REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

De nuestra portada

Centenario de Juan Rulfo


José Miguel Naranjo Ramírez

En el presente año se está conmemorando el centenario del natalicio de uno de los escritores más influyentes del siglo XX, me refiero a Juan Rulfo (1917-1986), quien con sólo dos obras se eternizó y cambió la forma de narrar, la primera gran publicación fue en el año de 1953 titulada: El Llano en llamas y la segunda en 1955 Pedro Páramo, ambas obras son universalmente conocidas y para iniciar los festejos del centenario del reconocido escritor se presenta la primera parte de El Llano en Llamas.

El llano en llamas
Este libro es una colección de cuentos la cual inicialmente estaba integrada por 15 cuentos y en la segunda edición de 1970 quedó finalmente conformada con 17 cuentos, los cuales son: “Macario”, “Nos han dado la tierra”, “La Cuesta de las Comadres”, “Es que somos muy pobres”, “El hombre”, “En la madrugada”, “Talpa”, “El llano en llamas”, “¡Diles que no me maten!”, “Luvina”, “La noche que lo dejaron solo”, “Acuérdate”, “No oyes ladrar a los perros”, “Anacleto Morones”, “El día del derrumbe”, “La herencia de Matilde Arcángel” y “Paso del Norte”.
Todos los cuentos son magistrales, preparan la llegada del realismo mágico que más adelante desarrollarían el propio Juan Rulfo con: Pedro Páramo, Elena Garro con: Los recuerdos del porvenir y Gabriel García Márquez, con: Cien Años de Soledad. La temática de los cuentos es variada, en ellos encuentras siempre un paisaje seco, árido, gente solitaria, pueblos arruinados y arrumbados, sin servicios, sin educación y sin progreso, pueblos sin esperanzas porque la revolución había fracasado. Con algunos cuentos Rulfo estaba desnudando lo que había sido la revolución mexicana y anunciando su muerte.
Por eso con el cuento que da el nombre a la obra El llano en llamas, Rulfo está describiendo la realidad de la revolución, pues el grupo de revolucionarios integrado por la Perra, sus hijos los joseses, los hermanos Benavides, todos representados por su líder Pedro Zamora, cuando no se enfrentaban con los federales a balazos, se dedicaban a saquear los pueblos, el ciudadano que no hacía la revolución, que intentaba sobrevivir dignamente a través del trabajo, temía tanto del Gobierno como de los revolucionarios, ambos eran unos ladrones, asesinos, ansiosos del poder por el poder, literalmente manifiesta el líder revolucionario Pedro Zamora cuando habían quemado el llano y robado el ganado: “esta revolución la vamos a hacer con el dinero de los ricos. Ellos pagarán las armas y los gastos que cueste esta revolución que estamos haciendo. Y aunque no tenemos ahorita ninguna bandera por qué pelear, debemos apurarnos a amontonar dinero, para que cuando vengan las tropas del gobierno vean que somos poderosos”.
Es importante aclarar que algunos especialistas ubican el cuento de “El llano en llamas” en un contexto posterior a la revolución, sin embargo, la realidad es que la crítica de Rulfo era sobre la revolución y para ir ratificando el fracaso de los principios revolucionarios si es que los hubo de fondo, Rulfo nos regala otro cuento genial titulado: “Nos han dado la tierra”, en este pequeño pero profundo cuento, Melitón y sus acompañantes Faustino, Esteban, y quien narra la historia, caminan y caminan, siguen caminando y no ven el fin, hasta que llegan a un llano seco, árido, sin un solo árbol que les dé sombra, bueno ni polvo hay, porque la tierra está cuarteada, cuando llegan finalmente a un poblado se entrevistan con el representante del Gobierno y naturalmente estos le manifiestan que esas tierras no servirán para sembrar nada, la respuesta del Gobierno fue sencilla, les dijo que eran unos malagradecidos, que primero luchaban para que se repartieran las tierras, y el gobierno haciendo realidad el sueño de la revolución les estaba cumpliendo y en lugar de ponerse a trabajar, se dedican a juzgar y criticar al propio Gobierno, ellos manifestaron que no criticaban al Gobierno sino a estas secas y áridas tierras, pero finalmente les habían dado las tierras.
Bajo el escenario que nos estaba pintando magistralmente Juan Rulfo, podemos con estos pequeños dos cuentos presagiar el futuro del pueblo de México, porque si luchamos e hicimos la revolución para lograr una mayor justicia social, para modernizar y llevar a México hacia el progreso, la realidad es que el siguiente cuento, el solo título es una consecuencia de los dos cuentos anteriores, pues si la revolución se había desviado, fracasó, y sus principales propósitos que eran la democracia y el reparto agrario nacieron muertos, no podíamos tener tantas esperanzas y fe en las consecuencias de la revolución, por eso otro cuento genial que Usted podrá leer en El llano en llamas de Juan Rulfo, lleva por nombre: “Es que somos muy pobres”. Este cuento, es cautivador, empieza la narrativa de la siguiente manera: “Aquí todo va de mal en peor”, había muerto la tía Jacinta y de pronto llovió tanto que el río comenzó a crecer, con los aguaceros tan fuertes. De entrada ya se había echado a perder toda la cosecha de cebada que se estaba asoleando, el río empezó a desbordarse, en la casa de doña Tambora rápido entró el agua, apuradamente le dio tiempo de sacar a las gallinas para que se salvaran, quien narra la historia es un joven que tiene una familia integrada por sus papás y tres hermanas, las dos más grandes se habían vuelto prostitutas: “según mi papá, ellas se habían echado a perder porque éramos muy pobres en mi casa y ellas eran muy retobadas”.
Derivado de la experiencia que había tenido el papá con las dos hijas mayores, se preocupó por el futuro de su hija menor llamada Tacha, le había comprado una vaca pinta que la llamaban la Serpentina, para que su hija Tacha tuviera un capitalito y no fuera a irse de prostituta luego, luego. La mala noticia es que la creciente del río también se había llevado a la Serpentina y ahora Tacha lloraba y su papá estaba preocupado por el futuro de ella, de hecho, el día de la creciente Tacha había cumplido doce años: “Y va como palo de acote crece y crece y que ya tiene unos comienzos de senos que prometen ser como los de sus hermanas: puntiagudos y altos y medio alborotados para llamar la atención”.
La única esperanza para que Tacha tuviera un mejor futuro es que el becerro de la Serpentina estuviera a salvo, si al pobre becerrito se lo había llevado el río junto a la mamá, el caso estaba perdido, seguro Tacha se volvería prostituta como las hermanas, por lo pronto Tacha lloraba: “Y sus dos pechitos crecían y crecían, como para empezar a trabajar por su perdición”, y lo peor es que todos ellos seguían siendo muy pobres.
Hasta esta parte del artículo, llevamos tres cuentos y seguro estoy que quienes no han leído El Llano en llamas ya tienen ganas de acudir a la obra, porque la virtud de mis artículos si es que tienen alguna virtud, no es de quien escribe, sino lo que se escribe, por eso presento a Usted el cuento llamado “Luvina”, y es que después de leer “El llano en llamas”, “Nos han dado la tierra” y “Es que somos muy pobres” con facilidad podré describir que Luvina es un pueblo triste, arrumbado, solitario, sin educación, para que tenga Usted una idea más clara de Luvina, no tiene ni una iglesia construida y lo peor es que la educación a ese solitario pueblo no había llegado, quien narra la historia es un profesor que había sido enviado por el Gobierno a Luvina y que abandonó al pueblo por la miseria en que allí se vivía.
“Luvina” es un cuento que para muchos especialistas que han realizado estudios sobre la obra de Rulfo, San Juan de Luvina será el futuro pueblo de Comala que inmortalizó Rulfo en su obra maestra Pedro Páramo, pueblos tan pobres, pero tan pobres, que lo único que tienen en abundancia son fantasmas llamados pobreza, marginación, abandono, olvido, etc.
En Luvina el tiempo se pierde: “los días comienzan y se acaban. Luego viene la noche. Solamente el día y la noche hasta el día de la muerte, que para ellos es una esperanza”, manifiesta el profesor que un día intentó convencer a sus pobladores que abandonaran a ese pueblo, que buscaran mejor suerte y seguramente el Gobierno los ayudaría, fue la única vez que los viejos de Luvina se interesaron en la plática del profesor y le preguntaron que si él conocía al Gobierno, contestó el profesor que sí, los viejos de Luvina contestaron que ellos también, pero de lo que no sabían nada era de la madre del Gobierno, el profesor enfáticamente contestó que era la Patria, pero fue la única vez que el profesor vio reír a los viejos de Luvina y después de reír estos le contestaron que estaba equivocado, que el Gobierno no tiene madre.
Y como el Gobierno no tiene madre poco le importa que los padres pierdan a sus hijos, porque con el cuento con el que finalizamos este artículo se titula: “No oyes ladrar a los perros”. Juan Rulfo nos narra que un padre llevaba en sus hombros a su hijo herido, es verdad que el padre estaba avergonzado porque la herida había sido producto de su descarriada vida, pero era su hijo y lo llevaba con la ilusión de que llegando al pueblo encontraría a un médico quien le podría salvar la vida, caminaba y caminaba con su hijo herido a hombros y le preguntaba que si escuchaba ladrar a los perros, porque eso sería una señal de estar cerca del próximo pueblo, cuando estaba cerca de llegar al pueblo su hijo ya no contestó y naturalmente nunca más volvió a escuchar ladrar a los perros. ¿Qué país es éste, Agripina?
Festejemos el Centenario de Juan Rulfo leyendo: El llano en llamas obra maestra de la Literatura Universal.

Pedro Páramo

Juan Rulfo en el año 1955 escribió Pedro Páramo y en ese mismo año la novela fue publicada. Sobre este magistral relato existen anécdotas fantásticas, una de las más conocidas es cuando el escritor Álvaro Mutis, le regaló a Gabriel García Márquez un ejemplar de la novela, lo hizo con las siguientes palabras: 'Lea esa vaina, carajo, para que aprenda'. Años después García Márquez escribió:
“Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura; nunca, desde la noche tremenda en que leí La metamorfosis de Kafka, en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá, casi 10 años atrás, había sufrido una conmoción semejante. Al día siguiente leí El llano en llamas y el asombro permaneció intacto; el resto de aquel año no pude leer a ningún otro autor, porque todos me parecían menores.
“No había acabado de escapar al deslumbramiento, cuando alguien le dijo a Carlos Velo que yo era capaz de recitar de memoria párrafos completos de Pedro Páramo. La verdad iba más lejos, podía recitar el libro completo al derecho y al revés sin una falla apreciable, y podía decir en qué página de mi edición se encontraba cada episodio, y no había un solo rasgo del carácter de un personaje que no conociera a fondo.”
Sin ninguna duda en la literatura mexicana existe un antes y un después de Pedro Páramo, e incluso en esta obra encontramos los cimientos del realismo mágico, no obstante, en esta ocasión nos detendremos en analizar sólo una parte del relato centrada en Pedro Páramo el padre. Pedro Páramo fue un cacique todopoderoso, autoritario, explotador, etc. Sin embargo, Don Pedro tuvo dos grandes debilidades, por una parte su amor eterno llamada Susana y por otra parte su único hijo reconocido llamado Miguel Páramo.
En el relato hay una parte donde claramente se percibe que Don Lucas Páramo tenía muy pocas esperanzas que su hijo Pedro Páramo se fuera a convertir en un heredero poderoso y trabajador, una vez muerto Don Lucas, Pedro Páramo cambió el pronóstico de su padre y se transformó en un hombre poderoso, asesinó a quien tenía que asesinar, fue un hombre manipulador, se casó con quien le convenía, y llegó el momento que en Cómala solo existía la voz de Pedro Páramo.
En el relato aparecerán algunos hijos no reconocidos de Pedro Páramo, Juan Preciado quien inicia el relato es uno de ellos y Abundio Martínez quien le pone fin a la vida de Don Pedro es otro, sin embargo, el hijo reconocido, consentido y amado de Don Pedro fue Miguel Páramo. Don Pedro fue un padre consentidor con su hijo Miguel, le aceptaba todos sus caprichos, le perdonaba faltas imperdonables, ¿Acaso Miguel Páramo no era el reflejo de su padre?
Si Pedro Páramo era un cacique autoritario, como consecuencia lógica su hijo Miguel se convirtió en un muchacho soberbio, mujeriego, jugador, violador y finalmente asesino. En varias ocasiones Miguel obligó a las mujeres que le gustaban a acostarse con él y la manera de sanar las heridas fue dándoles un poco de dinero y al final Fulgor Sedano quien era el administrador de Don Pedro, les decía a las muchachas violadas que estuvieran contentas porque tendrían un hijo blanquito.
En el relato la figura de Miguel Páramo tiene su momento de clímax, pero una vez muerto sólo lo recordaremos por su caballo, es importante recordar que en la historia todos los personajes que dialogan están muertos, en Comala se vive sólo con murmullos: “–¿Qué es lo que pasa, doña Eduviges? Ella sacudió la cabeza como si despertara de un sueño. –Es el caballo de Miguel Páramo, que galopa por el camino de la media luna. –¿Entonces vive alguien en la media luna? –No, allí no vive nadie. –¿Entonces? –Solamente es el caballo que va y viene. Ellos eran inseparables. Corre por todas partes buscándolo y siempre regresa a estas horas. Quizá el pobre no puede con su remordimiento. ¿Cómo hasta los animales se dan cuenta cuando comenten un crimen, no?”
Cuando Miguel Páramo murió, el todopoderoso y autoritario Pedro Páramo lleno de dolor se le acercó al sacerdote Rentería suplicándole lo siguiente: “-Yo sé que usted lo odiaba, padre. Y con razón. El asesinato de su hermano, que según rumores fue cometido por mi hijo; el caso de su sobrina Ana, violada por él según el juicio de usted; las ofensas y faltas de respeto que le tuvo en ocasiones son motivos que cualquiera puede admitir. Pero olvídese ahora, padre. Considérelo y perdónelo como quizá Dios lo haya perdonado.”
La relación de Pedro Páramo con su hijo en el relato no es tan larga, de hecho Miguel muere muy joven, pero en esta magistral novela Juan Rulfo nos regala imágenes imborrables, todos los personajes quedan impregnados en nuestras mentes, porque todos son parte de un realismo mágico impresionante, el ejemplo más puntual es que el mismo día que enterraron a Miguel Páramo, Don Pedro ordenó que le dieran un balazo al caballo para que dejara de sufrir y resulta que el caballo hasta el día de hoy sigue galopando de la misma manera que la obra de Juan Rulfo sigue gustando.

miguel_naranjo@hotmail.com