REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 08 | 2019
   

Confabulario

Hacia la imperiosa búsqueda de una epifanía


Perla Schwartz

Toda la escena conspiraba con las horas.
Walter Pater Mario el epicúreo

El escenario vacío adquiere las dimensiones de una criatura espectral.

Ello, poco importa en la medida en que la escena pueda desarrollarse y conspire a manera de herejía que rasgue todos los cánones establecidos. Hay que insertarse en lo diferente, en aquello que surge en forma repentina y que no puede ser concebido a plena conciencia.

Tú prosigues dentro de la órbita de los ritos cotidianos. Careces de un objetivo preciso. Al mismo tiempo, ha surgido en ti, el deseo imperioso de construir una epifanía, un paisaje teñido por el misterio, que pueda resultar atrayente.

Y te dices: Necesitaría que llegara el Mago de Oz, para que se posesione de mi imaginación. Que su virtuosismo me apoye en poder recrear de lo más anodino, de lo más insignificante, los elementos para un festín.

Pero no es tan fácil apresar una epifanía. Antes requerirías entrar a una especie de trance, lograr una desconexión cabal de lo rutinario. Abrir los poros de tu sensibilidad, para permitir que ésta sobrevuele a una velocidad inusitada para que pueda reconquistar las visiones primigenias.

Debes de darle permiso a tu ser íntimo para que se conecte con esas texturas a ser trastocadas, además deberás de estar alerta para conspirar con la inmovilidad del tiempo.

Recuerdas a Montaigne, cuando reflexionaba: “Todos somos viento, más sabio que nosotros, ama hacer ruido y deambula y está satisfecho con sus propias funciones, sin desear la estabilidad ni la solidez, cualidades que no le son propias.” (“De la experiencia”)

Sabes que has de estar preparada para surcar por los espacios, dejándote envolver por la etérea danza del viento, fusionarte con él, pero siempre en un estado avizor.

Ascender, descubrir el epicentro de su movimiento, deambular con la certeza de visibilizarte en la tridimensionalidad de la metamorfosis: corazón, mente y espíritu han de confluir, para que tú configures tu epifanía.

Corre el río. Su caudal se hermana con la tierra. Los tenues ruidos del agua tejen una melodía que se mece en tus oídos.

Les das la razón a lo que escribía Pascal en su “Pensamiento 205: Cuando considero la pequeña duración de mi vida, absorbida en la eternidad que le precede y que le sigue, el pequeño espacio que lleno, y así el que veo, abismado en la infinita inmensidad de los espacios que ignoro y que me ignoran, me espanto y me asombro de verme aquí y no ahí…

Te permites reposar por breves momentos entre las partículas del viento. Emerge el resplandor de tu ser, misterio gozoso, casi imperceptible… Eres una presencia impetuosa con tu cráneo libre de cabello. No estás dispuesta a erosionarte.

El viento acaricia tu cabeza desnuda y te dota del poderío de una Sibila, capaz de imponerse en su circunstancia temporal. Sin acobardarte, algún día ganarás la batalla a la eternidad para proseguir. ¡Es inútil detenerse a mitad del trayecto!

Los pequeños hechizos te permiten conjurar al hastío. Seguirás a contracorriente hasta que vislumbres el arrecife de los deseos aletargados. No te frenarás, las turbulencias son pasajeras. A veces, la mejor aliada es la densidad.

En tanto, el viento te cobije crecerán tus posibilidades para insertarte en el Cosmos. Te adueñarás de las pequeñas certezas, avizorarás el tragaluz de los grandes misterios, has dejado de ser una espectadora inactiva, te dispones a actuar como Albert Beguin: La confianza puesta en el caos.

Sabes que ésa es la consigna que ha de guiar los pasos de una trashumante como tú.