REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 07 | 2019
   

Apantallados

Moviola en su laberinto - El caso Moro y la Operación Gladio: La violencia política en Italia durante la guerra fría


Alonso Ruiz Belmont

El periodo histórico conocido como “los años de plomo” en la Italia de los años setenta estuvo marcado en buena medida por la violencia armada que ejerció la organización de extrema izquierda Brigadas Rojas en ese país. El momento cumbre de aquel oscuro proceso de choque que las Brigadas habían iniciado en contra del estado y la clase empresarial italiana, fue el secuestro y posterior asesinato del ex primer ministro y líder democristiano Aldo Moro en 1978. La desaparición de Moro significó un abrupto final para el acercamiento político que éste había estado desarrollando desde hacía unos años con Enrico Berliguer, dirigente del Partido Comunista Italiano (PCI). Las negociaciones, también conocidas con el nombre de “compromiso histórico”, tenían como propósito la formación de un gobierno de unidad nacional con la participación conjunta de la Democracia Cristiana (DC) y el PCI. La búsqueda de este nuevo orden histórico estaba orientada a frenar la polarización política que estaba sufriendo el país y fortalecer su autonomía ante el orden bipolar de la Guerra fría. La injerencia constante de los Estados Unidos en los asuntos internos de aquella nación estaba dañando seriamente la estabilidad de Italia y frenaba la consolidación de los acuerdos parlamentarios necesarios para su modernización. Sin embargo, la negociación de una alianza política entre la DC y el PCI había despertado un profundo malestar entre los sectores más intransigentes de la derecha gobernante, apoyados de cerca por los EEUU, y entre la izquierda radical. Los grupos reaccionarios afirmaban que esa eventual coyuntura posicionaría a Italia dentro de la órbita soviética. La izquierda maximalista, partidaria entusiasta de la vía armada y temerosa por el notable posicionamiento electoral que estaba viviendo el PCI, pensaba en cambio que la colaboración parlamentaria entre comunistas y democristianos terminaría con la esencia progresista del comunismo italiano.

El surgimiento y evolución de las Brigadas Rojas estuvieron influenciados por la radicalización política que vivían estudiantes y académicos universitarios italianos que militaban en el comunismo a fines de los años sesenta. Dicho fenómeno estuvo también relacionado con el fin del “milagro” económico de la posguerra y la expansión del desempleo en el país hacia 1968. Esta coyuntura social es abordada detenidamente en la cinta de ficción Year of the Gun (1991), de John Frankenheimer. El filme, basado en una novela de Michael Mewshaw, relata la historia de Raymond Raybourne, un escritor estadunidense que reside en Milán y trabaja como periodista para un diario local en el año de 1978. Raybourne se hallaba escribiendo un relato de ficción con el cual pretendía juntar el dinero necesario para casarse con su novia, una joven italiana de clase alta llamada Lia. El libro de Raybourne estaba inspirado por la violencia armada de las Brigadas Rojas y su argumento giraba en torno a un complot imaginario para secuestrar a un político de alto nivel en aquel país. Para poder terminar la novela, el periodista comienza a estudiar de cerca las actividades de la organización terrorista con la ayuda de su amigo Italo Bianchi, profesor en la Universidad de Milán. De manera fortuita, Raymond conoce a una fotógrafa estadunidense llamada Alison King y en una charla le habla del libro que estaba escribiendo. King sospecha que Raybourne es un militante de las Brigadas y le roba el manuscrito esperando encontrar información de primera mano sobre las actividades de la banda armada. Para estudiar el documento King le pide ayuda a Bianchi, ignorando al igual que Raymond, que el profesor universitario es en realidad un importante colaborador del grupo terrorista. Al estudiar el relato Bianchi se da cuenta que, coincidentemente, el texto guarda estrechas similitudes con la operación clandestina que las Brigadas se hallaban planeando en ese momento para secuestrar a Moro, Raybourne desconoce además que la propia Lia también forma parte de la organización. Bianchi piensa entonces que Raymond es un informante de la policía y ha obtenido datos acerca del complot a través de Lia, lo cual es falso; las Brigadas deciden entonces secuestrar al joven periodista y a King. Lia es acusada de traicionar al grupo y ejecutada. Raybourne y la fotógrafa son obligados después a retratar el cadáver, posteriormente son liberados con la intención de persuadir a las autoridades de ya no infiltrar a la organización. Paralelamente Moro había sido secuestrado el 16 de marzo por las Brigadas Rojas, éstas decidieron asesinarlo luego de 55 días de cautiverio.

Pese a su carácter ficticio, los personajes centrales de Year of de Gun ofrecen un retrato verosímil de la salvaje radicalización política que vivía Italia por aquellos años, así como de su fuerte componente sociológico. Ambos factores, estaban directamente asociados al histórico papel desestabilizador que habían jugado los Estados Unidos, la extrema derecha italiana y la Mafia, como los principales arquitectos del orden político en esa nación durante la posguerra. Sin embargo, muchas de las revelaciones que se han divulgado a los medios en el transcurso de los últimos diez años acerca del caso Moro bien podrían reescribir la historia de la posguerra en Italia. Una gran parte de esta información ha sido publicada en diversos libros y reportajes escritos por el periodista Arthur E. Rowse, el historiador Daniele Gaesner, así como por el ex senador italiano Sergio Flamigni, quien fue un estrecho colaborador de Berliguer durante los años del “compromiso histórico”.
Rowse y Gaesner descubrieron que en 1950 la CIA había creado una red paramilitar clandestina en Europa Occidental al mando de la OTAN, cuyas actividades consistían en la realización de atentados terroristas y acciones de desestabilización política en varios países aliados de Estados Unidos. Los ataques iban generalmente dirigidos en contra de la población civil y estaban concebidos para culpar a organizaciones de izquierda. El nombre clave de esta red fue Operación Gladio, su propósito central era evitar a través del miedo que los partidos comunistas alcanzaran el poder por la vía electoral en cualquier nación de Europa Occidental. Gladio operó durante casi cincuenta años.

Uno de los países de la OTAN en los que Gladio realizó el mayor número de operaciones encubiertas fue Italia. Sus actividades gozaron desde el principio con la aprobación expresa de varios primeros ministros y el involucramiento directo de altos oficiales en las fuerzas armadas, los servicios de inteligencia y la policía nacional italianos. Dicha red contó también con la participación de la logia masónica P2, una organización fascista paramilitar. Las actividades de Gladio en ese país eran coordinadas desde una base de la CIA en Cerdeña. Allí se formaron cuarenta grupos especiales de agentes y soldados, que recibieron entrenamiento militar especializado en sabotaje, espionaje, tácticas evasivas y operaciones armadas. A partir de 1950 y por alrededor de cuatro décadas, la base de Cerdeña entrenó unos 4000 efectivos y tuvo a su disposición unos 139 arsenales a lo largo del país, dotados con varios centenares de armas largas, explosivos de alto poder, ametralladoras pesadas, morteros y granadas. Gladio tuvo participación directa en numerosos atentados con bombas, realizados en las ciudades de Milán, Venecia, Roma y Boloña entre 1960 y 1980. Estos sangrientos ataques terroristas cobraron la vida cientos de personas en plazas públicas, establecimientos comerciales y estaciones de trenes; sin embargo, su autoría se adjudicaba oficialmente a grupos anarquistas, células radicales de izquierda u organizaciones de ultraderecha.

Entre 1964 y 1974 varios militares de alto rango, así como numerosos oficiales adscritos a los servicios de inteligencia (SIFAR/SID) protagonizaron cuatro fallidos intentos de golpe de estado en Italia. En aquellas sublevaciones neofascistas llegaron a estar involucrados, entre otros, el teniente coronel Renzo Rocca, el general Vito Miceli, así como los líderes paramilitares Junio Valerio Borghese, Stefano Delle Chiaie y Edgardo Sogno. La intentona golpista de 1964, cuyo nombre clave era Plan Solo, contemplaba el asesinato del entonces primer ministro Aldo Moro. Años después, durante la sublevación de 1970 los conspiradores llegaron incluso a tomar el control de la sede del Ministerio del Interior en la ciudad de Roma por unas horas. En todas estas conspiraciones estuvieron presentes las redes de Gladio; estas movilizaciones quedaron desbaratadas porque fueron descubiertas por las fuerzas de seguridad del estado (1972, 1974), o bien porque una parte de los efectivos involucrados cambiaron de parecer (1964, 1970). Durante aquellos años las investigaciones realizadas por el gobierno motivaron el cese de un número indeterminado de oficiales en las fuerzas armadas; sin embargo, en todos los casos los acusados quedaron eventualmente exonerados por los tribunales correspondientes. Generalmente, la información era hecha pública hasta varios años después y los detalles más importantes permanecieron en secreto por razones de seguridad nacional.

Flamigni pudo confirmar que hacia 1974, las células de Gladio operadas por la CIA y el SID habían conseguido infiltrar a las Brigadas Rojas. En adelante, el notable incremento de la violencia armada por parte de las Brigadas sirvió claramente a la llamada “estrategia de tensión” impulsada por los sectores reaccionarios del país y por la OTAN, orientada a la radicalización política de la izquierda comunista. En 1974, una nueva cúpula dirigente encabezada por Mario Moretti se hizo con el control de las Brigadas Rojas e impulsó un escalamiento de la violencia frente al estado. Moretti comenzó entonces a planear cuidadosamente el secuestro de Moro, que se concretaría el 16 de marzo de 1978 en la Vía Fani de Roma cuando el líder democristiano se dirigía hacia el Parlamento a encabezar la formación del nuevo gobierno de coalición entre la DC y el PCI. En el tiroteo que se registró en ese lugar fueron asesinados los 8 guardaespaldas de Moro. Las Brigadas ocultaron al político en una casa de seguridad localizada en el número 96 de la calle Gradoli. Durante su cautiverio, Moro envió numerosas cartas dirigidas al gobierno democristiano en las que solicitó infructuosamente la realización de negociaciones políticas con el grupo armado para ser liberado. El 9 de mayo de 1978, el cadáver de Moro fue encontrado en la cajuela de un auto estacionado en el centro de la capital.

La versión oficial del caso Moro adjudicó enteramente la responsabilidad de su muerte a las Brigadas Rojas y negó cualquier vinculación de éstas con el estado italiano. Sin embargo, en 2004 Flamigni halló nuevos indicios que involucraban directamente a Gladio en el homicidio. Justo cuando se hallaban posicionados en la estructura dirigente del grupo armado, Mario Moretti, Duccio Berio y Corrado Simioni trabajaban simultaneamente en Paris en una oficina clandestina de la CIA. Ese importante centro de espionaje estaba oculto tras la fachada de una escuela de idiomas llamada Hiperión, en la que los tres se hacían pasar como profesores. Sin embargo, los fundadores de las Brigadas ignoraban que durante su adolescencia Moretti había sido un prominente militante fascista y en realidad había sido infiltrado por el SID en la organización. Moretti, Berio y Simioni formaron el grupo “Superclandestino”, también conocido como “Superclan”. Esa facción se ostentaba como el ala radical de las Brigadas Rojas, pero había sido creada y financiada secretamente a través de un grupo paramilitar de ultraderecha llamado Comitati di Resistenza Democrática (CDR) por Sogno, otro fascista directamente vinculado a la CIA.

Flamigni logró confirmar que durante su cautiverio Moro había revelado a sus captores la existencia de Gladio y sus operaciones. El líder democristiano creyó que podría ser liberado si confiaba a sus secuestradores valiosos secretos de estado, pero ignoraba que el grupo se hallaba infiltrado. Esa decisión selló su destino, su ejecución fue realizada por el propio Moretti. Sin embargo, tanto el primer ministro Giulio Andreotti como el ministro del interior Francesco Cossiga ya habían decidido romper toda posibilidad de acuerdo con las Brigadas Rojas desde el mes de abril. Estudios de balística que fueron descubiertos por Rowse hacia 1996, indicaron que más de la mitad de las 92 balas disparadas en la Via Fani el 18 de marzo de 1978 guardaban asombrosa similitud a las existentes en los arsenales de Gladio.

Las audiencias que fueron realizadas por las comisiones especiales del Parlamento italiano para investigar el asesinato, revelaron que en una visita oficial realizada por Moro a los Estados Unidos en 1974 como ministro de relaciones exteriores, éste había recibido amenazas directas por parte del entonces Secretario de Estado Henry Kissinger y de un militar no identificado para poner fin al “compromiso histórico” y a toda negociación con el PCI. En una serie de ríspidas conversaciones, Moro fue advertido de que si seguía adelante en sus planes de formar un gobierno de coalición con los comunistas “pagaría un alto precio por ello” y correría con la misma suerte que el chileno Salvador Allende en 1973. El político italiano suspendió entonces su gira de trabajo, regresó a Roma y confió los detalles a su esposa poco después. Kissinger negó todos los señalamientos hechos por la viuda de Moro a las comisiones del Parlamento italiano. Moretti sería capturado hasta 1981, juzgado por sus crímenes y posteriormente condenado a seis cadenas perpetuas por homicidio. Sin embargo, en 1994 el ex presidente Franceso Cossiga le otorgó sospechosamente el beneficio de la libertad condicional por haber supuestamente cooperado con las autoridades aportando nueva información sobre el magnicidio que resultó ser falsa. Actualmente, Moretti vive y trabaja en la región de Lombardía aunque se ha negado rotundamente a hablar con los medios, incluso después de que sus vínculos con Gladio comenzaron a salir a la luz pública a mediados de los años noventa.

Los escándalos de corrupción desatados durante la era Berlusconi desviaron la atención de la opinión pública ante el cúmulo de revelaciones que fueron haciéndose por aquel entonces sobre el caso Moro. Sin embargo, el descubrimiento de la trama Gladio comprueba que la violencia política debilita siempre a las instituciones democráticas y, con frecuencia, aleja del poder a los más sensatos.

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* Year of the Gun, Estados Unidos, 1991. Dirección: John Frankenheimer. Producción: Initial Films, J&M Entertainment, Shomedia. Guión: David Ambrose. Elenco: Andrew McCarthy, Sharon Stone, Valeria Golino.