REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 08 | 2019
   

Arca de Noé

Teoría de dos mundos


Adán Echeverría

Años ha que la humanidad no logra ponerse de acuerdo en la creación del mundo y del universo. Refirámonos al mundo. Unos dicen que en alguna piedra interestelar venía cierto tipo de moléculas que pudieron haber encontrado en este planeta el sitio idóneo para desarrollarse evolutivamente, debido a las características ambientales de aquella época. Otros, más optimistas, indican que algún ser eterno tomó polvo de la tierra y con un poquito de agua modeló a un ser, en el que sopló (aire) y le dio vida, (trabajo= vida, energía, calor, fuego) -esas teorías de los cuatro elementos-, aunque algunos días antes (seis para hacer caso a la numerología), había dicho cual mago, nada por acá, la nada por todos lados, que se haga la luz, bien muchachito, muy bien, que se hagan los árboles, bien, eso es, así, que la tierra, el agua y el cielo sean habitados (hemos descubierto que por todos lados pululan seres vivientes, y que a aquellos primeros “organismos pensantes” a los que se les dio orden de poner nombre a las criaturas, pues no pudieron con la chamba; se dedicaron a las manzanas y fueron expulsados de aquel paraje, porque no dieron el ancho en la misión encargada: que el resto lo hagan los naturalistas, luego los biólogos, al fin los taxónomos moleculares).

Algunos añitos pasaron desde entonces, y entre muertes, vidas, sexo, vidas, muertes, se nos han ido algo así como unos 5 mil años, poco más, poco menos (de acuerdo a la desviación estándar).

Así las cosas, llegamos a esta época. Mi estúpido genio en esta hora de mis 36 años me ha llevado por derroteros en los que he podido descubrir, encantadoramente, una intensa necesidad de descubrir el por qué de mi aversión al género humano (y el de cientos de miles como yo, que prefieren la soledad o el contacto con otras especies, por encima de filias humanísticas). Si es que lo hay.

Me paso los días leyendo, pensando, existiendo (tal vez en ese orden), y de todo lo leído, de todo lo vivido, lo que más escozor provoca, es el diálogo diario con aquellos seres humanos en los que no puedo mirar la misma sentencia universal de: “hechos a imagen y semejanza”, que dicen y redicen esos libros alguna vez sagrados. No me identifico con el otro. Ellos me desprecian. Yo los aborrezco. Ellos no son como yo, no me les parezco más que en lo fenotípico y en esos espacios moleculares que parecen declararme de la misma especie. Y al darme cuenta de esta diferenciación de caracteres, me voy quedando a solas, -grata virtud-, o solo, que tiene cierta diferencia, lo que me da tiempo para pensar y repensar.

En alguna etapa de mi vida, gustaba de jugar escondido de los otros; niño al fin, encantadoramente tímido, y cuando alguien, esos otros habitantes de mi hogar, que la providencia me ha hecho llamar padres, hermanos, llegaban, buscaba detener mis actividades personales, al orden de responder a sus ¿Qué hacías?, con un sincero Nada, que ocultara mis propias diversiones.

Con el tiempo me he ido percatando de los muchos seres humanos que como yo, tienen y han tenido similares comportamientos: igual se sienten fuera de moda, se reconocen aislados, porque les es incapaz establecer relaciones con los otros.

Esos muchos comparten ciertos elementos de su personalidad: siempre dirán lo que piensan y por hacerlo no serán bien recibidos. Los otros prefieren que uno diga mentiras, mentirillitas, con tal de que el contacto con los otros sea de manera agradable. Ahora tienen la indecencia de llamar a eso “políticamente correcto”, y yo, y los que son como yo, nos vemos arrinconados al desprecio que sienten por nuestras versiones de la vida. Despreciándolos de la misma forma, e ignorándolos las más de las veces. Aislándonos más y más, felices por ello.

De esos derroteros me he percatado, por lo que tengo la sana pretensión de reconocer al menos dos planos diferentes de existencia sensorial y del pensamiento, entre los que la humanidad se ha dividido.

Pretendo establecer la diferencia que el intelecto me ha mostrado, la existencia de al menos dos mundos que coexisten, -no hablemos de razas, ni de ser superiores los unos o los otros. Nada de esas cosas, el objetivo que persigue este texto no está en definir a unos mejores que otros, sino en establecer las irreconciliables diferencias que nos negamos a mirar.

En uno de esos mundos habitan “los creadores”, aquellos capaces de generar pensamientos novedosos, son creadores de mundos y personajes, creadores de sistemas, de ideas, de temáticas. Son esos monstruos (si entendemos monstruo como prodigio) que han construido la historia de la humanidad.
Entre ellos se ubican los autores mismos de esos libros que cada sector quiere llamar “sagrados”. Ese mundo de verdaderos dioses, mundo de Creadores es el que podemos anotar como una metáfora del Olimpo, el Nirvana, el Mitnal, y cualesquiera que conozcamos o hayamos escuchado. Es el mundo creador de Mitos: Monstruos, brujas, dragones, elfos, dioses, infiernos, carontes, cancerberos, paraísos, shivas, kukulkanes y quetzalcoatls, tlalocs, esfinges y tantísimos más.
Ese mundo de “los creadores” está habitado por los poetas (y por extensión todo creador de arte), los científicos, los inventores, los filósofos; aquellos capaces de revolucionar la historia misma de la humanidad. Ese mundo se rige por sus propias reglas. Un mundo amoral (puesto que han inventado la moral para el sometimiento del otro), un mundo de solitarios (por eso crearon el amor), un mundo de guerreros (inventaron las guerras para mantener el miedo en los del otro mundo, del que más adelante hablaré), un mundo donde sus habitantes toman el control racional de su vida y su voluntad. Marx habita este mundo, lo ha habitado Jesús, alias El cristo, lo ha habitado Mahoma, Gandhi, Castro, lo habita Hugo Chávez, por supuesto; igual lo ha habitado Baudalaire, Rimbaud, Marco Polo, Hernán Cortés, Miguel Ángel, Dante, Milton, Blake, Jim Morrison, Toni Morrison, Naipaul, Singer, Lessing, Giardinlelli, Collodi, Lautremont, Auden, Austen, Mary Shelly, Darío, Guillermo Prieto, Vasconcelos, y tantísimos otros que hoy podemos mirar en la historia pasada y presente, capaces de…
El otro plano o el otro mundo que coexiste con el primero es el mundo de “los seguidores”, esos que viven, se ajustan a las reglas, se desajustan, que sólo viven pendientes siempre en seguir a alguien. Son los que siguen las modas, los que siguen al líder, los que se alinean, los que caminan en los senderos marcados, y no pueden alejarse de lo que ya conocen o se ha establecido. Ellos viven, no son capaces de… sino que siguen al… siempre serán “los seguidores”. No necesitan razonar en el por qué lo hago, por qué se hace, son incapaces de crear. Si está bien claro, dicen; apareció en la prensa, se alienan; lo dice Dios, fantasean y se persignan; está escrito en la biblia, alegan. Obedecen, no brincan las rejas, se forman en las líneas, levantan la mano cuando alguien dice que lo hagan, y en esta época consumista, atestan los mercados, dan funcionalidad al sistema creado por algún monstruo creacionista.

Lo mismo llenan las salas de conciertos, que atestan las librerías. Hacen rebosar los estadios, son siempre los espectadores, ahí permanecerán mirando, lo han hecho desde las cavernas, en el Circo Romano, durante la crucifixión, al pie del cadalso, cerca de la guillotina. Gozan con el morbo, buscan saciarlo. Son incapaces de ser ellos los que generen el espectáculo, sólo son cómodos asistentes al espectáculo de la vida. Lo mismo asisten a las marchas que se forman en las filas del banco. Y como en el otro mundo (el de los creadores) los hay en todos sus gradientes.

En ambos mundos se sufre o se hace sufrir, eso no es diferencia. Lo que difiere y reconoce la existencia de ambos mundos, es que unos saben por qué lo hacen, y otros lo hacen y listo. Hay asesinos, ladrones, flojos, cobardes, mañosos, tramposos, humildes, huraños. La diferencia está en que “los Creadores” pueden darse cuenta de cada acto, reflexionan en ello. “Los Seguidores” actúan, se dejan llevar, sus sentimientos están ahí, y si pudieran medirse, estarían lo más cerca del promedio.

Si los sentimientos de “los Creadores” pudieran medirse, estarían en los extremos. Los más sensibles, los más crueles. Los más humildes, los más vanidosos, mírese a Warhol, como ejemplo. Mírese a Octavio Paz, cuya soberbia inundaba el ambiente que pisaba. Mírense las decisiones de Delmira Agustini, la destreza y capacidad definitoria de Alfonsina Storni, quien en el poema “Partida” es capaz de narrarnos la idea de su muerte, es tan hermoso y conmovedor; pareciera que primero murió, y luego de ahogada, regresó a escribir y contarnos cómo se sintió.

Las sensaciones en “los Creadores” son llevadas hasta los extremos, hasta matarse se convierte en un acto poético, milagroso, con una decisión clara, precisa; no como “los Seguidores”, cuyas muertes suicidas, las más de las veces, son con una carga enorme de patetismo. Los Creadores saben y tienen claro aquel: “cuando tengas ganas de morirte, muérete y ya”.

Puede haber grandes asesinos Creadores. Si consideramos lo que ahora conocemos de la historia, Hitler fue eso, un gran asesino capaz de crear mundos. En el extremo contrario, vemos en el México de 2006-2012 a un ridículo Felipe Calderón Hinojosa, quien por su parte, no puede ser otra cosa que un “Seguidor”; es incapaz de crear mundos, sólo sigue órdenes, sigue el camino marcado por los partidos políticos, por el movimiento político al que pertenece, es un seguidor en toda la extensión de la palabra; aunque también la historia lo contará entre los grandes asesinos, como un servil puerco que obedeció órdenes, se le juzgará en conjunto con toda la partidocracia mexicana que representa, como un títere más de un verdadero “Creador” puro como Carlos Salinas de Gortari.
Calderón Hinojosa es un ser incapaz de leer entre líneas, un tonto al que se le dice y rápido obedece. Es como Pinochet, como Reagan, como Bush, como la Tatcher, puros Seguidores, puros seguidores, que han pasado con pena y sin nada de gloria, que obedecieron a un sistema impuesto, obedecieron las más de las veces al poder económico de los Grandes Emporios Empresariales que se beneficiaron de sus participaciones en gobiernos de sus países.

En este 2011, esta teoría entre Creadores y Seguidores está bien definida. Hoy aquellos que juegan a la política en México son Seguidores. El único Creador de esta historia, o a decir, “el último Creador” en cuestiones de política mexicana, que hemos encontrado es nada menos que Carlos Salinas de Gortari; impulsor de un sistema de gobierno que no existía antes en México, y del que se ha servido alrededor de 24 años. Supo tomar un poco de acá, un poco de ahí, se permitió equivocar (recuérdese el Popol Vuh: hombre de tierra, de madera y de maíz) hasta que su sistema estuvo completo, cuajado. Fuera de él, este México partidocrático está habitado por “Seguidores” en todas las esferas de poder.

Uno de los grandes problemas de no poder encontrar las diferencias entre ambos mundos (Seguidores y Creadores), es que continuamente ambos planos pueden rozarse. Hombres y mujeres, mujeres y hombres se empeñan en no reconocer sus diferencias, en no darse cuenta de a qué mundo pertenecen, y que por el estrato social en el que se identifican son incapaces de alejarse unos de otros. El daño que ocasiona el romántico consumismo. No reconocen el daño que le pueden hacer al otro, que viven haciéndole.

Mucho de ello viene porque algunos de los libros escritos por “los Creadores”, como lo es la Biblia, se ha vuelto lectura de “Seguidores”, que no tienen la capacidad para entender los textos que ahí se encuentran. Los “Creadores” inventaron sistemas de sumisión, para vivir a expensas de esos Seguidores que permanecen ahí, en la red, en la trampa creada para ellos, de la que no quieren salir, aunque vivan sometidos, sojuzgados, vilipendiados, sufriendo miles de abusos físicos y mentales.

Los “Seguidores” no sólo son esclavos de libros como la Biblia, lo son de todas sus derivaciones, institutos y escuelas de poder. Lo mismo sucede con toda esa literatura teológica, que han impuesto las cadenas morales y de superstición que los Seguidores gozan y necesitan, para alimentar sus culpas y explicarse la vida: si me porto mal, me castigarán.

Cuando un “Creador” se acerca a esos libros, de inmediato lee y se da cuenta, pero qué chiste, dice, qué padre, está clarísimo, es fascinante la cantidad de bobos e ineptos que viven maniatados por su lectura, y no logran disfrutarla; cierra el libro y se aleja tranquilamente, en ocasiones sin furia ni excesos de burla. Reconoce las capacidades de sometimiento, y en ocasiones crea sus propios métodos de sumisión: El libro de Mormón, es uno de esos grandes plagios creativos teologales, donde unos creadores se dijeron, qué chingón, hagamos lo mismo, hay Seguidores siempre dispuestos.

Aún así, en la primera infancia (en ocasiones durante toda la vida, lo cual es triste) actúan enajenadamente, tanto “Creadores” como “Seguidores”. Sólo es en la catarsis cuando se quitan las máscaras y se reconocen. En ocasiones se ha hecho tarde: un hombre bebe y bebe con su mujer, los dos hijos pequeños de ambos están en otra casa, ellos aprovechan y beben sin parar, desde la tarde, felices y compañeros; a la mañana siguiente, él no recuerda qué pasó, despertó desnudo, junto al desnudo cadáver de su mujer, que presenta catorce cortes de un cuchillo que está ahí, tirado entre sus cuerpos.

Se quitaron las máscaras y se miraron. El Creador destruye al Seguidor, y dándose cuenta de sus actos, tranquilamente, sereno, llama a la policía, y es capaz de esperar para enfrentar la justicia. Se reconoce como Creador, no intenta escapar, sabe de sus capacidades; un Seguidor huiría preso de miedo, no acepta haber perdido el control. No es la droga ni el alcohol, no es el amor, es el pensamiento, el saber que se perdió el control porque estaba bebido, y reconocerlo, aceptar lo que uno hizo, dar muerte a uno de los personajes que vivían para mi, dirá al final.

Aceptar la verdad, aceptar los actos. Ser capaces de reconocer la peor podredumbre que le inunda. Reconocerse siempre, y no esconderse, ni lamentarse, ni andar chillando porque sé es malo. ¿Quién define lo malo de lo bueno? Lo han hecho, claro, “los Creadores”. Los “Seguidores” igual viven ahí en los juzgados, ocupando esos nichos, y no se preguntan nada, sólo aplican leyes, revisan procedimientos. Muchos asesinos confesos quedan libres, con base en procedimientos y leyes escritas por algún Creador, que así se burla y burla de los que puede. Los Seguidores no piensan, sólo las aplican y cumplen.
Triste es cuando un Creador no puede reconocer que lo es. Cuando las cadenas, los golpes, las injurias sufridas desde la infancia le impiden mirarse capaz de, y sólo le queda pensar que es como todos, hay que seguir a… Estos niños sufren, sufren demasiado. Ya hemos hablado de que sus sentimientos se alejan de la media. Irán hasta debajo de la depresión, y hasta arriba en la mayor algarabía. Por sus actos los reconocerás, dicen por ahí. Y sólo se reconocerá a los que actúen, entonces.

En esta interacción entre ambos planos, los Creadores siguen cruzándose con los Seguidores. Los Seguidores no tienen por qué entenderlo, los Creadores jamás podrán explicárselos. Los Creadores ven el universo y tratan de darse una explicación, los Seguidores se quedan mirando y diciendo dónde, dónde, no lo veo, se aburren y se van.

Los Creadores no se aburren, les está prohibido aburrirse, todo se lo toman en serio, hasta divertirse es para ellos algo serio, es un derecho inalienable, esa búsqueda de la felicidad. No pueden dejar de pensar, no tienen descanso. Lo mismo escriben, que leen, que siguen estudiando, que asisten a cursos, y siguen pensando, y en pensar se les va la vida. Aún los que la fortuna les impidió los recursos para asistir a colegios, cuando son Creadores, se preguntan y responden al mundo, con el empirismo, escuchando a los otros, mirando en la experiencia, no se detendrán jamás, el botón de pausa lo tienen atrofiado.

Los Seguidores dicen: no veo las noticias porque sólo me preocupo. Los Creadores las miran, las discuten, las hacen, las despedazan, son la materia de las noticias, ahí están buscando las mil maneras para salir adelante. Defínase así: un hombre está en una ventana mirando a un hombre que está caminando, viviendo, corriendo, hablando, leyendo, pensando. Sea el Seguidor el cómodo espectador, sea el Creador ése que no puede detenerse, el que vive y camina, el que persigue.
Muchos Seguidores pueden creer que son Creadores, y caminar por ese mundo. Uno los mira en las facultades, en los institutos de investigación, en los palacios legislativos, uno los mira opinar, pueden incluso escribir columnas, hacer libros, libros que serán la apropiación del otro, nunca nuevos conceptos, nunca rompimientos.

Pero uno los descubre “Seguidores” porque les preocupa ganar con cualquiera de sus actividades, únicamente lo hacen para ganar algo, aunque sea dinero, fama, o un acostón, ganar su nombre en una placa, ganar reconocimiento, tiene que haber alguna ganancia, una medalla, y piensan en ese sentido. ¿Pero qué se gana matando diputados? ¿Qué se gana cuestionando al otro? ¿Qué se gana enojándose? ¿Qué se gana alejándose de los otros? Son los militantes del cómodo optimismo, los figurines del consumismo, figura creada por un mordaz Creador, para burlarse de la decadente vida de los Seguidores.

A los “Creadores” ganar no les importa. Ganar sólo puede ser un escalón más en su búsqueda, la comprobación positiva o negativa de sus tesis. Si esto, tal; si no, tal otro, reflexionan, y plantean nuevas ideas, nuevas búsquedas, el fin de un camino, señala el inicio de otro camino. Siempre se gana, aceptando o rechazando la hipótesis planteada. Entonces, en un mundo donde siempre se gana, ganar tiene otra acepción que los “Seguidores” jamás comprenderán. Morir incluso es ganar.

En el mundo casuístico de los “Creadores”, las cosas y sus causas se descubren y se continúa; no hay punto final, una cosa llevará a otra hasta el infinito; esto no se pudo entonces…, esto sí se pudo entonces… y así sin descanso. Saben que tienen que seguir, tienen que plantear nuevas hipótesis, continuar, probar y escribir. Saben que tienen que leer, saben que tienen que decir. Decir lo que piensan es algo inherente a ellos, no pueden evadirse de sí mismos. No persiguen ni dinero ni fama, sólo son, viven, ahí están creando mundos, y aún resistiéndose, acaban creándolos.

Uno puede verlos y mirar sus diferencias, ¿cuántos Seguidores hacen cola en las escuelas de escritores, y se divierten en las fiestas, en los banquetes, ocupando puestos de cultura, de gobierno, gritando enojados porque otros tienen esos puestos que ellos persiguen? Hay Seguidores que se conforman desde el primer peldaño, hay quienes continúan peldaño a peldaño, con el único esfuerzo que representa seguir línea, alinearse, besar culos, besar manos, querer y ser serviciales, y así, en ciertas sociedades como la mexicana del siglo XXI, se avanza, en busca de mejor economía, en busca de recursos, esa es su meta: tener.

Por eso muchos que son “Seguidores” se la pasan hablando de mafias, hablan y se indignan de mal reparto de becas, pensándose abusados, pensándose afectados. Como sólo piensan en ganar algo, al no ganarlo, los afecta, y tienen que defenderse, piensan y viven en cómo quitar al otro del camino (un “Creador” se sirve de las becas y listo, cobra los premios y sigue adelante, si no las tiene, si no las logra, si no es premiado al diablo, continúa, nada de eso me es necesario para seguir creando, piensa, no las necesito), un Seguidor en cambio está ahí, buscando meterle el pie al otro (al Creacionista el otro no le importa, porque es capaz de crearse muchos otros, de inventarlos).

El Creador sabe de su egoísmo, lo defiende. Reconoce, por ejemplo, que el acto de crear, de escribir, e incluso de leer es el acto de egoísmo por excelencia, porque se hace en soledad, no escuchando más que el pensamiento propio, equivocándose con uno mismo, maldiciéndose, como en aquel juego de niños, si alguien entra y pregunta ¿Qué haces?, el Creador responderá: Nada, y ocultará sus creaciones hasta que él decida sacarlas a la luz.

Un escritor quiere una pareja para que le acompañe en sus momentos de ocio, cuando una nueva idea revolotea en su interior y no le deja dormir, se levantará y trabajará a cualquier hora; por ello es capaz de decir hasta a su pareja, hasta a sus hijos: ¡por dios, déjame en paz, déjame solo!

Los “Creadores”, entiéndase, crean y son por ello, dioses. Los dioses de los que tenemos referencias han sido creados e inventados por esos seres capaces de pensar, pensar, pensar, y dejarse llevar por el pensamiento para generar a los seres extraordinarios que le son tan necesarios a los “Seguidores” para poner en ellos sus culpas y culparlos de todo: no pude con esto, dios no lo quería, logré tal cosa, dios me lo permitió, esto no puede ser, así lo quiso dios.

Como los “Creadores” no buscan ni poder ni gloria ni ganar nada, sólo ríen divertidos de sus creaciones, y de cómo los Seguidores se compadecen y se lamentan, llevándole sus rezos y sus milagrerías.

Los “Seguidores” al igual que los “Creadores” tienen en sí mismo la misma materia de todos los anteriores creadores y seguidores que los precedieron. Ahí está, pueden mirarla escrita en la historia, en la ciencia. Se ha dejado constancia de eso. Nada de lo que hoy sabemos, lo sabemos por nuestra propia cuenta. Todo lo que sabemos es la combinación y apropiación de lecturas, interacción social, experiencia. Los Creadores se pasarán la vida interaccionándolas. Los Seguidores sólo las repetirán como loritos.

Esos genios de la humanidad, esos “Creadores” llevan años muertos, sus cadáveres fueron integrados a la tierra, sus moléculas han formado parte, a través de los años, de hierbas, flores, frutos, proteína animal, por lo que de alguna forma Shakespeare, Cristo, Buda, Einstein, Gandhi, Hitler, Nabokov, Villa, Zapata, y cualquier ser que fue muerto y enterrado en algún sitio de este planeta, ha otorgado alguna molécula biológica, algún fragmento de su ADN, por pequeño que sea, a mi cuerpo, a tu cuerpo, al cuerpo de cualquiera de nosotros.
Estamos formados entonces por todos esos fragmentos de otros cadáveres de los que nos hemos alimentado. Los “Creadores” lo saben. Los “Seguidores” siguen sin entender, les basta nacer, crecer, coger (si tienen oportunidad: reproducirse) y luego morir. Los “Creadores” buscan la inmortalidad, y ésta se encuentra en las obras, en lo que han dejado. Los escritores ahí están, para siempre en las bibliotecas, los arquitectos, los filósofos, los coreógrafos, los músicos, los cineastas, los pintores, ahí están, ahí habitarán para siempre. En cada una de las líneas que alguien, incluso algún Seguidor, diga alguna vez, cuando las ideas se vuelven del dominio público: “dejad que las coplas vayan al pueblo a parar, que lo que se pierde de gloria, se gana de eternidad”.
En el mundo de los “Creadores” hay quienes saben aceptar al Seguidor, pero los hay quienes no se dan cuenta de que existen, y quisieran que todos seamos iguales, esas enormes falsedades, esa terrible hipocresía, fruto de la soberbia insana de Creadores. ¿Cuántas veces nos topamos con personas que quieren convencer al otro y no lo consiguen?

Los Creadores no necesitan que los convenzan de nada, llegan a sus propios pensamientos por sus propias búsquedas.

Los Seguidores nada de esto lo saben, entonces no se les puede convencer, seguirán al que sigan los demás, y siempre habrá un inicio en otro sitio, cuando el barco gire de nuevo el timón, y este ser de los Seguidores que siempre da inicio, se mueve, jamás por cuestiones de pensamiento, sino por filias, por amor, por enajenación.

Quienes lo saben reconocen esa idea de: No seas piedra de tropiezo de nadie, tan cargada de humildad creacionista. Que significa un poco, que te valga madre en lo que el otro crea, no pierdas el tiempo intentando educar al que no quiere ser educado. Habla siempre con él, pero aquél que reiterativamente hace lo contrario a lo que se le ha dicho, dejadlo en paz, dejadlo ser libre y feliz.

Para los Seguidores no es su búsqueda, no tienen la capacidad que les permita saber qué es lo mejor, qué es lo que debe ser, ni siquiera pensar en cómo contradecirte, será seguidor, será fanático, porque es lo único que puede, no tiene la capacidad, y te quiere igual que él. Ellos sólo son así y no pueden saber por qué. Es el Creador quien se debe alejar y decir, bueno, para qué pierdo mi tiempo contigo.

Nos alimentamos de las moléculas de los que nos precedieron. Demostrado queda entonces que si Seguidores y Creadores pueden tener a Seguidores y Creadores en su alimentación, la diferencia no es genética, no está en las moléculas, está en la primera educación, en el ambiente primero, desde el vientre materno, ahí está.

Sólo aquél con la capacidad de entender la metáfora del Diluvio bíblico puede darse cuenta. Es el ser humano el diluvio anual de la humanidad. Cada nacimiento de un nuevo niño, es esa señal, el arco iris que indica una nueva oportunidad. Cada recién nacido un arco iris. Y seremos quienes formemos para el futuro un Creador o un Seguidor.

Tiempo, espacio e interacción, forma el ambiente, nunca será igual el ambiente para ninguno de los hermanos en su primera infancia, ni siquiera para hermanos gemelos, toda interacción desencadenará una respuesta, y jamás serán similares, menos idénticas.

Cuando el Creador lo entiende, busca respetar esos espacios de diferencia con los Seguidores. Cuando el Creador se logre dar cuenta de su propio sitio dentro del universo, se dedicará a lo que le corresponde, y dejará en paz a los Seguidores; se servirá de ellos cuando le convenga, y seguirá su propia búsqueda, saludándolos de lejos, ahí, ensimismado, creando esos mundos, en que los Seguidores alguna vez abrevarán, y decidirán seguir uno u otro sendero.