REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 11 | 2019
   

Arca de Noé

Literatura y política


Carlos Bracho

PARTE I
I
Podría empezar esta charla con una pregunta: ¿Dónde están los intelectuales mexicanos?

Sí, ¿dónde están los intelectuales, los artistas, los literatos mexicanos?
¿Acaso están, como en otros tiempos, tomando partido y luchando activamente contra las potencias extranjeras que todo lo tienen, que todo lo dominan, que todo lo avasallan? ¿Están, como antes lo hacían, denunciando las guerras imperiales, las guerras en donde los ejércitos invasores matan a ancianos, niñas y mujeres? ¿Están luchando contra los dueños del dinero que hacen que países y bancos quiebren, llevando con ello la miseria y el abandono de los trabajadores?
No. Tal parece que el compromiso político para luchar -con sus escritos y sus obras- por las causas más nobles de una sociedad se ha diluido. Aquellas luchas emprendidas por muchos intelectuales y por una gran cantidad de jóvenes deseosos de tener paz y libertad y gozar de un mundo mejor, de los años 60s y 70s y aún de los 80s del pasado siglo, hoy en siglo XXI no existen o existen en una débil medida.

Unos pocos creadores se interesan por los problemas de algunas etnias, y pocos protestan contra la miseria de miles y la riqueza de unos cuantos. La gran mayoría de los creadores permanecen ajenos y distantes de los problemas que afectan a la sociedad mexicana.
Pero otra gran parte de la culpa -la mayor- recae sobre las conciencias de la clase política mexicana, que ha permitido que el país, hoy, esté sufriendo uno de sus peores momentos históricos.

Ahora bien, ¿qué van a hacer los escritores en el campo de las responsabilidades éticas, en las tareas sociales? No veo mucho movimiento, por lo que he observado.

Y por otro lado, he observado que hace unos ayeres ciertos intelectuales falsamente situados en la izquierda política, se fueron con toda su fuerza al lado del partido en el poder PRI y cuando otro partido triunfó, se fueron corriendo de la mano de los panistas. O sea la “pluma” vendida al mejor postor. Pero, como arriba anoto, existen también algunos que quedan al margen del presupuesto gubernamental, no viven dentro del presupuesto y por lo tanto son libres de hacer las críticas más mordaces y certeras en contra de gobernantes que lo merecen.

Y los que están dentro de la burocracia dorada se mueven lejos de la crítica que deberían de hacer a las acciones negativas que van en contra de los intereses populares, o que ellos no señalan con precisión las arbitrariedades y vejaciones y robos que sufren los pobladores primigenios de las tierras, por ejemplo. Para muchos escritores los tarahumaras, los mazahuas, los coras o los yaquis -por sólo citar unas cuántas etnias- existen nada más en las fotografías o en las citas de los historiadores. Aunque en sus discursos los diputados y en los escritos de algunos periodistas, señalan pomposamente que ellos “trabajan” y “velan” por que tengan esos indígenas una vida digna. Y de esos creadores ajenos a la realidad de un país, del nuestro, deseo conocer sus puntos de vista sobre lo que sufren los millones de obreros y amas de casa, y enterarnos de su posición humana ante los más de cuarenta mil muertos que en este sexenio se han contabilizado. Los creadores, pues, ¿van a ser capaces de ayudar en la tarea de información acerca de los males -los bienes los gozan las grandes empresas- que la globalización trae consigo? ¿O no piensan siquiera en tan “insignificantes” detalles? ¿Ha llegado a tal grado el cerco neoliberal triunfante que los intelectuales y los artistas se han cobijado, o se han puesto bajo el poder y el dinero?


II
Las preguntas siguen:

¿De qué manera los intelectuales de ayer y los intelectuales de hoy han influido en las tomas de decisiones de los políticos y gobernantes?
¿En qué medida han hecho saber a la sociedad civil los errores o las desviaciones o los excesos de los gobernantes en turno?
¿Cómo han participado los intelectuales en la creación de una conciencia nacional?

¿Cómo y en qué medida los intelectuales y los creadores han contribuido a la creación de un Estado Moderno?



III

Trataré de responder, aunque, por el tiempo de que dispongo, lo haré de una manera esquemática y breve, pero que más o menos nos puede ilustrar sobre la participación de los intelectuales y escritores y de los artistas en los procesos sociales y quizá conocer algo de cómo ha sido esa contribución crítica con sus obras, o sea, la participación en los asuntos nacionales de estos individuos mediante sus obras.

Un ejemplo de ello pueden ser los señalamientos de Juan Rulfo. Recordemos aquél pasaje del Llano en llamas en la narración de “Luvina”, cando un personaje señala, en tono ya no de queja, sino de un sufrimiento ancestral y que por lo tanto ese pesar es ya parte cotidiana de su habla, de su manera de ser, o sea, el hombre citado no carga el acento en nada:
“¡Vámonos de aquí! -les dije- no faltará modo de acomodarnos en alguna parte. El Gobierno nos ayudará…
-¿Dices que el Gobierno nos ayudará, profesor? ¿Tú conoces al Gobierno?
-Les dije que sí.
-También nosotros lo conocemos. Da esa casualidad. De lo que no sabemos nada es de la madre del Gobierno…
-Y tienen razón, ¿sabe usted? El señor ese sólo se acuerda de ellos cuando alguno de sus muchachos ha hecho alguna fechoría acá abajo. Entonces manda por él hasta Luvina y se lo matan. De hay en más no saben si existen.”

Rulfo con esta simple escena realiza una poderosa y firme crítica literaria a la mala política gubernamental. Sabido es también el discurso en el que el escritor jalisciense señaló las prepotencias de un sector del Ejército Mexicano, palabras suyas que recorrieron nuestras fronteras. Claro, fue duramente criticado por algunos comentaristas oficiosos y pagados por el gobierno.

Sí, para bien o para mal, la literatura y política presentes.

De la misma manera José Vasconcelos en sus obras literarias, en sus libros autobiográficos señaló con verbo y adjetivos incendiarios los excesos de los Caudillos de la Revolución Mexicana.

Por otra parte Vasconcelos también impulsa desde la Secretaría de Educación el movimiento muralista que con la aportación fundamental de los pintores como Diego Ribera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, le dieron un gran perfil a la cultura posrevolucionaria, fama que llenó los espacios del universo de los creadores y de la crítica.
Señalaré la campaña política de Vasconcelos (1929) para llegar a la Presidencia de la República; y ante el primer gran fraude electoral del Partido en el Poder, las andanadas de Vasconcelos se escucharon a lo largo y ancho de la República. Los mexicanos se enteraron de las sucias maniobras de Plutarco Elías Calles y de la clase política en el poder a través de la obra literaria de José Vasconcelos.

Claro: Literatura y política.

En sus libros El Proconsulado, La Flama, y otros más, está el testimonio vivo de la ira del “Maestro de América”, que hicieron palidecer de furia a los hombres que usufructuaban el producto de la Revolución de 1910. En la obra de Vasconcelos no hubo piedad alguna en apuntar con el dedo flamígero, no hubo compasión en el lenguaje, en acusar de los crímenes cometidos por los generales que disfrutaban el botín de la guerra fraticida. No guardó en el archivo sentimental ningún pasaje en donde saltaban a la luz pública los robos, los fraudes que los herederos de la lucha iniciada por los Flores Magón, cometían en las dependencias de Gobierno.

La flama:

“El coro helénico era la expresión del sentir popular ante los sucesos extraordinarios; constituía un resumen de los comentarios que podían escucharse en la plaza pública; condensaba en unas cuantas voces anónimas el sentir colectivo”.

Fue exclusivo de los griegos el ejercicio de este derecho sentimental de desahogo de las emociones nobles, ante los humildes y ante los poderosos. En las barbaries, la palabra, siempre subordinada al poder, acaba por atrofiarse. El silencio ante la iniquidad es propio de la tribu; en ella la voluntad del poderoso equivale a una decisión de la divinidad, tal como las decadencias la ley promulgada por el Estado, se convierte en norma que sustituye la justicia del corazón… Se sabe por experiencia que leyes, instituciones y gobiernos, pueden ser instrumentos del mal cuando caen en manos de malvados… A menudo la opresión es tal que sólo las mujeres y los ancianos se atreven a condenar el abuso del poderoso… El novelista moderno tiene, de esta suerte, la misión de recoger las voces dispersas de la indignación pública… La novela también, a menudo, sirve para advertir al público y prevenirlo contra la historia oficial que pagan los malvados…

La literatura y la Política presentes.

Y hago aparecer ahora a otro gran poeta AMADO NERVO

En torno a la guerra:

“Dingo el perro australiano… siente cierto desdén por su congénere de Europa, el can doméstico, y una gran simpatía por el gato. El perro es sentimental; tiene escrúpulos y no se resuelve a matar porque sí, a saborear ese placer embriagador de la sangre.

“El perro está degenerado por la civilización, como ciertos hombres piadosos de ahora. El estado natural de la humanidad es la guerra, y una vez que usted tiene sobre la cabeza un kepis o un casco puntiagudo, puede perfectamente echar al cesto de los desperdicios todos esos conceptos hueros e inútiles de ‘derecho’, ‘justicia’, ‘respeto al sexo débil’, etc., etc.

“Usted en su casa era un señor adornado de todas las virtudes domésticas. Burguesamente llegaba a la hora del almuerzo con golosinas para mamá y los chicos; se indignaba usted si Pedrito pellizcaba a su hermano menor. Les llevaba a los niños cuentos morales. Se indignaba usted si en el cine pasaban películas de detectives y criminales, porque eso sugiere malas ideas a la infancia. Pero llegó la movilización; usted era movilizable; se plantó el uniforme y fue enviado a la línea de fuego.
“Todos los aspectos legales y éticos han cambiado.

“Cuando usted y su compañero no tienen manera de tirotear al enemigo, desnudan mujeres y ríen de su sonrojo (claro que se trata de mujeres del otro bando), degüellan niños, apalean ancianos, roban cuanto encuentran a su paso, incendian las pobres casas de los labriegos, destruyen ciudades, saquean bancos, fusilan a un infeliz porque pudiera ser espía, y todo esto ante la complaciente mirada de sus jefes.
“Cuando acabe la campaña le darán a usted una medalla militar y le dispensarán honores, tornará usted a su casa rodeado de la admiración de su prójimo y volverá usted a llevar los domingos golosinas a la señora y a los niños, y a comprar historias instructivas y morales para estos últimos, cuidando de que no vean en el cine espectáculos de astucia o de violencia. ¿Y por qué ha ido usted a la guerra? Usted mismo no lo sabe a punto fijo. Una camarilla política o militar se propone despojar a tal o cual país vecino, más débil, de cierta porción de su territorio, destruir comercios, aniquilar su industria y obtener a título de indemnización algunos miles de millones de francos.

“Es un buen negocio. Para redondear se sacrificarán cien o doscientos mil hombres. Cien o doscientas mil mujeres quedarán en la miseria, muchas se prostituirán, muchas se suicidarán por haber llegado al último límite de la resistencia humana., infinitos niños morirán de raquitismo. Pero diez o doce políticos, diez o doce generales, cuatro o cinco trusts y dos o tres reyes realizarán una operación brillante. Según parece, después de la guerra habrá una total ‘revisión de valores’”.
Amado el poeta, denunciando a los políticos que fabrican guerras injustas. Admirable, ¿no? Presente en los asuntos vitales de la humanidad.

Y Amado, gozoso dice: “Es más fácil encontrar una mujer hermosa resignada a envejecer que un político resignado a retirarse”.
Pensemos en todo lo expresado por este poeta.

LITERATURA Y POLÍTICA, claro.

Y cito aquí necesariamente la obra de José Revueltas que en su conjunto, o en lo particular, según lo quiera uno observar, es una obra literaria en donde obligadamente, ante su lectura cabal y plena, se ve la toma de conciencia del autor y nos ayuda a catalogar la situación política imperante. Y lanzó dardos en contra del Tlatoani sexenal que en Palacio hacía y deshacía situaciones a su gusto y a su antojo. Revueltas es pues, un literato lúcido, cabal y honesto.

Revueltas -literatura y política de nuevo- estableció antes, en su tiempo, y creo que lo sigue haciendo, con la lectura de sus textos, una labor profunda de análisis de aspectos políticos y sociales. Es clara la sana distancia entre un hombre comprometido con su sociedad, con su pueblo, él, y el intelectual acomodado en la nómina del Gobierno.
Salto ahora en el tiempo -la literatura y la política no tienen un tiempo determinado- y señalo un libro del escritor Rafael Ramírez Heredia: Tauromaquia que fue editado por la UNAM. Contiene críticas, crónicas, reflexiones sobre este tema:

LITERATURA Y POLÍTICA.

Y lo que quiero resaltar son algunos pasajes en donde el autor nos dice “La fiesta de los toros recoge las inquietudes sociales del país.

“Ahí vemos cuando a un político le gritan o le chiflan, es un termómetro de gusto o de rechazo. Por eso hoy los políticos prefieren esconderse”.

Y con respecto a los críticos de la fiesta nos dice Ramírez Heredia que “el neoliberalismo es más asesino que cualquier toro”.

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique cuenta: “En este siglo nos hemos reído más que nada del Poder. Pensando en los grandes humoristas, Chaplin se burla de la sociedad capitalista entera. Buster Keaton hace lo mismo, y Woody Allen es una sátira estadunidense. El Súper Agente 86 de Mel Brooks, era una burla de la Guerra Fría. El humorista siempre ha estado ligado a una risa de la solemnidad y eso ha sido la constante. Porque el humor es algo que te permite recuperar la dignidad perdida, porque eres aplastado por el peso del miedo que puede ser miedo al poder económico, político, religioso y a sus bombos rituales dados en función de su perpetuación”.

Otra pregunta: ¿algunos intelectuales mexicanos habrán callado ante ese miedo?

Otra expresión de un literato: El escritor inglés John Le Carré dijo que ante la situación actual no queda más remedio que ser pesimista y aseguró que han vuelto las tensiones tan del gusto de los políticos y que tan poco sirven a los ciudadanos.

“Tengo razones para ver las cosas negras porque han reaparecido esos Padrinos que han llevado al gobierno de los Estados Unidos a George Bush y con ello se habla ya de limitar el aborto -línea por cierto, seguida aquí por los panistas- y se habla de reanudar la guerra de las Galaxias y favorecer el antagonismo y el enfrentamiento de otros países o el intervencionismo en América Latina sin que esté justificado nada más que por la lucha contra el narcotráfico”.

Ejemplo malo, aquí México, hoy con el presidente en turno que con sus acciones de fatal sometimiento es blanco de lo dicho por Le Carré.

Scherezade Zambrano Orozco escribe: “Martes 27 clausura del Foro por el presidente Fox. Por fin salimos juntos a marchar, dejamos el parque donde ininterrumpidamente fuimos vigilados, grabados, fotografiados, cercados por todo el peso de cuerpos de seguridad (PFP, agentes del Estado Mayor Presidencial, Seguridad Pública Estatal y Municipal, efectivos del Ejército y la Armada Mexicana, Helicópteros, perros adiestrados, escudos electrificados y demás) un dispositivo bélico para contener a unos manifestantes desarmados… Sobre la valla primera de policías, aparecen las macanas. ‘No corramos compañeros, arriba las manos, nosotros no somos los violentos’… Pero el tolete no distingue nada… los irracionales de las macanas descargan su furia sobre las cabezas… Sin que por ello extirpen sus ideales, la sociedad de Cancún nos apoyó, los medios de comunicación dijeron la verdad de los acontecimientos, los protestantes fuimos pacíficos… ¿Y el gobierno? ¿Y los intelectuales?”. Termina preguntándose -se nota la amargura- Scherezade.

Sí, ¿De qué forma la literatura interviene en la política? Yo creo que de muchas maneras, como lo hemos visto hasta ahora, sólo que escasean los ejemplos críticos.

Javier Esteinou Madrid en su artículo “Hacia la comunicación salvaje” señala, y esto es sintomático de lo que ocurre en nuestra sociedad: “Hay que recordar que el mercado por sí mismo no tiene ética, ni corazón, ni se preocupa por lo humano y lo social. Su objetivo es la rápida y creciente acumulación de riqueza a expensas de lo que sea. Por consiguiente, es una Ley que en la medida en que funciona automáticamente sin sólidos contrapesos planificadores puede introducir en las comunidades una relación social de comunicación salvaje. Con esta forma, observamos que la moderna subjetividad que ha producido la estructura cultural y los medios electrónicos está caracterizado, en parte, por fomentar el individualismo por sobre las relaciones solidarias.

Acentuar la competitividad por sobre el trabajo compartido.

El canibalismo salvaje por sobre la fraternidad. La marcada admiración por lo extranjero que por lo nacional. El interés por la no planificación colectiva sino por la altamente privatizada. La lucha por la libertad y felicidad aislada y no por lo grupal. El valor supremo de la “eficiencia” por sobre otras metas humanas superiores. El dinero como base del reconocimiento y la valoración social. La tecnificación extrema como sentido del éxito y no el diálogo y el acercamiento humano.

El impulsar el “culto de la juventud” por ser la etapa más productiva del individuo y el desprecio hacia los viejos por improductivos. Con la acumulación de dichas tendencias -termino la cita del artículo de Esteinou- hemos sido conducidos como sociedad a un sistema de Comunicación Salvaje que ha producido silenciosamente, frente a nuestras narices una enorme crisis cultural, ética y moral que ha colaborado a minar algunas bases fundamentales de nuestra civilización. Proceso que se ha caracterizado por privilegiar lo superfluo por sobre lo básico, el espectáculo por sobre el pensamiento profundo. La evasión de la realidad por sobre el incremento de nuestros niveles de conciencia. La incitación al consumo por sobre la participación ciudadana”.

Estos llamados a la conciencia ciudadana no son difundidos masivamente y evidentemente, los diputados y los senadores se hacen de oídos sordos, y con el grave hecho de que el pueblo mexicano no acostumbra leer, la situación de indefensión ante los embates de las fuerzas más negras se complica, y por eso observamos el decaimiento de las relaciones sociales. Presenciamos una batalla en la que el abstencionismo de la gente en los procesos electorales, por ejemplo, gana la partida la confusión y el agandalle político. Apatía y confusión en el pueblo: gobernantes felices.

Así pues, a la pregunta inicial que formulé:¿Dónde están los intelectuales mexicanos? Yo agregaría otra: ¿Dónde está el pueblo mexicano?

Porque es claro que no sólo los intelectuales y los políticos tienen la tarea fundamental. No sólo ellos tienen la obligación de estar alertas y señalar las conductas desviadas de los funcionarios públicos.

Y a propósito de desviaciones de políticos y funcionarios, un creador, René Avilés Fabila escritor y periodista que durante años y años ha tomado su pluma y como si fuera dardo venenoso la lanza certeramente y le atina siempre a los glúteos de los políticos mexicanos. Un escritor admirable, incorruptible, certero y veraz. De el transcribo algo breve, pero, creo yo, nos llevará a pensar un poco más sobre este asunto de la

Política y la Literatura:

Libro: Los juegos

Esto es tomado de “una advertencia al lector:

“La idea de LOS JUEGOS es desde luego política.

“Se trataba (se trata) de caricaturizar a los intelectuales y políticos que de una u otra manera pertenecen al sistema, que forman parte de la cultura oficial, que suponen que las transformaciones se hacen “desde dentro”, que desprecian la militancia y adoran la libertad, así, en abstracto, ignorando tal vez que es una ilusión, que designan por decreto quién vale y quién no, que cultivan una supuesta estancia al margen de la política… El hecho de que la acción transcurra dentro de una divertidísima fiesta (oh, maestro Fellini, cuánto daño ha hecho tu film entre las huestes del subdesarrollo) con estriptís, comentarios sesudos, elogios mutuos, despolitización, tiene por objeto constatar la realidad: el drama de la existencia de presos políticos, el asesinato y la represión brutales, la ignorancia y el hambre de un pueblo que supuestamente es rico y nada en petróleo, la corrupción y la podredumbre gubernamentales. Eso satiricé”. Termina diciendo René Avilés Fabila.

Y en su otro gran libro que también, como Los juegos, causó sensación y levantó críticas por todos los ámbitos:

Memorias de un comunista

En el último capítulo de este libro René Avilés Fabila apunta:

“¿En dónde quedaría Marx, en toda esta serie de grandes cambios? Yo nada más tengo una posibilidad de respuesta y es literaria. Está en mi libro Fantasías en carrusel, editado en 1978. Se trata de una parte que titulé “Reflexiones y algunos aforismos políticos”.

Es estos textos aparece una y otra vez el nombre de Marx junto con los de Borges, Stevenson, Hobbes, Swift, Darwin, Moro, Campanella y Bacon. El último, además el que cierra el libro predominantemente de literatura fantástica, dice algo que me permito transcribir (sigue diciendo Avilés Fabila): “De Platón en adelante los grandes pensadores han tratado de organizar más inteligentemente a la humanidad y sus esfuerzos han terminado en loables intentonas poco serias, en estrepitosos fracasos o en bellos textos literarios. Sin embargo, pese al desolado panorama, no todo está perdido: nos queda aún la gran utopía de Marx.”

Y en donde encontramos al René Avilés Fabila iracundo y lleno de rabia es también en sus artículos periodísticos que durante tantos años nos han llenado de ilusión y que al leerlos nos hace sentir que quizá la clase política y los intelectuales puedan enderezar el rumbo y piensen en los altos intereses de la humanidad. Es un sueño mío, claro, y de René también, porque, como dice el clásico “La vida es un sueño y los sueños, sueños son”.

Es claro que nos faltan intelectuales combativos, aunque también existe una reserva incontable en las filas populares -que, arriba lo digo, permanece quieta, tranquila-, tenemos un acervo suficiente de hombres y mujeres golpeados por el autoritarismo y por las crisis recurrentes en las que nos hunden los gobiernos neoliberales, cuyas consecuencias negativas las resienten los ciudadanos y no los dueños de la charola del dinero.

PARTE II

Conceptos tomados del libro de Michel Foucault El orden del discurso:

“En una sociedad como la nuestra son bien conocidos los procedimientos de ‘exclusión’. El más evidente, y el más familiar también, es lo ‘prohibido’. Uno sabe que no tiene derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa. Tabú del objeto, ritual de la circunstancia, derecho exclusivo o privilegiado del sujeto que habla: he ahí el juego de tres tipos de prohibición que se cruzan, se refuerzan o se compensan, formando una compleja malla que no cesa de modificarse. Resaltaré únicamente que en nuestros días, las regiones en las que la malla está más apretada, allí donde se multiplican las casillas negras, son las regiones de la sexualidad y la política; como si el discurso, lejos de ser ese elemento transparente o neutro en el que la sexualidad se desarma y la política se pacifica, fuese más bien uno de esos lugares en que se ejercen, de manera privilegiada, algunos de sus más temibles poderes.

“Por más que en apariencia el discurso sea poca cosa, las prohibiciones que recaen sobre él revelan muy pronto, rápidamente, su vinculación con el deseo y con el poder.

“Existen, evidentemente, otros muchos procedimientos de control y delimitación del discurso. Esos… se ejercen en cierta manera desde el exterior; funcionan como sistemas de exclusión; conciernen sin duda a la parte del discurso que pone en juego el poder…”

PARTE III

Para algunos eminentes y destacados teóricos marxistas el arte en general, así como también en los quehaceres periodísticos y literarios, estos no son lugares exclusivos de la actividad creadora que pudieran permanecer alejados o divorciados de los problemas inherentes a la dinámica de las sociedades modernas. Y hoy día, el quehacer político, su asimilación, su estudio, la participación personal apoyando o negando las conductas propuestas, es una tarea insoslayable, es una actividad en la cual o se sumerge uno en ella o la fuerza centrífuga lo devora a uno en su totalidad y queda el ser ausente de todo beneficio, queda el individuo ajeno a los vientos que soplan y sus opiniones, si las puede expresar, carecerán de sustento vital.

En esta aldea globalizada, en este mundo interrelacionado en todo y para todo, literatura y política, evidentemente, van unidas, viajan de la mano, estas tareas están íntimamente unidas.

Entremos un poco en la materia. Veamos lo que ha sucedió con el paso del tiempo. Observemos cómo ha cambiado la terminología relativa a estos temas de LITERATURA Y POLÍTICA: antes se decía “capitalismo”, “proletariado”, “lucha de clases”, términos que se usaran hasta -más o menos- los años 80s del pasado siglo. Hoy han caído en desuso. Pero lo interesante de esto es que podrán pasar los términos o los adjetivos, pero el fondo, el sustrato, el contenido sigue vigente, sí, porque hoy se utiliza decir “capitalismo y se le agrega feroz” y en lugar de “proletariado” la palabra mágica es “obrero” o “trabajador”, y a la “lucha de clases” se le nombra como “Comisión de los Salarios Mínimos”.

Lo vigente del contenido político/económico de la “lucha de clases”, a los grandes capitalistas no les conviene que los obreros estén enterados de su significado, les conviene que el obrero no sepa que tiene derechos fundamentales, a los Tycoon`s empresariales les produce un enojo o un malestar el que los empleados sepan que hay una clase dominante, ellos; y otra clase dominada: los trabajadores. Lucha de clases.

Me voy a referir a MAO TSE TUNG -Editorial Grijalbo.

Arte y Literatura y Prensa. 1973. “Mao dice que toda cultura, todo arte y literatura pertenecen a clases definidas y siguen lineamientos políticos definidos. En realidad no existe arte por el arte, un arte que se mantenga por encima de las clases o que corra paralelamente a la política o se mantenga independiente de ésta. El arte y la literatura se hallan subordinados a la política, pero a su vez ejercen una gran influencia sobre ella. Esto lo comprobamos día a día, todos somos conscientes del estira y afloja, de las ganancias que produce a algunos afortunados y de la desgracia que le acarrea a muchos”.

MAO abunda en estas explicaciones que cualquiera, usted o yo las entendemos y nos dice que “El punto de partida fundamental del arte y la literatura es el amor a la humanidad”. Ahora bien, el amor puede servir de punto de partida. ¿El amor es un concepto? No. Es un producto de la práctica objetiva. -Spinoza dice que el AMOR como toda otra emoción es una afección del alma y precisamente consiste en la alegría acompañada por la idea de una causa externa-.

Artistas y escritores que provienen de la intelectualidad aman a los obreros y a los trabajadores o sea el “proletariado” porque la vida social les ha hecho sentir que ellos comparten el mismo destino que el proletariado.

Odiamos al imperialismo porque los imperialistas nos oprimen -claro es que los individuos que han sido creados con películas de Rambos, que consumen BigMacs, que toman coca, que dicen yes, no piensan así-.
En este mundo no existe ni amor ni odio que no tenga causa. En cuanto al amor a la humanidad, no ha habido tal amor que lo abarque todo desde que la humanidad se dividió en clases. A todas las clases dominantes del pasado les placía defender ese amor, y muchos hombres conocidos como sabios y prudentes hicieron lo mismo; pero nadie lo practicó realmente hasta ahora, porque es impracticable en una sociedad clasista. El auténtico amor a la humanidad nacerá únicamente cuando las distinciones de clases hayan sido eliminadas en todo el mundo. Las clases han provocado la división de la sociedad en muchos contrarios, y cuando ellas hayan sido eliminadas existirá el amor a toda la humanidad, pero no antes. No podemos amar a nuestros enemigos, no podemos amar los males sociales.

Por desgracia hay literatos y políticos que no son capaces de comprender un asunto de tan claro sentido social.
En sus discursos sobre el arte, Lenin (Ibídem) establece con mucha precisión lo que hoy ya no se conoce así, de esa manera, es más, no se le conoce nada, y dice así: “El arte está unido en su desarrollo al conjunto de las relaciones sociales y es definido por las relaciones económico-materiales, por el carácter de las clases y por las contradicciones entre ellas. En verdad, en un aspecto determinado el arte se vincula directamente con la producción: en relación a sus medios y posibilidades técnicas. La creación de la imprenta, el perfeccionamiento del alumbrado, el desarrollo tecnológico de la construcción, la invención del cine, la radio, la televisión, y otras conquistas de la humanidad, consideradas como medios técnicos del arte, también influyen directamente sobre su desarrollo.

“El Arte -sigo citando a LENIN- está unido en todos sus aspectos a las interrelaciones de clases, a la lucha de clases, siempre lleva el sello de una u otra ideología de clase, y refleja la lucha de clases en la sociedad desde las posiciones de cada una de ellas. A su turno, las clases aspiran a utilizar el arte a favor de sus intereses, a convertirlo en conductor y portavoz de su ideología; por su naturaleza, el arte -y la política- no se mantiene imparcial con respecto a las clases, aunque el principio clasista no agota las características esenciales del arte.

“En su desarrollo, el arte está siempre unido a la vida del pueblo.

“Pero el pueblo no es una noción abstracta; en cada época histórica está compuesto por clases y grupos sociales determinados, condicionados por el régimen económico de la sociedad en una etapa dada de su desarrollo. Los objetivos por los cuales luchan los hombres y las mujeres, las tareas sociales planteadas ante las clases, encaradas por ellas y cuyos resultados conducen a la lucha, etc., derivan finalmente del régimen económico que conforma la estructura de la sociedad en un determinado escalón del desarrollo de las fuerzas productivas. El arte refleja la vida de su época y pertenece por completo a ella; en ese sentido es el fruto de su tiempo”.

Ahora bien, HONOR ARUNDEL Editorial Grijalbo 1967 La libertad en el arte nos hace un comentario punzante y revelador a la vez: “En Gran Bretaña vivimos en una sociedad viciada. El capitalismo ha deformado a los hombres estimulando las facetas negativas de su ser, la codicia y la lucha por la preeminencia; los idealistas se tornan cínicos, y los de sutil sensibilidad, brutales. En todos los aspectos de nuestro vivir se alientan y premian los valores espurios, desde nuestro sistema educativo para la lucha por la dominación hasta en las selvas de las altas finanzas, donde los Clore y Cotton, Courtland and I.C.I., Hugh Frease y Roy Thompson, luego de haber devorado a sus pequeños competidores se atrapan mutuamente es sus inmensas fauces. La ideología imperante en una sociedad es la de la clase rectora, y aunque entre la clase trabajadora predomina el espíritu de abnegación, solidaridad y denuedo, en cierta medida sufrió la corrupción de la alta consideración degradante del capitalismo, que hizo que dirigentes obreros abandonaran los principios del socialismo por cinco mil libras esterlinas al año y unos títulos nobiliarios.

“Tenemos también -sigo citando a ARUNDEL- una relación interminable de obras de categoría común obsesionadas con el sexo, de perversión drogadíctica, violencia y crimen, desintegración de la personalidad y descomposición de las relaciones humanas; de almas solitarias y dignas de compasión que van al garete hacia el caos”.

Y la clase política -rabiaba para sus adentros este pensador- gozando del poder que le da su curul y los ingresos mensuales y los gastos pagados y los viáticos, dinero que les hace olvidar la tarea fundamental y social para la que fueron elegidos.

Creo que con lo que aquí he expuesto, producto de otros pensadores críticos, y de la cita de partes de las obras que ustedes escucharon, podemos llevarnos una idea clara de cómo el escritor, el artista, el intelectual, el político, pueden y deben contribuir, con un alto sentido de responsabilidad en lo que significa estar y ser parte de una sociedad, a la meta que desde siempre se han trazado las y los grandes filósofos y políticos y creadores: tener un mundo mejor.