facultad más arduamente perseguida por él. Su capital mayor radica entonces en su capacidad de inventar.

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Notas
1 Egon Brunswik (1903-1955) psicólogo de origen húngaro interesado en la representación y la percepción interpersonales.
2 Fransz Seraph Lenbach (1836-1904) pintor alemán especializado en retratos de estilo realista.
3 Gaspard-Félix Tournachon (1820-1910), fotógrafo, periodista e ilustrador francés conocido como Nadar.
4 Ocampo, Octavio, Yo Metamórfico. Fundación Miguel Alemán, Octavio Ocampo González, México D.F., 2011
5 Sir Ernest Hans Joseph Gombrich (1909-2001) historiador de arte británico de origen austriaco.
6 Rudolph Arnheim (1904-2007) psicólogo y filósofo alemán que realizó importantes contribuciones para la comprensión del arte visual influido por las teorías de la Gestalt.
7 James Jerome Gibson (1904-1979) reconocido psicólogo norteamericano especializado en percepción visual.
8 Hermann von Helmholtz (1821 -1894) médico y físico alemán acreditado por sus teorías sobre la percepción visual.
9 Cfr. J. J. Gibson, “The information available in pictures”. Leonardo, Vol. 4, pp. 27-35. Pergamon Press, Great Britain,
1971.
10 Un cerramiento es un proceso mediante el cual completamos una figura que aparece inacabada ante nuestra mirada. Tres cuartos de un círculo terminan siendo un círculo completo y la mitad de una letra termina siendo la letra completa si el contexto invita a pensar en ello.
11 Cfr. R.L. Gregory, Eye And Brain. The psychology of seeing. Weinfeld and Nicholson, London, 1976. 3rd Edition.

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