REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
26 | 05 | 2019
   

Artes Visuales

Chillán


Roberto Bravo

En las ciudades chilenas se respira un aire antiguo, el tiempo trasmina descuido, sus edificios, aunque no lo sean tanto, tienen ese dejo de que el siglo ha pasado por ellos dejando su huella. Chillán no es la excepción. Destruida más de cuatro veces por terremotos, sobrevive junto a Chillan Viejo, con ese tono de ciudad en la que uno vivió en la niñez, y que vio pasar desde que uno se marchó de ella, sus mejores años. Tranquila, apacible; los árboles de sus parques y aceras hacen una sombra olvidada y recobrada en su quietud.

En Chillán nació Nicanor Parra (el más importante poeta que ha dado Chile), Bernardo O´Higgins (quien hizo posible la independencia del país), Violeta Parra (aunque la comunidad de San Carlos, cercana a Chillán, le disputa su nacimiento), Ramón Vinay (conocedores de la ópera como Eduardo Lizalde, lo reconocen como el mejor Otelo verdiano de todos los tiempos. Vinay, murió en Puebla, México.) Claudio Arrau, un pianista cuyas interpretaciones quedarán para siempre. En Chillán vivió sus últimos dieciséis años el poeta Gonzalo Rojas, y recaló sus huesos el coronelazo David Alfaro Siqueiros, de 1940 a 1944, después de su participación en el complot que dio fin a Trosky.

En 1939, uno de los terremotos que han devastado la ciudad, la destruyó otra vez causándole, más-menos, diez mil muertos. El gobierno de México, su presidente Lázaro Cárdenas, donó la Escuela México, en solidaridad con el pueblo de Chillán, por su desgracia. Pablo Neruda, medió para que Siqueiros y Javier Guerrero fueran invitados a pintar: Guerrero los murales del primer piso, y Siqueiros los de la biblioteca en el segundo piso.
La escuela fue construida con los principios que habían hecho al proyecto pedagógico mexicano, el modelo más avanzado de la educación en latinoamérica: Una educación para el trabajo y los hijos de los trabajadores, que respetaba la cultura de las comunidades, nacionalista, que favorecía la producción agrícola, rural, y el desarrollo de la técnica. Grande y fuerte, la Escuela México, se yergue toda una cuadra frente a un parque arbolado.

Uno de los orgullos de la ciudad, el más pregonado, es la Casa Museo Claudio Arrau. Una residencia de dos plantas donde vivió el pianista con sus padres. La Casa, un ejemplo de la arquitectura de los cincuenta, estaba cerrada cuando fui, contiene su menaje e instrumentos musicales del niño Claudio y su mamá que también tocaba el piano (a la muerte de su esposo, ser maestra de piano le dio para vivir). Junto a la casa-museo, construyeron un pegote elevado y cuadrado, que además de romper con la armonía del conjunto está pintado de un color indescifrable para mi (probablemente gris), que dieron a la casa también. Arrau salió desde niño de Chillán a Europa, volvió dos o tres años cuando joven, se volvió a ir; regresó a recibir homenajes y difunto. Sus restos están en el cementerio. Aunque murió en Austria en 1991, había fijado su residencia en Nueva York desde 1941, ciudad a la que amaba.

En la librería de la calle comercial más importante pedí un libro de Nicanor Parra.

- ¿Nicanor Parra?
- No tenemos nada de Nicanor Parra.
Pregunté por la casa donde vivió Violeta Parra, oriunda para unos de allí.
- Violeta no era de aquí, sino de un poblado cercano. De ella y su familia, no hay casa. Ya sabe usted como son los artistas, todo lo que ganan se lo gastan en fiestas y que se yo, nunca tienen nada.

En las artes plásticas, el periodo del nacionalismo y el prehispánico en México, han sido los más fecundos e importantes de su historia. En el siglo pasado surgió el Muralismo como movimiento pictórico que, en voz de Siqueiros, fue un aporte al mundo del arte a quien proporcionaron una técnica contemporánea producto de sus investigaciones en la química, física, y la óptica. La fuerza que tuvo esta nueva propuesta de hacer arte atrajo artistas de otras partes: Carlos Mérida de Guatemala, Jean Charlot de Francia y Pablo O´Higgins de Estados Unidos. Y aunque Siqueiros pensaba que en el mundo, el futuro pertenecía al Muralismo, sus principales exponentes incluyendo al propio David Alfaro, ahora lo vemos, es en la pintura de caballete donde lograron expresarse mejor, dejándonos una cantidad de obra insuperable por ninguno de sus muros. Orozco, Siqueiros, Rivera, en ese orden, son en las artes plásticas, el aporte más importante de México a la cultura internacional. Los tres fueron invitados a otros países, principalmente a Estados Unidos a dejar constancia de su genio.

En febrero del 2010, Chillán y Chile vivieron un terremoto más que dejó su estela demoledora. Los murales de la Escuela México sufrieron daños. Los de Siqueiros tienen cuarteaduras, pero los de la planta baja que fueron pintados al fresco por Javier Guerrero, quedaron casi destruidos.

El mural de Siqueiros en la segunda planta de la Escuela México, no es lo mejor del artista, aunque tiene la fuerza de su obra, es pesado, ingenuo, y complaciente en su significado. Aunque sabemos que el destino de esta pintura es que la clase trabajadora conozca sus símbolos y su historia, en la Escuela México, Siqueiros, es recargado e inocente. En el Muralismo mexicano, Siqueiros es al expresionismo lo que Diego Rivera es a la ilustración.

Apenas en 2008, los murales habían sido sometidos a un proceso de restauración por un equipo donde se encontraba el maestro Renato Robert Paperetti del INBA, quien ahora está en Chillán, otra vez con el mismo encargo: Salvar la obra de dos artistas mexicanos. A él y su asistente, les espera un trabajo arduo que durará no pocos meses.

Salí de la Escuela México bajo un sol quemante que contrastaba con la brisa fresca ¿del mar? ¿de los Andes? Me esperaba la superficie plana de la llanura ¿qué tanto tiempo más soportaría el valle la presión de la profundidad y fuerza del océano, contra el peso de la cordillera antes de que la tierra volviera a quejarse.

Me alejé susurrando versos de su poeta:

…Observad estas manos
y estas mejillas blancas de cadáver,
estos escasos pelos que me quedan.
¡Estas negras arrugas infernales!
Sin embargo yo fui tal como ustedes,
joven, lleno de bellos ideales,
soñé fundiendo el cobre
y limando las caras del diamante:
aquí me tienen hoy
detrás de este mesón inconfortable
embrutecido por el sonsonete
de las quinientas horas semanales.

Fragmento de “Autorretrato” de Nicanor Parra