REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 08 | 2019
   

Confabulario

Buenos lectores y Buenos escritores segunda parte)


Roberto Bravo


Con el propósito de saber cuáles eran las principales dificultades que los escritores encaraban al ejercer su oficio, René Avilés Fabila, en 1975, propuso a algunos escritores mexicanos los siguientes interrogantes:
- ¿Resulta fácil editar un libro, publicitarlo, venderlo?
- ¿Existe la crítica literaria?
- ¿De qué vive el escritor?
- ¿La formación académica es útil al literato?
- ¿Es necesaria la participación del novelista, del poeta, en política?, ¿ésta menoscaba sus virtudes literarias o las enriquece?
Uno de los encuestados fue Tito Monterroso, quien dijo:
“Quizá debido a eso la inmensa mayoría de los escritores son malos. Muchos talentos naturales se pierden por falta de refinación. En cuanto a mi experiencia, soy autodidacta. La enseñanza de la literatura en las universidades no pretende hacer escritores. Al escritor lo hacen sus conflictos internos y externos, sus miedos, sus ilusiones, el placer, el sufrimiento, las largas enfermedades, el amor, los rechazos, la pobreza, el fracaso, el dinero, la ausencia, sus posiciones ante el Bien y el Mal, la Justicia y la Injusticia; la vida, en fin. Y determinada sensibilidad para responder a todo eso.

A veces entre más ajeno a la literatura sea lo que uno hace para ganarse la vida, mejor para lo que uno escribe. Durante mi vida he oído a los malos escritores latinoamericanos quejarse de la falta de facilidades, estímulos, oportunidades, ambiente, etc. ¿Qué pretenden? Escribir es muy fácil. Lo único que se necesita para hacerlo bien es inteligencia, sensibilidad y unas cuantas experiencias y encuentros con las personas y los libros adecuados.

No creo que las ataduras económicas impidan el desarrollo del escritor. El caso contrario es el cierto: por lo general los millonarios no escriben, y aun temo que en nuestro medio ni siquiera lean. Las condiciones económicas de cualquier tipo no tienen nada que ver con la buena literatura. No hay que hacer nada para reducir el problema económico de los escritores a expresiones mínimas. Lo único que se puede hacer es dejarlos tranquilos, que vivan bien o que padezcan hambre. El resultado final de cualquiera de esas dos situaciones es imprevisible. Nadie sabe de dónde puede salir la buena literatura. Aunque usted regale fincas a diez mil poetas, es muy improbable que de entre ellos surja un Horacio. Lo mejor de León Bloy fue dictado por el hambre. Por otra parte, las experiencias de Montaigne como hombre rico dieron Los ensayos de Montaigne. La literatura tiene razones que las razones económicas desconocen.

El trabajo del artista es diferente de cualquier otro en razón de que no produce cosas necesarias, o por lo menos de necesidad inmediata. Si las obras del escritor se venden y éste recibe mucho dinero por ellas, está bien. En cuanto a los escritores mexicanos, por lo que sé de ellos ninguno vive del producto de sus libros.

El escritor debe vivir de su trabajo, debe entenderse aquí un trabajo ajeno a la literatura.

Entre nosotros, tradicionalmente el estado proporciona trabajo a los escritores. Unos se convierten en funcionarios, otros no, a unos les gusta ser funcionarios, a otros no. ¿Cuál es la diferencia? Se puede ser embajador o estar en la cárcel y escribir bien o mal. No hay relación entre una cosa y otra.

Un mal libro halla editor. Un buen libro también. En mi caso, siempre encontré facilidades. Tal vez un poco de mayor resistencia (por parte de los editores) me hubiera hecho mejor escritor. Por otra parte, ninguna obra maestra desconocida constituye una pérdida para la humanidad, que siempre puede pasarse sin ella.

Nadie sabe porqué un libro bueno se vende y otro no; ni por qué un libro malo no se vende y otro sí. Consumen libros literarios los que pueden pagárselos sin sacrificios y reciben de ellos un placer (el libro como lujo, no como necesidad); y otros que apenas pueden pagárselos (una gran mayoría) y reciben de ellos entretenimiento durante las horas muertas en el trabajo, como las secretarias. (El libro como una necesidad, no como lujo). Para que hubiera un auge de la narrativa latinoamericana se necesitó un auge previo de secretarias.
El escritor debe ser, o por lo menos sentirse un aficionado y no un profesional de la literatura, no considero que como tal tenga ninguna obligación con la sociedad. El escritor, así, practica su trabajo lo mejor que puede y la sociedad lo acepta o lo rechaza.
Para ser crítico se requiere la misma afición que para ser novelista o poeta, y que el hecho de serlo exige un gran esfuerzo. La crítica está llamada a influir en el público, a orientar el público, no a los autores. Ningún autor serio cree en la crítica, a menos que ésta sea elogiosa para él o contraria a sus colegas.

Intelectuales son los hombres de ciencia, pensadores, sociólogos, periodistas, obispos, antropólogos, etc., cuando hablo de escritores pienso en artistas. Y estos, como bien dijo Faulkner, sólo necesitan papel y lápiz. Y añadiría yo: hacer su tarea “lo mejor que puedan.”


FUENTE:
Avilés Fabila, René; El escritor y sus problemas, Fondo de Cultura Económica/Archivo del Fondo 42, México, 1975, 86Pp.