REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 08 | 2019
   

Confabulario

Nuevos brevicuentos


Roberto Bañuelas

Encuentro virtual
Un difuso malestar, semejante a una red que atrapaba pequeños dolores del estómago a la cabeza, obligó al hombre a ir en busca de un analgésico. Entró al cuarto de baño y fue testigo de que los espejos se despiertan con la luz y de que él estaba contemplando los estragos que habían producido los excesos de una noche en busca de algún placer contra el mal de olvido. Mientras la tableta efervescente se disolvía, él reunía las partículas de un nuevo intento de posible felicidad para la tarde de ese domingo en que se encontraría con la todavía joven maestra de danzas orientales. La alegría, reflejo de sí misma, no necesita de los espejos.
Otra vez, situado frente al espejo para podarse una barba crecida de tres días y tres noches sin ella, la dolorosa ausente, con su imagen incrustada en la mente, se miró a los ojos y contempló la memoria de un pasado que fue tan feliz y fugaz como la rapidez del recuerdo que había engendrado este dolor y esta soledad, porque ella no quiso compartir más el esplendor del amor ni de los sueños, y, dueña de una cólera con palabras precisas, prefirió huir para instalarse en la realidad como directora de tonterías y vacuidades en un programa de televisión para un público educado en el servilismo y la superstición… El hombre terminó de rasurarse, pero no de pensar en ella.

En defensa del ego
El autor de solemnes imaginerías hace una vida intensa y contaminada de literatura con la ficción como suprema identidad; consecuentemente, ignora los juicios y los errores de los demás: habla solo o no deja hablar a nadie. Usa dentadura postiza a su medida, pero se queja con frecuencia de dolor de muelas. Su talento le permitió descubrir, sin recurrir a teorías peregrinas, que se comía mejor en casa de los amigos que en su apartamento de soltero insomne.
Ayer, invitado por amigos que le celebran otro aniversario de su inevitable egolatría, llegó a la comida, y, en lugar de una botella de buen vino, repartió algunos libros que tenía repetidos o que no deseaba leer. En verdad, es un hombre más solitario que solidario, pero cree en el arrepentimiento hasta la próxima ofensa; sin embargo, y a pesar de él mismo, su contacto con la realidad se da a la hora de comer y en la puntualidad de algunas exigencias del cuerpo, así como de su sentimiento piadoso hacia algunos escritores que no dejan de admirarlo aunque lo denuesten con similar frecuencia.

Contra el mal de erotomanía
La mejor terapia contra el mal de lujuria se logra al realizar vacaciones en hoteles con playa privada: ahí abundan las conclusiones de lo que fue bello y de lo que nunca lo será: los excesos de peso, las ruinas crecientes de la edad, las arrugas y los mapas varicosos hacen pensar en la redención de los pecados.

Codicia
Mujer inmoral y codiciosa, con virginidad restaurada, provocó en un hombre maduro, propietario de un “Picasso”, un gran enamoramiento. La decepción para la mujer fue más que dolorosa ante el descubrimiento de aquel “piquito”.

Doble indecisión
Soñaba y meditaba, entre la tiniebla emocional del día y la iluminación perturbadora de cada noche, hasta completar el desgaste inevitable de otro año, en la posibilidad del suicidio. Finalmente, sin esperar otra recompensa que la de tolerar las contradicciones inevitables de la existencia, decidió no realizarlo porque consideró que era más doloroso escapar de la tormentosa vida que de la desconocida muerte.

Vida para el recuerdo
Cuando aquel verano lluvioso de 2009 me llamó por teléfono una ex amante, de buena familia y de moral bien fundada, para encontrarnos en un hotel discreto y realizar un homenaje a nuestro pasado de pasión y de impaciencias, le aclaré que no era por el coste de la cena y del hotel, sino porque ya era yo el feliz poseedor de una definida impotencia sexual e insensible a todos los fármacos de prestigio.
Me trató, con su repertorio de mujer frustrada, de egoísta, engreído y malvado; pero así son algunas mujeres y, llegado el caso, debemos ser, en homenaje al pasado amor, tolerantes y comprensivos

Placentero genocidio
Todas las sucursales comerciales de alimentos naturales y preparados del planeta, en convivencia con el previo cónclave y acuerdo a nivel internacional de las grandes potencias, creadoras del más perfeccionado armamento para preservar la paz, decidieron ofrecer como primicia comercial el regalo de todas las existencias de alimentos durante una semana. Cada día de multitudinaria beneficencia estaba atendida por tres turnos de empleados que distribuían el beneficio en concordancia con el número de componentes de cada familia. Las multitudes de peticionarios formaban turbas y peregrinaciones constituidas por desempleados, trabajadores y técnicos de todas las especialidades, artistas incomprendidos y profesionistas con título y sin ocupación…
Al resultado regenerador y de optimismo contagioso que se produjo después de ingerir la inesperada e increíble beneficencia durante la primera semana, en el transcurso de dos meses acaeció el funesto deceso de millones de gratificados que fatigaron durante meses los hornos crematorios -secretamente construidos para la realización del proyecto-. El experimento, del que hubo víctimas pero no culpables, resultó más exitoso que las guerras y los controles de natalidad programados para la reducción poblacional.

Los viajes de Onán
Onán, extraviado en los caminos que él mismo inauguraba, entró al paraíso donde ya no estaba Eva. Angustiado por la proliferación de serpientes, abandonó los aromas de flores y frutos para correr en busca de algo parecido al desierto que fuera el ámbito propicio para su soledad.

Desacuerdo
Cuando Empédocles de Agrigento era niño, sus padres discutían agriamente en definir el hipocorístico cariñoso para su vástago: mientras la suplicante madre quería llamarlo Empedoclitos, el airado padre insistía con el de Empedítocles.
Amoroso sueño
El sueño ideal de aquel anciano consciente, era el de llegar a morir rodeado de bellas enfermeras y no de parientes codiciosos.

Castillo
Para no defraudar a sus enemigos, construyó su casa de infamia con resistentes piedras de escándalo.

Contrastante identidad
Se encontraron en el vestíbulo del Gran Hotel y, con una mirada de profundo reconocimiento en el mundo de las dimensiones, el hombre más alto del mundo saludó con la presión amable de sus dedos índice y pulgar la manecita de la mujer más pequeña del mismo mundo.

La voz oculta
Más asombrados que de la lejanía de sus dioses perdidos, los masai esperaban a que el cantante y los músicos emergieran del fonógrafo que el antropólogo llevaba para darle música al horizonte de su buscada soledad.

Otro póstumo
Después de la lacrimosa ceremonia en homenaje de quienes no pudieron destruir, todos, casi en tropel pasaron al salón del banquete. Convencidos de haber cumplido un deber de admiración, brindaron y comieron con el entusiasmo que superaba todas las flaquezas.

Estilomanía
Excéntrico en sus escritos -derivados de la presencia de un ego incansable- y concéntrico en su vestimenta, cuando se aburrió del gobelino que adornaba el saloncito de visitas, con ayuda de un sastre experto en extravagancias lo transformó en un protagónico chaleco, el cual estrenó en su conferencia quincenal con la conclusión categórica: “Para escribir un bello poema, un profundo ensayo o un cuento insustituible, son necesarias la imaginación y la sensibilidad, pero sin tener que recurrir al abuso de los sinónimos ni a una voraz adjetivación para extenuar la fealdad del idioma”.

Fonética y dicción
Para expulsar cualquier vestigio de mestizaje, el secretario del señor ministro pretendía hablar como un español castizo y trasladaba sus faltas de ortografía a la conversación con especialidad en temas y lugares comunes.

Previsora sensualidad
Aquella mujer, dura y madura, apasionada y sensual, se maquillaba antes de dormir para estar preparada y dispuesta por si se daba el caso de que en el sueño apareciese un violador inevitable.

Última voluntad
Con las últimas luces de la conciencia, entre la agonía y las telarañas que atrapaban su voz, don Antonio confesó y suplicó a su segunda esposa:
-Queridísima Jovita: ahora que estoy por dejarte para siempre, te suplico que tengas mucho cuidado en que nuestras dos hijas no se vayan a casar con muchachos de estas rancherías porque podrían ser sus hermanos… Júrame que cumplirás mi última voluntad…

Específica estrategia
Las tonantes órdenes del general contenían una trágica lógica: quería agotar las municiones del enemigo con los cuerpos de nuestros bravos y resignados soldados; cuando el enemigo agotara su parque, nuestras tropas restantes entrarían a un definitivo exterminio con el total de nuestro escaso armamento. La justificación final, en el supuesto caso de no lograr la victoria, sería la de siempre: “Murieron por la patria”.

Ceremonia
Aquel adolescente asistía a la ceremonia de la masturbación, convencido de que el amor perfecto consistía en hacerlo con el ser más querido de su vida y que el verdadero pecado consistía en renunciar al amor.
Jinetes
Con la doble carga del flaco barbudo y la tetona teñida de rubia, la motocicleta va por las calles anunciando su estruendosa presencia.

No desearás…
Los contubernios y los negocios con testaferros sobornables incrementaron en forma inevitable la fortuna del diputado representante de un distrito que nunca conoció. Con la separación de su pasado gris, incluyó el de su esposa, a la que pronto sustituyó por otra que podría ser su hija. Para no provocar enconos ni sospechas, adquirió nueva casa donde poder alojar y alejar a la causa de su renovado erotismo. Seguro de sí mismo y triunfante, consciente de la conducta licenciosa de sus hijos mayores, pensó: “No desearás a la segunda mujer de tu padre”.

El crimen perfecto
Me siento a leer alguno de los libros vírgenes que invaden mi biblioteca del futuro; lo hago habitualmente en el cómodo sillón que propicia ver el jardín a través del cristal y de las cortinas blancas que cancelan la curiosidad de los vecinos grises. Al acto de la lectura, acompañada de un zumbido molesto y admonitorio, acude con frecuencia la embajada o el mensaje de una robusta mosca, contra la cual cometo el perfecto asesinato con el auxilio de una revista -siempre el más reciente número- de la ópera y sus intérpretes, de los aficionados y su locura lírica por el “do de pecho”.

Fundación de país
A pesar de que tienen millones de representantes en los cinco continentes y algunas islas de turismo y placer, los activos ciudadanos de Sodoma y Gomorra -asilados o ilegales-, claman y solicitan a las organizaciones del imperio económico que les otorguen un territorio donde fundar su país representativo.


* Tomado del libro inédito El ocaso de los quelonios. (Nuevos brevicuentos ) de Roberto Bañuelas.