REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Apantallados

Moviola en su laberinto - Violencia y poder: el recuerdo de Colosio


Alonso Ruiz Belmont

El brutal asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta la tarde el 23 de marzo de 1994 en Tijuana, Baja California, dejó una huella indeleble en la memoria colectiva de toda una generación. Ése fue sólo uno de los huecos que dejó tras de sí el año más violento que se recuerda hasta ahora en la vida política del México contemporáneo. Sesenta y seis años después del asesinato del presidente electo Álvaro Obregón, el presidencialismo autoritario había perdido sorpresivamente un símbolo estratégico para la conservación de su legitimidad: la estabilidad política basada en el arreglo pacífico a todo conflicto surgido entre las filas de la gobernante coalición nacionalista revolucionaria.

La sorpresiva irrupción armada del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el primero de enero de aquel año en el Estado de Chiapas, había iniciado una aguda crisis política que evidenció las limitaciones democráticas del reformismo electoral salinista y el escandaloso déficit social de un modelo de desarrollo económico que se había vendido a la opinión pública como un paradigma de prosperidad. El asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el 28 de septiembre de ese mismo año, profundizó aquella compleja espiral de descomposición (que estuvo acompañada de secuestros, una creciente atmósfera de polarización social y rumores de toda índole). Las repercusiones financieras de aquel oscuro proceso terminaron por desencadenar una abrupta devaluación del peso a finales de diciembre y condujeron al país a una aguda recesión económica, que amplió aún más las escandalosas brechas sociales que dividen actualmente al país.

El 28 de noviembre de 1993, Colosio Murrieta, entonces secretario de Desarrollo Social, había sido designado el candidato del priismo a la presidencia de la república por determinación expresa del presidente Carlos Salinas, de acuerdo a los rituales y equilibrios de un orden político agonizante. Su meteórico ascenso durante los cinco años previos confirmaba, hasta aquel momento, la enorme confianza que el presidente tenía depositada en quien era considerado su delfín político (a pesar incluso, de la animadversión y el abierto rechazo que le profirió en aquellos días Manuel Camacho Solís, su mayor adversario en la búsqueda de la nominación presidencial). En medio de la euforia desatada en los días previos por la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá, la nominación de Colosio fue vista por muchos como una señal de continuidad en la política económica. Nadie imaginaba que pocas semanas después, una rebelión armada en Chiapas tomaría al presidente por sorpresa, rompiendo la endeble disciplina de su círculo interno.

Sin embargo, hasta el 31 de diciembre de 1993, la candidatura de Colosio simbolizaba para muchos el notable capital político que ostentaba el partido oficial de cara a unas elecciones presidenciales que, todo indicaba entonces, constituirían un referéndum mayoritario en favor de la ortodoxia económica y la apertura comercial. Aquel otoño preelectoral, algunos sectores de la comunidad académica interpretaron la nominación del político sonorense como la posibilidad de una reforma política controlada ordenadamente desde el interior de la coalición gobernante, negociada directamente con la militancia del partido y con sus sectores más tradicionalistas. Pocos individuos conocían a detalle, mejor que el propio Colosio, el funcionamiento de aquella compleja maquinaria hegemónica.

Por si fuera poco, el ex secretario de Desarrollo Social contaba también con otro elemento estratégico en favor de su candidatura: las simpatías de una buena parte de los cuadros de base, particularmente en las zonas más pobres del país.

Otros sectores de la opinión pública, en cambio, planteaban que la candidatura colosista significaba la continuidad del presidencialismo autoritario y que, inevitablemente, ésta se hallaría bajo la esfera de control político de Salinas. La realidad terminaría siendo muy distinta.

Las investigaciones que llevaron a cabo las tres diferentes comisiones especiales encargadas de aclarar la autoría intelectual del magnicidio del sonorense nunca pudieron resolver el caso. La versión oficial sostiene que Mario Aburto, asesino confeso de Luis Donaldo Colosio Murrieta, actuó por iniciativa personal sin recibir indicaciones ni apoyo de otra persona. Dieciocho años después, la verdad continúa siendo un misterio, pero no es ninguna exageración afirmar que durante aquella soleada tarde del 23 de marzo, en la colonia Lomas Taurinas de Tijuana, Baja California, México cambió para siempre.

En el terreno de la ficción cinematográfica, el más reciente producto especulativo sobre las redes conspirativas que pudieron haber sellado el destino del candidato priista corresponde a la polémica cinta Colosio: El Asesinato (2012), de Carlos Bolado. El presupuesto del filme, las sospechas sobre el verdadero origen de su financiamiento y su estreno a pocas semanas de la elección presidencial del 2 de julio, han motivado justificados señalamientos en torno al aparente uso propagandístico de la cinta. Lo anterior ha sido interpretado por algunos como un desesperado intento del calderonismo por quitarle votos al PRI en los próximos comicios, recordándole a la opinión pública la corrupción, las oscuras intrigas palaciegas y la lucha despiadada por el poder que se dieron por aquellos días al interior del entonces partido oficial (como si los dos sexenios panistas hubiesen sido inmunes a todos esos vicios). Sin embargo, es importante mencionar también que dicha historia de ficción fue escrita hace unos diez años por el guionista Hugo Rodríguez y, desde aquel momento, la productora Mónica Lozano comenzó a tocar infructuosamente varias puertas con la intención de rodar la película. Ideologías aparte, valdría la pena preguntarnos si el éxito en taquilla que está registrando el filme actualmente refleja, en cierta medida, la confrontación simbólica de una sociedad con un momento perdido de su historia.

Por razones de carácter legal y obvias limitaciones de índole periodística, la cinta de Bolado mezcla personajes y situaciones ficticias que son entrelazadas con los acontecimientos históricos, dejando al espectador la posibilidad de hacer su propia interpretación de los hechos. No constituye, por tanto, un acercamiento hacia la verdad histórica sino, más bien (a decir del propio Bolado), un esfuerzo por detonar la curiosidad y la capacidad crítica de los espectadores en relación con el tema. Al inicio de la cinta, Andrés, un ex agente retirado del CISEN, recibe la orden y los recursos financieros necesarios para realizar una investigación secreta y paralela a la que estaba llevando a cabo la Fiscalía Especial, con la misión de resolver el crimen. La encomienda proviene de un político de alto rango, identificado sólo como El Licenciado, quien por deseo expreso del presidente había asumido la secretaría general del partido oficial así como la orden de realizar la investigación paralela. Sin embargo, y de manera extraña, la supuesta voluntad del presidente le es comunicada al Licenciado por el poderoso Jefe de la oficina de la presidencia, un personaje llamado El Doctor. El nuevo secretario general del partido no había sido inmune a las tentaciones de la corrupción, el origen de su fortuna no es transparente y regularmente entrega a su hermano menor maletas llenas con cientos de miles de dólares que el segundo deposita en un banco estadunidense. Andrés reúne pronto un equipo multidisciplinario de colegas expertos que realizan una investigación exhaustiva. Finalmente, consiguen armar el rompecabezas y entregan al Licenciado un voluminoso expediente con sus conclusiones. Todo indica la existencia de una conspiración. Las pesquisas indican que el complot había tenido su origen tras la negativa expresa de Colosio a encubrir poderosas redes de lavado de dinero y protección a los cárteles de la droga. Éstas estaban siendo administradas por un puñado de prominentes políticos y empresarios vinculados directamente al hermano del presidente y al Doctor. Es en ese momento cuando el Licenciado descubre que el jefe de la oficina de la presidencia le había tendido una trampa para averiguar qué tanto podía acercarse a la verdad. Poco después, el Licenciado lo confronta en un encuentro privado y amenaza con revelar todo lo que sabe si su carrera política es saboteada. Hacia el final de la cinta, Andrés, su esposa, el Licenciado y Benítez (el jefe de la Policía de Tijuana) son asesinados en diferentes momentos. Hasta aquí el ejercicio de la ficción cinematográfica que, según Bolado, tomó como referencias históricas datos consignados en el último informe de la Fiscalía Especial.


Regresemos ahora al contexto político de aquellos meses y a los señalamientos ventilados de manera consistente por personajes que estuvieron en las entrañas de aquel monstruo.

En septiembre de 1994, Eduardo Valle Espinosa, quien había desempeñado labores de inteligencia para el ex procurador general Jorge Carpizo (ambos recientemente fallecidos), declaró a los medios que Colosio había sido contactado dos días antes de su muerte por Humberto García Ábrego, hermano de Juan García Ábrego, líder del cártel del Golfo, con el objeto de pactar una reunión entre ambos. De acuerdo con Valle, Colosio se negó rotundamente a sostener tal encuentro y aquello provocó la ira de los líderes del cártel. Asimismo, Valle afirmó saber que de llegar al poder, Colosio se proponía atacar frontalmente a los principales cárteles de la droga mexicanos y aclarar sus presuntos vínculos con funcionarios en todos los niveles del gobierno. Según dicha hipótesis, la eventual victoria de Colosio habría hecho peligrar severamente los intereses de dichas organizaciones delictivas y de varios políticos de alto rango estrechamente relacionados con ellas. Las afirmaciones del ex colaborador de Carpizo involucraron también al equipo de seguridad del candidato en Tijuana. Según Valle, tanto Jorge Vergara Berdejo (coordinador de seguridad de la campaña) como Antonio González Ortega (agente del CISEN) habrían estado relacionados con Marcela Bodenstedt, presunto enlace del cártel del Golfo y del cártel de Juárez con algunos miembros del gabinete presidencial (entre quienes se mencionaba a José María Córdoba Montoya, jefe de la oficina de la presidencia y Emilio Gamboa Patrón, Secretario de Comunicaciones y Transportes). Valle publicó información detallada (nombres, apellidos, fechas y cifras) para sustentar toda esta argumentación en un libro titulado: El Segundo Disparo: La Narcodemocracia Mexicana (Océano, 1995). Poco después de abandonar furtivamente el país para proteger su vida a mediados de 1994, Valle dijo haber entregado un voluminoso expediente a las autoridades estadunidenses con todos aquellos datos. Frustrado por la indiferencia del Departamento de Justicia de los EEUU ante todos sus señalamientos, Valle tomó la decisión de publicar el libro.
Más datos. Fernando de la Sota, otro miembro de la escolta de Colosio, había sido cesado en 1992 de la PGR por sus vínculos con el cártel de Juárez pero misteriosamente fue integrado al equipo de seguridad de Colosio por el general Domiro García Reyes, quien lo habría vinculado con el Estado Mayor Presidencial desde 1988, según lo refiere el periodista Jorge Fernández Menéndez en su libro Desestabilización (Grijalbo, 1995). En Drug Politics (University of Oklahoma Press, 1999), David C. Jordan, académico estadunidense experto en temas de narcotráfico, refiere también que Roberto Alcide Beltrones, hermano del entonces gobernador de Sonora Manlio Fabio Beltrones, había sido nombrado administrador de aduanas de Tijuana con el apoyo de Gamboa Patrón y de Raúl Zorrilla Cosío, quien habría solicitado a Colosio la reunión con García Ábrego. En marzo de 1995, Raúl Salinas de Gortari fue arrestado, acusado de ser autor intelectual del asesinato de Ruiz Massieu. El ex gobernador de Guerrero, quien tenía una pésima relación con el hermano del entonces presidente, había sido asesor cercano de Colosio después de su nominación como candidato y se llegó a decir que poseía información importante acerca del asesinato del sonorense. Fernández Menéndez especula también que José Esparragoza, un lugarteniente de Amado Carrillo, líder del cártel de Juárez, habría pagado 10 millones de dólares a Raúl Salinas durante la campaña de Colosio, buscando igualmente la complicidad del candidato. Aparentemente Colosio rechazó también aquella oferta y con ese episodio se incrementó su distanciamiento de Raúl, lo cual sugiere otro posible móvil para el crimen del 23 de marzo.

Como sabemos, todos estos señalamientos nunca pudieron ser plenamente demostrados por las autoridades y fueron rápidamente archivados. (Raúl Salinas es un hombre libre desde hace varios años). Sin embargo, el inmenso poder corruptor que siguen ejerciendo los cárteles de la droga, así como sus vinculaciones con el poder político y las fuerzas de seguridad en nuestro país no podrían entenderse, ayer y hoy, sin la oscura complicidad del gobierno estadunidense, así como el papel estratégico que juega la industria del narcotráfico para su complejo militar industrial y su sistema financiero.

Desafortunadamente, la amenaza que representa el narcotráfico para la consolidación de nuestra incipiente democracia es significativamente mayor hoy día que en 1994. Tenemos ante nuestros ojos una pila de cincuenta mil cadáveres para recordárnoslo y dos secretarios de gobernación fallecidos en circunstancias aún no aclaradas. La única opción que tenemos es continuar luchando a través de nuestro voto por construir un verdadero estado de derecho y una efectiva división de poderes que nos permitan contener la barbarie, así como la triste y escandalosa corrupción e incompetencia de nuestra clase política, que no distingue barreras partidistas ni ideológicas.

aruizbelmont@gmail.com


__________________
* Colosio: El Asesinato; México, España, Francia, Colombia; 2012. Dirección: Carlos Bolado. Producción: Mónica Lozano, Hugo Rodríguez, Javier Salgado. Guión: Hugo Rodríguez, Carlos Bolado, Miguel Necoechea. Elenco: José María Yazpik, Daniel Giménez Cacho, Odiseo Bichir