REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
11 | 07 | 2020
   

Arca de Noé

El alud criminal en Chihuahua


Martha Chapa

No hay palabras para describir tanta impunidad criminal
que sella nuestros días.

Ahora se trata del artero asesinato de Marisela
Escobedo Ortiz, cuyo crimen fue demandar castigo para el
culpable del homicidio de su hija de 16 años, rubí Marisol
Frayre Escobedo, sacrificada por quien se decía su novio, el
ahora prófugo Sergio rafael Barraza.

Y de nueva cuenta fue Chihuahua el escenario del crimen.
Marisela Escobedo cometió el pecado de hacer oír su voz
para exigir justicia. Como respuesta, ella también fue sacrificada.
pero antes de su muerte desenmascaró a los jueces que
dejaron en libertad al criminal confeso de rubí, supuestamente
por falta de pruebas, pese a las contundentes evidencias que se
ofrecieron durante el juicio. Los tres jueces que ponen en vergüenza
a todo su gremio fueron Catalina Ochoa Contreras,
Netzahualcóyotl Zúñiga Vázquez y rafael Boudid, del tribunal
Superior de Justicia de Chihuahua, quienes adujeron que no se
había logrado probar la verdadera causa de la muerte de rubí
Marisol, no obstante que el asesino confesó su crimen y hasta
indicó dónde había ocultado el cadáver de la joven.

Pero la descomposición institucional parece ir más allá y
más a fondo, con imperdonables complicidades entre las
autoridades y la delincuencia, pues sólo así se explica que la
señora Marisela Escobedo Ortiz fuera asesinada a sangre fría
frente al ¡palacio de Gobierno! de la capital chihuahuense.
todas, todos nos quedamos pasmados al ver las escenas
del crimen a través de la televisión. La indignación se desbordó
y generó una rabia generalizada contra policías, políticos y
funcionarios que por su negligencia e ineptitud tendrían que
ser indiciados o sujetos de la aplicación inmediata de la Ley
Federal de responsabilidades de los Servidores públicos.

¿Cómo es posible que Marisela Escobedo no tuviera por
lo menos una protección de las autoridades locales en un caso
tan difícil y con claras amenazas de muerte? ¿Cómo es posible
que no hubiera una patrulla o un policía de resguardo en las
propias instalaciones del gobierno de Chihuahua? ¿Cómo
podemos admitir que no se hubiera apresado al criminal en
flagrancia cuando su crimen ocurrió en dicho lugar y a plena luz del día?

Y, como ésas, hay otras muchas anomalías y deficiencias
inexplicables e injustificables.

No bastan las palabras, discursos y declaraciones, como
tampoco la destitución –tardía, por cierto– de los indignos
jueces que liberaron al criminal confeso. Es la hora de la verdad;
el momento de comprobar que quienes tienen los cargos
respondan en tiempo y forma a sus responsabilidades.
¿Dónde está Sergio Barraza, el asesino de la joven rubí
Marisol Frayre Escobedo? ¿Dónde está el asesino de Marisela
Escobedo? ¿Cuándo se apresará a los autores de estos horrendos
crímenes?

Más vale que muy pronto así ocurra. La sociedad mexicana
está ofendida, indignada y cansada, al grado de que si no
hay resultados prontos y creíbles, habrá que empezar a pedir
renuncias a todo nivel, caiga quien caiga.

Por eso, suscribo una a una las palabras de la doctora
alicia Elena pérez Duarte, quien fuera fiscal especial para la
atención a los Delitos relacionados con actos de Violencia
contra las Mujeres de la procuraduría General de la república
y que renunció a su cargo hace tres años por “vergüenza de
pertenecer al corrupto sistema de justicia de nuestro país”.

Hace unos días, la doctora pérez Duarte mandó al presidente
Felipe Calderón una carta plena de verdades, que –quizá precisamente
por eso– no se ha divulgado lo suficiente. por razones
de espacio, reproduzco sólo dos párrafos, con los que
coincido por completo:

“No puedo sino unirme a la indignación de todas las mujeres
de este país que, después de conocer la noticia del asesinato
de Marisela Escobedo Ortiz y de las agresiones que ha
sufrido estos últimos días su familia, exigen justicia; me uno a
ellas denunciando con toda la energía de que soy capaz, la
corrupción que se esconde tras cientos de palabras huecas
sobre las políticas públicas para garantizarnos, a todas las mujeres,
una vida libre de violencia, en especial, las políticas en
materia de justicia”.

“No basta que pinten de color rosa todos los transportes
públicos en todas las ciudades del país; no basta que se construyan
cientos de refugios para mujeres víctimas de violencia
[…] no basta que se propongan y construyan centros de justicia
para las mujeres, si todo esto se inserta en el mismo
esquema de justicia misógino que padecemos hoy en día y
se esconde detrás del absoluto desinterés de las autoridades
por atender el problema”.

enlachapa@prodigy.net.mx
www.marthachapa.net