REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
27 | 05 | 2019
   

Arca de Noé

Turbocrónicas


Marco Aurelio Carballo

De Fuentes a don Quijote
Para el aniversario de la revista, el director preguntó a quién pensaba entrevistar. Aquí donde nos tocó sólo a Carlos Fuentes, le dije. Los demás estaban en otros países o continentes. Esa entrevista es de Cristina Pacheco, dijo lapidario el director José Pagés Llergo. Otra oportunidad perdida... ¿Sabía usted que Carlitos quería quemar esta casa?, me preguntó, entre asombrado y haciéndome sentir el milagro según el cual fue innecesario llamar a los bomberos. Cada semana, él hacía una fogata al cerrarse el suplemento… ¿Carlos Fuentes Nerón? ¿Piromaniaco? Lo había visto dos veces y no le sospeché esa manía.
La primera, cuando dio una plática. La segunda, en su casa. Al leer el anuncio de la conferencia suya en El Colegio Nacional corrí a escucharlo. Elegante. Bigotito a la Jorge Negrete. Voz de actor. Bien plantado ante el atril de piso a pecho. La segunda, casado con la actriz Rita Macedo, él estaba de pie ante una mesa redonda, desplegados los diarios dominicales. Vestía un suéter que envidiaría César Costa. Gabriel García Márquez (GGM) nos presentó a Rodolfo Rojas Zea (RRZ) y a mí. A Rodolfo ya lo conocía Fuentes. GGM había puesto tres condiciones: llevarlo con sus dos chamacos a unos tacos de carnitas, al zoológico y a casa de Carlos Fuentes. La crónica era de mi compañero. Yo tenía derecho nomás a tres preguntas, tres.
Ahí perdí la segunda oportunidad de entrevistar a Fuentes porque en mi turno le pedí a GGM que saliéramos al jardín. Confiaba en RRZ, pero ¿y si me chacaleaba las respuestas? En el reporterismo y en el amor todo se vale.

No volví a ver a Fuentes pero seguí sus pasos nota a nota, entrevista a entrevista. Qué curioso, le dije a Petunia: Flowers, apenas ayer le leí una entrevista y hoy está muerto (1928-2012). Me quedé con la duda de si era o no piromaniaco. ¿Cuál piromaniaco?, dijo ella. Siempre exageras. Quizá le prendía fuego a las cuartillas desechadas (de México en la cultura) por si un enemigo hurgaba en el basurero y les pescaban las correcciones de Benítez… Pero, ¿a quién entrevistaste esa vez? A don Quijote, le dije.

Dónde amueblarse la mente
Entonces, atento en el radio al porcentaje de bateo de Beto Ávila y a los combates de Kid Chocolate y de Joe Luis y cuando empezabas a poner atención a las canciones de Pedro Infante, escuchabas en casa que si no concluías la secundaria quedarías ponchado o KO, porque ibas a trabajar vendiendo mercancía detrás de equis mostrador con un sueldo miserable. Para “puestos” de mayor importancia, necesitabas la prepa. ¿Y dónde emplearse de preparatoriano? En la radio como el Bachiller Gálvez y Fuentes, decían. Lo ideal era viajar al DF a hacer una carrera. Para mí significó huir de la influencia dictatorial del Ogro.
El Ogro era mi padre y huí dos veces de él. Una en la primaria y otra en la secundaria. Hasta entender que podía salir de casa a pleno sol, incluso con una mesada, la mitad del salario mínimo en 1962. Así formé parte de la promoción 1959-1961 de la Escuela Secundaria, Preparatoria y Normal “Miguel Alemán Valdés”. Como no había universidad en el Soconusco (ahora hay media docena), resolví estudiar economía en la UNAM a causa de la ventolera de convertirme en guerrillero. No para derrocar al gobierno sino para tener experiencias y escribirlas. Como nadie me invitó, renuncié, aburrido, en tercer año y también el Ogro al suspenderme la mensualidad. Quién sabe cómo sobreviví sin sueldo el año que fui ayudante del ayudante del reportero de policía en un diario. Ya de corresponsal en España me replanteé la vocación original y ahora trato de combinar los oficios de reportero y de narrador.
Truman Capote hizo algo así con sólo la secundaria y Ernest Hemingway el equivalente a la prepa. Fitzgerald fue más allá. Desde luego no propongo nomás nueve años o doce de escuela. Nunca se deja el estudio ni de sobarse el lomo, decían en el siglo XX, para sumar el oficio a la profesión. Pero, vamos, mínimo la prepa. Aunque haya tantos licenciados taxistas por mala suerte o por falta de vocación para la licenciatura, así como servipoderosos sin prepa. Es un error creer que el autodidacto no estudia.
¿Dirán ahora haz el doctorado o terminarás de taxista? Con todo respeto para los taxistas… Este 2012, mi querida prepa cumple 93 años, rebautizada, bien, como Escuela Preparatoria Tapachula. Aparte de amueblarme la mente me procuró la amistad imperecedera de una docena de profesionistas, incluida la del contador Guillermo Esquinca Ballinas quien me sugirió el tema.

El boxeador pensante
Cuando Salvador Ángeles bajó del cuadrilátero por entre las cuerdas, un impulso me acercó a él y le dije que se despreocupara, que para la próxima… La sede del campeonato de los guantes de oro era el Country Club con nutrido público. Él era peso gallo y yo pluma. Nos habíamos conocido en la secundaria y el boxeo nos acercó. Teníamos entrenador en casa. Salvador a su hermano Feliciano, y yo al Ogro, expúgil. Además coincidimos en nuestros gustos por Kid Camarón, Kid Chichitas, Kid Paletas, Kid Turpin, los hermanos Alonso y Marco Antonio Ochoa, el Pantera Negra y el Quien Suyo (a) Felipe Martínez.
Salvador estudió contaduría, pero tuvo varios negocios. Muy serio me dijo en El Gato Azul, un bar suyo, que las meseras le aconsejaban ir menos porque los clientes le temían. Pero cómo, dijo él, si al ojo del amo… Le pregunté el porqué de ese miedo. Riendo contó que les encajaba gancho al hígado, luego de la finta arriba, y zurdazo a la quijada y santo remedio, pagaban la cuenta.
Montó una exitosa refresquería que vendió y dos taquerías pero el de carnitas estuvo mal ubicado y el de los tacos de canasta contaba con escasa clientela porque desconocían el producto. Al final abrió un restaurante en las goteras de la ciudad, como se decía antes, y ahí le fue bien, secundado por su compañera Esperanza Palacios Chiu. Pero antes, cuando intentamos hacer un periódico semanario, él fungió de gerente. Otra vez nos vimos a menudo y advertí en él a un ser excepcional. Tenía un discurso articulado y le fastidiaba quienes andaban con prisas. ¿Sabes qué?, me dijo. Son estúpidos… No les alcanza el tiempo, dicen ellos. Pero siempre hacen dos veces las cosas. Aunque él era de los que vivían y dejaban vivir. Porque nunca me dijo qué debí haber hecho con mi vida o qué debía hacer enseguida, una costumbre en el Soconusco. Allá, con sus excepciones todos son perfectos, y te dicen cómo debes vivir.
Quizá yo iba por el mismo camino, contaminado, pero aprendí la lección cuando Salvador Ángeles Pérez bajó del ring y lo acompañé a los vestidores. ¿Iba a decirle cómo debió hacerle para noquear en los tres rounds y cómo hacerle en la siguiente pelea? Traté de animarlo. No chingues, me dijo entre serio y sonriente. Pinche madriza que me acomodaron… Mejor voy a estudiar… Ahora mi querido amigo está muerto y sin duda partió contento sin arrepentirse de haber dejado el boxeo por el estudio.

Leer es cosa de genes
Uno de los peligros de los genes es hacerte adicto a los libros. Cuando descubres en casa la biblioteca, grande, chica o minimini, tragas el anzuelo. Entonces, ¿por qué exigir que lea quien carece del chip? Digamos, ¿a los que traen el chip de diputado? Demos a oler los libros a quien, por lo que sea, los ha visto sólo en/o para la escuela. Basta que la adicción la transmita el padre o la madre. La madre puede transmitir casi doscientas enfermedades, se sabe, pero ignoro cuántos el padre. Acaso el doble.
El problema es el sistema. Con libros caros y bibliotecas escasas y burocratizadas, salvo excepciones, ¿cómo? Si naciste en la era Mesozoica y vives encaramado en las palmeras, debes leer cuando menos periódicos para enterarte de dónde, a quién y cómo comprar libros. Nada fácil. Los países ricos poseen bibliotecas y les cuesta cero centavos leer tantos libros como quieran, todos. Paradoja en el “país emergente” porque tienes que comprar tu biblioteca propia y pagas los precios fijos de los libros. Hubo época en la cual, baratos, terminaban hechos un mazo de barajas atípico pues hay transa en la compra de la goma barata y, antes y ahora, te los roban nomás por molestar.
Los gobiernos organizaron un cúmulo de actividades en el Día Mundial del Libro y como era lunes (23) aprovecharon el domingo para hacerlo en dos y en cinco días. Bien. Pero es como si yo fuera adicto al “gallo” y me dijeran aquí está una tonelada, dos, y debes fumártela ¡hoy! Sin precios especiales. Para el libro, no para la mota, porque ¡violarían la ley! ¿Cuál podría ser la salida? Desburocratizar y deschatarrizar las bibliotecas públicas. En mi caso les niego incluso el beneficio de la duda. Casi ochenta por ciento de quienes leen no asisten a las bibliotecas. Prefiero suprimir el bistec o la chuleta y comprar una novedad editorial. Antes de los gobiernos panistas, compraba el equivalente a dos libros y medio o una de whisky. Ahora sólo un libro.
Quizá el próximo presidente no haya leído ni la “Biblia” amparándose, torpe, en su laicidad. Cuando el presidente del PAN (1996-1999), Felipe Calderón, asistió a una comida de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), declaró que no tenía tiempo para leer literatura. Debí adquirir un cochinito. Ni hablar del caso de Fox. Ellos son adictos al poder. Son otros los genes.

marcoaureliocarballo.blogspot. com