REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 08 | 2019
   

Arca de Noé

La cuestión de los indocumentados mexicanos


Luis David Pérez Rosas

El flujo de inmigrantes ilegales mexicanos, al país del norte, es un hecho social que siempre ha existido, sólo que ahora a mayor escala. Los modos de ingresar ilegítimamente son cada vez más diversos. Es decir, además de las formas más conocidas, como cruzar el río, el desierto, u ocultarse dentro de un vehículo al transitar por las oficinas de migración, también existen otras, por ejemplo: la vía aérea, en la que el previo acuerdo mutuo y secreto (corrupto) entre las autoridades respectivas facilita el traslado de indocumentados, o cuando se posee un perfecto dominio del idioma inglés, en algunas ocasiones, al caminar por los departamentos migratorios, para solicitar el acceso al otro país, sólo basta presentarse y decir “american citizen” a la autoridad correspondiente y, dependiendo de la pronunciación principalmente, el convencimiento será psicológico.

El gobierno de E.U. no está de acuerdo con lo anterior, por ello instrumenta restricciones y se muestra indolente ante los sucesos deshumanizantes de racistas estadunidenses. Al parecer, las acciones xenofóbicas de los hermanos Barnet, y sus seguidores, representan un movimiento social aislado, o sea, que actúa por su propia cuenta. Sin embargo, caben las siguientes sospechas: ¿por qué hasta ahora se presentan estos acontecimientos con un carácter acentuadamente discriminatorio y criminal, como la caza de ilegales? ¿Por qué el repudio a todo aquél que tenga aspecto de mexicano? ¿Por qué las autoridades no actúan con firmeza para detener éstas agresiones? La duda nos hace pensar que es un movimiento auspiciado por el régimen de la Unión Americana. Con estas medidas, entre otras, el vecino del norte cree que disminuirá significativamente el ingreso de ilegales principalmente mexicanos a su país.

Pero, tales acciones son guiadas con base en criterios ilusorios, pueriles, inútiles. La experiencia histórica demuestra que si las condiciones socioeconómicas en México, como el desempleo, subempleo, devaluaciones, alza de precios, y demás crisis, no mejoran sustantivamente, entonces, el flujo de indocumentados seguirá siendo constante y progresivo. Por otro lado, si reflexionamos con mayor amplitud, detrás de las restricciones que impone el gobierno de Estados Unidos, la sociedad estadunidense oculta un profundo miedo, inseguridad, a perder el poder social, ya que el crecimiento de la población mexicana y latinoamericana, que habita principalmente los estados fronterizos de esa nación, amenaza con expandirse rápidamente.

Tres son los argumentos más conocidos que el gobierno y gran parte de la sociedad estadunidense exponen con el fin de disminuir y prohibir definitivamente el acceso de braceros a su país. En primer lugar, expresan que el trabajador indocumentado causa un “abaratamiento de la economía”. Es decir, que el “mojado”, dada su situación de ilegalidad, se ve condicionado a aceptar labores, principalmente de “mano de obra”, mismas que le son remuneradas por debajo del salario establecido. Así también, el hecho de que el “patrón” efectúe pagos en cantidades menores al sueldo base, según la localidad y el tipo de empleo, al trabajador ilegal, origina un desplazamiento de la “mano de obra” de los ciudadanos norteamericanos. Lo cual conduce al desempleo. Ello genera un desequilibrio en la estructura económica.

Como segundo punto, manifiestan que la Constitución que rige a E.U. hace obligatoria la estancia legal de toda persona en el país, sea ciudadana o extranjera. Cada sujeto deberá cumplir con derechos y obligaciones con base en las leyes respectivas. Y, el “mojado” no satisface los requisitos para justificar su estadía legal, como: realizar el pago de impuestos, poseer la I.D., el Social Security, entre otras, que son identificaciones necesarias para laborar sin infringir la ley.

Y en un tercer momento, señalan que los inmigrantes son individuos socialmente desordenados, que no comparten las normas y la educación cívica de los estadunidenses. Por ejemplo: al estacionar sus vehículos en lugares impropios, tirar basura, cruzar indebidamente la calle, etc. Algunos son prófugos de la justicia en México. Además, dadas las agresiones físicas y sociales, es evidente el desprecio racial hacia los mexicanos.

Sin embargo, ante tales juicios, es prudente reflexionar con mayor profundidad, y así comprender claramente el fenómeno social: la cuestión de los indocumentados mexicanos.

Respecto al primero, parece ser que el único culpable del “abaratamiento de la economía” es el indocumentado, pero no es así. El “patrón” estadunidense, al contratar y remunerar por debajo del salario fijado según la ley, está siendo cómplice y, además, obtiene mayores beneficios lucrativos. Generalmente, el trabajador ilegal participa en actividades productivas, como la recolección de frutos en el campo, lavar platos, cargar objetos, intendencia, etc., las cuales, dado el riesgo físico que implican y el bajo status que representan, son, en la mayoría de los casos, desdeñadas por los ciudadanos norteamericanos. Tan es así que los jornaleros ilegales sostienen gran parte de la economía de los estados fronterizos principalmente; si no fuera por ellos, casi no habría quienes realizaran tales labores. Incluso, en la actualidad, existen cosechas que se han perdido debido a la falta de “mano de obra” para ello. Por lo tanto, honestamente, el trabajador ilegal mexicano es necesario en la Unión Americana.

En cuanto al segundo, cabe reconocer que ellos tienen la razón en términos constitucionales; todo habitante de un país debe ser registrado en éste. Aunque, a decir verdad, la ilegalidad o corrupción no es sólo responsabilidad de los inmigrantes, sino también de ciertos grupos de estadunidenses que venden ilícitamente identificaciones falsas (I.D., Social Security, tarjetas de residencia) para que los inmigrantes puedan incorporarse, sin infringir la ley supuestamente, a la vida productiva del país, lo que a final de cuentas sucede. Grandes mayorías obtienen la estancia legal tras haber vivido un determinado número de años en la nación, y cubrir otros requisitos, aunque su ingreso haya sido ilegítimo, según las leyes de amnistía que se han publicado. Al mismo tiempo que un ser al haber nacido en territorio norteamericano, sea cual fuere su descendencia racial, inmediatamente adquiere la nacionalidad. Existen generaciones de mexicanos en dichas situaciones.

Ahora bien, respecto a los requisitos laborales, existen ciertos intelectuales que proponen la realización de un convenio internacional entre ambos países, en el que se implemente un plan temporal de trabajo, similar al de la década de los 40´s, cuyo propósito sea que los braceros mexicanos, eventualmente, puedan ingresar a E.U. y vender su “mano de obra” lícitamente. Pero, la alternativa es un tanto ingenua. Cabe recordar que hace 60 años las condiciones socioeconómicas eran distintas a las de hoy; era vigente la segunda guerra mundial, gran parte de la sociedad norteamericana, civil y varonil, debía abandonar sus hogares y actividades laborales (por eso era necesaria la mano de obra de los braceros) para conformar los batallones, el ejército, y así ir a la guerra. En la actualidad no existe este tipo de problemas. Lo que sucede es un alto crecimiento demográfico y una fuerte crisis económica en México, lo cual orilla a los sujetos, principalmente pertenecientes a un status social bajo, a emigrar a la otra nación para lograr una mejor calidad de vida.

Si la propuesta se implementara, sería necesario hacer presente la legalidad. El gobierno mexicano tendría la obligación jurídica, ante el otro país, de solicitar a los aspirantes a braceros una identificación, mínimamente. En los hechos, gran parte de los inmigrantes no posee la credencial de elector, el certificado de primaria, la cartilla, y comúnmente, ni siquiera el acta de nacimiento, debido a su situación de pobreza extrema. Lo cual obstaculizaría definitivamente su trámite. Y, si pensamos el perfil de los ciudadanos que satisfagan tales requisitos, llegaríamos a la conclusión de que la mayoría de ellos pertenecerían a un status no tan bajo como aquellos, sino tendiente al medio. Entonces, no se beneficiaría al sector poblacional con mayor necesidad económica. Y el flujo de inmigrantes seguiría en constante crecimiento.

Y en contraste con el tercero, lo que se puede asumir es que la educación cívica de los mexicanos no ha rendido los frutos que se espera; ya vemos que ni en nuestro país la demostramos. Refiriéndonos a los delincuentes, estos existen en todos los lugares del mundo, lo cual no es un problema propiamente de migración sino judicial a nivel de cada nación. Sin embargo, cabe enfatizar que las relaciones sociales entre la colectividad estadunidense se tornan cada vez más decadentes; basta consultar sus altos índices de criminalidad, prostitución, drogadicción, narcotráfico, alcoholismo, infidelidades conyugales, etc., para constatarlo. Ello es mayormente despreciable que los pésimos modales y hábitos de los indocumentados.

Por otro lado, el racismo con que se trata a los mexicanos es impulsado por la supuesta superioridad de la raza blanca. Lo cual resulta ser una concepción bastante superficial de lo que es el hombre. Pues, la grandeza de un ser comprende su calidad humana, humildad, sentimientos, valores, pensamientos, y la raza nada tiene que ver en ello. El racismo es una ideología degradante para quien la practica, ya que atenta contra la dignidad suya y la de los demás. Todos los individuos, en cuanto humanos, son iguales de acuerdo con los Derechos Humanos Universales. Además, si reflexionamos con profundidad, podemos decir que toda aquella pretensión de descalificar y despreciar, con base en criterios irracionales (raciales), a quienes son considerados como adversarios, denota desesperación, miedo. En este caso, las acciones xenofóbicas de los norteamericanos lo único que demuestran es un gran temor a ceder el control y el poder social a la población mexicana y latinoamericana que habita allí, la cual crece y se expande a ritmos acelerados. Al parecer, estamos recuperando el territorio que en tiempos de Santa Anna fue nuestro…

Por último, hemos demostrado que la “mano de obra” del trabajador mexicano es necesaria para contribuir al crecimiento de la estructura económica principalmente de los estados fronterizos, en la Unión Americana. El gobierno de dicho país deberá detener todo tipo de actitudes xenofóbicas y otorgar un tratamiento flexible a la circunstancia legal de los inmigrantes, si desea salvaguardar la salud física de los ciudadanos estadunidenses. Pues, dada la efervescencia de la situación actual, es probable que surjan grupos de activistas mexicanos. En el ámbito de las normas de urbanidad, una alternativa viable es la implementación de diversos programas pedagógicos, en los que se enseñe educación cívica a los inmigrantes, y así lograr una convivencia armónica. El racismo, a pesar de ser un problema histórico-cultural, es posible eliminarlo mediante una firme convicción social, en la que se asuman valores morales como la solidaridad, la igualdad, la libertad, el respeto. De lo contrario, los mexicanos podríamos coordinarnos para emprender acciones proteccionistas, que consistan en no comprar ni consumir cualquier servicio o producto elaborado en Estados Unidos, lo cual resultaría en gran medida contraproducente para el sistema económico de dicho país.

luisdavidper@yahoo.com.mx