REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 05 | 2019
   

Para la memoria histórica - Encarte

Poemas de Salvador Camelo


Dionicio Morales

Salvador Camelo: Poeta a contracorriente

En mi poema “Bar La Reforma” menciono a los amigos que cada viernes acostumbrábamos reunirnos a partir del mediodía; al referirme al infalible Salvador Camelo, digo en unos versos:

Salvador pareciera que nunca tuvo abuela/ y no sabemos qué festejarle más,/ si su pretenciosa locura de vivir/ o su maldito cinismo. La vida de Camelo transcurre entre estos extremos y en medio de ellos, la poesía le hace cosquillitas... hasta en el alma. Para Salvador lo más importante es vivir, como duermen los caballos, a rienda suelta. Es de los que prefiere, como decía Novalis, tocar un cuerpo hermoso, porque es tocar el cielo, que escribir un poema.

La biografía de Salvador Camelo tiene de todo como en botica vieja: desde su juvenil amistad con ese gran maestro, gran viejo, crítico y escritor de polendas mal entendido, Rubén Salazar Mallén, a su furibunda y desesperanzada participación en el Movimiento del 68; del accidente sufrido una madrugada etílica al ser arrollado por un camión de carga en el eje vial de Félix Cuevas fracturándole precisamente la pierna izquierda, a su viaje intercontinental inventado por Luis Echeverría para llevar de paseo a 120 intelectuales mexicanos en un avión, que por un milagro guadalupano, no se desplomó; de su trabajo cultural en la Universidad Autónoma de Guerrero con una administración comunista, a sus elucubraciones mefistofélicas en una mesa de cantina sobre la política, el arte, la vida, el sexo. Amigo a carta cabal, ha aprendido que la sabiduría se adquiere después de un largo silencio, después de haber padecido los infiernos propios y ajenos.

Si su vida es un completo desmadre bien organizado, su poesía, claro, es hija de. En su obra poética escasa y siempre a salto de mata, resaltan las peculiaridades que tanto nos asombran y nos divierten de su vida. El mismo desparpajo que linda y colinda con la ingenuidad y la audacia; el cinismo que raya, a veces, en la intolerancia; el recogimiento instantáneo para planear y perpetrar los suaves atropellos que todavía, a nuestra edad, pueden hacérsele a la vida; el inventario de sitios y bares de la Ciudad de México donde se aplatanan las nalgas y se le da vuelo a la hilacha cuando se encienden los sentidos al ingerir la agüita que ataranta bestial y celestialmente; las postales de ciudades lejanas en las que como ráfagas lumínicas se desdobla su existencia, y sus escandalosas declaraciones de los amores que ya pueden no sólo decir sino gritar su nombre.

Un crítico “exigente”, de esos con apellido extranjero pero que suena igual a un Pérez o López cualquiera, a los que el aire evita tocarlos porque no quiere convertirse en una lluvia de negras cenizas cayendo sobre nuestras cabezas, podría “razonar” que la poesía de Salvador Camelo es desenfrenada, descuidada, de primera intención, despatarrada, elemental —todo ello lanzado a la cara como una sarta de maldiciones—, y al final, señalada arteramente como vicios y defectos, y no sólo literarios. Para quienes, aun no siendo críticos, no somos dados a la cartomancia literaria de desentrañar algunos crípticos escondidos, sepultados, en cada uno de los versos, y además somos incapaces de realizar traducciones directas del español para saber dónde quedó la bolita, estas “imposibilidades poéticas” nos parecen, precisamente, su mayor virtud porque las salvan su llaneza, su desenfado, su brevedad, su honestidad.

Ya sabemos que una poesía escrita de esta manera conlleva sus necesarios riesgos. Camelo, quizá sin darse cuenta, los asume, los corre y no le interesa preguntarse los resultados inmediatos. Poesía sin artificios, directa, atrevida, humorística, escrita quizá de un solo tirón, como sacan los magos los conejos y las palomas de sus sombreros. Poesía de un aparente olvido formal pero en la que, como dirían otros críticos, laten las carnalidades de un poeta.

Dionisio Morales

POEMAS DE SALVADOR CAMELO TOMADOS DE SU LIBRO POEMAS 1966-1996.

1
Hoy quince de marzo de 1967
nos hemos cansado juntos.
Nuestros cuerpos que juntos permanecían
han empezado a ceder, a aflojarse
lentamente hasta llegar a una
laxitud completa.

Por momentos el mundo
sólo lo formamos tú y yo.
Nos olvidamos de la luz,
del tic tac de mi corriente despertador.
Fue hasta después de habernos
amado que notamos que el
disco ya no sonaba y no hacíamos
para que de nuevo tocara
y ninguno de los dos lo apagaba.

No sé de qué color es el
sudor que tú despides; pero
lo aspiré con tanto amor
que me será difícil olvidarlo.
Tu sexo es color de rosa y sobresale
entre las aguas de tu morena piel
como las uñas de entre tus manos.

2
Ayer nos amamos
¡Sólo por eso hoy me siento diferente
y superior a los otros!
Yo me quedé en ti;
tú vienes ya conmigo para siempre.
La sensación de tus piernas
anudadas a las mías,
tu respiración acelerada,
el violento latido de tu corazón fatigado,
la fuerza de tus manos
aferrándose a mi cuerpo
como con temor a perderse o a perderme.
Toda esa secuencia de cosas
que ni tú ni yo provocamos,
que no hemos osado interrumpir
que corrieron, que siguen
hace que yo me sienta en ti
para siempre.
Ayer nos amamos
y sólo por eso soy diferente
y superior a todos.

VIUDO DE DIOS
Si Dios no existiera,
todo estaría permitido.
Dostoievsky



Mi año nuevo es el día de hoy
se dice y consta que nací un 10 de abril
— total—

Hoy cuando son mis cuarenta el abandono,
y la dejadez las conozco; aun más,
a estas alturas me declaro viudo de Dios
de ti
muerto desde hace meses.
A mis cuarenta años
—tan esperados—,
descubro poco a poco,
con calma,
sin alteraciones
que me amaron
que me abandonaron
y que después de siete meses
soy viudo de Dios.

Mi viudez la conocí ayer
Mi viudez atrás se quedó:
Tu moriste solo, así lo quisiste
¡Buen viaje!
ahí te alcanzo.

1


Hay veces que te encuentro
con toda la sal del mar
en los labios.

Otras en que tienes en la mirada
toda la humedad
de un bosque.

También, a veces, tienes
toda la luminosidad
de una noche de luna.

A veces traes contigo
sobre tu piel
—en tus brazos y en la cara—
todo el sol del camino
y los olores de tu cuerpo se confunden
entre sudor y tierra y el gas que el camión
ha consumido.

Pero siempre, invariablemente,
te he encontrado
con tu belleza a cuestas
con tu soledad
y tu poco de muerte.

II

En veinticuatro horas
casi desaparece todo;
primero la voz porque no te hablo
y junto con ésta, los sonidos porque no te escucho
y la vista porque no te veo
y también el tacto porque no te toco.

Tú desapareciste. Decidiste irte
—a pesar de que se te extraña.

Lo que lastimosamente permanece
—como siempre—
es la soledad
y también por suerte
la memoria y el recuerdo;
no te olvido.

Llegaste al finalizar
el verano.
Durante el otoño
permaneciste
intensamente;
tensamente
durante el invierno
y ahora que ha entrado
la primavera
estás ausente.

Ya formas parte
de los amores llegados y ya idos.
Eres historia,
un poco de anécdota —como todo—,
también dolor
y algunas lágrimas.
Es difícil enumerar
todo aquello que no se alcanza en la vida.
Por ahora sé
que no veré las cicatrices de tus piernas
y ni tampoco cómo manejas un coche
cómo te sumerges en el mar
—aunque todos dicen
que lo haces bien—.

Es más fácil saber la que se
alcanza.
Ya antes de mirarte
alcancé la tranquila soledad.
Ahora no te miro
pero ya no tengo tranquilidad.

Perdón, olvidaba
también se sabe lo que se pierde.

I
Pregúntome
¿qué es lo que he hecho?
Quererte mucho.
Me contesto
¿qué hago con todo este amor?
¿Nada?
¿Todo?
¡Nada!
Tú lo dijiste desdendenantes: NADA.

II
Querer a la gente no es malo.
Hay quienes sin temerla ni tenerla
evitan y atacan:
A ellos se les revertirá la maldad.

III
Estoy cansado
me siento cansado
y no por ti,
sino por los otros
que son mezquinos
y están a diestra y siniestra
te invito a descansar: descansemos.

IV
Cuando te hablo no hay eco
y quiero tu voz
y no soy tu eco.
Quiero un dúo
un eco común y sostenido.

V
Quiero ser un escritor
decidor de palabras
y todas te las quiero decir
a ti, ahora.

PÉRDIDAS
En un viaje suelen perderse
un abrigo
cuatro suéteres
luirse cuatro pantalones
gastárseles el talón a doce pares de calcetines
—y desgraciadamente—
muchos amores.
Todo se va quedando
en diferentes lugares:
En Quito, en Lima, en Santiago,
en Concepción, en Buenos Aires
o qué sé yo dónde.
Lo que perdí hace mucho tiempo
fue la vergüenza
y para ser franco
no sé ni dónde.
Quizá entré a una oficina pública
y al salir ya no la tenía;
Tal vez, un día o una noche
me dormí
y durante el sueño
se salió
como se le sale el alma
al muerto.
Sé que con todo lo anterior
me voy a reencontrar
—hasta con el amor—
pero por suerte con la vergüenza
me será difícil.

Otro día se me irá el alma
y se unirá a la vergüenza perdida
y yo buscaré a las dos
—mi alma con vergüenza—
en el juicio final.


…..
En mis viajes
nunca he perdido mi juventud
y mucho menos el tiempo.

Ahora resulta que
llevo vivido medio día
de adelanto;
no obstante,
no hay una arruga más
y mucho menos una cana
(porque saldría de ganas
y, yo ya dije, que no me las
aguanto).

Se que regresaré
por donde vine
(¡Siempre! En polvo eres y en polvo
te convertirás)
y tendré en mi haber
tiempo ganado
¡se sufre tanto!

BREVE POEMA A LOS COPREROS

Esos treinta cadáveres me duelen,
me calan muy hondo.
Me angustia el no poder
cantar a esas ciento veinte extremidades morenas,
quietas y sangrantes
inmóviles y rojas,
apacibles y costrosas.

¿Qué se puede decir de ojos
que no se conocen?
¿Que no se han visto nunca?
¿Qué puedo decir de esos sesenta ojos,
algunos desorbitados por los impactos,
otros fijos indiferentes
pero todos con algo en común: sin luz e ignorados?

Me siento mal por buscar palabras
—y no hallarlas— que encierren
la mísera tragedia
de esos treinta pobres quemados dorsos,
ya para ahorita
agusanados, podridos y olvidados.

I
El que tenga
vergüenza
que aviente la primera piedra.

II
Esto es un valle de lágrimas en el cual
yo soy vertiente.

III
En México
la tristeza es tanta
que es impermeable.

IV
Deambular
es un poco
entrar en mucho conflicto.

V
Es muy difícil
descubrirlo todo
y más las cualidades del silencio.

VI
Las bugambilias
son como mariposas
por esqueléticas.

VII
Se fueron cayendo las inhibiciones
apareció la verdad
y me hice auténtico.

……
Soy del ejército mundial
de los de sin casa
Soy nómada
me cambio de casa
de trabajo
de amante
con frecuencia

Lo que no me quito nunca
son los zapatos
que me acompañan siempre
a buscar otra casa
otro trabajo
u otro amante
según el caso lo requiera.

……….
El tehuacanense
de azul y blanco
—no sin mentiras—
me contó algo
sobre su vida
y algo sobre su buena suerte
de
su
muerte
nada
valiente
torero
él
yo
la
adivino.

I
Veo el mar
y el mar no se envenena nunca:
al amanecer toda la suciedad
está sobre la playa,
la ha expulsado.

II
Yo nunca me meto al mar.

III
El mar sólo respeta la belleza
pues muere con ella.

IV
Yo sólo veo el mar...


……….

País sin pasado
país de muertos.

Busco en el pasado
porque todos lo ignoran...
su ayer, nada significa con su hoy.

El dolor se transforma
sin embargo, nosotros
sufrimos sin sufrir
luego entonces...

……..
No se preocupen
por mi borrachera
ni por mi conciencia:
pido permiso para condenarme.

Angústiense por su
stablishment
por sus traiciones
diarias;
por la miseria del país
por su inmoralidad
por la parte que les toca de corrupción.

Déjense de oler a lociones

No traten de disimular
el olor a mierda que despiden.

……….

En efecto
en el bar ku-ku no fui parido
pero como si tal.

Mis primeros alcoholes
al igual que los amores
allí se cristalizaron;
de los segundos
la mayoría se han desintegrado.

El cuanto a los primeros
están totalmente polarizados,
es decir
permanecen.

En efecto
el ku-ku
no fue mi cuna
pero todo me dice
que será mi féretro

CONOZCO UNA QUE OTRA RUINA DEL MUNDO.

Del país todas;
Monte Albán
Tajín
Teotihuacán
Chichen Itzá, etcétera,
y las he gozado profundamente.

Otras, las ruinas vivientes
y que en el país abundan
no las tolero.

La mía,
mi propia ruina la soporto,
la sobrellevo
no sé si con dignidad.
Eso que lo digan los testigos.

……….

¿En el tren me voy
o no me voy?
¿En cuál me voy?

En el petrolero,
o en el arenero
o en el de segunda,
o en el de primera

Yo sé que voy
en su silbato ensordecedor

Yo sé que vamos los que
estamos.

OJOS NEGROS

En el mercado de Medellín
allá en la Roma
en La Sorpresa
nos asombramos al encontrar
al carnicero de los ojos negros.

Por fortuna
él no es un malviviente
y para consuelo y regodeo de la
vista
él es un bienviviente
¡Viva Dios redivivo!

………..

Se creen
príncipes austríacos
pashas hindúes
mandarines pekineses
Pero
sólo
se creen
¡Gracias a Dios!
Porque
no pueden
ser
Tlatoanis Mexicas
¡viva Huichilobos!

EL CENTENARIO

Para Benjamín Varela Orihuela

El centenario no es la moneda de
cincuenta pesos
donde aparece troquelado al Ángel
de la Independencia.
Tampoco
son las Fiestas del Centenario
pues ésas fueron de él y sólo para

él:
para Don Porfirio.

El Centenario es una cantina de
barrio
en donde con agilidad delfinesca
el Gordo Víctor atiende con esmero
a sus comensales
que son entre otros
ora el Púas
ora Zurita
ora yo mismo
que soy su seguro servidor
sediento
necio
e
insaciable.

A TAMAYO
EL DÍA QUE INGRESÓ
AL COLEGIO NACIONAL


Para Sergio Viñals Padilla

A ti te hablo
sí, a ti
sí, tú
el Oaxaqueño
el de las SANDÍAS (Con Mayúsculas)
a ti, ése que eres de la República
y de Olga
a ti el crítico
sutil y lacerante
del Sistema Mexicano
a ti
Tamayo
que como a Pellicer
alguien
quién sabe quién
les dio
las manos llenas de
color.

I
Chapultepec es
el tren de Cuernavaca a la media noche;
el rugido de tos leones en el amanezque.

II
¿Qué hacen los elefantes?
Lo que hagan
no importa
lo hacen de noche y en Chapultepec;
y se distinguen de los demás sonidos.

III
Chapultepec es el viento
que en la soledad y en el silencio
de la noche
mueve a los árboles.
Hacen que se froten,
jadeen
como nosotros
en el habituario
cohabituario
dispensario
osario.

Poemas para Alejandro y Lucero Chacón

I
Yo como buen borracho
me retiro a dormir
a las altas horas de la noche.

II
En la mañana,
digo que estoy dejado de la mano de Dios
del Diablo
y de los hombres.

III
Digo, que no me duele
ni la muela
ni la duela
ni el alma
¡Viva Altazor!

I
Conozco las ciudades
por el caminar
por la contemplación
y por sentarme en la banqueta
y en las calles.

II
Al Apóstol
—(alguno de entre los doce)—
viejo, sucio y cansado
en la calle
y en la banqueta.

III
Él perdona mi vida
de antes
de ahora
y de siempre.

IV
En la soledad del apóstol
a quien siguen y protegen los perros nocturnos
entendí a los apóstoles
y por una vez más
mi propia soledad.

V
A mí ¡mejor!
No me sigue nadie
sólo
a veces
mi sombra.
...............

Estoy quemado
(en todos sentidos)
La quemadura
es de un grado avanzado
La huella será imborrable
ni tintas
ni picratos
ni la concha nácar
quitarán la marca

Estoy dolido
es un dolor muy profundo
que bien a bien no ubico
no sé si es muscular
u orgánico
no hay calmante que lo calme
¡vamos ni el árnica tan efectiva lo controla!
el alcohol lo recrudece
sólo el verte lo amaina
y te veo tan poco.

En fin que me debato
entre la quemadura y tu huella
y el dolor y tu marca.

A LA CIUDAD DE MÉXICO
Para Alfredo Cardona Chacón

Hay una ciudad espiritual emergida de los siglos
con una arquitectura
de rasgos rotundamente definidos.
Al escalar sus murallas grises; coloniales
el hechizo se desvanece sobre el calor del asfalto.

Sobre la melancolía del tezontle milenario
se alzan las formas extrañas y fantásticas:
los pisos de mármol
los muros de luces
las columnas en orden mágico
en primavera el sol imprime
su carácter ritual
en todo aquello.

Al entrar en ella,
atrás dejamos el valle
lo traspasamos lo abandonamos
y penetramos en el ámbito insondable del misterio.

Hallamos ciudades emergentes
y un pueblo ausente que se oculta,
que se calla —parece ser que para siempre—
abandonado en el vértice mismo
del tiempo y del olvido.

Concepción, 9 de mayo de 1970