REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
08 | 12 | 2019
   

Letras, libros y revistas

El affaire Alatriste


La Rana Roja

Tomado de la Revista Digital La Rana Roja
El Club de los Gandallas

La Rana Roja alertó sobre el gandalla Sealtiel Alatriste en su número 66 (Febrero-20-2009), pero no levantó ámpula. Acaso nadie le creyó, pero el tiempo se acaba de encargar de confirmar lo dicho antes. Transcribimos el artículo completo de aquel entonces:

Como es bien sabido, el periódico “El Universal” que antaño tuvo una sección cultural diaria no carente de méritos, prescindió el año pasado del suplemento cultural, la pérdida no fue tan grave porque la dirigía Héctor de Maugatito, cuya probada ineptitud hizo que nadie extrañara la ausencia de esa publicación. Luego prescindió de su sección cultural que en los últimos cinco años dirigía María Elena Matadamas. Después redujo su página editorial haciendo que los colaboradores de ella entregaran una cuartilla; esta sección está fatal, no tanto como la llamada ahora en ese periódico “sección cultural” que entre la publicidad publica dos o tres artículos de escaso interés. En conclusión: este periódico hace agua.

A veces se desliza por ahí algún artículo interesante, como el aparecido el 20 de enero y que se titula “Los casos más sonados” a propósito del escándalo porque el peruano A. Bryce Echenique tuvo a bien plagiar un sinnúmero de artículos (y cobrar por ello, desde luego) entre los cuales se documentan 16. La multa que le impusieron en su país es muy respetable, pero ABE se defenderá, sin duda alguna, interpondrá un amparo (quién sabe como se llame ese recurso en Perú) y está por verse si la paga o no.

El artículo cita los casos de dos premios Nobel acusados en su momento de plagio: el Gabo y Camilo José Cela. El Gabo porque atentó contra la paternidad intelectual de un japonés y Cela contra una paisana. Dejemos al Gabo en paz, respecto a Cela, también se le acusó de haber ganado un gran permio español antes de que el jurado leyera el resto de las obras concursantes. Esto es, con la complicidad de la editorial convocante. La noticia causó revuelo en España, aquí no pasó de una nota de redacción perdida entre muchas otras de diversa índole.

Luego, la autora de la nota Yanet Aguilar, exhuma otro caso sonado: la del escritor mexicano Teófilo Huerta quien aseguró que Sealtiel Alatriste, entonces gerente de Alfaguara-México, le entregó un cuento suyo a Saramago y éste se lo fusiló impunemente. No es la primera vez que Alatriste se ve inmiscuido en un asunto turbio: recuérdese que alguna vez inventó un concurso literario internacional en unión del escritor uruguayo Daniel Chavarría y de Paconaco Ataibo II quedando en que, los tres primeros años ellos ganarían los primeros lugares. Lugar del trastupije: La Habana, no el café, sino la capital de la Isla Bella. Lugar del atraco, México. Así que, andando Alatriste en el ajo, no sería de extrañar que Saramago se convirtiera en Chafamago. Por supuesto, el pleito lo ganó el Nobel. No olvidar que estamos en México.

Otro caso similar, nos cuenta Yanet, es el de Víctor Celorio quien acusó a ¿adivinen quién? ¡A Alatriste!, de haberle enviado a Carlos Fuentes su original en poder del concurso internacional Alfaguara, que fue plagiado por el Dandy Guerrillero en su novela Diana o la cazadora solitaria en la que el autor saqueado halló 110 ”coincidencias” textuales amén del diseño de muchos personajes de su novela El unicornio azul.

Desde luego, no fue la primera vez que Fuentes ha sido acusado de plagio, aunque nunca había llegado a los tribunales. Recuérdese que, para empezar, las “coincidencias” entre La Región más transparente y Manhattan transfer de J. Dos Passos, son tan acusadas, que se dijo hace mucho que el mejor traductor de Dos Passos era el Dandy Guerrillero. Y por ahí anda con W. Faulkner y, en Aura y Los Papeles de Aspern de H. James el caso es evidente. De unos diez años para acá y para no caer en lo mismo, Fuentes plagia a Fuentes. ¡Y lo hace muy bien!
Obviamente, estamos en México, el pleito lo ganó el Dandy Guerrillero.


Resumen en la revista “Proceso” del affaire Alatriste:

Mtro. Sealtiel Alatriste, ex director de Difusión Cultural de la UNAM, gandalla de profesión.
Por Roberto Ponce para Proceso
31 de enero de 2012
Reportaje Especial
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Creado en 1955 y entregado a Juan Rulfo por su novela Pedro Páramo, el Premio Xavier Villaurrutia ha sido suspendido, declarado desierto, a menudo compartido, como el de este año en que acaban de obtenerlo Sealtiel Alatriste y Felipe Garrido. Pero no había sido objeto de una crítica feroz como la que, gracias a que comenzó en twitter (el de la revista Letras Libres), y a que fue lanzada por dos escritores de renombre (Gabriel Zaid y Guillermo Sheridan), alcanzó una difusión rápida y furiosa en las redes sociales.
Severas críticas cayeron contra el literato Sealtiel Alatriste tras su asignación, el lunes 23 de enero, como ganador del Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2012, compartido con Felipe Garrido, a partir de los textos en el sitio internet de la revista Letras Libres firmados por Gabriel Zaid y Guillermo Sheridan.

Zaid, aparte de calificar a Alatriste de “mediocre”, impugnó a la UNAM, de la cual éste es coordinador de Difusión Cultural, por haber “colonizado” el galardón, sin mencionar que uno de los miembros del jurado junto con Ernesto de la Peña y Silvia Molina es Ignacio Solares, director de la Revista de la Universidad de México, en cuyo directorio el premiado aparece como integrante del consejo editorial.

Celebración del plagio , Jesús Silva Herzog Márques
Posted: 06 Feb 2012 05:22 AM PST

Podría pensarse que se trata de un pleito entre capillas intelectuales, un nuevo capítulo en la abultada historia de las rivalidades entre escritores. Antipatías literarias que se hacen públicas, contrastando estilos, lenguajes, tradiciones. No escribo para tomar parte en ese litigio. El debate podrá ser atractivo e importante para la salud de la cultura mexicana pero mi tema es otro. Más allá de la sana exigencia de calidad y de la inagotable controversia que desata, hay un asunto que escapa al dominio de las revistas literarias. Me refiero a la exigencia básica en cualquier trabajo intelectual, al compromiso forzoso de quien escribe y firma un texto con su nombre. No pienso hablar del talento literario de un escritor. Me interesa hablar del fraude cometido por un servidor público y de la indiferencia de la opinión pública ante el plagio. Me interesa hablar de un abuso gravísimo que es trivializado por los medios y del respaldo, el cobijo y la protección que encuentra en una de las instituciones vitales de la cultura mexicana.

Hace unas semanas se concedió el premio Xavier Villaurrutia a Sealtiel Alatriste. En su bitácora de Letras libres, Gabriel Zaid consideró la decisión del jurado como una desgracia literaria explicable solamente por la colonización política de un premio. Guillermo Sheridan también se indignó por la decisión pero no se detuvo a considerar el talento del galardonado: recordó que el premiado tiene la costumbre de firmar, como si fueran suyos, textos ajenos. Sheridan no ha encontrado uno, sino varios plagios de Alatriste. Quien quiera confirmar los robos puede consultar la página de Sheridan en la misma revista. Párrafos enteros copiados con apenas un par de intervenciones que en nada significativo alteran el texto original. La creatividad literaria del premiado se sirve en buena medida de dos teclas de la computadora: la que corta y la que pega.

Sheridan sintetiza bien la tristeza por la ofensa cultural que significa el premio: “Es una pena que un escritor engañe: las letras y la inteligencia mexicanas configuraban un espacio de honestidad en un país proclive a la mentira… Ya no.” Insisto: puede discutirse el mérito de un escritor pero, ¿es irrelevante la indecencia de un plagio? ¿Cuál es el mensaje que el jurado envía al trivializar un fraude tan abominable como ése? Lamentable, en efecto, que un premio que recibieron Juan Rulfo, José Revueltas, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, Salvador Elizondo, Gabriel Zaid y Elena Garro, se otorgue ahora a escritor que calca Wikipedia sin tener la decencia de informarle a su lector cuál es la fuente de su erudición.

El escándalo no termina en la medalla. Alatriste es un funcionario de la Universidad Nacional: el responsable, irónicamente, de la difusión cultural. Curiosa noción de la extensión de la cultura la que defiende el rector Narro al colocar al frente de tan importante función a un hombre que difunde letras ajenas haciéndolas pasar como si fueran propias. El rector de la Universidad Nacional no puede simular que ignora los plagios de su cercano colaborador. Hace años que el escándalo se hizo público y en nada alteró el respaldo de Narro. El rector de la Universidad Nacional sabe que Alatriste ha engañado repetidamente a sus lectores pero lo mantiene en su puesto. Elocuente pedagogía de inmoralidad desde la oficina misma de la rectoría. Impunidad y trofeos al plagio en la Universidad Nacional, si quien lo comete tiene la bendición del Jefe Nato. El mensaje que el rector envía a los estudiantes, a los investigadores, a los profesores es atroz: podrán cazar un trabajo en internet y presentarlo como propio y no pasa nada; podrán copiar una tesis y no pasa nada; podrán falsificar los datos de su investigación y no pasa nada. Lo que importa es tener conexiones políticas, vínculos con grupos de poder, protectores. El rector exculpa, protege y premia a quien comete la peor infracción imaginable en una comunidad de cultura. Más allá de sus sermones, con sus actos demuestra la dimensión de su compromiso ético.

Hace algunos años, un secretario de estado (Fausto Falsati) perdió su puesto al hacerse público que había mentido al inventarse un doctorado. Los medios denunciaron el engaño, el presidente reaccionó con severidad y prontitud. Ahora que conocemos el plagio de un alto funcionario universitario, poco pasa. Lo denuncian unos cuantos y son tildados por cierta prensa como ¡enemigos de la UNAM! El plagio se trivializa entre nosotros como si fuera una distracción irrelevante, un estornudo intrascendente, cuando es el atentado más grave al solemne pacto de confianza entre quien escribe y quien lee. Un rector que da clases de moral a la nación imparte, con sus nombramientos, lecciones de cinismo. Plagien, nos aconseja. En este país nadie se da cuenta. En este país a nadie le importa, y si a alguien le importara, a mí no.

Ahora, vamos a conocer lo que dijo el sheriff de Falfurrias, Tex., Bill Sheridan:
Es una pena, pero es congruente con el nivel de gesticulación a la mexicana, que se le haya otorgado el “Premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores” al Sr. Sealtiel Alatriste.
Alguna vez, en este blog se comprobaron tres plagios diferentes del premiado en su columna del Reforma.

Pero hay muchos más. Una lectora del blog envía la radical expropiación que realiza Alatriste de un artículo del poeta español Javier Villán sobre Camilo José Cela.

Escribe Villán en el periódico El Mundo de España en 2002:
Entronque de raíces galaicas por vía paterna e inglesas por la sangre de la madre, mantuvo siempre, en su apariencia e imagen, cierta lejanía natural y displicente enrocada en una rotundidad apasionada. Prisionero de una imagen pública, esos perfiles rocosos se diluían en una humanidad menos contundente, en una sentimentalidad compasiva con las miserias del ser humano y relativista de sus grandezas y contradicciones. Sus escritos tienen esa savia y riqueza de carácter de alguien acostumbrado a lidiar los marrajos que la vida echa al ruedo. El símil taurino no es caprichoso. Camilo José Cela veía en el arte de lidiar toros un espejo de la vida española. Pruebas abundantes de ello hay en sus libros. Fue aprendiz de torero y, de no ser por el carácter subalterno y vicario del peonaje, puede que, como a Manuel Machado, le hubiera gustado ser un buen banderillero.

Y cinco años más retoca Alatriste en la revista insignia de la UNAM, la Revista de la Universidad de México:
…con raíces galaicas por vía paterna e inglesas por la madre. Aunque mantuvo siempre cierta lejanía natural y displicente, enrocada en una rotundidad apasionada, fue prisionero de la imagen pública de peleonero que se forjó, contradictoriamente, a placer. Esos perfiles rocosos que se deleitaba en exhibir, se diluían en una sentimentalidad compasiva con las miserias de los hombres que lo rodeaban. Sus novelas tienen esa savia y riqueza de carácter de alguien acostumbrado a lidiar los marrajos que la vida echa al ruedo. El símil taurino no es caprichoso. Camilo José Cela veía en el arte de lidiar toros un espejo de la vida española. Pruebas abundantes de ello hay en sus libros. Fue aprendiz de torero y, de no ser por el carácter subalterno y vicario del personaje, puede que, como a Manuel Machado, le hubiera gustado ser un buen banderillero.

El resto del artículo es igual, pespunteado por interferencias con las que el plagiario procura convencerse de que el texto es suyo. No dudo que lo consiga.

Una de esas interferencias, por cierto, narra la forma en que Alatriste, cautivado por una señorita, decide seducirla. La estrategia para conseguirlo, en sus propias palabras, es la siguiente:

Yo le mentí, le dije que era escritor… Tenía ansias de literatura y la vida se me confundía con las ganas de escribir.
Es una pena que confundir la vida con las ganas de escribir termine por ser una confusión entre las ganas de escribir y firmar lo que escriben otros.

También es una pena para las instituciones otorgantes (la Sociedad Alfonsina Internacional, el CONACULTA, el INBA) y para un premio que recibieron Rulfo y Paz, Revueltas y Garro, Elizondo y Zaid, Arredondo y Pacheco…

Es una pena que un escritor engañe: las letras y la inteligencia mexicanas configuraban un espacio de honestidad en un país proclive a la mentira...

Ya no.

Ya con esto acabó el enojoso asunto de los plagios de Sealtiel Alatriste que se han relatado y probado en este blog:
1) “Un beso en una Alcarria soñada”, Revista de la UNAM. Plagia “Palabra de Nobel: Camilo José Cela” del escritor español Javier Villán.
2) “Su propia destrucción”, Revista de la UNAM. Plagia “Oscar Wilde”, sin firma, en la Red Escolar Ilce.
3) “Morir mil veces”, Revista de la UNAM. Plagia la entrada “Fiódor Dostoievski” en wikipedia.
4) “Breve crónica alrededor de la ginebra”, Revista de la UNAM. Plagia “Bebida clásica si la hay” en taringa.net.
5)“Melancolía a cuestas”, Revista de la UNAM. Plagia la entrada “John Lennon” de buenastareas.com
6) “Días de menos”, Reforma. Plagia “2006 años bajo el sol” del español Jesús Sánchez Adalid.
7) “Mahasamahdi”, Reforma. Plagia “El gurú del cuerpo incorrupto” de Swami Paramahansa Yogananda.
8) “El verdadero Sherlock”, Reforma. Plagia la entrada “Sherlock Holmes” en wikipedia.

…Y no tiene caso seguir. Es un modus operandi que ya justificó Alatriste al declarar no sólo que él así escribe, copiando material ajeno, sino que ésa es su poética.

Lo dijo durante la presentación de los libros que le merecieron el Premio Villaurrutia 2011, como prueba este video donde sostiene la teoría ésa –ya comentada aquí– de que tomar párrafos de otros escritores es “una cita literaria elevada al cuadrado” y que suele tomar “elementos literarios de otros relatos, de otras fuentes” y hasta “párrafos y diálogos” pero que eso “constituye algo nuevo, algo diferente.”

Dice en ese video que los libros ahora premiados “siguen este mismo patrón.” Dice que, Dreamfield, su primera novela “transforma” la novela de Hawthorne, Wakefield; que su novela Verdad de amor “parte de Los papeles de Aspern de Henry James”. Declara que “muchos de mis artículos fueron escritos con este procedimiento, tomando ideas de aquí y allá, sin que nunca hubiera tenido la intención de perjudicar a nadie al citarlos o tomar algún párrafo de otro escrito.” (Sí, es raro que diga que toma párrafos de otros y luego diga que nunca tuvo la intención de hacerlo, pero en fin.)

En suma, dice: “quizás deba añadir que prácticamente todo lo que escribo ha sido elaborado sobre estas bases.”

A confesión de parte…

Alatriste dice que esto es una “poética”. Ignoro en qué medida los jurados que lo premiaron estaban al tanto de esta “poética”. También ignoro si les parezca una “poética” a las instituciones premiantes, contantes y sonantes: la SAI, el INBA y el CONACULTA. Ya se verá en su momento.

Por lo que a mí toca no es una poética: tomar material escrito por otra persona y ponerle el propio nombre se llama plagio. Ponerle a esa conducta el nombre sagrado de la poiesis ni siquiera es chistoso.

El mezquino, la leche

A pesar de que el Sr. Alatriste había declarado a Proceso que no iba a dignarse hablar de este asunto, parece hacerlo en el video al cerrar su discurso refiriéndose a “un crítico mezquino”.

No sé si ese crítico mezquino sea yo, porque mezquino, dice el DRAE, significa avaro, falto de nobleza de espíritu, pequeño, diminuto, pobre, necesitado, desdichado, desgraciado, infeliz y siervo plebe. Y yo, francamente, avaro no soy.

¿Qué hizo el crítico mezquino? Contesta Alatriste:

Trató de quitarle mérito a las crónicas sexenales de Salvador Novo porque supuestamente había copiado párrafos enteros de la Enciclopedia Británica. Leídas hoy, si hay algo original en la crónica nacional, es el registro diario que aquel poeta hizo a través de sus textos sin importar cómo los haya escrito. No cabe duda: confundir al todo por la parte es una de las formas más acabadas del infundio.

¿Seré yo? En Los Contemporáneos ayer (FCE, 1985) mostré que Novo había usado párrafos de un par de entradas de la Enciclopedia Espasa-Calpe en algunos Ensayos (1925), como el dedicado a la leche. Es todo. Mi ensayo sobre las crónicas sexenales, “Los periodos de Novo”, está en mi libro Señales debidas (FCE, 2011) y, desde luego, no dice la barbaridad que Alatriste imputa al tal mezquino.

Si cree que soy yo tendría que probarlo, lo que es imposible; sus plagios, en cambio, están probados hasta el hartazgo. Sus escritos tienen la curiosa costumbre de no ser suyos: su infundio sí.

Y basta. Cuando se inició este lío dije que me parecía una pena que un escritor engañe y manche con su deshonestidad a las letras mexicanas y al nombre de Xavier Villaurrutia. Exageré. Seguirá la farsa, la “gesticulación”, “la mentira de México”...

No importa. Las verdaderas letras mexicanas están en otra parte.

RENUNCIA ALATRISTE

(08:55) El escritor Sealtiel Alatriste renunció al premio Xavier Villaurrutia 2011, dijo en entrevista con la periodista Carmen Aristegui, en su programa de radio, en medio de una polémica por plagio.
Alatriste aceptó haber “copiado párrafos largos” en uno de sus textos ganadores, pero negó que técnicamente fuera un plagio.

¿CÓMO QUEDÓ EL JURADO?


Muy mal parado. No es posible creer que Ernesto de la Peña, Silvia Molina e Ignacio Solares desconocieran la proclividad de Alatriste hacia el plagio. Era de todos bien sabida en la República de las Letras. Pero como ya la había librado, creyeron que esta vez nadie se ocuparía del favorcito que le iban a hacer. Craso error. Ya Alatriste tenía hartos a todos.

En rigor, los 3 miembros del jurado también deberían de renunciar. ¿A qué? A ser jurados de nuevo. Su actuación es delictiva y en lo sucesivo, se dudará de los jurados donde ellos tomen parte. Son gandallas.

Ningún concurso o ninguna presea libre está a salvo en este país de ser su fallo torcido por los intereses espurios. De por sí el Premio Villaurrutia está viciado de origen, que sucedan actos ilícitos en su otorgamiento no es novedad, ya en la Rana Roja número 24 ( ) dimos cuenta de lo chueco de su fundación. Para deleite del lector vamos a transcribir lo que publicamos en aquella época:

Durante los sesentas del siglo pasado floreció un personaje notable en la picaresca del mundillo literario mexicano que logró enredar en sus enjuagues a personajes de probada respetabilidad y no poca fama. Paquito tenía en el periódico “Excélsior” una columna de una cuartilla titulada “Yet” donde reseñaba cada día un libro, proeza posible gracias a las solapas, las cuartas de forros, los prólogos y los boletines publicitarios de las editoriales.

Era un hombre alto y seco frisando el medio siglo, gran aficionado al chupe. Gracias a esta graciosa característica, a veces sus reseñas aparecían inconexas, descohesionadas o francamente disparatadas, por lo cual recibían el mote de “Zendejadas”, ya que el sujeto en cuestión se llamaba Francisco Zendejas.

En un momento insólito de lucidez tuvo la feliz ocurrencia de crear el Premio Literario “Xavier Villaurrutia” en 1955, otorgado con bombo y platillos cada año. Él sentó las bases, en las cuales se estipulaba la existencia de un jurado escogido por él. Se hallaba bien relacionado don Paquito, el jurado del “X.V.” era de muy alto nivel, insospechable de triquiñuela alguna. Pero la mancha, ¡la maldita mancha!, residía en el hecho de que él hacía la selección previa de finalistas y, a veces, cuando el jurado no se ponía de acuerdo, don Paquito tenía derecho al voto decisivo. Era en estos casos en que se rumoraba que Zendejas “se mochaba”, o “iba por mi tía”, con el ganador resultante. De esta sospecha resultó que el “X.V.” es de dudosa probidad... hasta la fecha, no obstante que Paquito hace mucho que organiza premios literarios en compañía de Luzbel.

Lo anterior podría hacer pensar que la RR no quiere a don Paquito. No es que no lo quiera, un picaruelo como él siempre es bien recordado, si salió a la palestra es porque en el suplemento “Confabulario” ( Marzo-24-07), que a veces dirige con acierto Héctor de Maugatito, apareció un epistolario entre el Pope Paz y el Archimandrita Usigli que borra toda suspicacia al respecto.

Transcribimos la carta que el Pope le remitió a don Paquito el 20 de abril de 1965 desde Nueva Delhi, cuando era embajador allá:

Sr. Francisco Zendejas/Galería Excélsior/ Paseo de la Reforma 18/México,D.F. México.
Querido Francisco:
Ayer, por un recorte de periódico, me enteré que el Premio de Literatura Villaurrutia correspondiente a este año había sido otorgado a Homero Aridjis. Me alegró la noticia. Ya sabes que lo admiro de verdad y creo que merece el premio. Sin embargo, no debo ocultarte mi extrañeza ante la forma tangencial, por decirlo así, en que tú has procedido. Me explicaré:

En primer lugar: falta absoluta de información. Nunca me enviaste un solo libro. Por fortuna, Diez-Canedo me remitió los que publica su editorial y la mayoría de los autores me enviaron sus libros. De otra manera me hubiera sido imposible tener una idea clara del panorama literario del año pasado.

Jamás me escribiste una carta, jamás me comunicaste tus preferencias y jamás me preguntaste cuáles eran las mías. Tampoco me dijiste cuáles eran las ideas de Rodolfo Usigli (digo esto porque tú eres el intermediario entre nosotros y el coordinador del jurado). En suma, no hubo discusión y examen previo. Esto me parece gravísimo.

De pronto el silencio se rompió: recibí un telegrama de la Secretaría de Relaciones en el que se me pedía enviar, por la misma vía, mi voto. Se me decía que se había hecho una selección previa de tres nombres: Fuentes, Aridjis y Leñero. Este procedimiento es reprobable por varias razones: en primer término, la SR no tiene nada que ver en este asunto; en segundo lugar: ¿quiénes hicieron la selección preliminar? ¿por qué no se me consultó?

Después de este telegrama –al que contesté inmediatamente- no volví a tener más noticias, hasta que llegó a mis manos el recorte a que me refiero más arriba. Paso la descortesía, rayana en burla, pero no acepto que no se me diga siquiera cómo se realizó la votación. Es increíble. Tú tienes la obligación de informar a los miembros del jurado, antes que a la prensa y que a cualquiera otra persona o institución, sobre las decisiones que se adopten.

Tal vez, después de todo esto, debería renunciar. Prefiero esperar. Quizá tú te decides a escribirme y me aclares las razones de tu actitud. En todo caso, yo necesito saber si en lo sucesivo se modificará el procedimiento seguido este año. Si no recibo una declaración expresa en este sentido, no tendré más remedio que renunciar y hacer públicas mis razones. Créeme que me da mucha pena usar este tono. Tú sabes que te profeso amistad y aprecio. Tu amigo (Firma) Octavio Paz.

El Pope jamás recibió respuesta a su airada misiva. Pero por otro lado le llegaron noticias del mismo asunto. Desde Oslo (abril-24), donde también era embajador, el Archimandrita le escribió, entre otras cosas, que:

Octavio querido:

Me dio gran gusto recibir tus líneas del 20, aunque sólo las deba yo a lo que el Marión, cuyo nombre nunca pronuncio, por higiene bucal, llamaba las “zendejadas” de Paco… Por esto y por cosas que me fue posible atestiguar personalmente el año pasado en México, temo que el pobre de Paco se encuentre más allá de todo remedio. Me apena sinceramente, pero estimo que no podemos hacerle indefinidamente el juego ya que van de por medio nuestros nombres y nuestra propia estimación en tanto que a miembros del jurado. Es importante, sin embargo, buscar la manera de que no desaparezca el Premio XV por circunstancias semejantes. ..

A lo que el Pope contestó en mayo- 1-1965

Querido Rodolfo:

Gracias por tu carta. Me dio alegría y nostalgia. Lo que me cuentas de nuestro amigo Zendejas me causó no ira sino asombro. Tengo la sensación de que tú y yo nos hemos convertido en sus títeres. ..


En otra carta de junio-2-65, el Archimandrita volvió a tocar el tema:
...Respecto del Premio, el procedimiento que tú sugieres me parece enteramente correcto, pero mi intención firme no es formar ya parte del jurado si no resulta aceptable mi punto de vista en el sentido de que solo consideremos obras totales que constituyan unidades en sí... Zendejas no ha vuelto a escribirme.

Zendejas gustaba de recibir en el Café de Fiore ubicado a un lado del “Excélsior”; ahí por las mañanas se le podía ver crudo y platicar con él; luego se metía en las cantinas del rumbo y, si alguien lo invitaba no iba más lejos del bar del “Ambassadeur’s” situado a pocos pasos del café. De cantinas y bares salía feliz ya entrada la noche. Muy de mañanita solapeaba algún libro y lo tecleaba en un tris y tras. Así pasó a la historia como fundador de dos premios literarios: el Villaurrutia y el Alfonso Reyes. ¡Y luego hay quienes dicen que el alcohol mata! Pese a sus frecuentes zendejadas, Paquito no ha muerto, se le recuerda cada año en sus dos premios.