REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Apantallados

Moviola en su laberinto - La doctrina del shock


Alonso Ruiz Belmont

Las multitudinarias protestas registradas en 1999 durante reunión cumbre de la Organización Mundial de Comercio en la ciudad de Seattle,

Washington, se convirtieron en un referente simbólico en la lucha de los movimientos antiglobalización, grupos diversos que convergen en el cuestionamiento a la expansión descontrolada de un capitalismo salvaje y depredador que ha bloqueado toda aspiración de progreso y movilidad social para segmentos importantes de la población mundial. En su lucha permanente por asegurarse márgenes exorbitantes de ganancias a través de la minimización de los costos de producción en sus cadenas de montaje trasnacionales, las grandes corporaciones pisotean diariamente los derechos laborales y políticos de millones de trabajadores en las zonas más pobres del mundo; una mano de obra cautiva a la que explotan sistemáticamente, pagándoles salarios cada vez más bajos para luego mover nuevamente sus líneas de producción a regiones aún más pobres.

Un año después de la cumbre en Seattle, la activista y periodista canadiense Naomi Klein publicó No Logo (Knopf, 2000), un libro que marcaba distancia de la euforia globalizadora y desnudaba los abusos laborales de corporaciones como Microsoft, Wall-Mart, McDonald’s, Starbucks, Nike o Shell, analizando el papel que éstas juegan en el erosionamiento de la diversidad cultural alrededor del mundo. No Logo se convirtió rápidamente en un best seller internacional, pero fue The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism (Picador, 2007) el libro que posicionó a Klein como el referente intelectual más visible de la izquierda anglosajona hoy día (una posición inevitablemente tributaria, a su modo, del pensamiento crítico de Noam Chomsky y Howard Zinn).
The Shock Doctrine vendió más de un millón de copias en todo el mundo y ha sido traducido a 28 idiomas. La línea argumental del libro es que algunos de los mayores actos de barbarie política cometidos en los países en desarrollo durante los últimos treinta y cinco años, tuvieron el expreso propósito de imponer el modelo económico neoliberal o lo que Klein alternativamente llama “el capitalismo de desastre”. Una doctrina ideológica que, en su opinión, terminó por sentar la hoja de ruta del mundo inestable y salvaje en el que hoy vivimos. El modelo neoliberal se expandió con mayor rapidez tras la caída del Muro de Berlín. Sin embargo, luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre, esta “Doctrina de Choque” resurgió con mayor violencia en Irak tras la invasión estadunidense iniciada en 2003 y se ha caracterizado por la privatización de espacios públicos en el sudeste asiático luego de la devastación causada por el tsunami del año 2004; así como por el desmantelamiento de las escuelas públicas en el Estado de Louisiana a causa de los daños ocasionados por el huracán Katrina en 2005.

Inspirados por el libro de Klein, los cineastas Matt Whitecross y Michael Winterbottom decidieron hacer una adaptación cinematográfica de The Shock Doctrine (2009). La cinta documental comienza haciendo un descarado retrato del desaparecido Milton Friedman (premio Nobel de Economía en 1976 y figura emblemática de la llamada Escuela de Chicago) durante los golpes de Estado que azotaron Chile y Argentina en los años setenta. Friedman había postulado años antes que sólo una crisis real o percibida podía dar lugar a lo que él consideraba un cambio verdadero en la política económica de una nación. Mantener con vida la ruta neoliberal previamente trazada implicaba, en su opinión, asegurarse que lo “políticamente imposible” se volviese “políticamente inevitable”. De acuerdo con Friedman, la velocidad, la inmediatez y el alcance de los cambios económicos liberalizadores provocarían una serie de reacciones psicológicas en la gente que “facilitarían el proceso de ajuste”.

Luego de la victoria de Salvador Allende en las elecciones presidenciales de 1970 en Chile, Richard M. Nixon comisionó infructuosamente a la CIA para que evitase a toda costa que éste asumiera el poder. Una vez que el chileno tomó posesión de su cargo en noviembre de aquel año, Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, comenzaron los preparativos para derrocar al gobierno de la Unidad Popular mediante el estrangulamiento de la economía chilena. El 11 de septiembre de 1973, un sangriento golpe de Estado finalmente aplastó al gobierno de Allende. La dictadura militar, encabezada por el general Augusto Pinochet, ordenó detenciones masivas y el asesinato de numerosos opositores políticos. Sin embargo, una espiral hiperinflacionaria amenazaba la estabilidad económica del nuevo régimen. Friedman viajó inmediatamente a Santiago y se convirtió en asesor económico del gobierno militar. Él y sus principales discípulos ya habían preparado el camino durante los años previos, estableciendo estrechos contactos con seguidores locales agrupados en la Escuela de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Los llamados Chicago Boys rápidamente aplicaron agresivas políticas de choque, caracterizadas por significativos recortes en el gasto social, privatización de los servicios públicos, reducciones impositivas y desregulación comercial. Sin embargo, el verdadero propósito de la “medicina” antiinflacionaria era el desmantelamiento inmediato del modelo económico progresista y nacionalista que había construido la Unidad Popular. Una vez que la política económica falló en contener las alzas generalizadas de precios y expandió escandalosamente los niveles de pobreza, Pinochet llevó la represión política a su punto más sangriento. Miles de opositores fueron asesinados al tiempo que se levantaban nuevos campos de concentración en medio del desierto. El excanciller de Allende, Orlando Letelier, había anticipado antes de partir al exilio, que la única forma en que los militares podrían consolidar la liberalización económica y contener un estallido social derivado del progresivo incremento en las desigualdades materiales sería masacrando a todos los opositores que aún quedasen con vida en el país. Letelier murió asesinado en 1976, en un atentado ordenado por Pinochet y organizado con ayuda de la CIA en la ciudad de Washington.

En una escena del documental, Friedman aparece en una reveladora conferencia de prensa en Estocolmo días antes de recibir el Nobel en 1976. El académico asegura ante los periodistas suecos que no tiene ninguna relación de trabajo con la junta militar chilena y que tampoco conoce en persona al general Pinochet, al tiempo que ríe nerviosamente. De manera inmediata, se alterna otro pietaje de archivo que lo desmiente grotescamente: Friedman aparece en una reunión oficial en Chile con el hombre a quien decía no conocer, unos meses después del golpe.

El modelo de Friedman se impuso finalmente y la junta militar que tomó el poder en Argentina con el golpe militar de 1976 rápidamente copió la estrategia pinochetista. Friedman asesoró a sus más brillantes discípulos en aquel país para instrumentar las mismas reformas económicas. Los militares argentinos asesinaron a más de treinta mil personas en un periodo de siete años.

Klein acepta en una parte de su libro que la economía no fue en absoluto la única motivación que desató todos los conflictos políticos a los que hace mención, empero, señala que “en todos y cada uno de estos casos un estado de shock colectivo de primer orden fue el marco y la antesala para la terapia de shock económica”. Klein también reconoce que la antesala de crisis económica no siempre ha sido violenta: “En los años ochenta, en Latinoamérica y África, las crisis a causa de las deudas forzaban a los países a ‘privatizarse o morir’ (…) devorados por la hiperinflación y demasiado endeudados como para negarse a las exigencias que venían de la mano de los préstamos extranjeros, los gobiernos aceptaban los ‘tratamientos de choque’ creyendo en la promesa de que les salvarían de mayores desastres” (el caso de México).

En el caso de China, el documental explica cómo, la masacre en la plaza de Tiananmen que aplastó al movimiento pro democratización, desató decenas de miles de detenciones que permitieron al Partido Comunista imponer duras condiciones de trabajo a los obreros manufactureros “demasiado aterrorizados como para exigir ningún derecho laboral”.
La Rusia post soviética ofrece otro panorama desolador: cuando la Duma (Parlamento) se negó a darle su apoyo a las duras medidas de ajuste impulsadas por el presidente Boris Yeltsin, que pretendían facilitar una transición salvaje y descontrolada hacia una economía de libre mercado, éste disolvió el Parlamento. Ante el creciente apoyo popular a la naciente división de poderes y los principios democráticos, Yeltsin saca el ejército a las calles, ordena bombardear la sede de la Duma y arresta a los opositores.

En el caso de Irak, una red de contratistas privados obtuvo discrecionalmente contratos multimillonarios para hacerse cargo de la reconstrucción del país. Ello no impidió que la red de servicios públicos que fue privatizada haya quedado prácticamente inutilizada a causa de la pésima calidad de los trabajos que fueron realizados y a la corrupción de las empresas estadunidenses. La violencia sectaria que ocasionó la represión militar llevó al país a un estado permanente de barbarie en el que florecieron las ejecuciones sumarias de opositores políticos y las torturas en los centros de detención militares estadunidenses, como la prisión de Abu Ghraib.

Las ideas de Klein han sido duramente criticadas en medios conservadores como The New Republic y The Economist, pero también le han valido elogios de parte del Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, y el propio Howard Zinn. Con 24 años de activismo formal y un título universitario en periodismo por la Universidad de Toronto, Klein ha fungido como profesora invitada de la Cátedra Ralph Milliband de la London School of Economics and Political Science (LSE) y también ha sido profesora invitada en las Universidades de Nueva York, Harvard y Yale. En 2007 recibió el Doctorado Honoris Causa en Derecho Civil por el University of King’s College de Halifax, Nueva Escocia. El surgimiento del movimiento Occupy Wall Street y el profundo descontento social desatado en todo el mundo a raíz de la crisis financiera de 2008, son para Klein una señal esperanzadora que podría significar el preludio a una transformación radical del status quo.

Valdría la pena preguntarnos si el creciente descontento ciudadano que se vive en nuestro país con las estructuras monopólicas en el sector de las telecomunicaciones o el cuestionamiento a la retórica autoritaria que emana de la estrategia gubernamental contra el narcotráfico, por citar algunos ejemplos, son una muestra de que, tal y como sugiere Klein, los ciudadanos en todo el mundo también se han vuelto “resistentes a los shocks” y, por ende, mejor preparados para defenderse ante cualquier vulneración a los principios del orden democrático que pudiese emanar desde los centros del poder político y económico.

aruizbelmont@gmail.com

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1 The Shock Doctrine, Reino Unido, 2009. Dirección: Matt Whitecross, Michael Winterbottom. Guión: Naomi Klein. Producción: Renegade Pictures, Revolution Films.