REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 08 | 2019
   

Arca de Noé

Turbocrónicas


Marco Aurelio Carballo

Los ignorantes amorosos

Ah qué amigo S, o buscas a quién darle clases o con quién debatir. En tu primer correo preguntas qué quiere decir República Amorosa y que sólo enseguida escribirías tu opinión. Con todo respeto, me importa un diputado matraca recibir esa clase de clases y menos polemizar. ¿Cómo podría llamarse al fenómeno en el lenguaje de los jurisperitos? A clase no pedida... No estoy al tanto, respondí, porque odio los exámenes. Era demasiado obvio lo de habla tú primero... Lo mismo rechazo tu regaño de “deberías saberlo”. Sé cuánto sé y no tengo por qué demostrárselo a nadie, y si algo me interesa y lo ignoro investigo o pregunto. Cuando te planteé siete dudas sobre temas legales, te di las gracias luego de ilustrarme. Tengo por costumbre no polemizar y menos sobre política o religión. Polemizan o debaten quienes andan en pos de una candidatura, de un empleo o los haraganes. También aquellos con demasiadas certezas, los sabihondos. No soy de esos. La competencia es conmigo. Me gusta saber todo de todos, pero soy selectivo.

Esta postura se deriva de mis actividades de reportero y de narrador. Ninguno de los dos toma partido. Lo sé gracias a mis maestros en la práctica porque soy autodidacta. Al narrador le interesa por qué y para qué, digamos, hay seres humanos interesados en la actividad política, en las polémicas o en dar clases. No son “los comentaristas y hasta los locutores” sino los locutores y hasta los comentaristas quienes harían mofa del mensaje de AMLO, como dices tú. Hay grados. Pero yo escucho a comentaristas respetuosos con los tres candidatos. Es riesgoso generalizar, como eso de “toda la ciudadanía mexicana” ignora el valor del amor, el de vivir en armonía. ¿Cómo sabes que nada más tú y AMLOVE lo saben? Incluso el más ignorante de los ignorantes ama.

Estoy en desacuerdo en que AMLO le baje el tono porque “la gente es muy ignorante”. No se trata del tono sino del contenido de su lema, de su divisa. El tono es otra cosa. Muchos son ignorantes porque no han tenido oportunidad de cultivarse como otros. Respecto a que AMLO “no se da cuenta” de esa ignorancia y debe bajarle el tono, según tú, igual es una descalificación gratuita. ¿Cómo podría, dada su actividad, desconocer a la ciudadanía y no distinguir entre ignorantes y cultos? Es decir, según tú ¿es otro ignorante? Él distingue, sin duda, a los sabihondos de los necios ignorantes.

Elogio de Óscar Palacios

Allá en el pueblo observé de chavo que si alguien con zapatos de cuero venía de frente, el campesino o el indígena, caminando como en el aire, descalzo o con huaraches, dejaba la banqueta para cederle el paso a ese alguien. Mejor si veía el suelo. Ya de adulto escuché a un tipo obeso y güero, rascándose los comedones del pescuezo, decirle a otro vestido como terrateniente: Entre una chinche y un indígena prefiero a la chinche. ¿Cómo sobreviven los indígenas de los Altos de Chiapas avasallados por los caciques? Haciéndose tan invisibles como sus pares de la costa de la selva, del Soconusco.

Ese mundo lo ha reflejado Óscar Palacios en su novela El abrazo de Ixtab (Ediciones Papalotzi) desde la perspectiva de los Pichichis. Después de enriquecerse, ellos abandonan el estado para darse la gran vida. El protagonista es un junior rubio de ojos azules (por supuesto) autor de una novela exitosa. Con ella gana un premio europeo y su castigo dorado es presentarla en una treintena de países. Para su desgracia las novias le ponen los cuernos o se lo fornifollan cual mero objeto sexual, mientras él bebe y del trago pasa a las drogas. Mami le da todo y cuando una tía muere él hereda y entonces la historia cambia de escenario. Del DF, después de pasar por Acapulco, se traslada a San Cristóbal de las Casas. Ahí el héroe conoce a quien podría ser el amor de su vida.

Óscar Palacios es un excelente narrador. Hace alardes técnicos en el manejo de los diálogos, echando mano de todos los recursos en ese aspecto, sin que el lector pierda el rumbo. Los personajes están bien trazados. La cantidad de metáforas, en una región donde quien no es poeta es hijo de poeta o hijo de la gran poeta, está dosificada y al servicio de la historia.
El autor decidió vivir en su estado de origen al contrario de muchos artistas quienes, sin donde ni con qué desarrollarse, viajan al DF. Como los caciques pero sin dinero. Él no emigró y sin duda vive mejor que los otros, ahora en la bella San Cristóbal de las Casas. Seguir los pasos del personaje por esas calles coloniales es una delicia porque Óscar Palacios las conoce bien. No es como otros (incluido Hemingway en Venecia) que se fusilan la guía de turismo.

Ah, el final es sorpresivo como debe ser. Otro ah. Se me olvidaba. Los Pichichis son los pinches chiapanecos chilangos, como este escribidor.

Gandaya mundo

Ante la pregunta de Mariquita de en qué me inspiraba y contestar en la realidad temí haber actuado demasiado aprisa. El oficio de reportero te obliga a reaccionar con celeridad o estás frito. Pero ¿se refería a la inspiración para escribir? Incluso la respuesta quedó corta porque no me inspira cualquier realidad sino la mal hecha. Uno va poco a poco hallando la respuesta a esa pregunta, por el oficio o por viejo. A la mitad del camino supuse que escribía para combatir a los abusivos y a los injustos. Lo cual está bien en cuanto reportero, pero ¿en cuanto narrador? Procede contra la realidad mal hecha, pero ¿hay realidad perfecta? No. Nunca falta quien imprima su sello maligno para salirse con la suya, aplicando la ley del más fuerte, del hábil, del gandaya.

Mariquita y otros compañeros nos reunimos cada año. Ella y Hugo vienen desde Tehuacán, Puebla, y los demás viven aquí o en la tierruca. Se trata de la promoción de la Preparatoria 1 de Tapachula, Chiapas. La charla suele ser fluida. Mariquita Rivera y Hugo Bulnes, veterinarios, se hospedaron en un hotel cercano al restaurante de Polanco, pero se perdieron porque la realidad vial había cambiado para ellos. Ahí nada puede hacerse. No te pasas un alto y provocas una matanza de automovilistas. Sólo desquiciado por la neurosis.

Una situación semejante inspira a mediano plazo para escribir Turbocrónicas y a largo plazo historias cortas o largas, cuentos o novelas. De cualquier cosa escribes una Turbo, me dijo un amigo. Lo tomé como un elogio, je. Pero no es de cualquier cosa. También hay quien sugiere de eso debieras escribir. Si bien la inspiración nunca llega porque en “eso” no hay nada surrealista, ni absurdo ni kafkiano. Así que le debía a Mariquita una ampliación del tema. Pero ¿y si lo había preguntado sólo porque ella es muy educada?

Tampoco abundé en la respuesta pues un compa gritó de súbito que debíamos ver la película acerca de la vida de Edgar J. Hoover, el director de la FBI. ¡Véanla!, dijo. ¡Pero tienen que verla! Todos le escuchamos, atentos. Gritó el exhorto seis veces y no hubo una séptima porque, interrumpidos Mariquita y yo, lo interrumpí y le pregunté si debía verla dos veces. Me vio como si no entendiera. ¿Alguien más había visto la misma película que a él le gustó tanto? ¿Cómo era posible? Ahora me pregunto si un asunto así quedaría en las Turbo surrealistas, absurdas o kafkianas.

La muerte, brava

                                 A la memoria de Aurora Berdejo Arvizu.

Como creo haberte escrito, Albertico, tuve una influenza medio mampa. Andaba en el trajín con algo de dolor de cabeza y algo de fiebre y moqueando. Simple gripe, supuse. Debió ser media influenza porque me aplicaron la vacuna. De otro modo habría estirado la pata y ¡sobrio! El médico (homeópata) ordenó recluirme y como ese tratamiento es lento el asunto llevó dos semanas.

La muerte anda brava este invierno, como dicen allá en la costa de la selva. Recordé a un ex compañero que acostumbra leer, antes de otra cosa, la lista diaria de bajas en el obituario de las funerarias importantes del DF. Desde luego hay quienes nunca apareceremos ahí, menos si pedimos como el colega León Roberto García que, si debe informarse, informen tres días después. Si uno va a revivir te dan veinticuatro horas, ¿verdad? ¿Era León Roberto demasiado optimista o sólo discreto?
Debió ser el subconsciente pero empecé a soñar con media docena de compañeros desaparecidos. Soñé dos veces con León Roberto García y con Rafael Ramírez Heredia (en orden de desaparición). A Octavio Paz (OP) una. En vida, lo vi nada más durante un homenaje a José Pagés Llergo. En mi sueño, OP iba en mangas de camisa y con pantalón vaquero. Había terminado una conferencia o la presentación de un libro. Rodeado de chicas, OP empezó a acercarles sillas. Pero es odioso contar los sueños. Ricardo Garibay detestaba al escritor cuando llegaba al punto en el cual contaba un sueño de varias páginas. Lo llamaba obtuso o cretino.

Albertico, aún no termino los chochos. Aunque, de “eso”, ya estoy bien. La fiebre derrenga, así que trabajé digamos al diez por ciento. El invierno es una tortura para todo costeño y mojarrero. Sentí ganas de abandonar la cama a media noche y caminar sin detenerme hasta la tierruca, arrojando a diestro y siniestro abrigo, suéter, camiseta térmica, etcétera. Para qué vas tan lejos, dijo Petunia, implacable. Acapulco te queda cerca. Hace dos inviernos ella regaló unos calentadores porque consumían demasiados vatios. Ya sabes, el monopolio de Estado vende carísimo el kilo. La próxima semana espero enfrentar con el ánimo al ciento por ciento las batallas de principio de año como son las del Taller de Narrativa y darle seguimiento al libro Cuentos del sur, el segundo de nuestro Taller.

marcoaureliocarballo.blogspot.com