REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 05 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Entre micropoemas y guijarros del ecuatoriano César Espíndola Pino


Ángel Acosta Blanco

César Espíndola Pino (Ecuador: 1917-Colombia: 1992) es autor del libro Guijarros. Micropoemas (1942). El trabajo está compuesto por cuarenta y ocho poemas cortos. La edición es un cuaderno rectangular de bolsillo, idéntico al formato de El jarro de flores (1922) de José Juan Tablada y de Cosmos Indio (1938) de Flavio Herrera. Llama la atención que no traiga ni presentación, ni ningún comentario en las solapas o contraportada. Nuestro amanuense ecuatoriano se conforma con otorgarnos alguna referencia conceptual de sus textos con el puro título. Y en efecto es suficiente para entender dos cosas. La guija o guijarro es una roca mineral pequeña y por lo regular redondeada que se encuentra mucho en cualquier terreno o camino entre las cordilleras andinas, de ahí que nos podemos encontrar con un sendero de guijarros o, en su caso, recibir un guijarrazo. Además, guijarro refiere a la piedra de “canto rodado”, cuyo aspecto físico está forjado y pulido a fuerza de rodar por las vías y peñascos. Los Guijarros son masas de alquimia, que, si nos basamos en la geografía del país de nuestro poeta, donde el clima va de lo tropical del Pacífico a los glaciares de los picos de los Andes, por lo que la variedad de colores y compuestos minerales muestran una gama de piedra pómex, basalto, arcilla, granito, mármol… Y con ello, cada guijarro señalará el sentir espiritual ecuatoriano. Cada uno generará una imagen única que se impregnará en el receptor de manera concisa. No escapan al imaginismo. Sin embargo, a diferencia de algunos poemitas de otros escritores que buscan sólo generar la imagen de forma objetiva, muy al estilo de los jaikúes clásicos japoneses, muchas de las miniaturas de Espíndola están basados en sentimientos, sensaciones y emociones. Como por ejemplo en el siguiente caso:

Suspiro

En una gándula de aire
navega un gemido,
un gemido decapitado. 1

El corpus está compuesto entre pareados, tercetos y cuartetos principalmente. Aparece un par de monósticos y de otros de más de cinco líneas. No siempre, pero predomina la asonancia a final de verso, lo que lo hace sonoro, rítmico y fresco en el tono. El mismo verso libre lo dota de cierta vivacidad moderna. Los jibaritos nos van presentando elementos humanos y materias naturales, todo y cada cosa al ras del camino del jaijin, a vista del viajero, y no necesariamente es explícito como si fuera un libro de viajes. Las estampas van desde una ventana, un libro, un cenicero, un reloj, unas zapatillas, unos lentes; pasando por personajes como el de un vendedor, o protagonistas vegetales como los de un árbol, un sauce, una espiga, una coliflor, una calabaza, o actantes animales como los de una libélula, una mariposa, una gaviota, una garza, un pez, un burro; o por pedrerías como las de los diamantes y las de las esmeraldas; hasta como el trazo plástico del cielo, del horizonte, del sentir:

Cielo

Pradera azul
donde el sol pastorea
su rebaño de nubes. 2
La mayoría de los textos son bonachones y gratos en su plasticidad. No escapan al humor y juego de la emisión imaginativa; así como de la destreza poética:

Herradura

Arco triunfal
para que pase
nuestra señora la Buena Suerte. 3

Apreciar los Guijarros nos permite notar la hermandad que estos tienen con el resto de la producción jaikuista hispanoamericana de la primera mitad del siglo XX. Espíndola fue testigo de la Segunda Guerra Mundial. En alusión de ese pasaje siniestro, que por cierto Japón fue protagónico, y que como todos sabemos dicho país también nos heredó los jaikúes, tenemos que, al tono de estos poemitas orientales, nos arroja al paso este otro guijarro:

Bombardero

Libélula gigante
en los pantanos de la muerte. 4
Es claro que, en la actualidad, a la obra de César Espíndola le hace falta una reedición, cuyo estudio preliminar o prólogo exhorte más amplio el contexto y características de dicho compendio, pues es motivador directo de lo que hoy llamamos microficción, y sobre todo su vena jaikuista entre el desarrollo de las vanguardias latinoamericanas.

César Espíndola Pino: Guijarros. Micropoemas, Quito, Ecuador S. A., Imprenta-Cosmopolita-Ministerio de R. R. E. E., 1942, p. 41.
2 Ibid., p. 10.
3 Ibid., p. 40.
4 Ibid., p. 38.