REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Avenida


Pedro Rubén Sánchez Acosta

El recorrido era el mismo, algunas personas se notaban con cierta desesperación de llegar a sus destinos, otros, se veían indiferentes sin dejar de ver por los ventanales de los transportes, sin embargo, el tiempo se alargaba cada vez más, mientras aumentaba el número de automoviles que se detenían, hasta crear una enorme fila de colores en la avenida Vasco de Quiroga, que a pesar de su ampliación a cuatro carriles en el primer año de gobierno de Miguel de la Madrid, resultaba ya insuficiente.

Ante la espera que parecía prolongarse, se reacomodó en su asiento, con la mirada fija en una propaganda donde destacaba una frase: TÚ ERES ÚNICO E IRREPETIBLE, LIBRE con nostalgia cerró los ojos mientras evocaba una situación que presenció poco antes, en una de las tantas calles del centro de la ciudad de México:

Pero no quiero cargarlo –decía el joven a su interlocutora.
¡A tí te tocó! –respondió ella malhumorada.
Bueno, lo vas hacer sí o no –respondió un tercero con voz áspera y que parecía ser el encargado del joven y la mujer.
En verdad no quiero –replicó el joven– ya me impusieron esa carga desde antes... me siento demasiado cansado, dañado y siempre he demostrado mi desacuerdo
¡No es cierto... no es cierto! –exclamó la mujer con exasperación al sentir que era descubierta –lo que pasa es que tiene mucha imaginación y todo lo inventa.
A ver... tú sabes bien que sólo con la carga es como podrás entrar en la casa –agregó tajante el de voz áspera.
Pues sí –se defendía el joven –cada quien lleva su carga, ése fue el trato y esa carga no es mía.
¡No importa... a tí te tocó! –insistió ella– mira, si no quieres ¡no importa! ya habrá otro que sí quiera.

Bueno ¿lo vas a hacer sí o no? –increptó tajante el mediador mientras a espaldas del joven, le agregaban la carga aún sin su consentimiento, con la esperanza de que éste no se diera cuenta.

El sonar de los cláxons interrumpió el recuerdo, al abrir los ojos se encontró de frente a la zona militar, que resguardaba en su interior la antigua real fábrica de pólvora, la cual tuvo que resguardarse más de ciento cincuenta años para ser catalogada, como parte de un conjunto patrimonial histórico a mediados de los noventa del siglo XX. El recuerdo del joven que vivía el yugo del autoritarismo lo incomodó, por lo que decidió continuar su trayecto a pie.

El pastor no sacrifica a las ovejas –pensó mientras descendía sin desenfado del vehículo–. El pastor conoce a las ovejas por su nombre... si eso es verdad... también sabe cuál es la carga y cuál no es la carga de la oveja.

Con andar pausado pero firme, se deslizaba entre autos mal estacionados que aumentaban la conglomeración; al pasar por la puerta principal de la zona militar, seis soldados se encontraban debidamente distribuidos para controlar el acceso a dicha instalación.

Desde su reubicación en el año 1779 –recordó, a la vez que los veía– la fábrica de pólvora se determinó para la seguridad del virreynato y después de la Nación... toda una estrategia política y geográfica para garantizar los suministros tanto de lo que ahí se producía, como de lo que se obtenía de la madre naturaleza... con el consiguiente beneficio para los lugareños y visitantes que provenían de Santa Lucía Xantepec, de Cuajimalpa de Morelos, San Mateo Tlaltenango y Santa Rosa Xochiac, que encontraron en ello, una forma de ganarse la vida, sobre todo a partir de inicios del siglo XX con las casas-mata... de generación en generación hasta bien entrado el siglo veinte... ¡nada menos que procesando la pólvora!

Pocos años despúes de reubicar la real fábrica de pólvora también surgió en 1783 la real fábrica de paños en el Estado de Guadalajara, destinado a la elaboración de los uniformes militares para el recién creado ejército real... décadas después, en 1807 emanó la real fábrica de tabacos en la Ciudadela y duró hasta la primera década del siglo XX, es la misma que se conoce como la Biblioteca México, el tabaco siempre ha funcionado para apacentar los ánimos exaltados, muy útil en cuestiones de lucha y guerra para los soldados; aunque también, el uso de cierto tipo de tabaco representaba una determinada categoría social... un año después durante 1808, en Brasil se creó otra real fábrica de pólvora... en Argentina surgió la real fábrica de armas en Cordova... sin olvidar la real fábrica de tabacos del siglo XIX en Sonora, México...
Un poco más adelante, le llamó la atención una mujer que sobre la acera colocó una manta con algunas artesanías populares para venderlas, entre las cuales, destacaban pulseras tejidas a mano, mientras que un camión surtidor de refrescos de gran tamaño, proveía a uno de los locales que se encontraban a espaldas de la vendedora, que no atinaba a calcular cuántos refrescos cabían en el enorme vehículo.

Por supuesto –pensó para sí– la idea de la real fábrica de pólvora implica la necesidad de producir más en menos tiempo, con el fin de asegurar el abastecimiento que requería el virreynato, al crear un ejército realista como fuerza disciplinada y leal, así como retomar el agonizante control borbónico desde la metrópoli española y contribuir con nuevas zonas, a la grandeza de la Ciudad de los Palacios... aunque... también simboliza la contundente presencia que se vislumbra, con las ideas modernas de esa época, sobre todo las provenientes de Alemania, Francia e Inglaterra, y que con el tiempo, relegan tanto el trabajo manual como de campo para llevar a la persona al obraje y a la actividad de obrero, además de una abierta confrontación con la iglesia católica y romana, no por nada, una década antes, en 1776 habían expulsado a los jesuitas en toda América Latina...

Un paso por esta calle, otro más por aquélla y las construcciones de su alrededor reflejaban una inegable condición de vida trabajadora, los comercios y los locales se sucedían una y otra vez de una manera interminable hasta perderse a lo largo de la vialidad. Al otro lado de la avenida, se encuentran calles con nombres de poetas: Amado Nervo y Rubén Darío, cuando mucho se veía la existencia de casas que se perdían en largas y pronunciadas pendientes, que permitían adivinar la antigua existencia de barrancas y quebradas, lomas y cerros.

Para la época colonial –se dijo mientras volvía sus ojos sobre el camino por donde había llegado, una ruta que es al mismo tiempo ida y vuelta, pasado y presente donde se entretejen dispares acontecimientos de la historia de méxico y de Latinoamérica– el concepto de real era sinónimo de pertenencia y dominio del virreynato, por ello, se adoptó el camino real a Toluca o el camino que conectaba hacia la metrópoli colonial.

Tales rutas ya estaban hechas y fueron recorridas desde los pueblos prehispánicos, más con el dominio colonial de los reyes españoles, se reconocen tales caminos como de su propiedad y los convierten basicamente en vías de transporte comercial, cultural y de comunicación de los eventos del centro del país con las provincias y villas.

En el poniente del Distrito Federal, al acortar el tiempo entre la urbe colonial y el valle de Toluca, se estableció un dominio más extenso por los diferentes pueblos que recorría, aún a pesar de una aparente independencia, y que a la vez, los incluye dentro de la vida moderna y los intereses de esa época, la realeza aseguraba su influencia en esta parte de la ciudad que se destacaba por sus ríos y “ojos de agua”, así como la abundancia y diversidades naturales sin menosprecio del favorable clima, de alguna manera representaba protección oficial para el viajero y para el comercio además de los antecedentes de un pueblo-hospital... ¡qué tiempos!

El tráfico se movía lentamente, al ir cuesta arriba, en su pausado andar por la avenida principal, se mostraban ante sí, algunas calles estrechas y carentes de lineamiento, las que por su propia estructura revelaban un pasado pueblerino de gruesos muros que no ocultan su cansancio temporal, lo que termina combinándose, con cierta timidez y agonía, con las formas estéticas y populares de la vida actual que en intermitentes sucesos, descubren algún periodo de la historia de México.

Pensar que de 1776 hasta la fecha, es el mismo camino que parte de la avenida Jalisco franqueada por las entradas del metro en la transitada Tacubaya, hasta la glorieta que marca los límites de la actual Zona Especial de Desarrollo Económico Controlado o city Santa Fé... bueno, con ciertas modificaciones con el paso del tiempo, pero sigue siendo el mismo... si en tramos le fue cambiado el nombre, el motivo partió de cuestiones políticas, avenida Jalisco, camino real a Toluca, en parte camino a Santa Fé y en otro como Vasco de Quiroga, este último tramo fue por recordar al fundador hispano de esta demarcación...

Sin embargo no es el único, su importancia histórica se equipara a esas rutas aceptadas por la realeza en América Latina como, el camino real de Yucatán en 1865; o bien que fueron reconocidas alrededor del siglo XVIII, como tal es el caso de camino real de Colima en México; el camino real de tierra adentro o camino de la plata o camino a Santa Fé, ruta que une a México con E.U; el camino real de Córdoba, ruta desde Buenos Aires hasta el Alto Perú; el camino real de Panamá o camino de cruces y el camino real de Guaranda en Ecuador, entre otros.

¿Quién lo diría?... este antiguo camino real a Toluca tiene más de doscientos años de existencia reconocido como ruta principal... es un testigo silencioso del paso del tiempo y de los muchos transportes como, carretas, autos, tranvía... qué sé yo... ¿cuántos grupos prehispánicos, independentistas y revolucionarios pasaron por aquí?... ¿qué amores florecieron o se destruyeron?... ¿de quién son esas voces que se deslizan a lo largo de esta avenida?... ¿de dónde salieron esos sentimientos que se quedaron flotando entre una acera y la otra?...

Sin detener su caminar, paso a paso observó que la larga fila de automóviles se extendía más de lo normal, mientras que el aire disipó totalmente, el malhumor que le provocó la escena del joven y el abuso de la mujer que se sentía respaldada por el de voz áspera. Una calle y luego otra recuerdan personajes e ideas modernas del México independiente, Nicolas Bravo, Javier Mina, Goméz Farías, H. Galeana, Porfirio Díaz, Mariano Matamoros Hidalgo, Corregidora, Progreso, etc. No fue sino hasta llegar a una esquina en que se detuvo, debido al numeroso grupo de personas que esperaban el cambio de luz en los semáforos para pasar al otro lado de la avenida, al tiempo que más personas se acercaban a ellos.

Déjeme la ayudo –dijo un adolescente a una señora que llevaba una gran bolsa en una mano y una caja en la otra.
¡Espérate! –interrumpió otro joven al adolescente– mejor lleva la caja y yo me llevo esta otra que está más pesada.
¡Gracias! –dijo la señora con el rostro fatigado después de recorrer una extenuante pendiente que desenboca en un antiguo río que en su propio detrimento, ha sido testigo del imparable crecimiento poblacional.

En silencio, a la espera del cambio de luz, atento observó la escena de la atención del adolescente y la comprensión del joven e inevitablemente, le vino a la mente la trama del joven y la mujer del centro histórico.

¡Qué comparación! –pensó sin dejar de verlos– este tipo de situaciones se suceden en todas partes del mundo... cuando la ayuda es por voluntad propia, ésta es motivada por el amor al prójimo, por lo tanto siempre trasciende, pues el amor por esencia es creador... por el contrario, cuando es con argucias, mentiras y por la fuerza, de esa manera ¡ni los zapatos entran! por consiguiente siempre está destinado al daño, el abuso y la autodestrucción...

¿Te trajiste la tarea que hicimos ayer, hijo? –interrumpió sus pensamientos otra señora canosa junto al mismo grupo que esperaba.

Sí abuelita –contestó el niño sin soltarla de la mano mientras cambiaba la luz del semáforo– oye ¿porqué aquí le llaman Pueblo Nuevo?... ¿acaso aquí hay uno que sea viejo?
Sí –dijo la señora al tiempo que atravesaban la avenida– es tan antiguo como la misma conquista de América Latina... es Santa Fé Acaxochitl.

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Irene Arias