REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 08 | 2019
   

De nuestra portada

René Avilés Fabila, en el firmamento literario y académico


María Teresa López Martínez

Buenas tardes honorable mesa del presídium. Dra. María del Rosario Casco Montoya y Dr. Modesto Seara Vázquez, buenos días maestros, alumnos. Es un honor poder compartir estos momentos con todos ustedes.
Tuve la oportunidad de conocer al maestro René Avilés Fabila, le digo maestro por el arte de serlo, en los distintos ámbitos en los que él se desenvolvió. Hace 5 años en las cuartas Jornadas de Comunicación tuve una breve charla, quizá de no más de cinco minutos, donde compartí con él algunas cuestiones sobre José Agustín y los movimientos contraculturales y aun recuerdo la calidez de sus palabras, sus anécdotas como estudiante, como catedrático y la manera sencilla en que aludía al ejercicio del periodismo, de la literatura y del ser internacionalista.
Aquel momento en el que el que el maestro se presentó, un eco provocador de júbilo se manifestaba en la comunidad universitaria que estuvo presente. Cada palabra que se vislumbraba entre sus sonrisas tímidas, hacía resonar el énfasis de la responsabilidad que implica el quehacer del periodismo, el quehacer de la literatura.
Para mí una persona que ha dejado un legado cultural, que ha enaltecido las esferas del arte y de la cultura de su país y por ende de la humanidad, no puede morir. Se queda en el deleite de las letras que con maestría se manifestaron en el arte de relatar, de narrar, de precisar escenarios reales y escenarios ficticios que siempre nos acompañan. Y esa persona fue el escritor René Avilés Fabila.
Hace algunos años, en una entrevista realizada por la periodista Cristina Pacheco, el escritor René Avilés relataba sus anécdotas que reafirmaban vastas experiencias: Lector y discípulo de Juan Rulfo; Edgar Allan Poe de quien citara que se puede mantener el altísimo nivel en el cuento; que pudo haber sido novio de Janis Joplin; hombre viajero entusiasta , su gusto por la literatura rural, la revolución mexicana, La Iliada, La Odisea; palabras en las que señalara esa labor filantrópica del museo del escritor un recinto que resguardara cánones de la literatura. Demasiados recuerdos, nostalgias compartidas. La literatura para él, como la eterna amada y el periodismo en lo pasional. Una visión romántica que en el arte de escribir se podía encontrar a una musa que te dicte un poema, una entrevista amena de la que pude disfrutar con gran placer.
Mirar el legado literario del escritor René Avilés Fabila es lo que en el mundo de las letras y de la academia debemos contemplar y quisiera compartirles algunos pequeños destellos de su vasta obra literaria.
Comenzaré con Memorias de un comunista (Manuscrito encontrado en un basurero de Perisur) y en el capítulo de “La mejor de las utopías posibles”, señala esa experiencia de la entrevista con Ricardo Rocha en un programa para gente grande, en el que hace la apología de mirar el mundo con escepticismo. Como intelectual y militante señala vicios, defectos y corrupciones de poder.
Cuando yo alguna vez vi el filme alemán de 2003 Goodbye a Lenin (de Wolfgang Becker) recordé este libro. Azora en las mentes que podrán tener acceso a conocer acerca del partido comunista mexicano que viviera el Maestro Avilés y que gracias al humor, con una fragante descripción evoca los escenarios sobre las luchas sociales, la izquierda mexicana, la ex Unión soviética, entre otros acontecimientos que fueron parte de la vida del escritor.
Memorias de un comunista en el arduo trabajo de serlo, cuando incluso describe al proletariado desde la indumentaria relatando cómo era en los años 60, describiendo cada pasaje que evoca los olores, los colores, los entornos, los escenarios.
Muchos de ustedes reflexionan, el por qué aún seguimos leyendo a Carlos Marx, gran pensador e ideólogo y en ese hermoso pasaje ¿Qué resta de Marx? En citas textuales: “De Platón en adelante los grandes pensadores han tratado de organizar más inteligentemente a la humanidad y sus esfuerzos han terminado en loables intentos poco serios, en estrepitosos fracasos o en bellos textos literarios. Sin embargo, pese al desolado panorama, no está perdido: nos queda aun la gran utopía de Marx”. Estas palabras, jóvenes y público presente, en el universo literario del maestro Avilés, nos permite reflexionar qué pasa en el ahora, en el mundo global, qué ocurre con las ideologías, qué ocurre con las mentalidades.
Una de las cosas que el maestro Avilés expresó, fue que aquél que se convierte en narrador es porque se transforma en alguien que logra satirizar aquellos aspectos que a veces pudieran ser necios o crueles del mundo que a él le tocó vivir. Y ese legado, en el ámbito literario es un regalo. Es una manera de no caer, de no morir en el intento.
Cuando sé es adulto se piensa en aquello que nutrió nuestra infancia: los cuentos, escenarios breves pero precisos, que pintan con el matiz de las palabras escenarios y momentos de espacios y tiempos. En su libro Fantasías en carrusel I y II y la que atesoro como una obra de mis elegidas, tuve un gusto inocente por el tomo I. Me encanta cuando cita a uno de sus consentidos y mío también Jean Paul Sartre: el humorismo es la forma superada del sufrimiento del mundo. ¿Cuántos de nosotros no debemos sonreír al otro, a uno mismo, aun a pesar de la adversidad?
Esto lo reafirma en ese pasaje de sus últimas lecturas de aquel personaje que se entrega a la muerte por entre aquellas lecturas de Edgar Allan Poe, Lovecraft, Bram Stoker y que todavía en su lecho mortuorio no deja de lastimarse, de flagelarse, por esa tierra que lo socava y lo lleva hasta el fin. ¡Qué palabras tan exactas que me hacen pensar en el momento en que ya no podremos disfrutar de esas lecturas, de esas obras que han prevalecido en el tiempo!
Regresando a ese escenario de sombras, en algún momento he querido ser ese vampiro literario capaz de devorar a Cervantes, Shakespeare, Poe, Joyce, Kafka, Proust. Hermoso personaje que no se parece al Nosferatu del expresionismo alemán o a ese personaje de Drácula de Francis Ford Coppola o incluso al Vampiro de Fernando Méndez. Este micro cuento se aleja de todo aquello que muchos de nosotros hemos visto en la pantalla y que me hizo reflexionar de manera intertextual el maestro Avilés: en un vampiro devorador de obras, de la literatura. Sin embargo al leer el cuento “Fenómeno social” me llevó a pensar en que Drácula o Frankestein, personajes que los espectadores han considerado como algo temeroso,se encuentran en el mundo de los solos y en un mundo de marginación como lo señala el maestro Avilés.
Me divertí mucho con la posibilidad de que King Kong pudiera salirse de la pantalla como pareciera que lo iba a hacer el ferrocarril de "La Llegada del tren" de los Hermanos Lumière. Pensar en otras posibilidades donde personajes entran en otras películas: King Kong se mete en el filme de Tarzán y se enamora de Chita y lo logra en “Corrección cinematográfica…” En toda su literatura es posible creer en otras realidades, otros imaginarios.
En “Cinematográficas” hace una crítica incluso a lo que ha ofrecido el cine norteamericano, porque ya no se puede apreciar un buen libro, el cine nos atrofia. Cabe destacar que, lo que nos ocupa ante este medio de comunicación que ha sido arte, comunicación, ocio y otras múltiples definiciones; el maestro Avilés encuentra que éste atenta con lo que cada lector pueda darle a los personajes: sus propias características y eso también lo señala en “Egipto antes de Hollywood” en el cual los personajes históricos se parecen más a los protagonistas llamémoslos quizá terrenales o mundanos como Elizabeth Taylor o Richard Burton. Metáforas que ha generado el mundo moderno.
“El diálogo con el maestro Borges” también ha sido íntimo y magistral. Desde que me acerqué a Ficciones o El Aleph, estoy de acuerdo que no podría pensar en una producción cinematográfica que conjuntara estas dos obras. Sobre todo cuando uno de sus personajes evoca ese pasaje borgiano de imaginar al planeta que al ser creado hace pocos minutos, nos deja de una humanidad que recuerda un pasado al que llama ilusorio. Sin embargo la entereza para poderlo reconstruir está latente aunque esto sea incierto. Esta evocación me parece acertada, porque a veces como seres humanos nos olvidamos del pasado, perdemos la memoria histórica.
En clases alguna vez les he preguntado a los jóvenes si sueñan y en ese pasaje del maestro Avilés, Pensar en no soñar es ávido, único. Me pregunto entonces si es distinto, como lo decía el maestro René, pienso. ¿Será porque ya no tenemos la posibilidad de crear, de soñar? ¿O todo lo contrario? ¿Qué emerge en el no-soñar?
En su capítulo sobre música en el apartado “El saxofón” evoca a ese instrumento que considera urbano y a su vez, a las ciudades norteamericanas que disfruté mucho. Inmediatamente pensé en Cortázar y El perseguidor, un instrumento en la dualidad de la música triste del blues como lo enmarca y el imaginario del baile del swing.
Su cuento breve de “Cartelera cinematográfica” me parece prodigioso. Un escenario que señala la historia sangrienta entre indios y blancos y aquel libro que en algún momento hubiera marcado mi idea de lo monstruoso en La metamorfosis en su cuento de Kafka ofrece la elección de pensar en múltiples posibilidades: de ser, de transformarse, de permanecer.
Textos sobre las relaciones humanas son los que a continuación deseo mencionar. Al leer Tantadel y el planteamiento sobre el amor, problematicé lo que siempre habría creído sobre las posturas psicoanalíticas de Sigmund Freud o de Erich Fromm acerca de sus teorías del amor, pero el personaje me llevó por otro rumbo, el amor es problema de amor, según su obra… ¿cómo explicar eso? Incluso me preguntaba en discusiones en la academia qué habían sido primero, ¿sus personajes o las personas reales? Esto lo hallé en su relato “Mis amores literarios”, obra que me ha provocado sonrisas íntimas.
En sus libros, Todo el amor volumen I y II me hizo evocar mis clases de literatura en la universidad como alumna de licenciatura y de igual manera sus influencias Nerudianas en sus cuentos y relatos que también han sido las mías. El enamoramiento genuino, dulce, el inicio con “Bailarina” me lleva a la soledad, a la búsqueda implacable del amor, mismo aun en donde el objeto adquiere alma. El personaje de Gaby en "Mi más grande amor financiero" presenta a una mujer provocadora, admirada y amada que a través de lo que puede ver su enamorado en la computadora de ella le provoca desencanto. ¿Acaso no es una actividad contemporánea del acecho a la vida privada, no solo a través de los objetos sino del mundo cibernético? Qué decir de aquellos otros títulos: mi más grande amor imposible, mi más grande amor virginal, mi más grande amor escolar, mi más grande amor politizado y aquellos calificativos de experiencias amorosas profundas, melancólicas, mágicas, etéreas. De nuevo me encuentro con King Kong y su concepto del amor y me volví a enamorar de ese personaje ya muy distinto a lo que el cine me ha mostrado.
En su libro Todo el amor volumen II en el cuento de "Emma", encuentro aquella frase de "No es posible amar a primera vista, eso solo ocurre en el cine. El verdadero amor resulta del conocimiento, del teatro", es quizá también la apología al arte escénico, de los diálogos literarios u otra frase como “estoy cansado de tanto amar, a tanto amor imaginario”. El maestro Avilés Fabila me recuerda los escenarios de naufragios de soledad, pero también como señala “esos escenarios de poder, ser personaje porque sé es amado por el escritor y la vida que pasa al papel”.
Podría continuar hablando de lo que su literatura me ha dejado y no tendría tiempo para detenerme, pero quisiera dejarlos con esta última reflexión de que si han existido un Kafka, un Neruda, un Cortázar, un Fuentes, un Rulfo, un José Emilio Pacheco, el maestro René Avilés Fabila es parte ya de ese mundo literario y académico infinito. Hermoso regalo.

Universidad del Mar, Campus Huatulco