REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 09 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

TRANCO I
Antes de entrar de lleno a la lectura de este Tranco del señor Bracho, todos los miembros activos de este siete veces H. Consejo Ejecutivo desean que ya se termine la vorágine mediática que han provocado las campañas de las y los señores candidatos a la Silla Grande de este nación mexica -bueno, lo que de ella le queda de mexicana- y pide que paren los promocionales que a mañana, tarde y noche, y por todos los medios disponibles: radio, televisión, prensa escrita, discursos, anuncios de los llamados espectaculares, cartulinas, banderines, entrevistas, conferencias, revistas, revistuchas, libros, libracos, cine, películas, programas de mano de la lucha, del box, del beis y de todo lo que signifique contacto con el honorable pueblo. Sí, lectora insumisa, por ejemplo y tratando de aterrizar, está uno muy a gusto en su casa escuchando un concierto de Brahms, y de repente, sin ninguna consideración a nosotros los escuchas, sin tener respeto alguno a las creaciones artísticas, sin vergüenza alguna, cortan el concierto, nos dejan turulatos y ¡Zas! nos endilgan anuncios tras anuncios de los preclaros candidatos a la presidencia y nos sueltan las consabidas promesas que cada sexenio nos hacen los susodichos candidatos. De más está decir que no cumplen, o cumplen sólo algunas partes de lo prometido. Y ya que hemos perdido el hilo de la maravilla de la música que escuchábamos embelesados, y que viene luego el coraje de escuchar a fuerza lo que hemos escuchado desde endenantes, ya que nos colmaron el plato con tantas promesas, regresan las notas del concierto, pero ya está todo perdido. Sí, ¡qué falta de respeto! ¡Qué enorme la distancia que nos separa de la libertad de expresión, de la democracia, de la vida sana, del respeto al derecho ajeno! Y claro, todo este malestar social lo causan los dueños de los partidos políticos, los mismos que han echado palas de tierra y vertido piedras a los deseos de Morelos, los que han socavado los ideales y fundamentos de la Revolución del 17. Pero ya ni llorar es bueno. El país está hecho de esa manera cínica y los mexicanos que creemos en Juárez y en Lázaro, los que no estudiamos en universidades extranjeras, los que hablamos todavía en mexicano-español, los que creemos en la bandera como símbolo patrio, los que creemos todavía en el Ejido y en la UNAM y en el Poli y en la UAM, los que pensamos que la tierra es de quien la trabaja, y que el derecho de huelga es un derecho inalienable, recibimos golpes y golpes de los que desde sus curules piensan en su salario, en sus bonos, en sus dineros y en sus fortunas… Pero, ¡basta! ¡basta!, aquí de lo que se trata en realidad no es leer lo que nos aqueja, sino enterarnos de lo que el ínclito señor Bracho nos ha preparado. ¡Perdón! Adelante:
“Charlaba yo con mi bella amiga María. Una ringlera de caballitos de tequila blanco me hacía ojitos. En el centro de la mesa, esa mi mesa que mira hacia la calle de Bucareli, esa calle en donde marchan los mexicanos que sufren los golpes bajos que los políticos les asestan y les han asestado a lo largo de varios decenios atrás -sí, desde que terminó el sexenio de Lázaro Cárdenas-. Por allí por esa calle centenaria, veo pasar a los maestros que ganan una miseria y son ninguneados por su dirigente nacional. Y veo pasar a los campesinos que no reciben ayuda para mantener sanas sus parcelas. Y veo pasar, tristes y llenos de rabia, a los obreros despedidos. Y veo pasar a los estudiantes pobres que no pueden pagar las carísimas y exclusivas universidades y tecnológicos comerciales -lugares vedados para los hijos del vecino-; estudiantes que, además del desdén oficial, reciben palos de los soldados y plomo de los judiciales y golpes de los granaderos -“pá qué nacieron probes”. Y veo pasar a las amas de casa que ya no saben de dónde sacar dinero para comprar los jitomates y pagar la renta y pagar la luz de la cínica empresa de calidad mundial CFE. Y veo pasar a los taxistas que ya no pueden con el precio de las refacciones y con los aumentos a la gasolina.
Y veo pasar a los comerciantes que han sido desplazados por las gigantescas tiendas de autoservicio. Y veo pasar a los electricistas despedidos por el presidente del empleo, sí, fue un lema de campaña -a propósito- del tal señor Calderón. Y veo pasar a los que exigen justicia ante los atropellos y asesinatos que han cometido soldados y policías. Y veo pasar a los que quieren comer algo. Y veo pasar a los que quieren un trabajo digno. Y veo pasar a los que han sido robados por los señores de cuello blanco. Y veo pasar a las víctimas de las políticas depredadoras del neoliberalismo ramplón y excluyente -claro, excluye a la gente del pueblo-. Y veo pasar a los hombres y mujeres del campo a los que se les han quitado sus tierras para entregarlas a las mineras extranjeras. Ante tal dolor y antes de que el llanto me gane, antes que me gane la ira, antes que la panza se me revuelva, antes de que explote en ajos e hijos, me zampo uno a uno mis democráticos y callados tequilines. Antes de que se me ocurra una barbaridad: como ir a Palacio y tirarle un aguacate podrido a quien nos mal dirige, antes que yo me atreva a “agarrar” mi liga y de parque tome una cáscara de naranja y antes que vaya con esta “poderosa arma” y les sorraje un ligazo en las nalgas a los senadores y a los diputados, antes que tales desfiguros me asalten, tomo unas tortillas de maíz morado y del molcajete le pongo una rajas de queso Cotija, les unto unos frijoles negros refritos y con unos chilitos toreados le entro con singular alegría al placer inicuo de comer algo de los antiguos mexicas. Y antes de que usted, lectora no pripanista me regañe por esta indolente actitud, yo le digo, con humildad juarista, que “las penas con comida son menos”. ¿No es cierto? Y bien, ya comido, ya tomado, ya consciente de los males que nos aquejan, espero a que den las doce de la noche, luego que el reloj termina su cuenta nocturna, tomo a María del brazo y salgo con ella y nos vamos por la calle, contemplando lo negro del horizonte y abrazándonos con fuerza para sentir las emanaciones y las efluvios y las flechas que el tal Cupido nos avienta. Y así al llegar el otro día, y sabedor de los males que los políticos nos causan, sabedor de las trampas electorales, de los dados cargados que gravitan en el ambiente, sabedor de que quien manda en este país son los dueños de la charola del dinero, sabedor de que para mantener ese estado de cosas: la clase dominante haciendo y deshaciendo, y la clase dominada soportando -está el ejército, los jueces, las policías y los políticos para acallar cualquier grito de libertad-, soportando, digo, toda clase de privaciones… En fin… Vale. Salud. Abur.

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