REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
14 | 10 | 2019
   

Confabulario

Hoy tembló en Santiago


Luis Fernando Escalona

–¿Estás bien, Miguel? –Pregunta María.
–Creo que sí –Respondo por debajo de los escombros.
–¿Cuánto tiempo ha pasado?
–El tiempo ha dejado de ser tiempo aquí.
–¿Qué significa eso?
–Significa lo que significa, mujer.
–Siempre con tus frases misteriosas.
Decido no responder y me dedico a contemplar lo que alguna vez fue parte de una casa. Los ojos se habitúan a la oscuridad y desde esta perspectiva, no se sabe si las piedras que lo rodean a uno son del techo o de las paredes. En realidad ya no importa.
–¿Estás cómodo?
–Me estoy acostumbrado –respondo.
–¿Por qué, Miguel? ¿Por qué tuvo que temblar hoy en Santiago?
–Si lo supiera sería Dios, mujer.
–¿Ya se le olvidó a Dios el temblor de México? ¿Por qué nos tuvo que tocar también?
–¿Tienes que hacer tantas preguntas?
María guarda silencio unos segundos.
–Me ayuda a no sentirme tan sola.
Suspiro. No importa mucho el tiempo aquí abajo, pero la soledad...
Los sueños se cayeron precipitadamente sobre nosotros y ahora no tenemos más que la soledad. Conforme pasan las horas, la soledad se va volviendo más pesada, tan pesada como estas estructuras, tan pesada como los…
–Ya no quiero más réplicas, Miguel.
–No estaba debatiéndote nada.
–No me refiero a nosotros, me refiero a los temblores.
–No veo cuál es el problema. Ya no hay más casa para caernos encima.
–Ni siquiera en estos momentos puedes ser…
–Ya no importa.
Después de unos minutos agrego:
–Lo siento.
–¿Sientes qué?
–No sé… todo, quizá.
–¿Cuándo dejaste de quererme, Miguel?
–Ya habíamos hablado de eso.
Ya no quiero hablar con ella, pero insiste. Después de un evento así, el silencio lo abarca todo, la ciudad se muere a pedazos, la gente anda como ausente. Todo tiene un peso según las circunstancias y en esos momentos, el silencio lo inunda todo. Pero María insiste en robarle su lugar, como si con eso fuera a solucionar la situación.
–¿Crees que vengan por nosotros?
–No sé.
–¿Has escuchado algo al otro lado de los escombros?
–¡Mujer, por favor!
–¡Shh!
¿Será que ahora sí callará?
–¡Escucha, Miguel, escucha!
Sólo escucho el silencio de las piedras.
–¡Algo se mueve por ahí, Miguel! ¡Acá, acá estamos, auxilio!
–Ya intentamos eso, mujer.
–¡Auxilio!
–María, ya cállate, por favor.
–¡No, no, podría ser nuestra oportunidad!
Nuestra oportunidad pasó hace mucho. Al fin, María se cansa y decide callarse. Hemos estado así ya algún tiempo. ¿Cuánto? Quién sabe. El tiempo se escurrió y se nos fue la vida.
–¿Tenía que suceder esto para que nos volviéramos a abrazar? –Pregunta María.
Hasta ese momento me percato de que tiene razón. Abrazados así, entre la mesa y la pared, ahí se nos vino todo encima.
–Esperaremos a que alguien nos saque entonces.
–Sí –digo yo.
Nada ajeno a nuestra historia. Siempre nos quedamos esperando, la diferencia es que hoy tembló en Santiago y nos tomó por sorpresa.
–La monotonía nos tomó por sorpresa –digo.
–Sí –suspira ella. Y no dice más.
Al otro lado del silencio y los escombros hay un mundo ajeno, un mundo que ya no nos pertenece.
Silencio.
Silencio.