REVISTA DIGITAL DE PROMOCI脫N CULTURAL                     Director: Ren茅 Avil茅s Fabila
21 | 08 | 2019
   

De nuestra portada

Pe帽a Nieto, el voto real y su legitimidad


Jorge Bravo

Como en votaciones anteriores, el PRI volvi贸 a ganar una elecci贸n presidencial de manera cuestionada, pero en esta ocasi贸n sin el control pleno de las instituciones y las circunstancias, en medio de un repudio generalizado (sobre todo en ambientes urbanos y principalmente entre los j贸venes universitarios) pero con la posibilidad hist贸rica de realizar reformas trascendentales.

La primera ocasi贸n fue en 1976, cuando Jos茅 L贸pez Portillo se alz贸 con la victoria como candidato 煤nico y obtuvo 91.9 por ciento de los votos. Al a帽o siguiente impuls贸 la llamada 鈥渞eforma pol铆tica鈥, la primera de gran calado en el pa铆s que, entre otras cosas, permiti贸 mayor juego partidista y el acceso a los medios de comunicaci贸n.

Le sigui贸 la elecci贸n de 1988, marcada por un cisma relevante en el

PRI, el crecimiento de la izquierda liderada por Cuauht茅moc C谩rdenas, la 鈥渃a铆da del sistema鈥 y la sombra del fraude electoral, adem谩s de la consolidaci贸n de la pol铆tica econ贸mica neoliberal; en esa ocasi贸n Carlos Salinas de Gortari triunf贸 con el 50.7 por ciento de los sufragios.

Las elecciones de 1994 fueron igualmente cuestionadas, en un contexto de cr铆menes pol铆ticos, la irrupci贸n del EZLN, el inicio del Tratado de Libre Comercio, la propaganda del miedo al cambio y una inequidad en la contienda que fue reconocida por el propio Ernesto Zedillo, quien gan贸 con 48.69 por ciento de las preferencias ciudadanas.

Despu茅s ocurri贸 el interregno de la alternancia panista; Vicente Fox obtuvo 42.52 por ciento de los votos y su legitimidad nunca se cuestion贸, pero con Felipe Calder贸n (35.89%), con apenas medio punto de ventaja sobre su m谩s cercano competidor, ocurrieron impugnaciones y el PRD no reconoci贸 la elecci贸n y la calific贸 como un fraude.

Dos sexenios de gobiernos fr谩giles, ocurrentes e inexpertos ocasionaron el triunfo electoral del PRI en 2012, ahora de la mano de Enrique Pe帽a Nieto, quien logr贸 aglutinar 38.21 por ciento de los votos. En esta ocasi贸n el cuestionamiento mostr贸 variables distintas pero igualmente preocupantes: construcci贸n desde la pantalla de un candidato y apoyo de las dos televisoras privadas al mismo, encuestas sesgadas a favor de 茅l y acusaciones de financiamiento il铆cito, rebase en los topes de campa帽a y compra del voto a trav茅s de complejas triangulaciones financieras. Sobre el tema de las encuestas, el consejero electoral Lorenzo C贸rdova se expres贸 en el sentido de que 鈥渓as encuestas, lejos de ser fuente de certidumbre, hoy fueron fuente de incertidumbre, y peor todav铆a: fuente de la disputa pol铆tica y jur铆dica鈥.

Si no ocurre otra cosa, la elecci贸n de 2012 representar铆a el regreso del PRI a Los Pinos y al poder presidencial, pero cabe destacar que ser铆a el triunfo pri铆sta con el menor porcentaje de sufragios en su historia.

Si nos permitimos interpretar los datos y jugar con los resultados, se puede asegurar que m谩s de la mitad de los ciudadanos (59.29%) 鈥搒in contar a los abstencionistas鈥 no vot贸 a favor de Pe帽a Nieto, si para ello sumamos el apoyo que recibieron sus contrincantes: Andr茅s Manuel L贸pez Obrador (31.59%), Josefina V谩zquez Mota (25.41%) e incluso Gabriel Quadri (2.29%). Seguramente habr谩 quien diga que el mismo ejercicio de interpretaci贸n se puede hacer con los dem谩s candidatos, pero 茅se es precisamente el punto al que quiero llegar m谩s adelante.

Es cierto que en la democracia se gana con votos. Tambi茅n es verdad que el candidato postulado por el PRI y el PVEM obtuvo el mayor n煤mero de sufragios, pero no se puede asegurar que haya alcanzado el mayor apoyo ciudadano. Podemos encontrar una primera y obvia explicaci贸n en la competencia pol铆tica y el sistema partidista mexicano que disgrega las preferencias electorales en tres principales fuerzas pol铆ticas, lo que ocasiona resultados divididos y posturas polarizadas, tanto de los electores como de la propia clase pol铆tica.

Sin embargo, no es la primera vez que Enrique Pe帽a Nieto enfrenta resultados que se prestan a interpretaciones distintas a las del 茅xito electoral. En 2005 triunf贸 en el Estado de M茅xico con el 47.57 por ciento de las preferencias. Pero si sumamos los votos obtenidos por sus rivales Rub茅n Mendoza del PAN (24.73%) y Yeidckol Polevnsky del PRD (24.25%), resulta que 48.98 por ciento de los ciudadanos tampoco sufrag贸 a favor del pri铆sta. Lo interesante de la elecci贸n de 2005 fue el abstencionismo de 57.3 por ciento. Entonces el padr贸n electoral era de 8.8 millones de votantes y Pe帽a Nieto s贸lo obtuvo 1.8 millones. Es decir, en t茅rminos reales apenas una quinta parte (20.31%) de los votantes expres贸 su apoyo al entonces candidato pri铆sta.

En el caso de la elecci贸n federal de 2012, la lista nominal estuvo integrada por 77.7 millones de ciudadanos y la participaci贸n fue elevada, de 63.14 por ciento (abstencionismo de 36.86%). De ese total, 19.2 millones votaron a favor de Enrique Pe帽a, o sea, efectivamente s贸lo una cuarta parte del padr贸n (24.73%) apoy贸 al pri铆sta.

Si a estos escasos resultados reales o efectivos adicionamos la gravedad de las irregularidades durante el proceso electoral de 2012, el descontento social y la fragilidad de las instituciones, sin mencionar el clima de inseguridad p煤blica, entonces hablamos de una democracia de baj铆sima calidad y de un contexto de precaria gobernabilidad. Lo anterior parece obvio, pero ya vimos sus preocupantes consecuencias de par谩lisis e incluso retroceso democr谩tico durante los doce a帽os de alternancia panista, y las que promete el nuevo gobierno de Enrique Pe帽a Nieto si no se crea el acuerdo general para una reforma profunda del Estado, incluido el r茅gimen legal de la radiodifusi贸n y las telecomunicaciones.

En el Diccionario de pol铆tica de Norberto Bobbio el polit贸logo Lucio Levy define la legitimidad como 鈥渆l atributo del Estado que consiste en la existencia de una parte relevante de la poblaci贸n de un grado de consenso tal que asegure la obediencia sin que sea necesario, salvo en casos marginales, recurrir a la fuerza. Por lo tanto, todo poder trata de ganarse el consenso para que se le reconozca como leg铆timo, transformando la obediencia en adhesi贸n鈥.

Sin embargo, el propio Levy sostiene que un Estado ser谩 m谩s o menos leg铆timo cuando el consenso se manifieste libremente y cuando el poder y la ideolog铆a est茅n alejados de las relaciones sociales y se permita a los individuos actuar de manera aut贸noma y consciente. Desde luego que lo anterior es una aspiraci贸n, pero en eso consiste la democracia.
Si se acreditan las irregularidades durante el proceso electoral, si se comprueban la compra de votos, el dinero il铆cito en la campa帽a de Pe帽a Nieto, as铆 como las triangulaciones financieras, adem谩s del apoyo que tuvo por parte del poder f谩ctico de la televisi贸n, estar铆amos ante la negaci贸n e imposibilidad de alcanzar un consenso ciudadano libre y, por lo tanto, de un candidato que se encumbr贸 en el poder de manera ileg铆tima. Esta suma de factores sugieren que la mayor铆a de votos, que ya vimos que adem谩s es relativa, no es suficiente para otorgarle legitimidad a un gobierno.

Por eso cobran relevancia el conjunto de estrategias que ha emprendido L贸pez Obrador para que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federaci贸n declare la invalidez de la elecci贸n, nombre una Presidencia interina y se indaguen las irregularidades, 鈥減orque 鈥搒eg煤n AMLO鈥 las elecciones no fueron libres ni aut茅nticas, y estamos hablando del uso de miles de millones de pesos de procedencia ilegal鈥, situaci贸n que generar铆a inequidad en la contienda.

A diferencia del conflicto poselectoral de hace seis a帽os, en esta ocasi贸n AMLO ha sido m谩s h谩bil y responde congruentemente cuando le preguntan si va a radicalizar su postura: 鈥渄icen eso, que estamos radicalizando la postura, pero si apegarnos a lo que establece la Constituci贸n es ser radicales, ahora s铆 que nos apunten en la lista: s铆 somos radicales鈥.

Al final del camino Pe帽a Nieto no las tiene todas consigo. Mientras el PRI obtuvo 7 millones de votos rurales y 11.6 urbanos, los dos partidos de oposici贸n alcanzaron juntos 8.3 millones de votos rurales y 19.4 urbanos. Es justo en las ciudades donde el movimiento #YoSoy132 (j贸venes de clase media ilustrada) ha aglutinado el repudio al candidato pri铆sta y se ha manifestado en contra de la imposici贸n; adem谩s, el movimiento crece y otros estados de la Rep煤blica buscan participar y sumarse al mismo, y hasta 鈥渓as izquierdas鈥 podr铆an unirse y conformar un partido 煤nico que enfrentar铆a al PRI durante el pr贸ximo gobierno.
Por si fuera poco, un sector empresarial tampoco parece apoyar del todo al candidato pri铆sta. Consultado en el marco de la reuni贸n plenaria del C铆rculo de Montevideo sobre la situaci贸n pol铆tica del pa铆s, el financiero Carlos Slim descart贸 que M茅xico vaya a entrar en una crisis pol铆tica: 鈥渓o que hemos tenido desde hace muchos a帽os es una democracia muy participativa en la que ha habido una clara manifestaci贸n de los ciudadanos para votar, para asistir a las elecciones, que han sido notablemente competitivas, notablemente participativas, y en donde hay instituciones que al final del d铆a son las que acaban resolviendo las diferencias que puede haber de los partidos en general鈥.

As铆, estamos ante un empresario que no ve como desestabilizadoras las acciones emprendidas por AMLO, quiz谩 porque en la bancada del PRI y el PVEM en el Congreso se encuentran algunos de los personeros de Televisa y TV Azteca que han impedido que Slim entre al negocio de la televisi贸n de paga.

Es momento de recordar que desde el principio Pe帽a Nieto despert贸 animadversiones incluso en su propio partido, imponi茅ndose como candidato 煤nico; priistas tradicionales como Manuel Bartlett se pasaron a la izquierda y otros fueron excluidos (Manlio Fabio Beltrones) por el c铆rculo cercano de j贸venes pe帽istas, colaboradores que no han logrado evitar que su l铆der se enfrente a situaciones l铆mite como el apoyo abierto de Televisa, el surgimiento de #YoSoy132 en la Universidad Iberoamericana y la opci贸n de invalidez de la elecci贸n.
Estas circunstancias ponen en duda la habilidad pol铆tica del equipo que rodea y parad贸jicamente no protege a Enrique Pe帽a Nieto. Y tambi茅n hacen dudar si, como en las anteriores elecciones cuestionadas en las que triunf贸 el PRI, la nueva clase pol铆tica ser谩 capaz de impulsar y sacar adelante las reformas que el pa铆s necesita. Como demuestran los esc谩ndalos que se ventilaron durante el proceso electoral, lo cierto es que no es lo mismo el PRI que doce a帽os despu茅s鈥

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