REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
14 | 10 | 2019
   

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¿Tiene sentido la propuesta de construcción de nuevas refinerías en México?


Mauricio Schoijet

Uno de los dilemas que la situación actual plantea al pueblo de México es el de si México puede seguir siendo un país petrolero, y el otro el de si debe seguir siéndolo. Hay una virtual unanimidad en la “clase política”, es decir los partidos reconocidos y representados en el Congreso sobre ambas cuestiones, con la excepción de algunas personalidades y analistas. En las preguntas anteriores está implícita también la cuestión del sistema de transporte. México, como prácticamente todo el mundo capitalista
-durante muchas décadas el “socialismo realmente existente” fue la excepción-, adoptó de manera acrítica el modelo de transporte promovido por la burguesía estadunidense, o sea uno basado en el automóvil individual y privado. Sostengo que ello nunca tuvo nada de natural, que creó problemas insolubles de contaminación, que contribuyó a un gran derroche de energía y recursos y que aceleró el auge del calentamiento global, que es en este momento la amenaza más grave que confronta la humanidad. Sostengo que es muy improbable que México pueda seguir siendo un país petrolero, y que no es deseable. En este texto intentaré discutir la primera cuestión y dejaré para otro la segunda. El primer problema está estrechamente ligado al de construcción de nuevas refinerías.

Una refinería es una planta industrial en que se separan las fracciones más livianas de las más pesadas del petróleo. Comenzaron a construirse desde la segunda mitad del siglo XIX. Hacia la segunda década del siglo XX se introdujo el cracking o craqueo, con el que se rompen las moléculas de los hidrocarburos más pesados, para obtener una mayor proporción de los más livianos, utilizados en la fabricación de gasolina para los automóviles.

Las refinerías se encuentran entre las instalaciones más peligrosas que existen, junto con las centrales nucleares y las fábricas de plaguicidas. El científicos estadunidense Charles Perrow sostuvo que el hecho de que el número y destructividad de los accidentes no ha disminuido, a pesar de que existiría un sustancial interés económico para que disminuyan, se debe a la complejidad de los sistemas (Perrow, 1984).

Aunque no conozco ningún análisis sistemático acerca de la vida media de instalaciones industriales de este tipo, de algunos datos fragmentarios que se encuentran en Internet se puede conjeturar que suelen operar durante tiempos de operación largos. En un caso, el de la primera refinería que inició sus operaciones en la India en 1901, seguía operando en el 2002. La primera argentina, que comenzó a operar en 1919, sigue funcionando.

A nivel mundial hay más de 600. Una peculiaridad de la coyuntura actual en la producción de petróleo y sus derivados, es que su número ha disminuido, o sea que hay unas cien menos que hace treinta años. Esta disminución se ha dado casi totalmente en Estados Unidos. En ese país no se ha iniciado la construcción de ninguna desde 1976, en Europa tampoco en los últimos veinte años. Ello ocurre a pesar de que entre las ciento cincuenta que continúan operando en el país vecino, hay serios problemas de obsolescencia. Una tercera parte, mayormente en Texas, Louisiana, Indiana y California, han estado plagadas por incendios, derrames, averías y apagones (Jad Mouawad en New York Times del 22vii2007) Este autor informa que debido a los altos precios el consumo estadunidense de gasolina bajó 3% entre marzo de ese año y el del año anterior, con lo que el petróleo procesado cayó al 81% de la capacidad de procesamiento, contra 90% un año antes, que varias refinerías pequeñas perdieron centenares de millones de dólares, y en el caso de una de éstas las pérdidas habrían sido 75% mayores respecto al año anterior. Sólo se estarían construyendo cuatro a nivel mundial, todas en países petroleros, es decir Kuwait, Arabia Saudita, Nigeria y Qatar. Habría planes para construir una más en China y dos en Indonesia.

Parece obvio que la obsolescencia de las refinerías debe aumentar el costo de la gasolina y otros derivados del petróleo. También que si las compañías petroleras no construyen nuevas refinerías, no es porque les falten recursos para hacerlo.

Se puede suponer que cuando sobrevino el choque del aumento de los precios del petróleo impuesto por la OPEP en 1973 tomó por sorpresa a las compañías petroleras y a los gobiernos de los países que eran grandes consumidores. Es probable que la construcción de refinerías antes de 1973 supusiera que seguirían las tasas históricas de aumento del consumo, que fueron muy altas en todo el mundo después de la Segunda Guerra Mundial. Este aumento de los precios determinó una desaceleración del consumo. Por una parte los consumidores individuales comenzaron a comprar automóviles más pequeños y livianos, de menor consumo de combustible. Por otra muchas empresas, incluyendo a algunas grandes, tomaron medidas para ahorrar combustible. Esta desaceleración resultó entonces en una capacidad de refinación excesiva, y pudo haber sido ésa la razón más importante para la clausura de un número tan grande de refinerías.

¿Porqué no se construyen nuevas, o se ponen nuevamente en operación algunas de las clausuradas, ahora que la obsolescencia de gran parte de las que están en operación inciden en mayores costos? Sugiero que la razón es que la industria petrolera no tiene ninguna confianza en su futuro, y por eso prefiere operar con mayores costos en vez de invertir para reiniciar la operación de las clausuradas o construir otras nuevas.

Esta situación contrasta con la que está ocurriendo en México, ya que parecería que tanto el gobierno, como todos los partidos representados en el Congreso, como todos los analistas, tanto de los organismos oficiales, como los muy contados independientes, con la excepción de Sergio Sarmiento (Sarmiento, 2012) parecen no tener dudas de que en México hay petróleo para cincuenta o cien años más. Este autor plantea que el costo de las cinco refinerías estaría entre 40 y 50 millones de dólares, y la rentabilidad de la inversión mínima o nula.

El agotamiento de los recursos petroleros

En este texto no voy a tratar la cuestión general de agotamiento de recursos petroleros, sino que me limitaré a tres casos. Por supuesto que además las y los mexicanos tienen delante el descenso de la producción de Cantarell. Se conocen casos de fracasos espectaculares que seguramente deben de haber sido muy costosos, uno frente a las costas de los estados de Delaware y Nueva Jersey en Estados Unidos en la década de 1970, en que incluso un organismo del Congreso de Estados Unidos hizo estimaciones sobre la producción de estos yacimientos que resultaron absolutamente irreales; otro caso fue el del yacimiento de Prudhoe Bay, en Alaska, considerado el mayor de Estados Unidos. En éste la producción comenzó en 1977, llegó a un máximo en 1989, y para el año 2010 habría bajado a un 40% de la máxima, o sea 660,000 barriles diarios (wikipedia).

Segundo, la mayor actividad de exploración y explotación en aguas profundas a nivel mundial se está dando desde la última década del siglo pasado en la parte estadunidense del Golfo de México. Operan varias decenas de pozos, pero los resultados están lejos de ser espectaculares. La producción de estos nunca ha alcanzado un millón de barriles diarios, o sea que estaría en el orden de la tercera parte de lo que era hasta ahora la producción de México. Pero además los datos que se encuentran en la página web del fallecido banquero y analista petrolero Matthew Simmons, muestran que en varios de estos pozos la producción inicial fue muy alta, del orden de cien mil barriles diarios, pero que declinó muy rápidamente. De los otros países en que hay producción de aguas profundas, como Angola y Nigeria, hay pocos datos. Pero sí sabemos que en el caso mencionado de Brasil, en que la producción aún no ha comenzado ni sabemos cuándo lo hará, las condiciones físicas serán probablemente las más extremas a nivel mundial, o sea que en el área de los yacimientos la temperatura del fondo del mar llega a 200 °C y las presiones a varios centenares de atmósferas.

Predecir lo que podría ocurrir en la explotación en condiciones tan alejadas de las que han prevalecido en la industria petrolera hasta ahora parece sumamente arriesgado. Pero sí vale la pena mencionar que la producción petrolera ha dependido hasta ahora de complicadas maniobras de inyección de agua o gas para aumentar o mantener la producción de los yacimientos. Se podría suponer que este tipo de operaciones serían mucho más difíciles, más costosas, y tal vez imposibles para yacimientos a grandes profundidades, luego que aun si hubiera mucho petróleo en aguas profundas sería más difícil y costoso extraerlo.

¿Qué podríamos inferir de estos datos? Primero, que sería muy aventurado creer que hay grandes reservas de petróleo en la parte mexicana del Golfo de México, y que podrían extraerse sin problemas. Segundo, la explotación en aguas profundas, lo ha sido hasta ahora en aguas relativamente poco profundas, de hasta unos 2200 metros de “tirante de agua” (distancia de la superficie al fondo del mar) y a menos que la práctica muestre que se pueden extraer grandes cantidades a costos razonables de aguas muy profundas, lo que seguramente implica muy considerables inversiones a lo largo de varios años, digamos cinco o diez, es muy arriesgado suponer que la producción de México podría estabilizarse o aumentar, y lo mismo podríamos sugerir para la mundial.

En conclusión, construir una o varias refinerías, como lo proponen algunos acelerados políticos, sin tener la seguridad de que habrá suficiente petróleo para mantenerlas en operación durante, digamos por ejemplo cincuenta años, podría ser una costosa imprudencia. Según Sergio Sarmiento la inversión podría estar entre 40 y 50 millones de dólares, y la rentabilidad mínima o nula.

Hemos dejado deliberadamente fuera de este texto la cuestión de la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono para hacer frente a las inimaginables catástrofes que plantea el calentamiento global, y el papel que México debería tener en este aspecto. Este podría ser el tema de otro artículo.

Referencias
Charles Perrow. Normal Accidents, Basic Books (1984).
Jed Mouawad. “Oil of Refineries Sea Profit Sink as Consumption Falls” en New York Times del 14/V/08.
Sergio Sarmiento “Centavero”, en Reforma del 2/II/2012, p. 12.