REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Confabulario

Nuevos Brevicuentos *


Roberto Bañuelas

Equitación equivocada
Los arribistas ilustrados, en su afán de actualizarse, están dispuestos a creer que el Apocalipsis es una modalidad elegante de la equitación o sólo una profecía incumplida, sin darse cuenta que son, desde que nacieron, inquilinos intransferibles del mismo.

Dolor presente del amor que fue
Aquí, lejos del hotel, la naturaleza no está deformada por el gusto artificial de las tarjetas postales y aún es posible sufrir la mordedura de un cangrejo rezagado, como el recuerdo de tu cuerpo recibiendo la inmersión de mis deseos. Eras la tarde en llamas, cubierta de signos y mensajes, y mis manos eran pequeñas para retener los cálidos itinerarios de tu cuerpo. Nunca vi tanta luz como en ese momento en que cerré los ojos. Y ahora, otra vez frente al mar, bajo el cielo que arde sin ti, los pájaros rasgan el aire en otro intento de medir la lejanía.
Mientras la marea se esmera en dar vueltas a las páginas de su diario de angustia infinita, intento con la misma desesperación disolver tu recuerdo y seguir buceando en su voraz profundidad. Camino sobre guijarros que guardan el tibio rescoldo del crepúsculo. Frente a mi soledad, sembrada por ti, el mar comienza a rielar con las primeras chispas nocturnas.

Homenaje al silencio
Si nada acontece en relación a la esencia que custodiamos como el prodigio de comprobar que somos personas diferenciadas y nada nos sobrevive más allá del recuerdo antropológico que puedan conservar nuestros nietos intrascendentes, las pretensiones apasionadas de consignar la tolerancia del caos resultan vanidosas y absurdas.
Las noches estrelladas y los días nublados; los huracanes triunfantes, las sequías renovadas y las plagas resurrectas. La erupción de volcanes que fingieron somnolencia o que estuvieron jugando a parecer la gran cumbre muerta. Las nuevas carreteras y los caminos borrados. Los naufragios y las invasiones, y todo lo que le sucede a nuestro sobrepoblado mundo frente a la indiferencia perversa del planeta vecino… ¿Para qué sirve llevar un diario personal?

Silencio preñado de ansiedades
El homenaje constante de la vida se enaltece en la soledad, materia prima del exilio, renovado en cuaquier país que no es el tuyo, y los nativos casi transparentes, con su lengua erizada de consonantes y los trofeos de su tradición a cuestas, te declaran la guerra para que no extrañes a tus enemigos que dejaste al otro lado del mar, entre altas pirámides que palpan con las creencias del cielo y las catacumbas con oscuros guardianes para conservar a los dioses secuestrados.
Tu compañera, irreverente con la belleza en plenitud, se asoma a la orilla de tu alma y dialoga en un silencio preñado de ansiedades y desventuras que suman las variantes de la incomprensión constante y cultivada de quienes se ufanan de no recomendar los valores de tu obra.
Te miras en sus ojos casi claros que filtran la luz de este atardecer medido por los pasos de otro paseo que, en el suave rumor del viento entre los árboles sobrevivientes, el silencio y las palabras van encontrando su hermandad poética de río que camina siempre, sin dormir, afilando la espada del agua con la luz y el comienzo del fin del horizonte.

Ofrenda del canto
Los criminales, los exhombres, los enemigos del prójimo proponen y realizan a diario su obra destructiva. Tú, a pesar de ser un marginado, un solitario y un vidente del futuro en que se comerán los unos a los otros, ofreces tus cantos para recordarle al hombre que aún es posible salvarse de sí mismo para poder crear dioses más cercanos a la belleza y al amor.

Doble juego
Sólo hay una mesa-tablero para jugar damas. Mientras los dos contendientes piensan la propia jugada y la del otro, sin dejar de presionar con los labios su cigarrillo -como si cada uno fuese el espejo del otro-, los que están a su alrededor sueñan con la remota posibilidad de ser parte del juego de alguna dama de carne y hueso, de sexo y piel, de verdad y locura, ambos distantes y ciertos por imposibles.

En nombre de la civilización
Fumar la pipa con tabaco aromatizado, pipa que no puede ser la de la paz porque seguimos en guerra, señores; porque las naciones poderosas, en nombre de la civilización y del progreso, maquinan y maquilan la conversión de la humanidad en ejércitos de esclavos, en la destrucción de credos y tradiciones para unificar en un ente programado al productor de órganos vitales destinados a prolongar la sobreviviencia de los privilegiados y tiranos.


Insignia reiterada
Izarás tu bandera de náufrago en la ciudad perdida, insignia confeccionada con calcetines pensionados de cartero exausto.

Profecía postergada
Con la Tierra sobrepoblada en una dimensión de plaga perpetua no fue necesaria la resurrección.

Fulgores y tinieblas
No quiero creer en la muerte ni esperarla en ningún recodo del camino de la existencia. Para alejarla o para olvidarme de ella, sembraré cada día algunas briznas de la hermosura que me da la vida y compartiré la luz del esplendor del arte: continente poblado de la verdad revelada y del misterio envolvente. Forma y fluido del milagro diario de nacer de nuevo.
El mar y el viento ayuntan su rumor, la vida y la muerte combaten su dolor. La vida, entre fulgores y tienieblas, nos regala la esperanza y el amor; la muerte, entre ausencias prolongadas y olvidos circulares, nos otorga la densidad pensante de una noche sin fin.
Breve la vida, mucha la prisa y largo el camino para dar con la muerte en la carrera de la fuga.
El cosmos, en su entorno inmediato, no es lejano ni imposible: su presencia forma parte de las mínimas distancias que mis ojos capturan. Antípoda del tacto, la vista me hace viajar en la geometría iluminada de la ilusión.

Refutación
Célibe, solterón, maduro (maricón seguro), masturbante de sesiones con la luna en cuarto creciente osó proclamar, entre amenazas y anatemas: “no desearás la mujer de tu prójimo”.
Salimos de la conferencia y Angello, escéptico laureado en experiencias opuestas a las más decadentes teorías de los profesionales de la anulación emocional de los prosélitos exclamó, en la punta del monólogo que giraba sobre su propio huso, como un eco burlesco de la voz: “No desearás tampoco a tu prójimo”.
-¿Cómo? ¿Qué dices?
-Digo que sólo es posible desear a la mujer del prójimo porque el prójimo hace lo mismo. Es como un espejo múltiple que refleja en todas las horas, bajo la luz del sol o de la luna, el deseo de amar y de ser amado con la secreta intención de poder morir en un supremo relámpago de éxtasis pasional. El hombre es un explorador entusiasta y un navegante temerario sobre un mar de sueños ardientes y dispuesto siempre a recorrer el continente florido del cuerpo femenino. A mi mujer, incluyendo los humores evolutivos de la química del organismo, la conozco de memoria desde hace muchos años. El hombre es un animal de estímulos, no un gimnasta obcecado en alturas y marcas olvidables. La mujer del prójimo, en la hora furtiva, nos descubre el nacimiento de la Eva adulta en la inauguración de un nuevo paraíso.

Reino reconocido
Noche a noche, desde que Thomas Alva Edison dijo: “Hágase la luz eléctrica” y la luz se hizo y fue buena, y estaba ahí, formada y dispuesta para combatir las sombras, la noche de los tiempos y la ignorancia empedernida de quienes están conformes y resignados con lo que tienen en abundancia los miembros selectos del cuerpo elegido por el destino, la herencia de privilegios y las fortunas delictivas sin castigo. (Los focos, las bombillas, las luminarias, los faroles, los reflectores, los anuncios móviles y toda la proyección lumínica no alcanzan a combatir la oscuridad que se aposenta como un mar de aceite para ocultarnos la remota cintilación de las estrellas). Nada tan oscuro como la ciudad anegada de perversidad en el diario parto de la horda que camina para distribuir el aviso de la muerte a los que sueñan y luchan para alcanzar una vida mejor. El lobo del hombre anuncia su candidatura amenazante, envuelta e implícita en las abstracciones y mentiras concretas que deben leerse y oírse al revés de las promesas, ofertas y compromisos de renovación sin faltar a la tradición del fraude convertido en sistema de engaño al pueblo y de traición a la Patria si ahora no fuese una desilusionada colonia con sobrevivientes (¿ciudadanos?) de tercera y cuarta clase frente al consorcio de las naciones dominantes que, como castigo y por bizarro amor a la variedad expositiva del homo stupidus, también disponen de un extendido enjambre de zánganos, viciosos y menesterosos que no dan tregua al infeliz asalariado con corbata que se siente célula manipulada, pieza, engrane y agente insustituible del orden capitalista en el que su reino sí es de este mundo.

* Del libro inédito Los inquilinos de la Torre de Babel.