REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Confabulario

Poemas


Benjamín Torres Uballe

SENSACIONES

En la sonoridad del gran silencio viven;
los amantes convergen, en el ser, en el querer.

Palpitan las sensaciones de sus almas, en las sombras, en las auroras.

Se comen deseosos, ansiosos, a besos;
estremecen, rendidos florecen.

Incontrolados, son cauces de sus vidas;
álamos pariendo a impulsos nuevos.

Perdidos, solos, en el llano infinito de sus trenzados cuerpos.
Así renacen, viven.

¡Ah!, los amantes: se buscan, se encuentran, se pierden... reverdecen en su follaje.

Eternizadas noches, delirio.
Pausas interminadas, claros y sombras, sí, permanecen nunca se han ido.

Ninguna dicotomía, son raíces singulares. Breve dilema, cantan sus manos.

Ellos: cielo, infierno, llanto, risa, nada;
en lo extraño del amor, confluye todo.

Rendidos sucumben en la planicie voraz de la vida, de sus sexos, de su tiempo.

Los amantes son nuevos y viejos, eros y juegos, sueños inmersos.

Los amantes, los besos, los tiempos; sus ojos, sus manos; son otra vez, cielo e infierno.


LABERINTO

Blancos muslos de luna,

en el laberinto de tu tarde, cautivos yacen perdidos.

Se embriagan presuntuosos en mi boca, en las horas (vividas).

Cabello de trigo soleado, extasiado, anclas mis manos a tus senos.

Ríos furiosos te cercan como al silencio las ansias plenas.

En el claustro de humedad, el eco de tu cuerpo solitario me provoca.

La verdad de tu belleza socava al tiempo, como la hierba.

Dame, indulgente, la paz que necesito, hoy que muero por ti.

Hoy que suave me deslizo, hoy que en tus ojos fugitivos, dócil... agonizo.


RUISEÑOR

En las noches no soy... me voy... puntual.
Me despojo del fastidio, de este cuerpo ruidoso, estorboso.

Viajo asido de las alas del ruiseñor nocturno,
desboco ya en el enigma del mar de escasos sueños.

Soy húmedo dolor cautivo, incontinuada flor, sonoros mis latidos.
Llegan las voces, apuran, se marchan; las quiebro y me rompo.

Vueltas más vueltas, son lo que no quiero; espacios, palabras, todo el silencio.

En las noches soy también como ermitaño,
juego desnudo con las estrellas, con el alma, con el permutar del ansia entera.

Arriba soy fuego, anfitrión de lo perdido; en mi cama absurdo juego comodino.

Juglar es mi disfraz en las sombras juguetonas del final de mi existencia.

En las noches ya no estoy... me quedo en la imponencia plena de los sueños.

ENCUENTRO

Un día, como la luz y la obscuridad, tú y yo nos encontramos;
guardé luego en mi raído pantalón: tus afortunados ojos claros.

Desde allí eres la mañana, tarde fugaz o espontánea y corta noche.

Bailadora tenaz en los acordes de la Luna, y me procuras cual sueño inmortal;
cual niño de algodón en horas de fortuna, igual que juego frutal como divertida cuna.

Tan fuerte eres, más que la perseverante lágrima del cielo. Tierra húmeda.
Te plantas desnuda en arcoiris luminoso y perteneces a él, te entregas a él;
y luego me acometes como vida nueva en el horizonte. Así me acometes,
así indefenso, rendido, me sometes.

Un día, como a la poesía, te vi, desnuda, hermosa, extraviadamente mía.
Reposabas, te mojabas. En el arroyo etéreo tus pasos dilataban, me miraban.

Otro día, me abrazabas en tu viaje de centellas, de tañer miradas ansiadas.

Me llevas, me mueres, en las oquedades de tu risa cierta.
En tu viaje, en tu silencio, en las estrellas, en las mariposas, cual estatuas.
En las voces tan amadas.

Espontánea, brotas impetuosa, a borbotones, como aroma del durazno.
Te amo más que el pan en mi desvencijada mesa, en la indeleble letra del
candor de mi existencia.

Agradezco a plenitud tu amor, tu naturalidad, tu inconsciencia, tu fervor.
Un día recordé, un día caminaré, siempre a tu lado.
Hoy, activo soy en tu silencio, en la obscuridad, en tu corazón...
Y tus afanes cotidianos.

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