REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 07 | 2019
   

Confabulario

Pecera *


Raquel Trejo

Fue aquel 31 de febrero cuando entendí que no sólo hay una manera de expresar una emoción. Encendí mi pecera noté que ya no producía ningún sonido, me preocupé pues no tenía más de siete años que la había obtenido, así que la llevé a la recaudería para ver qué tenía y qué era lo que se necesitaba para arreglarla.

Don Bolillo, el que atiende la recaudería y compone todo tipo de peceras, me explicó que lo que mi pecera padecía no tenía compostura, ya que no había ninguna explicación por lo cual dejó de funcionar. De pronto recordé que unos días antes de aquel suceso, mi hijo Pepi cumplió cuatro años, le hicimos una comida y lo celebramos junto con sus hermanitos, amigos y familia; la pecera fue regalo de su padrino, tenía reproductor mp6, un lector que reproduce la canción que estés pensando en ese momento, sin necesidad de conexión a internet; cuando le comenté esto a Don Bolillo él dijo: ¡eh ahí el problema! Su pecera sufrió de un severo ataque de desprecio, lo cual la llevó a descomponerse y a no tener ningún daño más que emocional y tampoco ninguna reparación.

Comprendí que mi pecera tenía sentimientos, aunque haya sido un simple objeto para los demás hasta para mí. Cuando llegué a mi casa la vi reflejada en un espejo, así que corrí por una croqueta para remarcar su contorno y no olvidarla. Al día siguiente por la mañana ya no estaba la pecera, traté de averiguar porqué desapareció del espejo si yo la había remarcado con una croqueta permanente; fui a dejar a mis hijos al kínder y a la guardería, de regreso iba recapacitando en qué era lo que había sucedido. Entré a mi casa, vi a mi alrededor y de pronto comencé a escuchar ruidos muy extraños; me asusté puesto que no había nadie en mi casa, se volvió a escuchar aquel ruido, se me hizo un poco familiar como el que hacía mi pecera cuando la encendía, de pronto comenzó a escucharse la canción favorita de Pepi: “hace un mes que no baila el Muñeco hace un mes…”; me sentí como en una película de terror donde comienza a escucharse una musiquita y tres segundos después hay asesinatos, comencé a gritar por el susto y de pronto se escuchó una voz en el fondo, pero sólo era mi imaginación, caminé poco a poco hacia el lugar de donde provenía el sonido y me sorprendí porque ahí estaba ella “¿Cómo fue que llegaste ahí?” estaba conectada al teclado reproduciendo música como si nunca le hubiese pasado nada, allí fue cuando descubrí que la pecera lo que tenía era un resentimiento porque ya no le pusimos atención cuando llegó la nueva pecera con tantas cosas que ella no tenía, comprendí así que cuando algo se quiere de verdad no se pierde nunca.

*Uno de los cuentos iniciales de Raquel Trejo, de 15 años de edad.