REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Por las rutas de Ulises


Roberto López Moreno

De editora a editora, de librería a librería, de biblioteca a biblioteca, de café a café, de mesa redonda a mesa redonda, de centro cultural a centro cultural, de citas con acelerados a citas con acelerados hasta llegar a las inmediaciones de Ítaca, ésas son las circunvalaciones de Velázquez.

Pero partamos del posible ábrara de las homeraciones. Rubén Darío, nuestra primera gran fuente para el mundo, utilizó para él el término “nefelibata”; desde sus raíces griegas la palabra nefelibata apunta certera al que “anda entre las nubes”. Ese término lo utilicé mucho tiempo para mí, pues no he conocido a nadie más con tal vocación para deambular entre masas fumígenas, en la galaxia, en la luna, en el éter; que lo digan si no, los 400 mil pesos, ahorros de mi madre, que impunemente se embolsó Banamex en complicidad con un abogado “amigo” mío; que lo digan si no, mis compañeros escritores que frente a mi ignorancia saben perfectamente quienes reparten los premios, becas, viajes, entrevistas por televisión, radio, periódicos o internet; quiénes publican libros y reciben homenajes mientras yo guardo hojas y hojas amarillentas en mis gavetas cada vez más saturadas; que lo digan si no, los partidos políticos por los que he votado.

A la palabra nefelibata le antepuse la de chilangodante por mi inveterada tendencia de andar, como en mi casa, por el cielo, la tierra y en todo lugar de Chilangolandia. Así es que por mucho tiempo fui el chilangodante nefelibata. Caminé mucho, es cierto, pero al contrario de otros, muy poco me enseñó la calle, como menos la escuela.

Lo de nefelibata me sigue quedando como anillo al dedo, pero en un gemelo escritor, Ulises Velázquez, encontré mejor recipiendario para la aplicación unitaria del chilangodantismo dentro del mundillo literario. Ulises Velázquez -desde mi percepción, no siempre confiable- es el más sobresaliente chilangodante de nuestras letras. Desde la A hasta la Z y Ulises, mi personaje inolvidable, en medio.
¿Cómo ve un chilangodante el día que nos rodea? Ulises:
Cada domingo, la nostalgia
no conoce ciudadanía alguna
cuando la niña
juega con los pájaros en el Zócalo
y su quedo movimiento
se torna exageración del sol.

O bien:
Días de navegable radio
hacia invisibles urbes de sonido;
recintos de tiempo
amparados al mentido paraíso
de una espiral infinita.

La babel de Ulises. Babelises que arroba. De hot mail a punto com, sus contrapuntos son sanas manifestaciones de movimiento. Si en uno de nuestros feroces inviernos nos estamos muriendo, no con el Jesús, sino con el témpano en la boca, él nos habla de que:
Septiembre cuidó a un niño
(nacido bajo el edén de las palabras)
e inventó su cuna con el níveo sueño
con que se forjan los atardeceres
y le devolvió la luz
cuando con su primer balbuceo
escribió su carta de ingreso al silencio.
….

Septiembre me mostró la lluvia:
única exasperación del tiempo
donde las lágrimas escriben la vida
que me concedió un verano
pleno de ciudades trashumantes,
prístinos paraísos conquistados
con la sangre de una pluma fuente.

Me refiero a uno de los personajes de la literatura mexicana actual que habita más que nadie en nuestra presencia física. Lo encontramos en todos lados y él en todos lados nos encuentra, siempre con su carga de novedades o cargándose de novedades, siempre cordial y generoso, siempre Ulises. ¿Cuántos como él habrán existido en la historia de la literatura en el mundo? Personaje emblema éste del que hablo y que, ¡claro!, casi todos o muy a lo mejor todos, sí, he dicho todos, le conocen, como él nos conoce y nos hace cohabitar en la misma ciudad a todos. Por él sabemos con precisión, cuándo cumpleaños fulano, qué libro acaba de publicar zutano, cuándo va a dar su conferencia mengano, en qué fecha pereció perengano, el todo de todos lo mantiene minuciosamente procesado en el cerebro, y para mí que es un ser raro porque a todos los quiere (yo quiero a muy pocos… y a veces ni a mí mismo).

Para que todo esto sea posible Ulises Velázquez es en una misma persona: agenda, diario, anuario, inventario, bitácora, calendario, obituario, biblioteca, hemeroteca, directorio, conmutador, ordenador, libreta de memorias, de citas, de notas, anecdotario, listado de efemérides, santoral, fichero, cardex, índice, registro, prontuario, relación, canon respecto a autores actuales, a todos conoce, a todos trata, con todos se lleva, de todos sabe todo, de las generaciones que sean, en su ecumenismo cotidiano los hace convivir a todos, buenos o malos (me refiero de alma… también de letra). Si quieres saber por dónde anda fulano de tal, al rato que te encuentres a Ulises -porque te lo encontrarás- tendrás el dato. Veo que ésa es una de sus maneras de servir a las letras de su tiempo, siendo un archivo andando, amoroso con la información y los materiales que maneja.

De su deambular por el mundo de la literatura, cuando uno se entera de la gente con la que ha convivido ese día, dice uno (a veces) “qué bueno que estuvo con fulano” o dice uno (a veces) “cómo pudo tener estómago”). Él está por encima de eso. Él ama las letras y siempre encuentra la forma de servirles.

A este personaje único le conocí en la FES-Acatlán, fiel fiel entre Raymundo Ramos y Oscar de la Borbolla; lo conocí esa vez, pero si así no hubiera sido, de cualquier forma lo iba a terminar conociendo en algún momento.
Contra el Ulises de la nave postroyana, nosotros, aquí, tenemos nuestro Ulises de la nave métrica, de la metrobúsica, de la microcida, es el andante, el chilangodante, el poeta al que ahora cito:
Llegan las primeras lluvias
y un recuerdo apenas se desdibuja
del silencio que conlleva el llanto
cuando toda esperanza se ha perdido.

Se dispersa la tarde hacia el Norte:
invisible geografía donde el sueño
se torna sobre manera breve estancia
entre el tiempo y las ciudades.

Confluyen los segundos
en la exageración de la memoria
donde ansían hallar esa total palabra
cuyo destino se pierda en la lluvia.

Torres de luz y ríos de humo
se vuelven discretos centinelas
quienes guardan nuestra travesía
del hastío y la exageración,
desangrando una ilusión de ciudad.

Casi llega el fin del viaje
y obstinado estoy en quedarme a bordo;
exagero, sí, mas no deseo una postrer
invitación para detener mi itinerario.

No hay más. Sólo el viaje,
donde -¡por fortuna!-
la siguiente semana será igual.

(Ni modo,
La vida comienza en mayo,
y se niega a terminar en junio).

Este poema lleva por título “La vida comienza en mayo”, fue publicado en el número 88 de la revista Universo de El Búho (agosto del 2007) y a puño y tinta reza la dedicatoria: Para Roberto López Moreno, cuya prosapia afroamericana surge -con sus poemas- y con la franqueza y cordialidad chiapanecas. ¡¡Gracias!! Con afecto Ulises V. La dedicatoria está fechada el 04 de marzo del 2008 en la ciudad de México, a unas cuantas cuadras de la Ítaca de Ulises Velázquez.

Después de su firma aquella (esta), aquella vez (esta), él regresó a transitar sus rutas interminables, mientras yo me quedé flotando, plácidamente, en mi intangible subyacer de nubes.