REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 07 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Notas sobre la arquitectura del edificio Minerva El desfile del amor, de Sergio Pitol


Nicolás Balutet

El desfile del amor, del escritor mexicano Sergio Pitol, Premio Herralde 19841, se abre sobre la descripción de un edificio situado en el corazón de la colonia Roma de la Ciudad de México. El narrador insiste en la extravagancia de esta construcción, caracterizada por “cuatro insólitos torreones [que] rematan las esquinas” (9), un “ladrillo rojizo, semejante a muchos muros y pórticos londinenses” (10), “mansardas” y “ventanas en ojo de buey” (10). Todos estos elementos, que no corresponden en absoluto a la norma arquitectónica del barrio, le dan al inmueble un aire “gótico” (9), “espectral” (16), propio de una “novela de Dickens” (16) o de Harry Potter. En resumidas cuentas, el edificio Minerva, pues así se llama, más que semejar un austero cuartel militar como lo podría sugerir la etimología de su nombre, se parece más bien a una “casa de brujas” (24). Este apodo se revela tanto más interesante cuanto que así se le conoce actualmente en la Ciudad de México. Si el Minerva como tal no existe, se inspira mucho en el edificio Río de Janeiro, situado en la plaza del mismo nombre, en el número 56, esquina con la calle de Durango. Basta con mirar la foto de la torreta para percatarse de que el tejado de este inmueble diseñado por R. A. Pigeon en 1908 se parece al sombrero de una bruja, mientras que la disposición de las ventanas semeja dos ojos y una boca. El apodo se debe también al hecho de que Bárbara Guerrero (1900-1979), mejor conocida como “Pachita”, haya vivido en el edificio. Se trababa de una famosa curandera que, según la leyenda, era poseída por el espíritu del último emperador azteca, Cuauhtémoc, cuando realizaba sus curaciones2. A finales de los años 80, la apertura de la librería “La casa de las brujas” terminó por popularizar el nombre3.

Único por su mezcla de Art Nouveau y de Art Dec 4 y su ruptura con el afrancesamiento predominante de la arquitectura de esta colonia, el edificio Río de Janeiro debió también su excentricidad al que acogiera, a finales de los años 30 y durante la segunda guerra mundial, a numerosas familias exiliadas, procedentes tanto de España5 como de otros países europeos. De ahí, quizás, el nombre Minerva, diosa de la guerra, que se le da en la novela. Si “el edificio […] había sido construido […] con el propósito de ofrecer un alojamiento de calidad al personal de las embajadas y delegaciones extranjeras” (16), en 1942, una de las tres fechas clave de la novela (con 1914 y 1973), vivían en el Minerva todas las clases sociales: la nueva clase dirigente del país como Delfina Uribe, los “derrotados”, es decir los ex-porfiristas, a ejemplo de Eduviges Briones, y numerosos inquilinos artistas, intelectuales, periodistas, a menudo extranjeros6:

Ha vivido aquí mucha gente curiosa: pintores, periodistas, una dama boxeadora, escritores, bastantes extranjeros. (71)

[…] en él se habían alojado refugiados de distintas nacionalidades, corrientes y matices. Además de los extranjeros, en aquel edificio convivían, hacia los años cuarenta, familiares de revolucionarios mexicanos con gente ligada a la reacción más extrema. (75).

En el Minerva vivían refugiados alemanes, españoles, húngaros, holandeses, qué sé yo, de otros muchos lugares Pero también vivía gente mexicana; alguna de la mejor como los García Baños [...]. También vivía allí gente salida de la revolución como Delfina Uribe, quien derrochaba dinero con una ostentación abominable. (207-208)


Si esta promiscuidad cultural llevó a la prensa de derechas a calificar el Minerva como “una nueva peligrosísima Babel, poblada por extranjeros de la peor calaña. Semitas surgidos de las cloacas más turbias de Lituania y el Mar Negro” (20)7, el cosmopolitismo ahí desplegado se propagará a toda la capital y favorecerá la modernidad intelectual del país8. Podemos pensar en la creación de El Colegio de México por refugiados republicanos españoles y, más generalmente a los aportes de los intelectuales y artistas exiliados. Es interesante, al respecto, subrayar que la descripción pormenorizada del edificio Minerva, un edificio que sabe muy bien “la carga artística y literaria que lo estremece en cada mañana o en cada atardecer”, para retomar las palabras del escritor Eduardo García Aguilar9, tiene una indudable intencionalidad pictórica. No sólo se mencionan a algunos pintores famosos como Rufino Tamayo o Diego Rivera sino que tres personajes se relacionan directamente con la pintura: Delfina Uribe, la propietaria de una galería, numerosas en los alrededores de la Plaza Río de Janeiro en el centro de la cual se yergue una reproducción del David de Miguel Ángel; el pintor Julio Escobedo; y el inversor Derny. Otros inquilinos se dedican a la investigación y a la crítica literaria (Ida Werfel o Balmorán). De hecho, tanto en aquellos años como después, el edificio Río de Janeiro albergó a numerosos hombres de letras como el propio Pitol o Carlos Fuentes. El edificio Minerva, a ejemplo de su modelo, funciona, pues, como una metáfora de México y sus transformaciones a lo largo de la historia: 1914 como final del Porfirismo, 1942 como auge del cosmopolitismo y 1973 como inicio de una larga y duradera crisis política, económica y social. En este contexto, no debe sorprender que se describa el Minerva de los años 70 como desvencijado, y el barrio entero como decadente:

Durante décadas, el edificio ha constituido una extravagancia arquitectónica en este barrio de apacibles residencias de otro estilo. A decir verdad, en los últimos años nada desentona, ya que el barrio entero ha perdido su armonía. El peso de los nuevos edificios resquebraja las casas graciosas de dos, a lo sumo de tres plantas, construidas según la moda de comienzos de siglo en Burdeos, en Biarritz, en Auteil. Hay algo triste y sucio en ese rumbo que hasta hacía poco lograba sostener aún ciertos alardes de elegancia, de antigua clase poderosa, maltratada pero no vencida. […] El hombre empujó la puerta de metal, caminó hasta el patio central, levantó la mirada y recorrió con ella el espectáculo escuálido que ofrecía el interior de aquella construcción al borde de la ruina.

Era entonces un lugar distinto… Aún no habían construido al lado ese horrendo edificio de concreto que, con su peso, estrangulaba al Minerva, con riesgos de hacerlo un día tronar del todo. (70)


Por fin, cabe señalar que el inmueble ofrece un claro paralelismo con Miguel del Solar, aquel historiador mexicano de la Universidad de Bristol en Inglaterra que se lanza en una investigación tanto histórica como detectivesca. Al igual que el edificio, su modo de vestir y sus modales delatan cierta extravagancia en el contexto mexicano pero acorde con el Minerva:

El personaje debe de tener cerca de cuarenta años. Viste pantalones de franela gruesa, café oscuro, y una chaqueta de tweed, del mismo color, ligeramente jaspeada. La corbata es de lana tejida, ocre. En esa esquina, y, sobre todo en ese pórtico, su atavío, así como cierto modo de permanecer de pie, de llevarse la mano al mentón, resultan absolutamente naturales, a tono con las altas y sucias paredes de ladrillo rojizo, semejantes a muchos muros y pórticos londinenses. 10

El edificio representa para él el lugar de la infancia y, como tal, fue decisivo en la formación de su personalidad11.

Edición de referencia: Pitol, Sergio, El desfile del amor, México, Ediciones Era, 1989.
2 Sobre Pachita, léase Cocagnac, Maurice, Rencontres avec Carlos Castañeda et Pachita, París, Albin Michel, 1991; y Grinberg Zylberbaum, Jacobo, Los chamanes de México, México, Alpa Corral, 1989.
3 Actualmente, el edificio Río de Janeiro cuenta también con un restaurante de cocina asiática, El malayo.
4 Este último estilo fue añadido en los años treinta por el arquitecto Francisco José Serrano y Álvarez de la Rosa (1900-1982), padre del famoso arquitecto José Francisco Serrano Cacho (1937-).
5 http://www.red-redial.net/doc_adj/4934-exilio-espanol.pdf (consultado el 8 de mayo de 2012).
6 La distribución de los pisos en 1942 reflejaba la jerarquía social. La “nueva rica” Delfina Uribe y la heredera de las familias porfiristas Eduviges Briones vivían en dos pisos iguales de la primera planta, mientras que los inquilinos más modestos se alojaban en los pisos superiores o en la planta baja: “Los departamentos de la planta baja no podían considerarse buenos; eran oscuros y pequeños. Los del primer piso, donde vivió con sus parientes, eran, en cambio, palaciegos. El piso estaba ocupado por dos únicos departamentos, cada uno con buenos salones, amplio comedor y largos pasillos que comunicaban a un sinfín de dormitorios, estudios, cuartos de costura, etcétera. En los pisos superiores, las viviendas perdían espacio, aunque no categoría: sencillamente estaban hechas para familias menos numerosas” (16).
7 Los mismos insultos antisemitas reaparecen en boca de Arnulfo Briones: “Una Babel. En toda la ciudad pasó lo mismo. Gente que no sabía uno bien de dónde había salido. Llegaban de todos los confines de Europa, hasta de Turquía, como un judío armenio, el riquísimo Androgán, procedente de Estambul, a quien toda la ciudad le hacía caravanas” (2007). Sobre el antisemitismo en México, léase Gleizer Salzman, Daniela, México frente a la inmigración de refugiados judíos. 1934-1940, Conaculta, Inah, México, 2000; Gojman de Backal, Alicia, “La Acción Revolucionaria Mexicanista y su apoyo al nacionalsocialismo alemán”, Encuentro y alteridad. Vida y cultura judía en América Latina, Judit Bokser Liwerant y Alicia Gojman de Backal (coord.), UNAM, Universidad hebrea de Jerusalén, FCE, México, 1999, pp. 219-229; y Cánovas, Rodrigo, Literatura de inmigrantes árabes y judíos en Chile y México, Madrid, Iberoamericana, 2011, pp. 36-40.
8 La disposición interna del edificio, especialmente la distribución de los corredores que rodean al patio central, refuerza la idea de un espacio donde se mezclan las voces: “El sistema de corredores en torno a un amplio patio interior, tan poco usual en la época de su construcción, a finales del siglo XIX, cuando ya se había desatado en México una feroz especulación inmobiliaria, lo hacía diferente a cualquier otro edificio de la ciudad, contemporáneo o posterior. Desde las ventanas interiores los inquilinos podían enterarse de la clase de visitas que recibían los vecinos” (16); “Un edificio precioso de cinco o seis pisos con un patio central. Para entrar a cualquier departamento había que recorrer los corredores que rodeaban el patio. Una casa de cristal” (145).
9 http://egarciaguilar.blogspot.fr/2007/12/vivir-en-la-casa-de-las-brujas.html (consultado el 23 de abril de 2012).
10 Sobre este último, es interesante notar que, en la azotea del edificio Río de Janeiro, se encontraba antes la librería Góngora de Roberto Castrovido, hijo del periodista y político republicano español del mismo nombre, que bien pudo inspirar a Sergio Pitol.
11 Sobre la influencia de la casa de la niñez, léase Bachelard, Gaston, La poétique de l’espace, París, PUF, 1967.


* Universidad “Jean Moulin” – Lyon 3. ALACyT – Colima
nicolas.balutet@orange.fr
nicolas.balutet@univ-lyon3.fr