REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 07 | 2019
   

De nuestra portada

Wislawa Szymborska / Antonio Tabucchi


Raúl Hernández Viveros

Wislawa Szymborska (2 de julio de 1923-1 de febrero de 2012), Premio Nobel de literatura. Ocupó un lugar importante en las letras universales. El desgarramiento de sus versos, abrió la fascinación por comprender estudiar y conocer un poco a sus semejantes. Su carrera literaria abarca décadas de trabajo creador. En la lectura trasciende la reflexión y el conocimiento de la poesía. Desde hace muchos años, en Varsovia agradecí a mi amigo y colega Andrés Sobol-Jurczykowski su talento para trasladar a nuestro idioma una muestra poética de Wislawa Szymborska.

Ahora deseo recordar algunos fragmentos de su poema “Fin y principio” (Versión de Abel A. Murcia): “Después de cada guerra / alguien tiene que limpiar. / No se van a ordenar solas las cosas, / digo yo. / Alguien debe echar los escombros / a la cuneta / para que puedan pasar / los carros llenos de cadáveres.” Mi profunda admiración por esta autora polaca coincidió con el terrible panorama que se experimenta en México.

En días pasados, murió Antonio Tabucchi (Vecchiano, 1943-Lisboa, 2012), autor de su obra más reciente El tiempo envejece deprisa. Libro en homenaje a Nueve historias de J. D. Salinger, que de acuerdo a nuestro escritor fallecido es "el libro de cuentos más bello del siglo XX". Entre las coincidencias, acabo de terminar también un libro de nueve relatos con el título de El desviejadero.

Todo esto se vincula con mi amor por Polonia e Italia. Hace muchos años gracias a Antonio Tabucchi pude pasar una temporada en Lisboa, y posteriormente visitar la maravillosa Siena. Creo que en la actualidad nada más puedo vivir de los recuerdos. Sobre todo de las imágenes que se encuentran en las obras literarias. El mundo en la actualidad es tan pequeño, y las cosas se olvidan tan rápido que se pierde la posibilidad del deslumbramiento y la curiosidad hasta de nosotros mismos.

Los versos de Wislawa Szymborska continúan en mi pensamiento: “Aquellos que sabían / de qué iba aquí la cosa/tendrán que dejar su lugar/a los que saben poco./
Y menos que poco./E incluso prácticamente nada./En la hierba que cubra/causas y consecuencias/seguro que habrá alguien tumbado,/con una espiga entre los dientes,/mirando las nubes.” De esta manera contemplo la vida, y continúo con la enorme pasión de amar la creación literaria. A pesar de que muchas personas no sean capaces ni siquiera de vislumbrar que todavía existe el significado de la esperanza y la presencia de los valores de la vida.

Fragmentos del ser o estar para llegar a reconocer lo que ha sido, sino también lo que está ahora con nosotros los creadores y lectores. Es la celebración del tiempo vivido. Con lo que se da forma y contenido al presente. El espacio en donde el tiempo se desposa a través de lo actual con lo que fue: un retorno al origen. Con este reconocimiento se permite la travesía de captar lo fugaz de la vida en cada verso, relato o novela.

Desde lo inmediato de lo cotidiano brota la escritura de mensajes, signos y palabras que requieren la perspectiva de compartir la soledad. En el desvanecimiento del ritmo se constriñen los versos y relatos sobre la vida cotidiana. A través de la comprensión estética de los recuerdos se induce a la reflexión y al acto ceremonial que representa la literatura. Sobre todo cuando aparecen las imágenes como palabras que anticipan la acción de pensar, y replantear el significado de cada una de ellas.

Exactamente como la vírgula dibujada por nuestros antepasados los tlacuilos o la nube que sale de la boca en la pictografía china. Los sonidos de vocales y consonantes llegan antes de pensar que sucedan o se describan las cosas. El hacer es producir la escritura. O más bien la definición de la obra y del estilo en cada autor. Aristóteles definió que la poesía es lo que va a suceder y enseña a enfrentar lo universal. Representa la vinculación con lo que hacen y sufren los seres humanos.

Ilumina lo bello como esencia corporal y sensible de la permanencia de unir lo ideal con lo real. La belleza nace ante nosotros, y nos hace detenernos para su goce estético, y es cuando debemos preguntarnos sobre el instante en que se hacen vivas las palabras delante de la lectura, y entonces se descubre su verdadero placer.

Lo cual significa el valor agregado a que tienen derecho las palabras. Precisamente es el momento en que la comprensión de los significados llevan a aceptar que se debe “ampliar indeciblemente el campo de lo que se puede pensar”, como propuso Kant; porque además advirtió que en le lectura”, se pulsan los conceptos. En franca referencia al ritmo y musicalidad de las palabras que trascienden la experiencia de la vida como un acto luminoso de la poesía

Por lo cual, Wislawa Szymborska escribió: “Creo en no haber hecho nada / creo en la carrera destruida, / creo en el trabajo perdido de muchos años. / Creo en el secreto llevado a la tumba. /…estas palabras me vuelan por sobre las reglas. / No buscan apoyo en cualesquier ejemplos. / Mi fe es fuerte, ciega e infundada.” La herencia literaria de Wislawa Szymborska y Antonio Tabucchi, forma parte de la riqueza cultural de nuestro mundo, porque basaron su fortaleza en dar a luz problemas y experiencias de los valores del humanismo. Ambos definieron su proyecto rumbo hacia la búsqueda de la universalidad.