REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Poetas buscan lectores


Ileana Garma

Quizá se escribe poesía procurando reunir pétalo a pétalo la flor deshecha, el camino perdido bajo aquella cortina de lluvia, las sábanas que hace tiempo desaparecieron y que nadie sabe quién puso en el bote de basura. Recuerdo carros viejos que pasaron una tarde, que pertenecían a una tarde y sí, creo que se escribe poesía para detener el tiempo, para eliminar las leyes del tiempo y del espacio.

Mérida es una ciudad antigua, de costumbres y pensamientos asentados como rocas, de símbolos que navegan en nuestra sangre, que bebimos desde muy pequeños, donde cada cosa tiene un sentido. Escribir poesía en Mérida es complicado, pienso esto porque escribir poesía es en primera instancia, olvidar, recomenzar, irrumpir de nuevo en los senderos y trazar nuevas rutas, revalorar la maleza, intercambiar los matices, ver lo que antes no se veía, incluso un rinoceronte como Dalí en medio de la plaza.

Muchas veces me he preguntado por qué escribo, por qué se escribe poesía cuando la gente prefiere leer cuento o novela, o simplemente prefiere ver películas, o simplemente nada. Y siempre me respondo, porque he girado la cabeza y he visto a los árboles brillar y al agua saciar la sed; el poeta está balanceándose constantemente entre el ser y el deber ser por medio de su palabra y siempre es aquél que reclama lo que otros no reclamarán, aquél que mira lo que otros no mirarán, aquél contemplativo que encuentra en los detalles todas las respuestas o preguntas.

Hay noches solitarias, caminatas para envejecer irremediablemente, y para ver a los otros convertirse en niños, y en todos los momentos la poesía despierta, en los letreros destartalados del centro, en las fiestas donde de pronto se guarda silencio o alguien mira un cuadro donde ya nadie es quien es, y no sé de cierto lo que ocurre con los otros poetas de esta ciudad, sé que ninguno de ellos es de esta ciudad, sé que tomar a las palabras nos desnuda de sí mismos, nos limpia las bardas de banderas, de líneas trazadas en los mapas y en el tiempo. El poeta no es de ninguna parte, más que de sí mismo, y ni siquiera esto podemos asegurarlo.

La colección de plaquettes de poesía de la Catarsis Literaria el Drenaje surge con el deseo de leer la nueva poesía yucateca. Bien sabíamos que así como nosotros, había otras personas que cerraban los ojos estremecidos ante una fuente, ante el movimiento de las nubes o ante las injusticias de la realidad. Nunca dudamos de la existencia de poetas en nuestro estado, sabíamos que si los escaparates de las librerías no estaban llenos de las visiones nuevas no era más que por falta de oportunidades.

De pronto nos encontramos en esta isla y lanzamos una luz de bengala, así los poetas fueron llegando, uno a uno, creyendo quizá también que estaban solos en la isla, nosotros, los dramáticos poetas, y comenzamos la aventura de construir no una balsa, sino un barco que nos permitiera llegar hacia los lectores. Sí, poetas yucatecos buscan lectores de todas partes, de todas nacionalidades, del país y del mundo entero.

Las plaquettes publicadas en esta primera colección son:
Bisagras de Rodrigo Ordóñez Sosa, Good night and travel well de Andrea Domínguez, Muerte de Catulo de Marco Antonio Murillo, P(r)o(l)emas de Mario E. Pineda, Que me sepulten recostado en la palabra de Jorge Manzanilla, Sin Calma de Esaú Cituk Andueza,

Ni leo ni escribo ni pienso de Rolando Salazar, En los ojos la noche de Roberto Cardozo, Melodía tu engranaje quieto de Ángel Fuentes Balam, Erogramas de David Anuar González Vázquez, Y el estado de sitio de Ileana Garma.

Aquí, una pequeña muestra de estos trabajos:

Bisagras, es una plaquette de Rodrigo Ordóñez Sosa, poeta yucateco nacido en 1979. Su poemario está dividido en dos partes, la primera compuesta por 16 “Bisagras”, y la segunda, “Fusilados capitales”, dedicada a Felipe Carrillo Puerto. La obra de Ordóñez Sosa, son las puertas de la ciudad que se van abriendo una a una, para dejar entrever las cosas que permanecen, los cambios que se instalan, para constatar el tiempo de la ciudad en nosotros mismos, en nuestra carne, en la mirada que se nos ha formado a través de albarradas, de encrucijadas nocturnas, y leemos:

           “(…)A las seis de la mañana,
           arranco la ventana,
                        ciudad,
           para saber cuánto tiempo llevamos juntos,
              y únicamente descubro las bisagras de nuestra tristeza,
                     apuntando
                              directamente
                                              a mi rostro”

Para quienes han creído que la ciudad se recorre sólo con los pies, para quienes de la ciudad sólo saben su nombre, sus calles, su temperatura, esta plaquette nos entrega a las profundidades del pasado y la historia, la ciudad en prostitutas o en el propio Felipe Carrillo Puerto.

Muerte de Catulo es una obra de Marco Antonio Murillo, joven escritor nacido en tierras blancas en 1986. Poeta que nos dice:
  El sol se pone cada tarde y sale al día siguiente, pero nosotros,
  cuando se nos apague la vela, dormiremos una noche sin fin.


     “Tomé estas palabras prestadas para ti,
     en lugar de decirte
     una botella inscrita, un barco de periódico,
     o un cadáver lanzado a la deriva.

     Y es que nunca me hubiera preguntado
     cómo es posible que la suma de todo lo vivido
     se resuma en una imagen sepia;
     cómo es posible que de algún muro de la plaza,
     entre ilegibles garabatos y grafitos,
     haya tomado todo lo que un día
     quise decirte y no pude.

     Ahora recuerdo cada una de esas líneas
     sagradas, intactas casi
     como el agua efímera del Tíber.

     Por su préstamo, no ruego el perdón de los dioses.

     A fin de cuentas, las palabras escritas en los muros
     terminan borrándose
     por el sol y nuestros ojos; ya sólo queda
     devolver en ruinas
     todas aquellas cosas que nombramos.

     Al amarte, yo mismo me he nombrado”

Este trabajo rescribe una historia antigua, nos la entrega como si todos los dramas de este mundo se encontraran en cada uno de nosotros, que también hemos estado en Roma, y hemos sido ese amante despechado, el que lo da todo, el que se reconstruye y encuentra a través de la amada, y los vicios, los de ayer, los de siempre.

Andrea Domínguez es autora de la plaquette de poesía Good night and travel well. Nació en Mérida, Yucatán en 1988. Ella escribe:

     “Nacer de mañana, escucho el canto madrugador
     el diálogo más acorde a la franqueza
     rompe el silencio

     vamos a empezar por las vocales
     vamos a contar los números infinitos
     y después demos vuelta a la hoja

     aquellos hipnotizados de la dualidad
     unos tantos sobran,
     como algunos dedos le han sobrado a las manos

     Nunca memoricé el hecho,
     nunca memoricé la acción,
     sólo sentí la dinámica
     memorizar;
     sorprendente repetición de sintonías

     No todos los ocasos son iguales
     ni todas las lunas tocan el mismo cuerpo

     Cierto canto ha sido repetido
     el baile tuyo, distinto y el más distintivo

     Razones sinceras, honestas, las más duraderas

     Hemos comenzado a reír
     la brisa mía
     todo nuevo…”

Este es un poemario sincero, la autora pareciera mirar al mundo desde un acantilado, desesperada y triste. Permite que su mirada se reencuentre con otras pieles, se permite navegar en los sentidos y explorar, pero también cuestiona, es una obra llena de preguntas, de asombros, de contemplaciones misteriosas. Good night and travel well es un documento atrevido, que explora matices de la sexualidad y conveniencias sociales en un lenguaje sencillo, casi libre de metáforas, su ritmo es una marea urbana, donde el humo da vueltas una y otra vez.

El poemario Sin calma pertenece a Esaú Cituk Andueza, joven poeta nacido en Tixcocob, Yucatán 1988. Sin calma pareciera llevarnos a los últimos días de la vida de Cristo, a sus caídas, a su muerte, pero también nos arrastra al dios inválido que todos somos, aquél que muere cada noche y resucita horas después, con la intención de convertir el vino en agua, de limpiar su casa, de sacrificarse por lo amado. Con un aire coloquial, narrativo, el autor nos entrega poemas como:

   “Anduve predicando en la ciudad justicia para los pobres.
   Me senté a la mesa para convivir con pecadores y prostitutas.
   Dije que el reino de los cielos es amar a los enemigos.
                   No lo niego.

   El Templo fue hecho por lo hombres
   y ellos pueden destruirlo.
   Ser Hijo de hombre en la tierra
   es tener un lugar en el cielo.

   Una bofetada no borra las palabras
   y rasgarse la ropa no dice nada.
                    ¿Quién lo niega?

   Me subí a tu barca como pescador.
   Vivimos en la ciudad de Galilea.
   Sané a tu suegra para que nos atienda.
   Cambié tu nombre por uno nuevo.
   Te he dado palabras de vida eterna.
                      ¿Quién me niega? (…)”

Mario Pineda nace en Mérida, Yucatán, en 1986. Él nos ofrece P(r)o(l)emas. Toda la literatura es social, se quiera o no, pero algunas deciden ser descaradamente sociales, críticas, sinceras. Éste es el caso de P(r)o(l)emas que logra exponer las carencias políticas y civiles que se viven en el país, que se han vivido durante años. El hablante lírico le habla directamente a todos los que tienen los ojos abiertos y los invita a mantenerlos así, a no bajar la cabeza, a no desviar la mirada ante la gangrena, ante la gusanera del presente, por eso dice en “Enseñanza Mexicana”:

    “Hincado en las chozas del salario mínimo
    el pueblo aprende frágiles licenciaturas

    de cómo soñar quincenas tiradas por aires acondicionados
    en menos de ocho horas diarias

    De cómo arranarse sobre almohadas V.I.P.
    sin temor de impuestos

    De cómo remojar billetes en vino de tres ceros
    comprando otro pomo con diferente cartera

    De cómo tragar el segundo taco
    en cuenta de cebolla por carne”

Jorge Manzanilla nace en Mérida, Yucatán, 1986. Por medio de Que me sepulten recostado en la palabra, Manzanilla logra explorar las posibilidades de su poética. Jorge se cuestiona el poder de la palabra, su inmersión en las letras, sus cambios a través de la escritura y desemboca en la posesión, en el dejarse poseer por la palabra, entregarse totalmente a ella como a un sueño, a un aroma, a una amante, y dice:

       “Pídele a Dios que los poemas
                         no te sepulten
       Reza, ora, bendícete
      porque en esta vida,
      los versos matan”

Roberto Cardozo nos entrega En los ojos la noche, un poemario dedicado al apunte minúsculo del desamor, el itinerario de un amor que poco a poco amarillea, hasta acumular esquinas inundadas de hojarasca, sábanas sucias, silencio. En En los ojos la noche podemos leer:

   “Esta noche no escribiré.
   Sólo contemplar el vuelo de la bruja.
   No le cortaré las trenzas
   ni la quemaré en mi hoguera.
   Esperaré
   la lentitud de un abrazo
   acompañarla con un beso
   tal vez no espere nada.”

Y queda suspendido, detrás del movimiento de una cortina, de la tarde dibujada en una taza de café, las caderas de una mujer que recortan la luz del sol, para que se regrese a la cadencia de la lluvia, el refugio del hogar del solitario, mientras afuera alguien canta y hay arena y hay un mundo. Este poeta nace en Mérida, Yucatán en 1975.

Melodía tu engranaje quieto es el poemario de Ángel Fuentes Balam, poeta nacido en Mérida, Yucatán, en el año de 1988. Esta plaquette está dedicada al placer, es un documento erótico, totalmente despierto, recubierto de piel, de lenguas, de ojos, es una fiesta al amor, un cantar hacia las experiencias básicas y necesarias, los sabores, los olores, las texturas, para pronunciar:

   “te amo huevo
   te amo melón te amo
   anciana corrediza mancha estrepitosa
   en el fulminar de la muerte
   te amo niña pupila malsana
   yo te amo chatarra monte y agua
   también te amo alejandra
   te amo la noche bolsa de plástico
   jugo derramado te amo camión
   te amo silla de café mariguano
   lentes rotos amanecer
   nebuloso
   te amo justicia utópica etíope atávica
   antílope te amo también
   cuadro te amo peine mordido
   te amo bajo eléctrico grafo en la pared
   de mi espíritu sonámbulo
   te amo limosna sobrina madre victoria
   te amo teta grande piojo sartén
   amo puertas sinceras donde puede entrar la caricia
   te amo mi amigo mujer inmensa
    luna
   espejo de luto
   padre honradez
   te amo sábana templo te amo
   la sombra el hombre al hambre el ala alambre
   naturaleza repleta y amo la vida
   como si amara
   mi nombre.”

Rolando Salazar nos entrega su primer trabajo poético titulado Ni leo ni escribo ni pienso. Es un joven poeta nacido en Mérida Yucatán en 1986. Éste es un viaje a un mundo inferior, hecho de instintos, donde el hablante lírico se cuestiona conceptos establecidos como la venganza, el amor, la familia, dios, el miedo, el ser. Salazar logra llevar estos conceptos a un territorio hostil, cargado de violencia, sí, pero también cargado de duda, la duda necesaria que habita en todo poeta que desea re significar el lenguaje y con ello su mundo, el presente, el yo. Rolando devela sin miedo la oscuridad de sus pensamientos, se desnuda en cada poema y nos invita a desnudarnos, a dejar las máscaras, a dudar.
                 ¿Familia?, dice el poeta, y se responde:

   Yo con esta mirada te traspasaba
   mientras tus labios llenan de hielo mis grietas
   tus dedos levantan mis vellos escasos amarillos
   ¡Intentas despertar mi miembro!
   te convertiste en lobo y destrozas tu camisa
   miro tu abdomen pelos transmutaciones humanas
   mi pene se movilizó

   Me voy a ir al inframundo por esta hazaña
   allí los oídos dicen cuentas
  me hago al loco
  nada pasó…

   Como dos personas similares a cuervos
   nos engloban para destrozarnos
   Este gemido que jamás resonó
   y la lágrima que nunca...

   Me quité la poca ropa
   limpié mi sangre para quitar quizá una culpa
   Me odiaste
   y aunque un sentimiento nos entrelaza
   jamás nos separará ni olvidará
   Siempre te podré buscar
   Papá.”

Erogramas es el trabajo de David Anuar, joven escritor nacido en Cancún, Quintana Roo, 1989. Anuar está jugando en todo momento con las palabras, las mueve, las descuelga, las hecha a volar, pero no para que se vayan al cielo, sino para que aterricen en el campo de las pasiones, en el océano de los cuerpos; los puntos suspensivos caen de la página, se llenan de carnalidades y el poeta puede decir:

                  “Clósets desiertos”

    Ganchos         sin         aliento
    Escamas        de        tus        movimientos
    En                   las                         sábanas
    En                         los                       párpados
    En             todos               mis                     nervios”

Y con la escritora Angélica Santa Olaya se inaugura un nuevo universo, la colección nacional de plaquettes de poesía femenina. Santa Olaya nace en la Ciudad de México, 1962. Su trabajo es una aventura hacia los deberes, si es que los hay, del poeta. Angélica sabe que no existen ciudades para los poetas, que ser poeta es construirse una ciudad, es tener miedo sin tener miedo, escarbar en los terrenos conocidos, visitados una y otra vez por miles de personas hasta encontrar lo que nadie ha visto nunca y estar también en una habitación solitaria, mientras afuera envejecen los perros, las flores. Angélica nos dice:

   “El poeta tendría que estar solo
   para que a nadie moleste
   con su palabra espina
   tendría que ser un ave que cante
   de vez en cuando
   y levante el vuelo
   para no acosar el oído
   de los árboles que erguidos
   levantan la cabeza
   justamente porque no pueden
   mover un pie…
   El poeta tendría que ser un árbol,
   una calle, alguna piedra…
   Pero su destino es ser voz que llora
   la inmovilidad del árbol,
   el melancólico rostro
   de la calle Madero a las 3 de la mañana
   huérfana incluso de borrachos;
   su trabajo es parir una entintada queja
   y esbozar la tibia añoranza
   de la piedra que contempla el vuelo
   casi inmaterial de un ave;
   su función es dibujar la punta ardorosa
   de una espina enamorada que se aleja del dolor
   para no lastimar la mano temblorosa
   sudorosa luminosa
   de algún despistado sibarita
   que se aferra con uñas y palabras
   a ese bicho escurridizo que se llama vida.”

He aquí once plaquettes de poesía, poesía que se escribió en Mérida y que se escribió en México, procurando reunir pétalo a pétalo la flor deshecha, el camino perdido bajo aquella cortina de lluvia, las sábanas que hace tiempo desaparecieron y que nadie sabe quién puso en el bote de basura.