REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

De nuestra portada

Verde que te quiero Verde


Carlos Flores Marini

Para nosotros de chavos, lo verde era la mota y sólo la consumían los soldados. Lo recuerdo cuando hice mi servicio militar en el cuartel de Trasmisiones. Porque yo sí hice servicio militar. Marchábamos los lunes, no los domingos, porque éramos del equipo de natación de ahí de Trasmisiones.

Decían que la mota era consumida por los soldados y cuando llegaban pasados, el lunes, los hacían marchar y correr con el equipo de combate que era pesadísimo. Arrojaban todo.

La primera vez que tuve conciencia de los espacios verdes fue en la escuela. No había una clase especial, pero Domingo García Ramos nuestro profesor de: Iniciación al Urbanismo, nos llevó a Xochimilco para ver las Chinampas y las sementeras. Todo era verde precioso. No olía a desagüe y no estaban invadidas las riberas por cientos de construcciones irregulares, como hoy día.

Con el fino artista que era Chucho Reyes, autor de los famosos gallos pintados con gouache en papel de China, comprendí lo que eran los espacios verdes un día que Helen Krauze lo invitó a un programa de televisión en que tratábamos “El Mundo de la Mujer”. Su concepto del jardín, natural más no olvidado, me cautivó.

Cuando la arquitectura de Luis Barragán se hizo famosa todos descubrimos a Ferdinand Bac y sus jardines de paz y de susurro. Volví a recordar mis clases con Justino Fernández y el mundo oriental que nos es tan cercano.

En otro orden de ideas me desazonó ver la salvaje deforestación de la selva lacandona que había conocido años atrás. Recordé que en sus orígenes Teotihuacan estaba en un entorno selvático con todo un zoológico de flora y fauna. Hoy no hay, ni lo uno ni lo otro, ni siquiera en La Gruta.

No ha mucho se empezó a hablar del cuidado de la naturaleza y a interesarse los gobiernos en el medio ambiente. Aunque no hemos podido proteger el refugio de las mariposas monarca.

Ahora nuestros gobiernos con cualquier pretexto se suben al carro de LO VERDE. Aunque sean las poco afortunadas esculturas VERDES de Av. Chapultepec. A propósito han visto la cantidad de árboles que el gobierno de la ciudad ha tirado para hacer el segundo piso del periférico. Ahora tenemos cientos de columnas de concreto en lugar de árboles.
Propugnamos por las azoteas verdes. Acabamos de ver unas en Puerto Rico preciosas. A espaldas del museo Carrillo Gil, sobre la calle de Altavista hay un afortunado muro verde.

Se ha vuelto una moda que esperamos no sea pasajera. Sin embargo tenemos que pensar en su mantenimiento. Es caro si queremos conservarla siempre verde.

Se imaginan los 72 millones de euros que va a costar recubrir de verde la Torre Eiffel a la que se piensa vegetarizar con 600.000 plantas como nos lo informa Le Fígaro. Según la misma nota periodística, en un programa de 4 años se espera convertir la Torre en el árbol más grande del mundo.
Esta evidente exageración que alteraría el símbolo de Paris, me hace pensar que ésta sería una airosa salida a la desafortunada Estela de Luz, volverla una ESTELA VERDE que se mimetizaría con el bosque de Chapultepec. Se imaginan mantenida por goteo en medio de un gran estanque. Saldría mucho más barato que la iluminación y cuando menos más novedosa.