REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
05 | 12 | 2019
   

Clave de sol

La bayadera en el Palacio de Bellas Artes


Alejandro Alvarado

Por primera vez en su carrera, Blanca Marcela Ríos Marroquín, primera bailarina de la Compañía Nacional de Danza, personifica a la bayadera Niñilla. La historia transcurre en la India y cuenta cómo una bayadera, mujer consagrada a la danza, se enamora del guerrero Solor, quien por un acuerdo familiar se ve obligado a desposarse con Gamzatti, y de esta manera da paso a una historia de amor frustrado que pudo verse en el Palacio de Bellas Artes en el mes de octubre.

Representar a Ninilla es técnicamente bastante difícil, explica la primera bailarina, porque son tres actos que exigen un nivel interpretativo muy desgastante, y en la coreografía se hacen diversas modificaciones. “En el primer y segundo acto se requiere un tipo de interpretación acorde a la historia que está sucediendo; pero en el tercero se requiere de una gama inmensa de ballet técnico, que vuelve mi quehacer en un trabajo bastante cansado. Aunque ya me ha tocado interpretar varios papeles difíciles, cada uno de ellos contiene un aire especial que lo distingue. En el de La bayadera todo es nuevo para mí porque nunca lo he actuado. Pero mi experiencia de otras coreografías me ha ido preparando para interpretar este papel sumamente difícil.

─¿Cómo se prepara para un ballet una primera bailarina?
─En la Compañía Nacional de Danza nos imparten a diario una clase de hora y media, la cual es como la base del entrenamiento para que nuestro cuerpo esté preparado para este tipo de roles. Actualmente trabajo hasta las cuatro de la tarde en la afinación de mi papel en este ballet. Prácticamente toda la mañana la paso repasando ejercicios con diferentes maestros, quienes por medio de su propia experiencia van enriqueciéndome de más conocimientos. Dirigen mi ejecución del movimiento de los brazos y en el ritmo que debo imprimir a cada uno de los pasos.

─¿Cómo va dándose la formación desde niña de una primera bailarina?

─El gusto por bailar es una tradición que en la familia traemos en la sangre. Una tía abuela mía fue bailarina, y yo desde chiquitita pasaba parte de mi tiempo bailando en casa. Mi carrera la comencé a los ocho años en la Escuela de Música y Danza de Monterrey. Desde que llegué a la escuela disfruté del trabajo refinado que estaba aprendiendo y del reconocimiento de los maestros y de la gente que me veía bailar y me halagaba por la calidad de mis movimientos. Estuve diez años en la escuela y luego me vine aquí, a la Compañía Nacional de Danza, a bailar profesionalmente. Estuve tres años en el cuerpo de baile, después me subieron a corifeo y más adelante a solista; mi dedicación al trabajo consiguió que llegara a primer solista y finalmente se me recompensó con el puesto de primera bailarina.

─¿Qué tan difícil ha sido para usted el aprendizaje de la técnica del ballet?
─La danza es un oficio artístico muy difícil y estricto. El cuerpo se castiga mucho en el trabajo. Un bailarín necesita aprender a trabajar con su cuerpo sin machacarlo tanto. Siempre debe calentar sus músculos y sus tendones antes de comenzar a bailar. Necesita diariamente un calentamiento a fondo para que el cuerpo esté bien preparado, si no puede lesionarse, lastimarse. Es obligatorio que tome precauciones, que se cuide, y no olvide darse sus terapias. Yo, por ejemplo, cuando termino mis rutinas procuro introducir mis pies en agua tibia para que se relajen y no irme adolorida a mi casa. La preparación es ardua. Pero el estado emocional que alcanza una bailarina cuando ve el resultado de su trabajo justifica todo el esfuerzo.

“Me encanta sentir la emoción que da saber que ya soy primera bailarina. Apenas llevó dos años ocupando ese lugar en la compañía, que es el más alto al que puedes aspirar. Al principio de mi carrera no creí que lograra ascender tan arriba. Son ya diez años los que llevo sin ver a mi familia, cuya residencia es en Monterrey; pero mi profesión exige fortaleza de carácter y estoy avocada a ella de tiempo completo. Tengo una responsabilidad grande porque los ojos de todo el mundo están observando mi trabajo; incluso, los de mis compañeros que son cuerpo de baile, los que apenas empiezan. Para ellos, yo debo ser un ejemplo. Necesito dar mi máximo esfuerzo y mantener buena disciplina porque soy un ejemplo a seguir.

─¿Una bailarina, debe sacrificar momentos importantes de su niñez para poder ser una profesional?

─Sí. Cuando yo era niña, al salir de la escuela, me iba a estudiar ballet desde las tres de la tarde hasta las ocho de la noche. Estaba prácticamente toda la tarde tomando lecciones de ballet, de repertorio de música, de todo lo que tuviera que ver con la danza. Salía a las ocho de la academia y llegaba a mi casa a hacer tarea y a estudiar. No salía a jugar con mis amigos, estaba enfocada, prácticamente, al ballet. Ahora, que estoy ya casada, el día que participo en una función, mi esposo, a pesar de que no es bailarín, me motiva a concentrarme en el ballet. No permite que me distraiga con otras actividades.

─¿Qué tan difícil es cuando se baila en pareja que los cuerpos de los primeros bailarines se adapten para desarrollar la coreografía?

─Cada coreografía la trabajamos infatigablemente. A veces es difícil lograr la comunión entre dos bailarines diferentes, pero debemos acoplarnos en la técnica y cuidar que no vaya a irse cada uno por su lado. La necesidad de buscar el acoplamiento en los ensayos y ser meticulosos en cada uno de los movimientos es parte del trabajo para que todo salga bien en el escenario.

─Con el transcurrir del tiempo, ¿una bailarina llega a aburrirse, a cansarse o a fastidiarse de estar tanto tiempo repitiendo ejercicios de ballet?

─Sí; llega un momento en que el trabajo pesa, y el cuerpo necesita descanso; pero ese momento debe ocasionar una descarga de energía y una sacudida en la conciencia del bailarín que impulse su ánimo por el trabajo. Se trata, como en cualquier ejecución de arte, de que el artista se fortalezca mentalmente y miré siempre hacia adelante.

─¿Son muy rigurosos los ensayos que se imparten en la Compañía Nacional de Danza?

─En mi caso, la mayoría son con la maestra Sylvie Reynaud, directora de la compañía; ella me señala detalles de gran importancia. Es muy exigente. Me exige entregarme a fondo a la coreografía que ensayo para que cuando me presente en el escenario no se note el esfuerzo y los movimientos se ejecuten con sencillez. En las prácticas el esfuerzo es fatigoso para que en el foro ya no sienta ese cansancio que pueda despertarme la tensión nerviosa, sino estar preparada para disfrutar mi quehacer y dar una actuación estupenda.