REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 05 | 2019
   

Confabulario

"El laberinto de los enigmas" 2/2


Cornelia Păun Heinzel

Andrés le pidió el periódico.
- Quiero leer el artículo –le dijo el chico mirando a su padre.
Desde la Plaza Romana donde ellos tenían el apartamento llegaban rápidamente a la Universidad. Era viernes y el fin de semana se aproximaba.
Al final del pasillo, Julián se encontró con la nueva asistenta de la Universidad, delgada, morena, siempre con una gran sonrisa.
-Iré a hacer cabotaje en el río con mi barco. ¿No vendrá usted y el Sr. Ginaca -le preguntó la bella joven a su antiguo compañero, el eterno triste e inconsolable viudo tras la muerte de su esposa.
El hombre pensó que no tenía nada especial que hacer para los próximos días.
-Tengo que cuidar a mi hijo, usted sabe que estoy viudo –le explico Julián convincentemente.
“Que hombre más fiel y sensible”, pensó la joven impresionada por el comportamiento de su colega.
-Puede venir –dijo la chica- Vamos en coche hasta Calarasi, allí mi familia tiene un barco, para navegar por el Danubio, es muy agradable.
- Esta bien, pero en mi coche –dijo Julián- ¿A qué hora quieres que vaya a recogerte?
-Estaría bien que no fuera más tarde de esta mañana, tenemos tiempo suficiente para hacer todo lo programado –dijo ella.
Llegaron a Calarasi rápidamente, el camino no estaba demasiado atascado.
-Nos detendremos en la mina. Tomamos el barco, un tabernáculo, porque pasaremos toda la noche en la isla, hay mucha comida, mi madre nos ha preparado muchas cosas buenas; hablé con mi padre y nos ha preparado todo lo necesario para el viaje.
-Venga, venga, señor. Adela nos dijo que sería agradable para usted, nosotros lo admiramos mucho. ¡Usted ha amado tanto a su esposa y todavía le es leal!... Claro, con tanto amor, con el cariño de su hijo… Pero, sírvase y tome el desayuno, hay café con tortas caseras y una tortilla de huevos con tocino y queso. Esta mañana cogí en el jardín algunos tomates, pepinos, pimientos, cebolla, hojas de albahaca aromáticas y frescas con las que preparé una ensalada.
-No quiero molestar demasiado, usted es muy amable… -dijo el hombre.
-No hay problema, me alegra mucho, he hecho unos deliciosos pasteles para el camino –dijo la mujer, encantada.
-Y yo he preparado el barco, la tienda y todo lo necesario para este pequeño viaje –dijo el padre de Adele, un hombre fornido con barba espesa –tenga cuidado, el peligro está por todas partes del Danubio.
-Podemos irnos –dijo la chica. He ido contigo a la isla y he cruzado el Danubio en barco muchas veces.
El padre de Adele los llevó al embarcadero del Danubio cerca de donde estaba amarrado el barco.
-Debemos remar todos, si usted quiere que tengamos un buen rendimiento y el chico puede hacerlo –dijo el hombre, mientras empujaba el barco al Danubio. Yo preparé las cosas necesarias para el viaje.
Julián, Adele y Andrés saltaron felices al barco, era algo nuevo para ellos.
Adele tomó los remos y empezó a remar con fuerza.
-Así se debe remar, fijaos bien en mí –les dijo.
La mujer vestía completamente de blanco con una camiseta y un pantalón corto, con la piel morena ya que estaba bronceada y a Julián le parecía atractiva. Llevaba la melena recogida en una cola de caballo y tapada con una gorra blanca con visera.
-Es un poco difícil –dijo Andrés, al intentar, sin éxito remar en fila.
-Si no remas con más fuerza en el agua, no llegaremos a la isla –dijo la mujer.
No tardaron mucho en llegar a la zona de aguas tranquilas, a su alrededor no había nada más que agua, la tierra estaba lejos y durante bastante tiempo no era visible, pero no tenían tiempo de admirar el paisaje, ellos debían de remar para avanzar y llegar a su destino.
-Estoy cansado de tanto remar –se quejó Andrés.
-Ya es suficiente –dijo Adele- ¿Estás aburrido? ¿No te gusta? ¡Todo es tan atractivo y fascinante!
Remó por inercia cada vez más y más, la tierra no se veía.
-Parece un espejismo. ¿Llegaremos alguna vez a la isla? –preguntó Julián exhausto.
-Inmediatamente. ¡Ya queda muy poco! –Adele les animó. Remad duro, ¡sois atletas!
Cuando se vio algo verde en el horizonte, Julián preguntó alegremente: ¿Qué es?
-¡Por fin! ¡Llegamos! Es el bosque de la isla –dijo alegre.
Observando el oasis de tonos verdes aunque los dominios estaban lejos. El suelo arenoso que limitaba con la extensión del agua hizo pronto su aparición. E inmediatamente a algunos metros se encontraba un bosque denso con abundante vegetación como si fuera una selva. Parecía un lugar enigmático donde lo imposible parecía posible, donde el bosque y la playa se unían, donde el día y la noche se tocaron por un momento, el sol y la luna se miraron a los ojos durante un segundo.
Ellos descargaron el equipaje y Adele comenzó a preparar las cañas de pescar.
-No sé pescar –dijo Andrés.
-No pasa nada, aprenderás ahora. Cogí cañas para todos, hoy comeremos pescado atrapado por nosotros.
La mujer trajo una gran red de pesca.
-Ven a ayudarme a montarla –dijo la mujer a Julián- yo sola no puedo.
Una vez que se extendía en el Danubio, les enseñó cómo utilizar las cañas de pescar.
Estuvieron sentados durante media hora sin hablar, Adele les había dicho que no debían asustar a los peces.
-¿Muevo las cañas? –preguntó Julián.
- Cógela –dijo Adele.
- Mira, pescamos un pez pequeño –dijo el hombre.
- ¡Es un Rudd! Lo pondremos en el fuego y nos lo comeremos, pero necesitamos coger más, debemos conseguir tres peces dado que nosotros somos tres.
Pronto Adele pescó un pez algo más grande, parecía una cabaña, a continuación una más pequeña.
-No entiendo, ¿Por qué no pesco nada? –dijo Andrés triste.
-Ten paciencia, vendrán hacia ti, solo debes estar tranquilo, no hables tanto y no te preocupes. Los peces notan cuando estás nervioso –explicó Adele.
-Mira, cojo, cojo y saco la caña –dijo Andrés. ¿Pero qué es esto? ¡Una serpiente! –comentó enojado.
-¡Es una anguila! También es un pez. Es muy bueno –le aseguró Adele – Eres un gran pescador, lo has hecho a la primera. ¡Bravo! Podemos parar ahora –dijo- mientras que sacaba la caña de pescar del Danubio, con un gran pez.
-¿Qué es? –preguntó Andrés con curiosidad.
-No sé cómo se llama, pero está bueno para comer, una vez lo comí con mi familia –dijo Adele- ahora haremos fuego y haremos la barbacoa, prepararé una ensalada con el pescado, tomate, pimienta, albahaca y cebolla, vais a ver que está delicioso.
Julián les dio la vuelta a los pescados en la parrilla, mientras Andrés estaba jugando en el Danubio, tirando piedras al agua y corriendo feliz sobre la arena.
-No vayas al bosque, no sea que salgas lastimado, no sea que haya algo malo, no sabemos qué peligros pueden existir en él –dijo Julián.
Adele tomó la caldera con agua y le fue añadiendo harina de maíz. Se las arregló para aumentar el fuego con la ayuda de Julián.
-Veréis qué polenta más deliciosa voy a hacer –dijo la muchacha. Nunca habréis comido una tan buena.
A Julián y a Andrés les parecía increíblemente delicioso el almuerzo.
-Me siento como si fuera Robinson Crusoe –exclamó Julián.
-¡Qué bueno estaba mi pescado! Pero no estoy lleno, quiero comer más, por suerte tienes pescados más grandes que los míos –le dijo Andrés a Adele.
Estaba atardeciendo y necesitaban montar la tienda de campaña para pasar la noche. No era moderna y tampoco sofisticada, así que las operaciones para montarla eran muy simples.
¿Pero cabremos todos en la tienda? ¿Cómo vamos a dormir? –preguntó Julián.
La noche es muy fría en la isla –dijo la mujer- dormiremos juntos. Y puso los colchones. Andrés estará en el medio, para protegerlo, por encima nos pondremos la ropa de deporte y con mi chaqueta de cuero nos taparemos.
Por la mañana en la radio se estaba dando la noticia del día: "Una mujer ha sido encontrada muerta tras un accidente náutico en el Danubio".

Traducción: Jero Crespí y Cornelia Păun Heinzel