REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 08 | 2019
   

Letras, libros y revistas

A solas con papel y pluma


Perla Schwartz

          “El café es el lugar de la escritura. Se está a solas con papel
           y todo lo más, dos o tres libros, aferrado a la mesa, como
           un náufrago batido por las olas.”

                       Claudio Magris, Microcosmos

Se refugia en un café un tanto bullicioso, para poder conectarse con la asimetría de sus silencios. Está en un clásico lugar para solitarios, oasis en uno de esos domingos inacabables. Se sienta en su mesa preferida, aquélla que se encuentra junto al ventanal, a través de la cual puede mirar hacia el parque.
Ella se abstrae, arrastrada por su status de solitaria irredenta. La acompañan el papel y la pluma, anda hacia la búsqueda de una tabla de salvación: la palabra. La inspiración no es su cómplice, ansía desplegar su grafiti personal a su máxima potencia. Pero, no hay mayor congruencia en esas frases que afanosa busca hilvanar.

Da un sorbo a su expresso. Lo disfruta, antídoto a su tristeza. Sigue llenando hoja tras hoja de su libreta. Su caligrafía es firme, mas su escritura dominical no es del todo afortunada. El lenguaje naufraga en su intento por capturar la música del azar. ¡Cómo recuerda ese libro de Paul Auster!, sobre todo uno de sus párrafos paradigmáticos: “Una comunidad de hombres y mujeres solitarias, enclaustrados y maniáticos que pasamos casi todo el tiempo encerrados, luchando por colocar palabras en una página. Es algo, en exceso arduo, demasiado mal pagado, demasiado lleno de decepciones, para que, de otro modo, alguien acepte este destino.”

Sí es una tarea ardua pero impostergable, tal vez algo ingrata… Da otro sorbo a su café, quiere proseguir, cada vez que escribe se siente viva, a pesar de las exacerbadas turbulencias que la rodean. Cada palabra tiene el poderío de conectarla con el fluir de sus emociones y la aleja de las absurdas sombras sin contornos.

Pero, ella es impaciente, su expresso se agotó y las partículas del lenguaje andan aletargadas. El tedio la atenaza y aún faltan muchas horas para que termine el domingo. En un estado de desasosiego, le pide al mesero otra taza de café.