REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
14 | 12 | 2019
   

Apantallados

Moviola en su laberinto - Dudar del poder siempre es sano y necesario: el caso de John F. Kennedy


Alonso Ruiz Belmont

El brutal asesinato del presidente estadunidense John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963 en la ciudad de Dallas, Texas, se convirtió en el referente simbólico de una década particularmente sangrienta en la política estadunidense. Las tensiones políticas de la Guerra fría alcanzaron su punto culminante durante la Crisis de los misiles cubanos en octubre de 1962 la cual llevó al mundo al borde de una guerra nuclear. En 1961 la fallida operación militar llevada a cabo en Bahía de Cochinos, Cuba, diseñada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y ejecutada con el apoyo de exiliados anticastristas desde Florida, puso en tela de juicio el liderazgo del presidente ante la opinión pública. La negativa de Kennedy para dar apoyo aéreo militar al contingente en Bahía de Cochinos selló el fatídico destino de esa operación y se interpretó en algunos círculos políticos como un acto de traición. Aquel sentimiento era igualmente compartido por los principales líderes de la mafia estadunidense que habían perdido negocios millonarios en casinos, redes de lavado de dinero y prostitución, luego del triunfo de la revolución en Cuba. La persecución criminal que emprendiera contra todos ellos Robert Kennedy, procurador de justicia, les parecía también inaceptable, considerando el significativo apoyo financiero que habían brindado a la campaña presidencial de su hermano John.

Durante los últimos 48 años las verdaderas causas detrás del crimen del presidente Kennedy han dado pie a numerosas teorías conspirativas en los medios y en la opinión pública, que han cuestionado la versión oficial del asesino solitario emitida por la Comisión Warren y que había adjudicado toda la responsabilidad a Lee Harvey Oswald. Sin embargo, una polémica serie documental producida originalmente en 1988 por Nigel Turner para la cadena británica de televisión la Central Independent Television (CIT), llamada The Men Who Killed Kennedy , sobresale como una de las investigaciones periodísticas más perturbadoras que se hallan realizado sobre el asesinato por la cantidad de evidencia fotográfica, documental y testimonial mostrada que no se conocía públicamente hasta entonces o había sido ignorada en las investigaciones oficiales. Inicialmente la CIT grabó dos episodios en 1988 (The Coup d’Etat y The Forces of Darkness). Con los años, Turner fue hallando información adicional y añadió capítulos nuevos en 1990 (The Cover Up, The Patsy, The Witnesses), en 1995 (The Truth Shall Set You Free) y en 2003 (The Love Affair, The Smoking Guns, The Guilty Men). La historia de la serie está llena de problemas legales, entre los cuales destacan una censura a Turner en el parlamento británico y una sanción a la CIT de parte de la Independent Broadcasting Agency (órgano regulador de la televisión británica) en 1988, así como acusaciones de difamación por parte de los abogados de la viuda de Lyndon B. Johnson y del expresidente Gerald Ford (miembro de la Comisión Warren) en 2003. No obstante, a pesar de las controversias desatadas y de todos los ataques a los que fue sometido The Men Who Killed Kennedy, llama poderosamente la atención que la información contenida en archivos oficiales recientemente desclasificados así como diversos testimonios ofrecidos a la prensa por fuentes medianamente creíbles en los últimos años, parecen reforzar varios de los argumentos centrales que había trazado la serie originalmente.

El núcleo central de la hipótesis planteada por el documental se basa en la información obtenida por el periodista estadunidense Stephen Rivele durante el transcurso de una larga investigación realizada entre 1984 y 1988. Con datos proporcionados por el congresista demócrata Walter Mondale en 1985, Rivele tuvo conocimiento de la existencia de un programa secreto de la CIA llamado “Executive Action”, descubierto 10 años antes por el Comité de Inteligencia del Senado. En los registros de “Executive Action” figuraba la existencia de un asesino a sueldo contratado en Europa, conocido únicamente bajo el nombre clave QJ/WIN, quien habría colaborado durante la primera mitad de los años sesenta. Luego de revisar información desclasificada e indagar por su cuenta en Estados Unidos y Francia, Rivele entró en contacto con un delincuente francés, llamado Christian David, quien purgaba una condena por tráfico de heroína en territorio norteamericano y esperaba su extradición a Francia por el homicidio de un policía. David también había trabajado para los servicios de inteligencia de su país. Incluso parece haber liquidado a Mehdí Ben Barka, líder independentista marroquí y después disidente del régimen de Hasan II. El hombre le pidió a Rivele que le consiguiera un abogado para representarlo y evitar su extradición, a cambio de información confidencial sobre el asesinato del presidente.

Rivele ayudó a David y con la información obtenida en diversas entrevistas a lo largo de varios meses comenzó a armar las piezas de un enorme rompecabezas. Rivele concluyó que faltando alrededor de año y medio para las elecciones en las que John F. Kennedy buscaría su reelección a la presidencia, él y su hermano Robert planeaban un complot para asesinar a Fidel Castro y posteriormente llevar a cabo un segundo desembarco militar en Cuba que derrocaría al gobierno revolucionario. La operación tendría lugar en 1964 y el revuelo mediático que ocasionaría le daría al presidente demócrata el capital político y la credibilidad necesaria para conseguir un segundo mandato. Sin embargo, con los antecedentes del fiasco en Bahía de Cochinos en 1961 y la Crisis de los misiles en 1962, no había margen alguno para errores. John encomienda a Robert dirigir y organizar por su cuenta una operación encubierta para planear el asesinato de Castro. Robert Kennedy utiliza para ello una red de informantes y asesinos a sueldo que arma con algunos agentes de la CIA, miembros de la mafia estadunidense y del exilio anticastrista; todos ellos involucrados en conspiraciones anteriores y familiarizados con el tema en cuestión. Rivele señala que para todos estos peligrosos grupos de extrema derecha, Kennedy seguía siendo considerado un traidor a causa del episodio en Bahía de Cochinos. Una vez que reciben la orden de matar a Castro, deciden usar las redes clandestinas que tienen a su disposición y se vengan asesinando al presidente. Robert y sus colaboradores no detectan el complot a tiempo. Cuando los altos mandos en la CIA y el FBI descubren lo que había ocurrido el presidente ya ha sido asesinado en Dallas. Previendo un escándalo que acabaría con la credibilidad de las instituciones y hundiría en el descrédito a la cúpula militar, se toma entonces la decisión de encubrir la verdad.

De acuerdo con la información que proporciona Christian David, los diferentes líderes de la mafia estadunidense (Carlos Marcello, Sam Giancana, Santos Trafficante y Carlos Gambino) le habrían pedido a su enlace Paul Mondeloni contratar un grupo de asesinos experimentados fuera de los Estados Unidos, para evitar su rastreo. Mondeloni contacta entonces a Antoine Guerini, líder de la mafia corsa en la ciudad de Marsella, una organización criminal que controlaba entonces buena parte del tráfico mundial de heroína. Guerini busca tres francotiradores expertos para llevar a cabo el asesinato y le ofrece inicialmente el contrato a David, quien se niega a aceptar dada la peligrosidad de la operación. Finalmente, Guerini consigue a sus tres individuos: Saveur Pironti, Roger Bocognani y Lucien Sarti, un delincuente particularmente audaz que había trabajado para la CIA, los servicios de inteligencia franceses y belgas. Los tres hombres habrían disparado a la caravana presidencial en Dallas con rifles de alto poder desde varias posiciones. El tiro mortal que alcanza a Kennedy en la cabeza lo habría hecho Sarti detrás de una empalizada que se hallaba de frente a la limusina con una bala expansiva. Sarti habría pasado desapercibido ante la multitud pues estaba disfrazado de policía y fue protegido por otros cómplices, que se identificaron también como supuestos policías o agentes del servicio secreto. La muerte de Sarti fue reportada en la ciudad de México el 28 de abril de 1972, tras ser ubicado y abatido por un comando de la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS) encabezado por el comandante Florentino Ventura. Un reportaje de la revista Milenio publicado por Jorge Fernández Menéndez el 27 de noviembre de 2003, plantea que Ventura habría ejecutado a Sarti por órdenes de la CIA con el objeto de silenciar al vínculo más importante de la conspiración. Ventura se suicidó en la ciudad de México en septiembre de 1988 mientras desempeñaba labores policiacas en el combate a las redes del narcotráfico.

Poco después de emitirse los dos primeros episodios en 1988, los abogados de Pironti y Bocognani comprobaron ante la CIT que ambos hombres tenían coartadas sólidas para negar su participación y amenazaron con una fuerte demanda. La CIT debió retractarse y editó los dos episodios, eliminando las referencias a ellos, sin embargo, la participación de Sarti no pudo descartarse nunca. La credibilidad de Rivele y la serie se desplomaron, éste abandonó el proyecto poco después. Sin embargo, Turner continuó trabajando en The Men Who Killed Kennedy de modo intermitente hasta 2003, posteriormente la serie fue comprada por The History Channel y transmitida alrededor del mundo. La polémica desatada por la transmisión de los últimos capítulos en 2003 pareció hundir a la obra en el descrédito definitivo. En ellos, se afirmó que algunos de los participantes en la supuesta conspiración habían sido el ex presidente Lyndon B. Johnson, el ex gobernador de Texas John Connally y el ex Director del FBI, J. Edgar Hoover. La fuente central había sido el libro Blood, Money And Power: How L.B.J. Killed J.F.K. de Barr McClellan publicado ese año. McClellan había sido un ex colaborador de Johnson en un despacho de abogados, pero la credibilidad de su historia terminó resultando nula. Las repercusiones legales ya mencionadas obligaron a The History Channel a retractarse públicamente y emitir una disculpa a las familias de los políticos mencionados. Un acuerdo legal con los abogados de la viuda de Johnson hizo que la cadena retirara del aire los últimos tres capítulos y se abstuviera de comercializarlos en formatos VHS y DVD, aunque estos fueron subidos posteriormente a You Tube por aficionados y pueden verse completos en internet.

Años antes, Christian David le había confiado a Rivele que otro delincuente corso llamado Michel Nicoli podía corroborar la veracidad de su historia. En 1987 Michael Tobin, agente de la DEA, contactó a Rivele con Nicoli y le dijo que era un testigo confiable. Michel Nicoli confirmó a Rivele el testimonio de David y en 1988 el FBI inició una investigación, pero el expediente quedó misteriosamente archivado. Años más tarde, surgieron los nombres de otros dos probables francotiradores que no tenían coartada: Paul Mandoloni y un hombre de apellido Le Blanc. Al parecer Christian David ya salió de prisión y vive oculto en algún lugar de Francia. La hipótesis de Stephen Rivele sobre el asesinato de Kennedy terminó siendo compartida también por un ex agente de la CIA que habló con él posteriormente y por un documental que reveló las conclusiones de una investigación secreta que habría realizado la KGB de manera paralela.

Por otra parte existe también la grabación desclasificada de una llamada telefónica hecha por Robert Kennedy el día del asesinato a su amigo, Harry Ruiz Williams, un exiliado cubano que encabezaba grupos anticastristas en los EEUU. Refiriéndose al crimen de su hermano, Robert le dice a Williams: “Uno de tus chicos hizo esto”. Otro informe desclasificado del House Select Comitee on Assasinations (HSCA), la segunda investigación oficial del caso John F. Kennedy autorizada por el Congreso de los EEUU en los años setenta reveló que en 1975, Gaeton Fonzi, miembro del comité, confirmó la veracidad de una declaración en la que David S. Morales, exjefe de Operaciones de la CIA le habló a sus amigos Rubén Carbajal y Bob Walton acerca del asesinato y les dijo refiriéndose a Kennedy: “Bueno, al final acabamos con ese hijo de puta ¿No?”. Morales también habría dicho: “Estaba en Dallas cuando agarramos al hijo de puta y estuve en Los Ángeles cuando liquidamos al pequeño bastardo”. Algunas investigaciones sugieren que David S. Morales estuvo presente en el hotel Ambassador de los Ángeles el día del asesinato de Robert Kennedy en 1968. En 2004, E. Howard Hunt, otro ex agente de la CIA, confesó a su hijo que Morales le solicitó que participara en la conspiración de Dallas y también se refirió a Sarti como el individuo que disparó tras la empalizada. Hunt falleció en enero de 2007 por causas naturales, tras padecer una larga enfermedad.

Aunque la verdad tras el magnicidio en Dallas continúa siendo un misterio, es importante tomar en cuenta que una buena parte de la energía y la iniciativa para saber que fue lo que realmente sucedió el 22 de noviembre de 1963 ha provenido de ciudadanos estadunidenses y no tanto de historiadores. Una nación que verdaderamente lucha por conocer y entender su pasado puede desplazar moralmente a todo tipo de intereses que pretenden ocultarles la verdad histórica. Tal vez cuando la voluntad ciudadana se expresa con una fuerte dosis de entusiasmo, pueda existir la posibilidad de alguna recompensa valiosa más tarde que temprano.

Uno de los bancos de datos más extensos y serios sobre el asesinato del presidente Kennedy es la Fundación Mary Ferrell, una organización no gubernamental sin fines de lucro que creó una mujer norteamericana con el propósito de hallar la verdad detrás del crimen. El sitio web de la Fundación contiene un recuento clasificado y cuidadosamente ordenado de documentos relacionados con el magnicidio: investigaciones oficiales, independientes, información periodística, bibliografía disponible, archivos visuales e información historiográfica.
México también tiene muchas asignaturas pendientes con episodios históricos parecidos en su historia reciente: los homicidios de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la presidencia de la República en 1994 y, meses más tarde, de José Francisco Ruiz Massieu. Dudar del poder siempre es sano y necesario. Si hacemos a un lado la charlatanería, en la que incluso se ha querido involucrar sin rigor a Fidel Castro, el caso Kennedy nos puede servir como ejemplo para seguir luchando por la consolidación de nuestras instituciones democráticas y construir un verdadero estado de derecho, algo por demás complicado actualmente en cualquier país del mundo pobre o desarrollado.

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* The Men Who Killed Kennedy (Documental), Reino Unido, 1988-2003. Dirección: Nigel Turner. Producción: Nigel Turner (Central Independent Television, The History Channel). Guión: Nigel Turner.